viernes, 29 de julio de 2011

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En un marco incomparable -como dirían los viejos cronistas- se celebró el pasado fin de semana el Día Regional del Turismo en Cervera de Pisuerga. La plaza se quedó pequeña y la deficiente megafonía, apenas hizo llegar el mensaje de los oradores a las primeras filas de paisanos que, procedentes de todos los rincones de la comunidad, venían a empujar aquellas palabras de esperanza en boca de Jesús Calleja, el famoso montañero de la Cuarta, que trajo a colacción, una vez más, el asunto de San Glorio. "En los Alpes (Suiza), han sido capaces de crear una fuente de ingresos económicos con los deportes de invierno, manteniendo un respeto y un equilibrio por la naturaleza dignos de admiración".

No voy a caer en formulismos, incluso después de ver luciendo en varios pueblos de la parte leonesa, pancartas en apoyo a una estación que se resiste. Tal vez se quede en un sueño para toda la vida, como la carretera que nos mete en la comunidad vecina, que eso sí que es una vergüenza regional y nacional que no parece importarle a nadie. Esto viene a colación por las palabras que debió pronunciar la Consejera y que hacían referencia a "la necesidad de crear un producto turístico que incluya servicios y alojamientos de calidad." Lo primero y más urgente es dotar a estos pueblos de unas carreteras decentes, para que vengan los de fuera y no se acaben marchando los de dentro.

No basta la promoción verbal hacia el Románico o el Patrimonio Natural que atesoramos. Es preciso que quienes rigen los destinos de esta Comunidad se dejen de carantoñas con el Oso Pardo y pongan manos a la obra como están haciendo nuestros vecinos cántabros por la parte de Ojedo.

Como no me llegaba el sonido, mientras gesticulaban los distintos invitados de honor, observé cómo se congregaba la turba en el stand de Valladolid, el único que repartía pastas. Y no me sorprendió para nada la eximia promoción de León, la tierra del pregonero estrella.

En algo si estoy plenamente de acuerdo con Calleja, donde dijo: "...si se ven hormigas las sortearemos para no pisarlas, pero primero son las personas... y eso está por encima de todo".

viernes, 22 de julio de 2011

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Detrás de algo que tenemos, detrás de algo que nos ha costado mucho trabajo conseguir; detrás de algo bueno para el pueblo, que se debe a la buena gestión de nuestro alcalde, o a la ayuda del Presidente de una Institución, por detrás de todo lo bueno y lo malo siempre hay algún recelo.

Primero se pide, se insiste mucho para que la voz autorizada lo remueva y la mayoría pueda sentirse agradecida u orgullosa por la labor de aquellos pequeños pueblos, cuyos alcaldes, tomando de su tiempo y de su dinero, han ido haciendo cosas, lo que buenamente han podido.

Es indudable que esto ya lo sabemos, pero en este mundo de intereses creados, se hace extraño que, expuestos como están estos pequeños capitanes al vituperio y a las mareas, vuelvan a repetirse en el cargo, que si te anima mucho el arropamiento de la mayoría, se te hace casi imposible lograr nuevas metas con los presupuestos tan escasos.

Cuando el pasado mes de mayo vi en nuestro diario el reportaje de nuestra amiga Marta Redondo, enseguida pensé que mi amiga podía estar bajo los efectos de algo, lo que le hacía ver y, como es lógico, contar las iniciativas a destajo que provenían de esa Ley de Desarrollo rural tan manoseada en estos días.

Pero los mensajeros no tenemos la culpa de lo que pasa, aunque nos llevemos las primeras patadas o seamos presas fáciles del primer chistoso que por allí pasaba.

Yo creo que ofrecer nuevos y llamativos proyectos sin que se hayan hecho realidad algunos de los más imprescindibles, como la mejoras de las carreteras que comunican a estos pueblos, después de 20 años ofertándolas, es como para decirles a quienes pudiera interesarles esta tierra para vivirla, que si vienen, lo hagan por todo lo demás; es decir, por el paisaje, por la tranquilidad, por la gastronomía, por el románico, por esa esencia de candor que todavía se respira en muchos de estos pueblos…

Yo creo que, aunque les debemos agradecimiento, a los alcaldes, que tienen fuerza, aunque sean capitanes de pequeños barcos, les falta una señal de rebeldía, un acto reivindicativo donde se defiendan antes que todo ese cúmulo de cosas que nos enganchan a un lugar, unas vías de comunicación decentes que permitan el desarrollo y el disfrute de todo lo demás.

viernes, 15 de julio de 2011

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Mis amigos y seguidores saben que discrepo mucho de la SGAE, cuyo fundador fue Sinesio Delgado, con la ayuda de otros importantes autores de la época, como Jacinto Benavente, Pérez Galdós, Federico Chueca...

Parece que el proyecto más ambicioso de nuestro paisano, natural de Támara, fue la creación de la Sociedad de Autores Españoles, conocida en la actualidad como la SGAE.

Discrepo porque entiendo que los autores lo que necesitan es la promoción y la publicación de su obra, que tras eso, ya viene todo lo demás si el autor se pone a trabajar en serio, no empeñado en acudir a la puerta de esta Fundación que en los últimos años ha demostrado sobradamente que lo único que la guía es el dinero, ya sea cobrando por los cds vírgenes, por la música de las bodas, por la música de las fiestas, por las obras que representa un grupo de niños para un acto benéfico...

Y el tiempo nos va dando la razón a quienes vemos, no un tratamiento justo y equitativo a los autores, como sería menester, sino, un amasamiento de fortunas particulares de mucha gente que poco tiene que ver con la creación. Muchas empresas y particulares han sufrido la persecución y el varapalo de esta "Sociedad" tan cuestiona, con ramificaciones en otras "Sociedades" afines que han hecho caja durante mucho años avasallando a los más débiles.

Además de ese sueldo astronómico a Teddy Baustista, que de autor tiene poco y ha demostrado sus torticeras artes como administrador, convendría exigir a quienes lo gestionen en el futuro, la defensa y la promoción de todos los autores, pero de todos los que escriben y los que cantan y cuentan algo de provecho, que algo ganado tendrán en la difusión del arte y la cultura, no sólo del grupo de amiguetes que ante la avalancha de una ingente cantidad de dinero deciden repartírselo y seguir adelante con su voracidad recaudadora.

Sin duda alguna, la protesta de los indignados llegará un día a las puertas de esa avarienta Sociedad, porque el pueblo también echa sus cuentas y estima que ya está bien de tanto ladrón suelto.

viernes, 8 de julio de 2011

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Después del olvido, ya no queda nada. Ese es el grito desesperado que acaba de lanzar al mundo la escritora Andrea Guillies, que un día tomó la decisión de trasladarse con su familia a un lugar tranquilo de la costa escocesa para cuidar de su suegra, enferma de alzheimer.


Aquella terrible sensación le ha servido a la autora de "Las amapolas del olvido" para trasladarnos la dura realidad a la que se enfrentan los cinco millones de personas en el mundo que lo padecen y que las frías estadísticas aseguran que se multiplicarán por cuatro para el año 2040.

Para tomar conciencia surge una web con el fin de apadrinar recuerdos. Allí se guardarán los recuerdos donados por gentes anónimas, rostros conocidos y personas en la primera fase de la enfermedad. Cualquiera puede tomar parte en esta iniciativa con una carta, una foto, un video, o apadrinando un recuerdo donado anteriormente por otra persona, mediante una cantidad económica que se dedicará integramente -aseguran- a la investigación de la enfermedad.

A lo largo de la vida, por diversas causas, se puede perder un miembro del cuerpo, una casa, una familia, un pueblo... Se pueden perder todos los bienes materiales, cuya adquisición, en la mayor parte de los casos, han supuesto muchos años de sacrificio.

Se puede perder todo y volver a empezar de nuevo, pero cuando se pierde la memoria, cuando los rostros que miras son extraños, cuando nada de lo que dicen los demás tiene sentido, entonces sí que puedes darte por muerto, aunque te levanten y te vistan, aunque te saquen de paseo por una ciudad llena de tus recuerdos para los demás, pero vacía y sin sentido para tí que no sabes cómo llegaste a ella, ni te servirían estos preciosos versos de Mario Benedetti:

.../Ah si pudiera elegir mi paisaje
Elegiría, robaría esta calle,
Esta calle recién atardecida
En la que encarnizadamente revivo
Y de la que sé con estricta nostalgia
El número y el nombre de sus setenta árboles.

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