CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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8 de octubre de 2013

Sin término medio

En agosto del año pasado se reparaba el puente de Polentinos. El puente fue contruído en 1940, al mismo tiempo que el embalse de Requejada, cuando quedaron sumergidos unos metros más abajo el pueblo de Villanueva de Vañes y la Venta de Santa Lucía, donde según la copla que se hizo popular por estos pagos, acudían las mocitas de la Castillería a rezar a la Virgen.



Polentinos es un pueblo que en los meses de verano, como el resto de los pueblos del contorno, se llena de veraneantes. La obra era necesaria y, aunque el tiempo de ejecución se fue demorando, por fin se le cambió la cara, reforzando su estructura y dotando al conjunto de un sistema de drenaje para evitar la acumulación de nieve y mejorar la visibilidad al sustituir los pretiles de ladrillo por una barandilla de metal.

Hasta aquí, todo normal, salvadas las molestias que toda obra origina y teniendo en cuenta la época de mayor trasiego. Para darle paso a quienes allí moran o descansan, las autoridades habilitaron un desvío provisional por la Abadía de Lebanza. Dado que fue un verano de tormentas y lluvias torrenciales, aquel camino que, habitualmente, te introduce en el monte y te enseña el Carazo por un lado, hacia otro el Peñalabra y, a intervalos, asomando las crestas de nuestro Curavacas; un camino que, de excursión es como una profunda introducción a los anales de esta tierra, en esas circunstancias se convirtió en un valle de lágrimas por el barro acumulado y las dificultades añadidas en un camino provisional de tierra y grava.

 La cosa no tendría otro interés que el de un simple desvío, si no fuera por la historia que se difundió luego y en la que estaban involucrados los ecologistas, quienes trataron por todos los medios, y al final consiguieron, impedir que se levantara un puente provisional unos metros más arriba, labor de la que se encargaría un destacamente del ejército.

Ya es de dominio público. Quienes se afanan por transmitir las disciplinas de esto que llaman ciencia, aunque en clara minoría, tienen poder para explorar y, en su caso, impedir que una obra pueda dañar las acequias de un río.
No aportan una solución alternativa.

¿Qué ocurrirá –nos preguntamos– el día que deban hacer lo mismo con el puente de Vañes, una vía principal que comunica Potes con Cervera?

Los mismos que mostraron su oposición a levantar un puente provisional, se oponen al trazado de la carretera que comunica La Castillería con Barruelo, una obra sobre la que ya ha realizado un estudio previo la Diputación de Palencia.

Es importante que se tengan en consideración todas las manifestaciones. Las de los ecólogos también. 

Lo de la prioridad ya es otra cosa. 

A los que viven aquí les van a decir cómo se cuidan las plantas o cómo se arreglan los caminos. Y no estamos hablando ya de unas obras de gran envergadura. Hablamos de una solución puntual para comunicar un pueblo o del asfaltado de un camino ya hecho, lo que no implicará grandes movimientos de terreno y, fastidia que sin consultarle a quienes viven allí, se decida dar prioridad a lo argumentado por una asociación que como tantas otras sigue sin ver y considerar en su justo punto a las personas.

Que es muy bonito exhibir un talante de admiración hacia las flores y los campos. Que hasta los más indisciplinados llevan algo en sus venas de disposición  a levantar lo que se cae; Que hasta quienes reprochamos su presencia en todos los lugares, sentimos un poco de envidia por ese humo que levantan sus críticas, pero la victoria, como bien asumió uno de ellos en la prensa, ha de ser algo secundario.

¿Significa que quien no lleva un carnet en su cartera, está a favor de la voladura de todos los puentes? ¿qué todos los que viven aquí aman menos que ellos esta tierra porque hayan decidido aprovecharse de las nuevas técnicas para restaurar una propiedad en ruínas o limpiar un camino cerrado por la maleza?

¿Y qué es lo que proponen o lo que muestran en su cartas para que la mayor parte de la sociedad esté en su contra?

No es cuestión de satisfacer la curiosidad. Es cuestión de aprovechar las nuevas tecnologías para que no falte lo necesario. ¿A quién sino a los propios habitantes les va a interesar conservar con ciertas garantías y decoro el medio en el que viven, el medio que sus antepasados les legaron, el medio del que todo el mundo habla como uno de los espacios mejor conservados de Europa?

De la sección del autor "Fuente Cobre", en Diario Palentino
Imagen: @Toño Gutiérrez

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23 de agosto de 2013

La sabiduría de los pueblos


En el salón de plenos del Ayuntamiento de Potes, se presentaba hace unos días una Guía realizada por Elsa Suárez y María Alonso, técnicos del Grupo de Acción Local Liébana, que lleva por título "La sabiduría de los pueblos".

Estaba yo pasando unos días en San Salvador con dos  amigos, Gorka e Íñigo, y de camino hacia la localidad cántabra, donde degustaríamos un estupendo cocido lebaniego, les iba yo hablando, precisamente, de eso, de lo mucho que había aprendido a la sombra de estos rincones de provincia. Historias que se van repitiendo en el tiempo, de padres a hijos, de abuelos a nietos; lecturas que, aunque ya no deparen grandes impresiones, porque hemos perdido con tanta carrera el lujo de emocionarnos, siempre te ayudan a comprender mejor todo lo que se mueve en éste y en tantos pequeños universos rurales.

Elsa y María han recogido en la Guía de la que hablo, testimonios de un centenar de personas de los siete municipios lebaniegos, formas de vida y de trabajo en los años 50.
No olvidemos la "Merindad de Liébana y Pernía", integrada por ambas comarcas y el Valle de Polaciones, y cuya capital durante algún tiempo fue Cervera de Pisuerga, lo que sin duda marcó un tiempo y dejó huella y lo que comunica unos caminos paralelos que recorrimos con idénticas pautas.

A los testimonios, entre los que se encuentra el de Julia Pesquera,  una mujer de 102 años, natural de Beares, se suman una serie de talleres de campo, como el de leña a suertes, lo que anualmente se viene dando en nuestros pueblos; el arreglo de los caminos, las vecerías... Se menciona también por allí el trigo. Recordemos que por los años del estudio muchas casas no tenían dinero para poder pagar el pan o era más barato producir el trigo y hacerlo en el horno. Cada mes de septiembre había que declarar el trigo cosechado y una vez verificado se les devolvía para el consumo familiar.

La impresión que aflora, después de esta experiencia que no se difunde en papel, no sólo es la historia de estos lugares, sino lo que te aportan emocionalmente, lo que se aprende en la universidad de la vida, lo que te ayuda a entender el por qué de muchas normas, el por qué de los viejos Concejos; cómo sobrevivieron aquellas gentes con lo mínimo, dejándonos como bien observó David Redondo, el director de Medio Ambiente a propósito de esta iniciativa en la villa cántabra, un paraíso en economía verde y sostenibilidad. 

Para la sección "La Madeja", en "Diario Palentino y Globedia".
Imagen: Bosque de Piedrasluengas, Froilán de Lózar

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26 de julio de 2013

La amenaza de las eólicas


Una de mis seguidoras en facebook, "La Rosario Yucatán", desde Valberzoso, me participa su inquietud, que es la de la comarca entera, por el proyecto de la ampliación del Parque eólico "El Pical".

Me llega su angustioso grito en medio del desalojo del pueblo cántabro de "Los Llanos" por el corrimiento del argayo, donde esperemos que cuando vea la luz este articulo se hayan puesto los medios para impedir que esa lengua de barro cubra el pueblo como si se tratase de un volcán.

"De no remediarlo, -escribe mi seguidora y amiga- lo primero que verán los vecinos del pueblo de Valberzoso al despertarse cada día, será una enorme barrera metálica (molinos) que recorrerá todo lo que es de larga la sierra que está situada justo enfrente de sus casas".

Aunque los responsables en Palencia se han lavado las manos, al recurrir la sentencia que permitía la ampliación del citado parque eólico, para que sea la Adminitracción Autonómica la que decida sobre el asunto, vuelven a reproducirse, también en este apartado, las controversias: «podemos estar orgullosos de que la región esté entre los primeros puestos en España», y a la vez son conscientes de que «se deben salvaguardar otros intereses patrimoniales y medioambientales».

En Junio de 2004, un grupo de intelectuales encabezados por Peridis y la poetisa Amalia Iglesias, además de catedráticos, profesores y periodistas firmaban un manifiesto contra este tipo de invasión. Yo expuse en aquella entrada mis razones y gustoso hubiera firmado si alguien me lo hubiera pedido. Como los de aquí, los palentinos de la diáspora no queremos que esta tierra muera y sobre todo no queremos invasiones de ningún tipo, porque lo que ahora pretende el Gobierno Cántabro, según la "Plataforma para la Defensa de los Valles del Sur" es la invasión de los montes con este tipo de energía, una invasión en toda regla, justo al lado de la raya de la comunidad vecina, y cuyo impacto nos pegará en la cara.

Pero sucede una cosa curiosa. Ocurre que el asunto en cuestión no parece preocupar a todos en la misma medida. En una manifestación convocada por el movimiento "Cantabria no se vende" que agrupa a 38 asociaciones cántabras, acudieron 30 personas, lo que nos deja siempre en manos de lo que arguya el ejecutivo, siempre lejos, casi siempre ajeno a nuestros miedos.

Imagen: "Asociación Arcera".
@Para Diario Palentino y Globedia, 2013

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25 de septiembre de 2008

La montaña ecologista


Es grato leer un artículo de un grupo ecologista de la tierra que, es “consciente de que lo que conservamos ha sido gracias al binomio hombre-naturaleza, y que romper ese equilibrio sería perder aquello que hemos heredado desde hace décadas”.Esa es una de las reflexiones –muy ocasionalmente citada por ustedes- en la que más he insistido durante los últimos años y a lo largo de mi trabajo. Pero sus preferencias les delatan.
  • Sobre el Oso Pardo 
“El oso pardo ha visto invadido su hábitat natural por el hombre y sus animales, siendo reelegado a espacios cada vez más reducidos, pese a ser una especie que necesita de grandes áreas por las que desplazarse y alimentarse, por las que reproducirse y morirse”.

Yo creía que era el oso el que estaba invadiendo poco a poco el hábitat del hombre, pero ustedes piensan lo contrario, como si el oso tuviera el don de la organización, el don del raciocinio y todos esos valores que por algo y con razón nos diferencian de los animales.

El oso parece inteligente y me produce asombro que ustedes citen a todo el territorio de la montaña palentina como terreno insuficiente y diminuto para que medren una docena de animales, casi justificando sus ataques a las colmenas y a las vacas, y acusando en plural al hombre de contemplarle como una fiera a la que hay que derribar a cualquier precio. Creo que a estas alturas ya nadie justifica la muerte de un animal de esta especie a manos de los furtivos. Las autoridades, los guardas, los guardias y, probablemente ustedes, saben quienes son los que están abonados a esta práctica y cómo se les puede pillar con las manos en la masa, de manera que se les convenza como sea para que se abstengan de recurrir a tales métodos.

Por otra parte, que yo tenga noticia, ninguno de los hombres que ha visto atacada su propiedad, ha salido detrás del bicho con la escopeta. Aquí, cuando interesa se cierran los ojos y los oídos y a otra cosa.
  • San Glorio 
Yo no quiero, en lo que se refiere a San Glorio, que ustedes alcen ninguna copa todavía. El partido se está jugando y, en el descuento, si el gobierno regional se lo propone, puede dejar para las efemérides su triunfo virtual.

Piensen una cosa: yo estoy al lado de la mayoría en ésto y la gente de la montaña votó de forma contundente a favor del proyecto. 
  • La embotelladora 
Sobre este particular no hacen ustedes más que repetir lo que ya plenteé yo en un artículo publicado aquí mismo a primeros de año y que pueden encontrar en las hemerotecas o en el blog de periodista digital. Tampoco se trata de vivir siempre con las espadas levantadas, porque tendremos que mirar hacia el futuro; si es como preconizan sus gestores, junto con notas que abordaré en un próximo artículo, esta empresa, única en la provincia de este género, se irá ampliando en años sucesivos hasta rozar la treintena de empleos, lo que para esta tierra es una pequeña recompensa.

Si como dice Patricia May, ser ecologista es expandir la conciencia más allá de nuestro ombligo, de nuestros deseos e intereses; si ser ecologista no se fundamenta en tener miedo a lo que pueda ocurrir con el clima o el agua, sino en respetar a todo ser viviente, sabiendo que en el aire que respiro están los árboles del mundo, y en el alimento que me nutre está la persona que lo sembró y la tierra que lo acunó y la lluvia que lo regó; si eso es así, esta tierra está llena de ecologistas, porque no hay nadie que la haya cuidado mejor que ellos.

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5 de abril de 2008

Reserva de la Biosfera


Mi buen amigo Amando Vega, profesor de la Universidad del País Vasco en Donosti, que tantas bellas imágenes de la Ojeda proporciona para mi web de la montaña y que sigue mis comentarios a través del diario digital, me hace un guiño sobre un texto que publica Luis Mateo Díez, y donde se recoge el frescor y la leyenda de los valles leoneses: Babia y Laciana, que lo ostentaron primero y Luna y Omaña que reciben el nombramiento en el verano de 2005.

Los títulos no siempre dicen la verdad de lo que se esconde detrás de ellos. Son más bien, entiendo, una disculpa para protegernos en el sentido más ambiguo y cumplir así con todo el mundo, porque sabemos que de poco sirve renombrar algo que ya hemos valorado suficientemente, si no le dotamos de energía, que a saber también hasta dónde queremos llegar, sin olvidar que a veces son los propios habitantes de los pueblos los que no quieren ni oir hablar de emprendimientos.El título les aporta a quienes lo emiten, una especie de garantía, como el que dice, nosotros ya sabemos lo que ustedes atesoran. Y lo que verdaderamente nos molesta e inquieta es que el título se extienda para que sirva de advertencia a propios y extraños, de manera que se valore y se preserve algo, sin considerar que ha sido precisamente el esmero de quienes allí viven, lo que ha posibilitado esa declaración con su medalla.

Hay una llamada del autor leonés que da de lleno en la diana. Es la que se refiere a la visita, al viaje que realizamos al corazón de estos rincones y que, aunque breve, siempre nos sugiere alicientes extraordinarios, siempre nos remueve ese rincón de la memoria donde se acumulan los recuerdos, no concibiendo que ese mundo tan cercano en nuestras experiencias tenga su futuro en el pasado.

Cuando el escritor recuerda el mito pastoril, y aunque hace referencia a la versión más extendida, que sitúa a los reyes de León en los cazaderos de Babia, lejos de las obligaciones y compromisos cortesanos, entregados al “dolce far niente” y al nada quiero saber, se fija sobre todo en la mirada perdida de los pastores:

“Estaban en Babia”, ensimismados, transpuestos.

Yo releo y cito en el libro que preparo estos días, la experiencia de los pastores en nuestros puertos de Pineda, donde los valles y las leyendas se entremezclan con una majestuosidad incomparable.

Si los comisarios de la Unesco tuvieran la ocasión de visionarlo, lo añadirían sin contemplaciones a esa biosfera de los valles leoneses. Y conste que no es cuestión de envidia ni recelos, porque los títulos como ya dejé dicho, no implican un cambio en lo más básico, en lo que es a la vista de todos, en lo que se conserva sin priorizar obligaciones, en las sensaciones que aportan a quienes con respeto lo contemplan.

Alfonso X el Sabio ya otorgó al Valle de Laciana un fuero de reconocimiento que establecía el Señorío de su Concejo para que los depredadores feudales no pudieran cometer sus tropelías. Mucho más que un título, que también se agradece, porque lleva implícito el reconocimiento a ese patrimonio tan abundante y rico, es importante que autoridades y vecinos con ayuda de las Instituciones, recuperen los caminos, se nieguen a la demoledora práctica del cielo abierto, aúnen fuerzas para soldar todas esas trabas y malentendidos que van socabando la convivencia y, sobre todo, que nunca dejen de abrir su corazón al mundo.

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13 de mayo de 2006

Un poco de aire fresco


Aunque pueda parecer un contrasentido, por todo lo que en este espacio voy exponiendo desde hace años, soy un admirador de Joaquín Araujo.Joaquín es un ecologista militante y desarrolla esos principios en su finca de Extremadura. Ha escrito multitud de guiones para programas de televisión, documentales, enciclopedias sobre la Naturaleza, artículos, conferencias...Pero llega al fondo de la llaga en uno de sus últimos libros; “Ecos... lógicos para entender la ecología”.

“La urbe contagia la pandemia de las pandemias porque, en realidad, a las capitales se las ha reducido casi exclusivamente a la categoría de espacio de consumo”.

Yo tengo la impresión, y así se lo confieso a los amigos, que vivimos engañados, al límite de nuestras fuerzas, al borde de muchos precipicios que se denotan cada día más, en forma de depresiones, hartazgo, desilusión y sometimiento. Entramos en la dinámica de adquirir lo más bonito, lo más lujoso, lo más caro. Y acabamos prisioneros para siempre de una entidad bancaria, en una ciudad donde todo el mundo es extranjero.O lo tomas, o lo dejas, porque la publicidad es cada vez más subliminal , más inquisitiva, más persistente. A fuerza de machacar las telefónicas nos han metido cuatro teléfonos en casa. Las televisiones regalan coches millonarios, basta con mandar un mensajito, o dos, o tres, a razón de 0,90 ctms cada uno, para que entremos en un sorteo. El caso es que todo el mundo hace negocio con nosotros desde que nacemos hasta que morimos. Y si, encima, eres un poco “cocolo”, como llaman por aquí en confianza a los inocentes, por más derechos y asociaciones pro defensa que existan, te pisan, te escupen, te sacuden todos los intereses del mundo, te las ves y te las deseas para darte de baja de los servicios que contrataste o para que se tengan en cuenta tus derechos. En fin, que te vas muriendo de joven sin hallar la paz y la justicia. Que te vas muriendo consumido por el consumo más salvaje. Como escribió Epicuro:

“Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”

Y nadie se detiene cuando alcanza lo suficiente. Como el ejemplo de Marbella y tantas otras fortunas amasadas en cuatro días, ni los más altos lujos nos aplacan.En una entrevista publicada en el boletín trimestral de GreenPeace, a propósito de la conciencia ecológica, afirmaba:“La gente se da por enterada pero paralelamente se otorga una especie de autocomplacencia irresponsable para no participar en la solución de los problemas. La crisis ambiental es una crisis humanística. 

Un correcto humanista no puede destruir la naturaleza, un enamorado del ser humano es un enamorado de la vida y un verdadero humanista es un ecologista”.Y es evidente que a quienes se nos resisten las matemáticas, nos hacen daño a la vista las cantidades que lo explican: la generación viva de los 20 países “desarrollados”, han consumido más energía, materias, naturaleza... que las 460 precedentes y actuales en el resto del planeta.Es decir, más que todos los miembros de nuestra especie desde que existe.La conciencia de muchas personas está despertando y en el próximo artículo les contaré lo que algunos han decidido para cambiarlo.

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8 de abril de 2006

Peligra el hombre


Esther Sanguino, una abogada especialista en Medio Ambiente, nos entrega una receta para mejorar y aliviar la depresión que sufre el término rural. La premisa básica es sensibilizar al ser humano hacia el disfrute de la naturaleza “sin aditivos”. Y después, rehabilitemos los cascos urbanos rurales con grandes redes de alojamiento que guarden esa esencia rural, y que puedan los lugareños construirlos y explotarlos. Al recalar su artículo en una página ecológica anima a impulsar la venta de productor de la tierra y artesanales, fomentar la práctica del senderismo y el esquí de fondo, la escalada, el alpinismo...

Pero, sobre todo, hay en su propuesta algo que toca el alma de quienes saben lo que es perder el tren del futuro a base de conservar las cuatro paredes de su casa y cito sus palabras: “Dependemos de nuestro entorno para sobrevivir, por lo que, con cada especie que se extingue, con cada habitat que desaparece, nos estamos destruyendo también a nosotros mismos”. Dice un viejo proverbio: “Al peligro con tiento, y al remedio, con tiempo”, lo que desmenuzado señala que en las cosas peligrosas se ha de proceder con detención, y en las que piden remedio, con actividad. Pero aquí todo sigue un desorden natural que nadie se atreve a desclasificar. Si usted pregunta en cualquier pueblo, por norma general, por hábito de lo que siempre fue así, le dirán que todo es normal, que todo está en orden, que no hay nada que cambiar lo poco que estiman necesario. Un amigo, desde Palencia, me anima a seguir adelante con esta columna, que hay mucha gente que me lee y me comprende, y bien sabe el redactor que me resisto a dejarla porque siempre se remueven las conciencias, pero no soy yo el que tienen que moverse, porque para nada me afecta ese aletargamiento que subyace, centrado cada uno en sus cosas, sin ocasión de buscar un lugar y un momento para hacer una llamada de todo aquello que, en mayor o menor medida, implica a todos los habitantes de la montaña.

No nos destruye la muerte de un oso, ni la tala de un bosque, ni el cierre de una mina. No nos detruye el invierno más crudo, ni el verano más seco. Nos destruye el silencio. A todo se acostumbra uno, de todo se acaba saliendo, pero el silencio nos conduce hacia la depresión y hacia el olvido, qué curioso, en un lugar donde el silencio es la más bella forma de atrapar los sentidos.Y aunque sea difícil movilizar a tantos pueblos, pequeños y dispersos, es evidente que nadie quiere la muerte de su tierra. Se dice en un momento de arrebato, pero sólo un loco quema aquello que quiere. Y todas las fórmulas que manejaban los que se oponen a las nuevas, no han aportada nada para confiar en ellas. 

No hay nadie que haya cuidado mejor su tierra que esta gente. La entregan virgen, no sin ciertos recelos, y cual no es su sorpresa al comprobar que quienes la reciben y se precipitan a establecer normas sobre ella, desconocen sus fueros, desconfían de sus hábitos, se niegan a reconocer la labor de guardería que estos pueblos han venido ejerciendo sobre montes y valles, sobre prados y animales. Ahí están los adjetivos que no dudan en calificarla como una tierra espléndida, como un legado valioso por el que tendrán que seguir velando las generaciones venideras, porque no vela el que más habla, sino el que más vigila; no ama el que más argumentos esgrime para su defensa, sino el que pega su piel a ella y soporta estoicamente lo que venga. 

Aquí no hay vencedores, pues no hay guerras. No se extingue la raza porque el hombre la cace, se extingue porque ha cumplido un ciclo. Los pueblos se acabarán cayendo como Los Llazos, como Casavegas, como Piedrasluengas. Peligra el hombre. El hombre es el que desaparece, no la tierra que lucirá bien para la cacería de los terratenientes que la adquieran.

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11 de marzo de 2006

El cielo en el infierno


Una de las mayores dificultades para llegar con éxito a cualquier cúspide, es la falta de manos, la ausencia de voces; el pueblo pequeño que, lejos de la capital, procura salvarse de las plagas que por doquier se multiplican y le cercan. Lo curioso es que todos se consideran con derecho a decidir su suerte, a intervenir en su futuro, a determinar qué es lo que debe hacerse con el terreno, con las plantas, con el turismo...Y este mal no es de aquí solamente, ni de ahora.


En el correo de esta mañana que me remite un diario vasco, leo que “La declaración de Armañan como Parque Natural lleva paralizada más de once años en el Gobierno Vasco". Se trata de una zona de gran riqueza paisajística con abundante fauna y múltiples especies arboreas, situada en el oeste de Bizkaia, lindando con Cantabria, concretamente en los términos municipales de Carranza y Trucíos. Una de las posibilidades que se barajan de cara a su futuro es el tremendo potencial turístico, que cuenta con atractivos naturales desconocidos por el gran público, como son las cuevas de Pozalagua o la Toca del Carlista. El Informe del Plan de Ordenación especifia que la elevada diversidad de la zona y su interés por la conservación, colocan a este espacio en la cabeza de los lugares europeos en cuanto a conservación de la Naturaleza. Como pueden observar, es una copia detallada de lo que viene sucediendo en nuestro propio Parque. 

Extiendo un poco la noticia y me detengo en la entrevista que se le realiza a Eduardo Renobales, miembro de un grupo ecologista que presentó numerosas alegaciones, léase la prohibición de realizar explotación de ningún tipo, ya sean a cielo abierto o subterráneas; la regulación de las acampadas, el uso de vehículos u otros aspectos que no contemplaba el borrador. Por las mismas fechas y en otro diario de mayor difusión, Eduardo Aguirre, un ingeniero de montes, eleva un canto a Ordunte, cuando colectivos y ayuntamientos se oponen al Parque Eólico, y lleva su entonación al máximo en un pronunciamiento que bien podría firmar cualquier ecologista, sobre la tierna historia de doce parejas de alimoche que anidan en los alrededores del Parque y el importante corredor migratorio que se conoce por la Llana de Saldueso. Yo estoy confundido con tanta ternura y tantos cantos salvadores.

Los ecologistas en contra de un sistema que ahorra combustible de petroleo y evita el tan temido aumento de CO2 en la atmósfera, amén del respiro económico para las depauperadas arcas de los ayuntamientos. Y el ingeniero-ecologista finaliza con una explosión de júbilo, animando a la lucha de otros grupos burgaleses, (¿palentinos?) y pasiegos que viven similares acechanzas en sus tierras, cuando el desarrollo, -según las teorías de estos expertos contrariados-, está en aprovechar al máximo los recursos naturales sin destruírlos. Las minas, los montes, el agua... No hay más recursos naturales. Las minas se cierran, el monte se hace intransitable en muchos lugares y parece que ahoraque se perfilan las embotelladoras, se oyen voces que claman porque han descubierto que el agua tiene dueño.

Vivimos un tiempo de convulsión en muchos aspectos. Lo mismo hacemos versos que tiramos de pistola. Frente a la riqueza natural y al manifiesto esplendoroso de los lirones, nuestros pueblos siguen despoblándose a pasos de gigante, envejeciéndose, achicándose, como ese escalador que se propuso en solitario realizar la hazaña más difícil y le venció el cansancio y le confundió la tempestad y se quedó sin aire a las puertas mismas de la cima.

Es como si en el mismo cielo estuviera el infierno, cosa que sólo entienden de verdad quienes decidieron un día quedarse aquí a vivirlo.

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15 de octubre de 2005

Carta ecológica



Reconozco también que, a quienes se sitúan a ese lado del camino donde el medio natural lo es todo, no les sirve como justificación los puestos de trabajo con los que se pretende romper cualquier reticencia y oposición que conlleve un proyecto.

Alfonso Balmorí escribe en “Diario de León” un artículo titulado “El valor del patrimonio natural”, con cuyo planteamiento busca echar por tierra esa locura de proyecto que se pretende levantar en San Glorio.

En principio, las cifras son abultadas, pues habla de la entrada de 30.000 esquiadores por hora, buena parte de los cuales se prevee que lleguen a través de Cardaño de Arriba, por el idílico valle de Las Lomas. El autor mantiene a lo largo del artículo una lucha frenética, presentando como argumentos de mucho peso la repetida cantinela de la conservación del oso pardo y de otras especies protegidas como el urogallo. Tampoco es bueno para la perdiz pardilla, catalogada como especie vulnerable en el Libro Rojo de las Aves de España.

Claro, la obra que se cita, 80 kilómetros de pistas, 22 kilómetros de cañones de nieve artificial, 16 remontes de telecabinas y telesillas, vista así, al desnudo, con todas las máquinas que se necesitan, los tendidos eléctricos, la supuesta alteración de cursos de agua y los daños colaterales que toda obra conlleva, mete un poco de yuyu como dice mi chica. Ni una sola vez he leído hombre, mujer, vida humana. Estos defensores a ultranza de animales y tierras están llenos de buenos argumentos. Tienen razón, oiga, para qué vamos a llevarles la contraria, pero voy a citar aquí, por gusto, para que se recreen, un párrafo donde resume las razones de peso para negar o impedir por todos los medios que se lleve a cabo la citada obra.

“La Ley 4/2000 de Declaración de Parque Natural Fuentes Carrionas Fuente Cobre- Montaña Palentina tiene como objetivo: conservar, proteger y mejorar los recursos naturales, su vegetación, flora y fauna, agua y paisaje, preservando la diversidad genética y manteniendo la dinámica y estructura funcional de los ecosistemas y garantizar la conservación de su biodiversidad y las persistencia de las especies de la flora y de la fauna singularmente amenazadas, con especial atención al oso pardo.”

¡Pero cómo cambian las cosas cuando le toca a uno vivirlas de cerca¡ A este buen hombre, que piensa bien, porque defiende la conservación de estos privilegiados paisajes, le traemos a Celada de Roblecedo o a Resoba dos meses de inviernos y se mea por las patas. A este y a todos los ecologistas del mundo les metemos en Salcedillo un invierno de 20 días sin avistar un alma y se les caen todos los principios a los pies, porque sin hombre, no hay historias que valgan; no hay luz, no hay comunicación, no hay garantías de vida. Y sin hombre, ya lo he dicho más veces, nos importan tres pitos la conservación de todas las especies animales. Que me parece bien que todos convivan en el mismo espacio, pero dando prioridad al ser humano en una zona de repobladores.

Adecentando los caminos y los pueblos, educando a las gentes en la convivencia, enseñándoles a trabajar unidos, venir y vivir para saber y hablar. Si la reparación de un triste puente o la tala de un bosque van a suponer el levantamiento de esa especie nueva de hombres verdes, escribamos bien claro las condiciones de penuria en las que se desenvuelven los habitantes de esta tierra. Si a las adversidades climatológicas se unen las deficiencias sanitarias y el escaso interés de nuestros gobernantes por detener los graves problemas que siguen acuciándole, es evidente, incluso para el tío más patrimonialista del mundo, que a la gente lo que menos le importa ahora mismo es si canta la urraca o si el oso encontrará un lugar para hibernar con garantía.

Una de dos: o le metemos una inyección que lo remueva todo, o le nombramos paraíso de las flores, porque si se detiene el progreso y las obras, se detiene la vida. La vida humana, me refiero, que no parece preocupar a quienes están observando la montaña desde la lejanía o desde las alturas.

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29 de enero de 2005

Don Quijote de los molinos


En "Castilla, lo castellano y los castellanos", Miguel Delibes afirma que el viejo campesino ha parado deliberadamente el reloj. El reloj del campo es la tradición. Avanzando en la lectura, que recoge un compendio de su obra, así ve Miguel Delibes al castellano ante el progreso:"quedan pocos y envejecidos y de no sobrevivir un milagro pueden ser considerados como los últimos exponentes de un modo de vida que desaparecerá con ellos".

Ante estos y otros juicios similares, la crítica le tildó a nuestro prolífico escritor de reaccionario, sin querer advertir –como él mismo confesaría más tarde– que para nada rechazaba el progreso en cuanto a tal, sino una orientación del progreso que considera torpe e irracional por el doble motivo de que deshumaniza al hombre y destruye la naturaleza.Al hilo del libro que ahora prepara con su hijo, me pregunto: ¿cómo considerará el maestro la implantación de estas centrales eólicas?¿Será una lucha real del hombre contra los artificios?En la explanada del Cerro de Campo de Criptana, Don Quijote retó a un puñado de gigantes desaforados, unos molinos que en la vida real funcionaron hasta bien entrados los años ochenta. Los diez que ahora quedan tienen su nombre, tres de ellos conservan la maquinaria y el primer domingo de cada mes se hace una demostración.

Pero yo me refiero a los molinos del progreso. A finales del pasado año el Gobierno Vasco hacía público un documento, en el que contemplaba como viable y necesario el Parque Eólico de Ordunte. Con la culminación de este proyecto se pretende conseguir que Euzkadi produzca en 2012 el 12 por ciento de su electricidad de forma limpia. Pero pronto le llueven las protestas. La Diputación, su socio en el gobierno, a través del Servicio de Montes, se opone al proyecto, alegando que su construcción influiría negativamente sobre la flora, la fauna y el pasiaje.El Consistorio de Carranza, término donde se ubicaría la instalación, elabora sus alegaciones, temiendo que sus habitantes, muy castigados por la falta de agua, se sumergan en una sequía permanente. Y la bola sigue extendiéndose hacia otros lugares. Los vecinos del Valle de Mena (Burgos) muestran su rotunda oposición, ya que 14 molinos serán izados sobre terreno burgalés, temiendo por la baza, ahora en auge, del turismo rural.Lo cierto es que, el mencionado plan ha vomitado opositores por doquier, además de las asociaciones ecologistas, ya presentes en todos los proyectos que tienen que ver con el progreso. Y en Palencia tenemos buena muestra de ello.

Para estos grupos el progreso pasa por una conservación del entorno que no admite la roturación ni el cambio y su NO es categórico y rotundo. No a los proyectos de infraestructuras. NO a las miniscentrales de Cardaño y Brañosera, NO al túnel que nos comunique con Piedrasluengas, NO a un proyecto de carretera que ahora vuelve a intentar el ejecutivo cántabro, que comunique Piedrasluengas con Reinosa, NO a los parques eólicos, NO a las presas como la de Castrovido, a la que han calificado como "el proyecto de construcción más absurdo del territorio nacional".Se limitan a decir a todo que NO sin presentar proyectos alternativos que puedan darnos vida. Lo suyo es defender la tierra contra todo lo que se manifiesta como ataque del hombre, que mira que es un pensamiento inabarcable y por lo tanto, de difícil tratamiento, contemplándonos únicamente como una zona verde y mágica, nunca como un lugar en el que vive gente, gente que necesita adaptarse a los tiempos para no seguir padeciendo el aislamiento; gente que necesita llegar a los sitios: ambulatorios, centros educativos, organismos... etc; gente que lo único que ha hecho es mantenerlo. 

Ciértamente, si todo lo que se contempla como progreso, entre ello esta energía alternativa que los expertos señalan como limpia y necesaria, tuviera que someterse a la opinión de cada pueblo o cada experto, los proyectos se quedarían obsoletos, cuando no arrinconados, puesto que son tantas las demandas como las objeciones. ¿Cuánta razón tienen los que se oponen? ¿No les gusta, porque no es tan limpia como dicen, o no les gusta porque son muy aparatosos los molinos que portan la fuerza? ¿Por qué se aprueba en Vallespinoso?¿Por qué el Ayuntamiento de Velilla no lo quiere, si tanto dinero genera para las maltrechas arcas municipales? Yo creo que deben aclararse, y si es bueno, y es alternativo, y va a suponer dinero para los ayuntamientos y para los pueblos, sin abusar de ello –que todo es malo cuando no existe freno–, alguien debe decir que sí y empezar a ver algo más que la montaña seca de tanta pancarta prohibitiva como se empeñan en anunciar quienes ni nacieron ni vivirán en ella.

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17 de junio de 2004

Prohibir es una ley variable


Un grupo de intelectuales encabezado por "Peridis", la poetisa Amalia Iglesias, catedráticos, profesores y periodistas, firman un escrito que recoge el periódico "Carrión" en la segunda quincena de marzo: "Campoo–Los Valles, zona amenazada".



Qué tarde hemos comenzado a darnos cuenta del aislamiento, de la despoblación, de la situación crítica en la que ha vivido la montaña durante los últimos lustros.

Ya estaba yo pensando en mi locura, dándole vueltas a mis juícios, renegando de algunas opiniones vertidas, seguramente en una especie de estado catatónico, cuando motivados por las voces de auxilio y los programas de protesta lanzados por los ecologistas comienzan a generarse dudas y preguntas de un amplio colectivo de personas vinculadas de algún modo a Palencia. Esto me distrae, cuando menos, alimenta la bandeja de los artículos venideros y me deja tranquilo respecto a ese pensamiento negro que en forma de fantasma viene a pedirme cuentas.

La duda es un escollo que, hagas lo que hagas, aparece en el horizonte y no encuentras a nadie que pueda despejarla. Tu familia te ve muy implicado para nada que ganas, tus amistades encuentran divertido un sermón semanal en el "Diario Palentino" y, la indiferencia de la mayoría de los que viven aquí, y están expuestos a ese peligro de empresas que contaminan o de abandono y olvido en otros aspectos, te lleva a preguntarte si merece la pena, para qué sirve el pataleo y adónde nos conduce el manifiesto y la preocupación, que bastante tenemos allá donde vivimos como para meter la cabeza en asuntos de los que, por error, ignorancia u orgullo, pasan olímpicamente aquellos que son en realidad los que deben enfrentarse a ellos.

Desde que el mundo es mundo, el hombre ha tratado de dominar la Naturaleza. Sabemos que la ambición del ser humano no tiene límites: desde la economía de aprovechamiento, de la recolección de frutos naturales, hasta la consumista y tecnificada que ahora mismo nos invade en todos los aspectos. Tales actividades se han venido desarrollando sobre el mismo suelo, bajo una misma atmósfera, a orillas de los mismos ríos, cultivando los mimos productos y defendiéndose de las mismas plagas; explotando las mismas minas hasta dejarlas agotadas...

En el caso de la montaña palentina nos sorprende el cambio tan brutal de un mundo que, merced a ese alejamiento padecido, a sus duros inviernos, a su mala comunicación, lo que menos esperaba era que alguien se fijase en ella para instalar aquí una empresa de la índole que fuera. "Para este viaje –dicen los que se levantan con uñas y dientes contra los proyectos de Barruelo y Mataporquera– sobraban las alforjas".

La técnica, que ha favorecido y acelerado el proceso destructor en otros lares, amenaza a nuestra zona, ahora que, paradojas de la vida, parecía más protegida que nunca con el nombramiento de Parque Natural. Un lector que me sigue, se hace la siguiente relfexión en un largo texto que remite a la redacción del nuestro diario: "Hay que ser realistas. Hay que defender lo que queda. Según se mire, puede ser mucho o poco. Nos queda el entorno natrual, de momento. Esperemos que los especuladores que nos lo quieren arrebatar tarden en venir".

Claro que, para evitar todo accidente y para que la mencionada especulación no se produzca, lo más cómodo es impedir que una empresa eche a andar sin concederle el beneficio de la duda.

Si en Madrid, en Barcelona, en Bilbao y en tantas otras ciudades se hubiera tenido tanto en cuenta el humo y los peligros para la salud que conlleva trabajar en muchas fábricas, es posible que la revolución industrial no hubiera cambiado tantas cosas. También se muere en la carretera. El tabaco también mata.

Especular también es censurar. Para crecer y avanzar hay que arriesgarse. Si hay empresas, hay trabajo, hay familias que vivirán aquí y entonces se pensará en escuelas, en hospitales, en carreteras, en servicios. Y levantar la voz para que se nos oiga no será cosa de un periodista.

Es evidente que hay un lugar para la protesta y un lugar para que los responsables, teniendo en consideración todas esas leyes que estudian y manejan, supuestamente para que la sociedad mejore (conjúguese permisividad, peligrosidad, compatibilidad...) aprueben o desaprueben la instalación de una empresa.

No vale que, calculando la dirección del viento, vengan a oponerse radicalmente los mismos que están pidiendo a gritos medios y soluciones para que la montaña no se muera.

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17 de abril de 2004

Que hable Alejandro



Lo que te descoloca de verdad es el silencio. Hablando o escribiendo uno comete errores, orienta o desdibuja una situación para la que cada uno encontró un apósito válido; trastoca o rompe la idea que otros tuvieron sobre la misma cosa. Escribiendo o hablando, uno se decanta por algo o por alguien. "Hablando se entiende la gente" –apostilla el vulgo–, aunque no siempre.


Lo cierto es que, cuando alguien calla, nadie sabe dónde otorga, o lo que le preocupa, o lo que a su juicio debe preocuparle por el cargo que desempeña. ¿Cómo y hasta dónde debe preocupar la instalación de nuevas empresas en la zona norte?

Esa es la pregunta a la que deben respondernos las autoridades de los pueblos donde van a instalarse.

Mitchel Cohen, en un largo y apasionado ensayo sobre residuos tóxicos y el Nuevo Orden Mundial, se refiere a ello como una industria lucrativa, una forma intencionada de cercar tierras y recursos. En un lenguaje demasiado técnico, Cohen lo analiza como un medio de proletarizar a campesinos y aldeanos, llevándoles a nuevas formas de explotación del trabajo y de la Naturaleza

"Como la oposición al vertido de residuos tóxicos y a la incineración de basura peligrosa se apasiona, convirtiéndose en movimientos políticos masivos, hay un entendimiento creciente de que ni las regulaciones gubernamentales ni el mercado capitalista son capaces de suministrar protección adecuada para los ecosistemas naturales o para las comunidades afectadas por la contaminación mediambiental".

Ni que decir tiene que, a todos nos preocupa el medioambiente, cada día más, y que hay muchas dudas planteadas en cuanto al establecimiento en la zona de empresas que –según la Coordinadora contra la Central de Salinas– llegan a Barruelo con un horno de vitrificación de residuos a 8.000 grados y varias cadenas de valorización de residuos de dimensiones descomunales.

Cuando amenazan con historias tan grandes en una zona tan aislada, se nos viene de inmediato la pregunta a la mente: ¿lo hacen aquí porque es más barato? ¿Lo hacen aquí porque ya no quedan fuerzas vivas que puedan oponerse?.

Y más que la instalación de una empresa, sea del tamaño que sea, estimo que a todos nos echan para atrás un poco las respuestas tan ambiguas de la administración en empresas que se instalaron en otros puntos con gran bombo, incumpliendo reiteradamente la normativa, como ocurrió con las granjas de Guardo.

También en eso deberíamos tomar ejemplo de otras comunidades. A primeros de año se hacía pública una sentencia del Tribunal Supremo que ratificaba el año de prisión y una multa de 36.000 euros impuestos por la Audiencia de Barcelona a un vecino de Vallromanes que había levantado una granja de cerdos sin licencia. La sentencia constató que "los vertidos de purines en los acuíferos subterráneos determinan grave alteración, con daño de tales acuíferos, así como grave riesgo para la salud de las personas por ser potencial foco de transmisión de enfermedades".

Cuando yo me refería en artículos pasados al silencio que acompañó la actividad de la minería, lo hice no sólo por las personas que murieron dentro y fuera, como consecuencia de los accidentes o de la enfermedad, sino porque una de las actividades que generan este tipo de residuos tóxicos y peligrosos, además de la energía nuclear y la industria, es la minería.

Vivimos un momento en el que a todo nos enfrentamos y todo nos da miedo, pero sería conveniente también que quienes han hablado, aquellos que se oponen radicalmente a la instalación de una empresa de estas características, refuercen su postura con la presencia en el debate de Greenpeace, la asociación internacional que en los últimos años se ha volcado de manera especial en los problemas derivados de la contaminación tóxica por emanaciones.

Y por otro lado, Alejandro Lamalfa, que en el último lustro del pasado siglo formó parte de una comisión especial sobre la prevención y asistencia en situaciones de catástrofe, no sólo como Senador de Palencia antes, sino como alcalde de Barruelo ahora y, sobre todo, como médico, debe explicarnos a conciencia el alcance de estas empresas que se proyectan, la peligrosidad y el riesgo que conlleva vivir cerca y, ante todo, que quede en algún sitio bien firmado que el salto a la torera de la normativa dará lugar a acciones inmediatas, contemplense como sanciones o cese de la actividad si fuera necesario.

Lo que no podemos tolerar en ningún caso es el silencio cuando por medio está el consabido nombramiento de Parque Natural a una zona donde se limitarían todas las actividades peligrosas. 


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6 de marzo de 2004

Armamento de agua


Cuando uno se plantea el canto o la defensa de una tierra, con todo lo que la tierra aporta de sentimiento —porque uno pertenece a ella, le pese a quien le pese— se tropieza con aquellos que observan y analizan con lupa, buscando el más pequeño desliz para desvincularte, para aniquilar tu pensamiento, para trastocar la ilusión de aquellos que han encontrado en tus palabras un cierto sabor a vino viejo, un apósito para esas heridas que no se ven pero que llagan.


Eso no va a cambiar en absoluto mi propósito. Quienes ahora duermen a pierna suelta, quienes consideran que su estado de seguridad actual es para siempre, quienes olímpicamente todo se lo pasan por debajo; aquellos que entienden que nada merece la pena, que es inútil intentarlo seis veces, están exponiendo su fracaso, pero no se confundan, se trata de su fracaso personal, no de la tierra que está pidiendo a gritos manos y voluntades para mostrar la riqueza que anida en su precioso vientre.

Cuando a mediados de la década de los noventa, los habitantes de Soria oyeron hablar de la construcción de cuatro pantanos en la cabecera del Duero, manifestaron su sospecha de que la iniciativa no tuviera nada que ver con los intereses de la provincia.

Aquello fue una de la chispa que puso a prueba su paciencia. El levantamiento actual es el rebose de todo los olvidos. En la historia reciente de esta tierra hay un puñado de ejemplos que obligan a cambiar la ligera impresión de muchos ojos que desde fuera se quedaron helados viendo el levantamiento de un "grupito" de gente.

Más que todas las miradas de tristeza, más que la desazón que produce el desahucio, por encima del desastre ecológico que conlleva la construcción de un gran embalse, pienso en la rivalidad que se establece entre los contendientes. Ni las sentencias más justas y arbitrarias del mundo podrán reconciliarlos.

Nadie explicó con exactitud la causa que motivó al Estado para cerrar definitivamente el proyecto del pantano de Vidrieros. Entonces se esgrimió como justificación que era paso del oso, pero a nadie se le escapa que el motivo fue otro.

Viene este tema a colación, ahora que, después de veinte años de fuerte polémica, comienza a llenarse el embalse navarro de Itoiz. Naturalmente, Itoiz se enclava dentro de los grandes embalses del mundo y, según la previsión de Medio Ambiente, cuando alcance su llenado total dentro de cuatro años, suministrará agua de riego y urbana a 300.000 habitantes de 60 núcleos de población, incluida Pamplona. Este proyecto ha obligado a desalojar a más de 50 personas y ha afectado a tres zonas naturales protegidas: La flora y la fauna del lugar han sufrido un fuerte impacto, desapareciendo encinares, hayedos, y bosque de galería en excelente estado de conservación. Se han visto igualmente afectadas especies protegidas, como el águila real o el buitre leonado. La nutria, a quien se considera como excelente bioindicador de la salud de los ríos, ha desaparecido.

Las máquinas no se han detenido en una zona donde los ecologistas, embutidos en la Coordinadora, han peleado durante diecisiete años como nadie para impedir el avance de las obras. Es más, la Coordinadora logró que la Audiencia Nacional dictaminara la anulación del proyecto y la prohibición firme del llenado por distintas infracciones legales.

Pero si el poderoso tiene intención de llevarlo adelante, nadie puede evitarlo. Navarra modificó su legislación y el Tribunal Supremo legalizó a posteriori las obras.

El ejemplo prosigue en otras partes y ahora le toca el turno a Artieda, un municipio del bajo Pirineo, con 106 habitantes y 1200 hectáreas que se verá afectado por la ampliación del embalse de Yesa.

Allí se maneja el mismo argumento: quienes manifiestan su oposición se aferran a las raíces, argumentos que no pesan para la maquinaria sin conciencia del Estado, pero que sí sopesan los vecinos curiosos aplicándose el dicho de las barbas y poniéndose mentalmente en su lugar, sin que sirva de mucho, para qué vamos a engañarnos, porque para nada es lo mismo verlo que padecerlo. Oposición que contrasta con las razones de los regantes, que las tienen, porque pagan sus impuestos y, como nosotros necesitamos las carreteras para hablar de futuro, ellos necesitan el agua.

El conflicto es mundial. A finales del pasado siglo, la escritora Arundhat Roy abanderaba una campaña contra las grandes presas en la India. Su artículo, "el gran bien común", provocó la quema de sus libros a manos de los partidarios de los pantanos. "Las grandes presas –decía allí– son una forma descarada de quitar agua, tierra y riego a los pobres". Tenía una buena razón para escribir eso. Allí las presas han provocado cincuenta millones de desplazados. Para la escritora india, "reasentar a 200.000 personas para llevar agua a cuarenta millones son matemáticas fascistas".

Ni que decir tiene que para encarar la batalla que se desencadenó a propósito de Vidrieros, que desde luego no alcanza ninguno de estos tintes, yo me situé al lado de los míos, al lado de esos grupos que de antemano tienen la batalla perdida si alguien se propone desalojarlos bajo la motivación de un bien tan preciado como el agua.

No me digan que no hemos cubierto con generosidad extrema sus expectativas.

No me digan que no hemos pagado un tributo elevado al desarrollo de otros.

Ya va siendo hora de que reclamemos el derecho a nuestro desarrollo y recibamos en compensación la solidaridad de los demás.


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22 de noviembre de 2003

Una montaña limpia y viva


Aquí hombres valientes y comprometidos no hay muchos. Un ejemplo de auténtica defensa lo ha protagonizado Flaviano Casas Martínez, que durante años ha luchado en soledad contra los demonios más cercanos, con lo cómodo que resulta, dado el cargo que ocupa (tampoco lo sé, exactamente, ni tiene que importarme), esconder la cabeza bajo el ala y hacer la vista gorda como tantos otros en la misma situación hicieron.

Pues Flaviano viajó hacia lugares de nuestra provincia donde la contaminación y el abandono eran la tónica general, tomando nota de los hechos, fotografiando, aportando pruebas. Ese es el premio de la Coherencia que debe dar Izquierda Unida de Guardo, a paisanos que luchan aquí a brazo partido, jugándose cada día el puesto de trabajo y envejeciendo rápidamente con una tremenda carga de soledad y la impresión de no haber conseguido nada.

No conozco a Flaviano Casas ni a quienes se reúnen para otorgar el premio. Entiendo hasta cierto punto lo de distinguir a una figura nacional que luego portará en su currículum el nombre de Guardo, pero este tío se merece un premio y nadie se lo ha dado.

Yo respeto y admiro a Almudena Grandes y me gusta mucho la coherencia del Nóbel Saramago, quien recientemente ha puesto el dedo en la llaga al declarar que sobran tantas leyes, que basta con someterse a una: la Carta de los Derechos Humanos, donde ya vienen recogidas todas las demás, pero amemos y premiemos más a los que tenemos más cerca, porque es una forma de apoyar su trabajo, su apuesta sincera por la defensa de una tierra limpia y viva; amemos y respetemos más a todo el mundo; metámonos en la piel de mucha gente cuya actuación no comprendemos y, no se nos llenará el camino de rosas, pero evitaremos muchas guerras absurdas.

En esa misma línea anda embarcado Fernando Jubete dando voz a grupos de personas que llevan la ecología como un principio básico en su vida y que se han levantado en contra de proyectos que ensucian nuestra provincia: granjas porcinas de Guardo, central de Biomasa en Salinas de Pisuerga, tripas de celulosa en Dueñas, y me imagino que ahora también la emprenderán, junto a otros colectivos, contra el proyecto de pilas usadas en Barruelo.

La Asociación Fuente Cobre, de la que soy vocal de prensa, tiene como proyecto prioritario el saneamiento de los ríos. El presidente y algunos socios han mantenido conversaciones con diversos cargos provinciales y han viajado recientemente a Valladolid para llevar adelante un sistema de colectores que se colocaría en la cabecera del pantano de Requejada; uno para recoger las aguas de Pernía y el otro las de Castillería. Pero la idea es sanear los ríos en todo su trayecto, evitando el vertido de abonos y otros desperdicios y posibilitando de ese modo la vida de cangrejos y peces y como consecuencia fomentar el deporte de la pesca y otras actividades.

Frente a la labor tan comprometida de estos colectivos y personas, la nuestra ha sido mucho más sencilla, limitándonos a comentar lo que comentaban los periódicos y las revistas, los informes que nos llegaban de la Coordinadora o de las asociaciones vía e-mail y poco más, lo que sin duda no nos compromete a mucho. Somos meros transmisores, cuya opinión casi siempre se queda en el tejado. Mañana este papel será carne del fuego, rostro sepia de las hemerotecas, ligero comentario en alguna tertulia. Mañana llegarán historias nuevas, que caerán con avidez y encono sobre estas, difuminando cuanto hoy a mí me apura y me acongoja.

Pero hay algo que es evidente para todo el mundo, y no es necesario que venga una legión de ecologistas a advertirlo. Si hay un producto que contamina el agua o que la ensucia, las autoridades locales y provinciales deben mover el culo antes de que se produzca una desgracia o una contaminación. Y que nadie se lave las manos porque los que contaminan pueden ser los primeros afectados. Como las autoridades, los que viven o vienen a la montaña, deben elevar su voz las veces que sea necesario para que quienes instalen una empresa, respeten la normativa que les obliga a la conservación de nuestro entorno.

Claro que, a saber dónde se contemplan las normas y a saber a lo que les comprometen los papeles firmados.


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15 de noviembre de 2003

Una montaña limpia


Al retomar este cuaderno en septiembre, recibo varios correos electrónicos de personas preocupadas por el medio ambiente. Preocupadas e involucradas activamente en la defensa de una montaña palentina limpia. De alguna forma, me siento empujado a emitir una opinión al respecto, aunque no pueda hacer granero ni vaya a implicar un cambio hacia balanza alguna. Más que emitir consejos ni esgrimir soluciones lo que quiero es preguntar como se pregunta el pueblo llano, los motivos que le llevan a un alcalde, en este caso a Alejandro Lamalfa, a decantarse por un proyecto que suscita tanta controversia.

Me pregunto si ha sopesado bien los pros y los contras; si los puestos de trabajo que prometen quienes estudian instalarse van a determinar un cambio que merezca la pena. Y si ese riesgo contaminante que los opositores manifiestan es tan elevado y tan maligno. Me refiero, en concreto, a la planta de tratamiento de pilas usadas que se quiere poner en marcha en la zona de Santullán.

La Coordinadora, que ya sentó precedente al impedir que se instalara en Salinas de Pisuerga una central térmica, no quiere ni oir hablar de una planta de resíduos, aduciendo que se gesta bajo falsas promesas, y no se sabe bien quienes están al frente del proyecto.

No debemos echar en el olvido que en Barruelo, mucha gente ha muerto en la mina y por la mina y nadie se opuso a ella; al contrario, a medida que iban cerrando pozos y galerías, se iba consumando la sangría de esta tierra. En la exhaustiva información que ha manejado Jaime García Reyero para confeccionar su libro: "Guardo, sus gentes y su historia" –capítulo apasionante al que dedico uno de los próximos artículos—, se cita la producción minera en el año 1927 en la montaña palentina: Allí figuran entre otras, la mina de San Luis, de Guardo, con 38.412 toneladas; Antracitas de Velilla, con 54.284; Villaverde de la Peña, que gestionada por la Sociedad Minas de Castilla y Jaén, extrajo 19.763; Hullera de San Cebrián, 18.093 y se lleva la palma, como es de suponer, Barruelo de Santullán, cuyas empresas “Minas de Barruelo” y “Barruelo y Orbó” rondaron las doscientas mil toneladas.

Las medidas de seguridad eran escasas, y así, en Villanueva de Arriba, en la década de los cuarenta, mueren siete mineros; años más tarde, una explosión de grisú en una mina de Barruelo, siega la vida de otros dieciocho y raro ha sido el año que la mina no ha dejado por todos los rincones de la montaña palentina viudas y huérfanos. Pero no sólo como consecuencia de los accidentes, sino también y sobre todo por los efectos de la silicosis.

Pero regresemos al asunto que nos ocupa ahora. Si desmenuzamos la opinión de todas las partes que han hablado, en todas encontraremos buena razón para la duda.

Quienes apoyan como gestores y empresarios la puesta en marcha de una actividad nueva que les reporte beneficios. Quienes estudian o defienden el patrimonio histórico-artístico, como es el caso de “Peridis” o de García Guinea y que se han mostrado contrarios a una nueva tanda de aerogeneradores que dañan “el sentimiento y el paisaje”.

Y por último, quienes se oponen radicalmente a las nuevas empresas que se anuncian, por considerarlas perniciosas para la salud y el medio ambiente.

Pero las preguntas están al alcance de todos y perdonen que no me posicione todavía. ¿Son tan peligrosas las empresas, que matarán a la gente que viva en el entorno? Si es así, los gobiernos y los servicios sanitarios no les darán el visto bueno bajo ningún concepto ¿o sí? ¿No son los aerogeneradores nuevas formas de energía, limpia y descontaminada?. Se trata de instalar una cantidad sensata, no de plagar la tierra con tales artificios.

Si en cualquiera de los proyectos existe un peligro de contaminación que no pueda controlarse y las autoridades hacen caso omiso, tendremos que oponernos con todas las de la ley a ello.

Pero también debemos pensar, que alguien tendrá que venir que pueda instalarse y ayudar a que esas cifras de despoblación no sigan aumentando. Si a todo le decimos que no, no moriremos por contaminación, moriremos por desolación, muertos de soledad, cansados de hacerle poemas de amor al sol, olvidados no sólo por la administración, que ya bastante difícil nos lo pone con las cifras cuando pedimos algo, sino por los nuevos repobladores.

Queremos una montaña limpia, claro, yo el primero, pero sobre todo queremos una montaña viva.


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7 de diciembre de 1997

Cabras, Osos y Ecologistas









El Boletín Oficial de Cantabria publicó con fecha 16 de junio de este año [1997] un edicto de la Consejería de Agricultura y Pesca, por el que se obligaba a los propietarios de ganado caprino incontrolado -que pastan en el desfiladero de la Hermida- a retirarlo de estos lugares en el plazo improrrogable de 10 días. La razón que aludían allí y que reunió a importantes personalidades de la región cántabra, es que las cabras podían provocar desprendimientos con el consiguiente peligro para quienes utilizan esta vía de comunicación con Liébana. Diga lo que se diga, los animales acaban molestando casi siempre, casi a todos lo que no los tienen, e incluso entre quienes los tienen hay frecuentes polémicas por asunto de pastos, ahora que está demostrado que sobran terrenos y se piden manos jóvenes que vuelvan a cuidarlos. En la montaña sucedió hace años algo muy parecido. Las cabras eran buenas para limpiar los terrenos, según la parte ganadera, pero la Administración dedujo que eran malas porque perjudicaban a los árboles y transmitían la fiebre de malta. En los páramos, con la proliferación de tractores que facilitaban la labor, los labradores se encontraron también con la prohibición de roturar grandes extensiones de terreno. Y de este modo comenzaron a cerrarse las puertas de muchas casas, movidos también por el despunte económico de los años 60. Lo sorprendente es que, unos años después, cuando ya era inevitable la marcha atrás, a la Administración se le ocurrió subvencionara con 1.300 pesetas cada chiva viva. Como si se tratara de un proceso regulador: hoy te lo quito, mañana te lo doy, a ver qué pasa, a ver por dónde tira el pueblo, que los políticos no tienen mucho que perder si se equivocan.

Por otra punta asoma el asunto del oso, cuya verdadera promoción comienza de verdad cuando en 1988 se inicia el proceso Judicial contra el cazador que mató al Rubio, -en Brañosera .. El protagonista, acusado por la prensa, vilipendiado muchas veces, porque ha pasado de cazador a presa, rehuye la entrevista que pretendo, cualquier cosa que tenga que ver con los periódicos, y con mayor razón los nacionales, mientras que en una casa cercana me hacen entrega de un ejemplar del FAPAS, donde se habla del abogado que conduce la causa, José Manuel Marraco, y el costo del proceso, que asciende a dos millones de pesetas, que deberán pagar ellos al quedar absuelto el cazador de todos sus cargos.

Pero después de todo, no es el oso, ni el lobo, ni las tierras, los que ofrecen más dudas, sino la actuación imperialista y arbitraria de esa nueva especie que responde al nombre de "ecologista". Javier Cuesta, otra vez este sacerdote que me parece valiente y comprometido hasta las últimas consecuencias con la gente a la que guarda, se pregunta en la sección "Cortar el traje", de la revista "Sementera":
"Señores ecologistas, si tanto aman la naturaleza, ¿por qué no se vienen a sufrir y gozar con ella como un vecino más?". Y concluye: "Nuestros pueblos se están quedando sin gente".
Y es curioso observar cómo esta Asociación nos está venciendo poco a poco, bien haciendo oídos sordos a nuestra crítica, bien elevando su voz en los periódicos. Nadie sabe cómo, se filtran en los puestos de mando, reciben el premio por la defensa del Medio Ambiente y disparan su escopeta de verde ecológico contra todas aquellas obras y proyectos que impliquen arreglos, concentración parcelaria y hasta un hotel en el Collado de Piedrasluengas. Cualquier réplica es repetición de viejas crónicas y nada se consigue con este último viaje al otoño de la tierra. Y nada se consigue predicando que hay que mover el culo 100 kilómetros para estampar una dichosa firma, que la nieve es muy mala para hacer valentías, que hay que pisar el barro y las boñigas a diario. Eso ya lo hemos dicho, y que el oso no ha molestado nunca, que un error de un vecino no es óbice para condenarnos de por vida a seguir con las mismas carreteras, a vivir como vieron nuestros antepasados. Estamos aquí para dar pequeños pero seguros pasos que permitan la vida. No sólo una vida sana por el alimento, por el aire, por la tranquilidad, sino también por los accesos y por los adelantos. Para ello la Administración debe abrir más la mano, los ecologistas deben cerrar la boca y el pueblo tiene que decir algo. Porque nada se conseguirá con el silencio, escondiendo las alas, esperando que otros vengan algún dia a solucionar nuestros problemas. Demos un cariñoso "sornabirón" a todos esos rezagados, que ni se pronuncian ni dejan que nos pronunciemos por ellos, haciéndole vivir al resto en un estado permanente de zozobra. Somos, pues pensemos; vivimos, pues hagamos algo, lo que sea. Y hagamoslo mejor hoy que mañana.
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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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