viernes, 26 de diciembre de 1997

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  • Decir adiós y no marcharse nunca
Decía mi abuela que, para algunos seguirás siendo enemigo aunque mees agua bendita. Y las abuelas llevan mucha razón, porque ya están curtidas y a la vuelta de tantas cornadas como les dio la vida. 

Con este recorrido personal hacia el Otoño he querido revivir viejas historias sin ánimo de encontrar nada especial, con la vista puesta en estas largas vegas ahora rociadas con el anuncio del invierno. He vuelto al Norte que me dio la vida, San Salvador de la leyenda, a los pueblos que sentimentalmente recorrimos hace años: 

Herreruela, pueblo pequeño, el último de la Castillería, en cuya vieja Casona un vecino de Cervera quiere abrir un Museo; Celada de Roblecedo, el más grande de la comarca en otro tiempo, antes de la explosión de futuro que promovió la industria; San Felices, Estalaya y Verdeña, patria de Matías, en la misma boca de los lobos. Tremaya, donde casó Luis Guzmán después de ejercer como maestro en una escuela derrumbada: Los Redondos, camino de Cueva Cobre; Los Llazos, donde alientan dos almas; el Molino de Guzmán, que es como una barrera imaginable que da acceso a estos últimos pueblos que atrás he mencionado y la Venta Urbaneja, con tantas historias ya plasmadas en vinateros y pasiegos que dedicaron su vida al comercio y donde todavía alienta una esperanza de futuro. 

Hacia el puerto, Areños, recogido en una ladera; Casavegas, donde Eliseo representa la mayor historia de humor y de "casos verídicos" que recordarse puedan, y en lo más alto, frente a Picos de Europa, Piedrasluengas. Atrás quedaron otros pueblos, como Lores, que me recuerda el encuentro reciente con Agustín Fernández Merino, al que conocía por la televisión y por un libro "Quintaesencias"; o el arte de conocer cada pequeña historia de este rincón: los frutos, las flores, los elementos y la manera de crear algo nuevo, aflorando así la esencia derramada en sus entrañas, Juan José de Cossio lo resume muy bien en el prólogo: "porque se trata de una obrita donde conviven, en perfecta armonía, el dato científico, la cita histórica y la fantasía de su autor". 

Cierran la tabla por el norte los pueblos de Lebanza, el Campo y la Abadía, cuya sombra es alargada, como el monasterio que se levanta a unos pasos de la Peña Carazo. A la otra vera, Polentinos, que se alarga hasta formar el cuerpo de una gigantesca sirena, mirando desde su atalaya al Parador Nacional Fuentes Carrionas. 

He reunido en estos capitulas, a propósito, los últimos comentarios, los últimos escrítos, el último eco de la memoria. 

Alguna vez he dicho adiós y he vuelto porque el silenci0 es malo para todos. En esta casa hasta esta fecha de hoy me han hecho un hueco y he compartido con ustedes momentos deliciosos. También momentos tristes, Pero me falta tiempo. Debo concluir un ensayo que comencé hace años: "La biografla de un niño sin mañana", donde un pequeño se pregunta: ¿para qué estudio?, ¿para qué trabajo?, ¿para qué amo? No soy de los que se agarran a una "Solana Palentina" y cantan con la gracia y el don que lleva dentro Gonzalo Ortega Aragón, sin perder la compostura nunca, así hasta el fin de un milenio si fuera necesario. 

De pronto me apetece despedirme, porque ya está bien de hacer caminos sobre caminos hechos. Aunque, si he de serles sincero, que uno, aunque debiera, no siempre puede serlo, este silencio implica el comienzo de otras historias más ambiciosas de cara a los próximos meses. Mariano Valero me ha tendido la mano sobre un asunto que llevo meses madurando, relacionado con la zona norte y mientras eso llega y para no perder contacto con mis amigos y lectores, les convoco semanalmente en una columna que he títulado "Crónicas fin de siglo". 

Cerremos el cuaderno. Recojamos las historias pendientes. Que no se apague este viejó periódico. Que no haya envidias entre ustedes, los Medios. Que el Otoño no signifique a la fuerza un adiós para siempre. 

Les dejo con Pedro de Hoyos, con Nuria Donat, con Gonzalo Ortega, con Mariano Valero y tanta buena gente que me hicieron un hueco, una prueba -digamos- que ya he pasado y que prometo superar en los próximos meses. 

Porque en este periódico pequeño, de provincia pequeña, se han puesto de manifiesto hermosas historias y he disfrutado, eso tengo que decirlo bien alto, de las más altas cotas de libertad que imaginar se puedan. Un diario que ha seguido vivo a pesar de la dura batalla de la competencia, a pesar de improperios, a pesar de esa porción de declardos enemigos que, hagas lo que hagas, aunque lo hicieras de la mejor manera, nunca sabrán reconocerlo. Yo pienso que ahí reside una de las muchas grandezas del periodismo: No perder la compostura nunca, no dejarse amedrentar por malos vientos, no sucumbir a ningún manifiesto. Y cuando digo esto pienso en unas palabras que Abilio Burgos de Pablo escribió en este mismo diario en septiembre de 1987: "Para conseguir un lanzamiento en el desarrollo de Castilla y León es necesario un pragmatismo de acción común por parte de todas las clases políticas con representación parlamentaria en el Congreso, en el Senado, en Las Cortes, en las Diputaciones, en los Ayuntamientos. Nuestros gobernantes deben pensar más por Castilla y León que en su disciplina de Partido". 

A todos los que me habéis seguido durante tantos años, dentro y fuera de esta casa, aquellos que me alentáis para que siga escribiendo de la Montaña Palentina, a todos mis paisanos, a todos mis amigos, confiarles mi último pensamiento y convocarles en esta misma dirección para la primera semana de Año Nuevo: "Estamos en el buen camino, Sigamos adelante. El futuro es una tentación que no podrá resistirse a todos esos proyectos que esperan a la puerta". 


lunes, 15 de diciembre de 1997

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La calle es puro hielo. Los carámbanos cuelgan de los tejados como golosos caramelos. La nieve se acumula a las orillas de los patios. Eso y un espeso silencio que parece romperse a medida que el sol sube a lo alto.

Dejo Pernía a las doce en punto para dirigirme a Villanueva de la Peña, cuyas autoridades me han llamado para que , diga algo en esta columna. ¿Toda la verdad?

Es fácil describir al difunto. Alguien está destrozando el paisaje, cargando de escombreras los prados, aupando escombro sobre escombro hasta rebasar los límites de las tierras compradas. Alguien está rompiendo fuentes, inutilizando los caminos y cunetas, hasta adentrarse en un pinar cercano.

Hace dos años, cuando la empresa minera dio cuatro o cinco calicatas sin consultar a nadie, los vecinos de Villanueva se pusieron en guardia. Cuando el pueblo fue a pedir explicaciones, la empresa que llevaba la subcontrata dijo que se trataba de una investigación. Para aplacar un poco el ánimo pagaron muy bien una o dos fincas y fueron comprando otras muy por debajo de su precio, al objeto de utilizarlas como paso. A medida que avanzaban los pozos y crecían las escombreras, creía también la incertidumbre. Algo en su interior les decía que aquello pasaba ya de investigación en terrenos privados y decidieron poner los hechos en conocimiento del capataz de Velilla. Dos veces bajó el presidente al Ayuntamiento de Castrejón. Pero nadie les tomó en cuenta. Entonces, Justo Díez decide viajar a Palencia y al día siguiente los responsables de Medio Ambiente llegan al lugar y paralizan lo que a todos los efectos, según el informe del ingeniero, es un desmonte. Después -me cuentan- aquellos vinieron a pedir permiso con piel de cordero.

En el Sel dieron un pozo plano. Ahora tiene filtraciones de agua. En Nomanillas dieron otro pozo, inutilizando el camino Real que conducía hasta la Penilla. En Valurcia, otro pozo. Abren dos bocas de mina. Fracasan en las dos. Abren una tercera. Revientan una fuente. El acceso a Valurcia atraviesa por un pinar cuyo camino han reforzado con escombro negro ..

Ese es, a grosso modo, el asunto que nos ocupa. El pueblo está asustado ante una historia que empezó hace dos años. Cuando lo vi por primera vez, aquello era un botón que ya había presenciado en otros lugares de nuestra montaña, como Casavegas, Villanueva de Arriba, El Campo, Redondo...

Era un proceso, donde había un depósito en algunos casos, o una promesa en otros de restauración de los terrenos, que sistemáticamente se incumplía.

A Barruelo le dejaron sin sangre, herido de muerte, bombardeado, negro... De aquellos vientos, sumando otros matices, vienen estas tempestades actuales. Y en Villanueva de la Peña el miedo es más pequeño, pero hay detonaciones, un pinar afectado, fuentes heridas, caminos cortados.

Había claros precedentes en otros lugares de la provincia, pero vendieron sus fincas y cercados y ahora el lamento es unánime. Cierto es que no se puede camelar a un pueblo con un chupete o una plazoleta, pero, yo me pregunto: ¿hay verdadera voluntad en poner fin a esto? ¿No es más bien un deseo de recibir mayores cantidades de dinero y dejar que sigan horadando?

No obstante, fiel a su petición se la traslado a quien proceda, para que aquello se restaure o se detenga antes de que al pueblo se lo trague un pozo negro.

domingo, 14 de diciembre de 1997

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Pilar Cernuda: "España no funciona" 


"La nieve es buena". Siempre lo dijo mi gente, quienes más perjudicados se vieron por ella. Parece que fue ayer cuando se tocaba a Concejo y cada vecino, con su pala untada de brea y sebo, salían a los caminos e iban mordiendo los neveros, que en muchos lugares pasaban de tres metros, hasta dar vista a la carretera general.

Que se lo pregunten a José Luis Pérez, de "Venta Campa", conocedor y amante de la nieve, que formó parte de la expedición de César Pérez de Tudela para localizar a varios montañeros extraviados en el Naranjo de Bulnes.

Que se lo pregunten al escritor y amigo barruelano Francisco Merino Bravo [1], que dirigió el CIT de aquella localidad, organizando excursiones en invierno a los pueblos cercanos, competiciones de esquí...etc. Que se lo pregunten a Enrique Delgado, durante muchos años al frente de las máquinas. En una entrevista que le hice hace unos años me contaba: [2]

"En el Vallegón encontré otra vez un coche de San Salvador que había bajado a coger el autobús de Burgos. Estaban totalmente tapados por la nieve. Recuerdo también cuando recogí a Benito Tejerina. Se había quedado sin habla. Se agarraba como una lapa a la cuña y no había forma de soltarle. Me contó que había estado en Teruel en la época de la guerra, pero que lo había pasado peor allí..."

Ellos sí que saben de la nieve. La nieve es mala para quien, haciendo caso omiso de las advertencias, se lanza tumba abierta a combatirla. Y eso es lo que hemos hecho cientos de automovilistas estos días. Y en base a ese bloqueo de 20 horas, Pilar Cernuda deja su comentario habitual y escribe:

"España no va bien. No va bien cuando son tantos los periodistas insensibilizados que dan más espacio al futbol y a las declaraciones de Garaicoechea, que a las informaciones sobre el tiempo".

La crónica personal de esta muchacha no tiene desperdicio, porque desde el principio al fin demuestra que desconoce el fondo y la forma del elemento blanco y como prueba de su total desconocimiento, con la ira a flor de piel por un tiempo que estuvo ante una de las muchas colas que se hicieron, deja para otro día la información general y hace primicia de un asunto que la afecta, que la maltrata, que es para ella insoportable:

"No va bien España cuando la Guardia Civil se ha demostrado incapaz de atender a tantos coches y camiones bloqueados, cuando no han llegado a su destino las quitanieves, cuando la sal para derretir la nieve se echaba lentamente a paladas, cuando no existía maquinaria eficaz para desbloquear autovías y carreteras de primer orden".

Posiblemente, todos tuvieron su motivo importante para salir de viaje: el camionero, que arriesga muchos millones de pesetas; los representantes, los escolares y quienes van a su trabajo. Y todos ellos acusan a la Guardia Civil porque no les prohibió el paso (a saber lo que hibieran dicho de habérselo prohibido), y a Protección Civil porque no anduvo lista a remediarlo.

Nadie se echó las cuentas que salieron.

La culpa es siempre de los demás, que no pronosticaron bien, que no advirtieron convenientemente, que no mandaron a raudales las máquinas quitanieves y los camiones de sal.

Por eso digo que la nieve es buena para diferenciarnos, porque después de esta muestra insignificante y este apabullamiento de los medios más poderosos, seguimos siendo ciudadanos de segundo orden, hechos así para el padecimiento e ignorados por esos periodistas que se alarman por veinte horas que se ven atrapados para terminar asegurando entonces que España no funciona.

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  • [1] 25/11/2008.- Durante el último pleno barruelano también se aprobó por unanimidad el dedicar una calle a Francisco Merino Bravo, que recientemente ha fallecido y que dará su nombre a la hasta ahora denominada como La Cerrada.
  • [2] De Lózar, Froilán: Sección "Protagonistas de la Montaña Palentina", en el Norte de Castilla, 22/10/1995


sábado, 13 de diciembre de 1997

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Iñaki Gabilondo: Gabinete de crisis 



He regresado a casa. La nieve esta vez ha cubierto los campos y ha dejado un aviso previo a estos paisanos míos, que siguen en la brecha con lo puesto. Varias veces estuve a punto de suspender el viaje, desde que a las siete de la mañana, Iñaki Gabilondo sugirió en su programa de la "Cadena Ser" un gabinete de crisis.

No sé cómo explicarlo, Mariano. De pronto me veo incompleto. Sé que este diario llega a muchos puntos de España, tiene grandes colaboradores, facilita una completa y exhaustiva información de la provincia y su dirección está abierta a todas las cartas, a todas las tendencias...

Estoy orgulloso de objetivar conmigo mismo y subjetivar luego hacia ustedes, que debe ser como Nuria Donat me dejó escrito. ¡Qué bien lo haces, Nuria! ¡Cómo te mueves entre líneas!, ¡cómo tomas las curvas de los intolerantes!, ¡con qué respeto y gracia te comportas! Hace tiempo ya que mi padre, uno de los lectores más viejos del periódico, te colocó en el listón más alto y te prometo que no he podido relevarte. Me conformo con estar a tu sombra y a la sombra de tanta gente buena como firma aquí al lado.

Pero me veo incompleto. No por llegar más lejos con mi nombre, sino por llegar más lejos con los problemas y las historias de esta provincia nuestra a la que me debo por entero. No estoy haciendo ni más ni menos que lo que un buen padre hace con su hijo; que lo que un buen hijo hace por su tierra. Conducirle por el camino más seguro, ayudarle a que los demás comprendan ese camino que se toma, y publicitarla constantemente: en el bar, en el comercio, en todos los rincones. Esa es una labor ardua y muchas veces incomprendida, que saben muy bien (porque han pasado por ella), todos y cada uno de los corresponsales y colaboradores del diario.

No me veo incompleto por nada que tenga relación con el medio, en cuanto a su estructura y argumentos, sino porque, como me dijo un lector hace unas horas (yo creo que con buena intención), a Madrid no llegamos. Nuestro trabajo es encomiable. Nuestro poder es limitado.

Los editoriales de los periódicos y los Medios de Comunicación que viven en torno a la capital de España cargaron tinta y culparon al Gobierno de las inclemencias atmosféricas. El PSOE pidió la comparecencia en el Congreso del director General de Tráfico y el director de Protección Civil, ante lo que calificaron de estrepitoso fracaso. "¿Cuántas máquinas quitanieves fueron habilitadas? ¿Cuántos camiones de sal?" -se preguntaban desde el editorial de uno de estos medios.

No sé todavía cómo explicarles a ustedes que me siento incompleto por el tratamiento de tercera que se le da a mi tierra en esos mismos diarios que hoy claman a los cielos. Y que piensen que las máquinas quitanieves son poderosos artilugios que van de cien en cien y que pueden llegar a los 120 kilómetros por hora. Docentes que escribieron con el Santo delante para que nieve donde siempre y que nieve en abundancia por aquello de los bienes, y porque donde ya nevó antes están habituados.

Y por eso mismo y para no perder el hábito, vengo y me encuentro con los pueblos de La Castillería cerrados, levemente incomunicados, pero incomunicados, con el Santo en la trébede para que no aparezcan raras enfermedades y tengamos que pedir un helicóptero con apenas 8 dedos de nieve.

Y esto ha sido una bolita que ha generado la crisis de un gabinete y un apedreamiento constante en los telediarios. ¿Comprenden ahora por qué siento que me falta algo?

jueves, 11 de diciembre de 1997

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Partiendo de la vieja premisa, amigo Pedro, por la que ambos intuimos que muchos de los nuestros no nos tendrán en consideración, de poco servirá elevar un día más una señal para proponer una fuerte y continuada promoción de nuestros productos.

Hace unos días, en ese largo viaje con parada en Cervera, Raquel Cabeza y su hermano Uko, el que da nombre al producto, me enseñaron las nuevas dependencias de la fábrica situada a las afueras, en el lugar de Valdesgares, a la sombra del emblemático Pico Almonga.

Aquello ya no es la vieja sierra de madera donde empezaron. Es el futuro de un proyecto que se inició en el centro de la villa, con la incertidumbre de no 

saber a dónde llevaría. Esta pequeña empresa, que trabajó a destajo para darle producto a la multinacional Nabisco (cuentan los dueños que era hermoso ver danzar casi cincuenta cuerpos al unísono); que además de su producto estrella elabora integrales para Granada y Bilbao y en estos días ha iniciado la producción de unos tortos blancos de canela para una marca blanca de Palencia, es digna del mayor elogio, por su continuidad, por su puesta en escena, porque ha paseado a Cervera por el mundo, casi de puntillas, con una promoción que boca a boca se ha ido expandiendo por la tierra de la mano de tanto palentino ausente.

Es verdad que, cuando lo que haces te gusta y sigues escalando peldaños como las hormigas, pese a tantas dificultades como salen al paso, siempre queda un resquicio de luz al que te aferras, al que, pese a las diferencias ideológicas y de todo tipo, uno se aferra, todos nos aferramos.

Porque pienso que -llevando en consideración esos matices- no hay cerverano que no vea con buenos ojos la expansión definitiva de esta historia que se inició como una prueba, a modo de capricho e ilusión de sus dueños. 

Cuando estas líneas vean la luz, ya en el ocaso del Otoño, el Corte Inglés, posiblemente, en buena parte de sus centros, haya publicado en la revista "la tienda en casa" unos lotes de este producto nuestro: "Pisuerguinas, Lazos de chocolate, Socorritos y Pastas finas de té". 

El producto ha viajado a Bruselas, como los parlamentarios, y también a Los Angeles, llevando como guía y promotor a un hijo de José Vega Antuña, asturiano de pura cepa, viejo corresponsal de este diario, alcalde que fue de la Pernía, a quien recuerdo poniéndole música a las nevadas de la montaña en aquel viejo "cimbalillo". 

Otro producto de la tierra es el orujo de lantadilla. El año pasado, por estas fechas, Charly -como cariñosamente le conocemos al propietario de esta empresa- viajó a Bilbao. Como seguidor del Real Madrid quería asistir al duelo entre los dos equipos. Nos reunimos unas veinte personas, entre los promotores de su producto aquí en la zona norte y los cázadores que por mediación suya tienen alquilado el coto en Lantadilla, y cenamos en un txoko de la calle Mazarredo. Al final de la cena, Charly, una vez más (recuerdo que la anterior fue en un restaurante de Frómista), abrió una caja donde venían mezclados sus productos, convirtiéndose nuevamente en un vehículo anunciador único, convencido hasta los tuétanos del dulce elixir que allí portaba, después de haber pasado por un complejo entramado de calderines y columnas. 

La ilusión de nuestros artesanos es inmensa. Ya no se trata de montar una empresa y dejarla que gire en manos de gerentes y promotores. Ellos son el alma y el corazón de las historias que emprendieron yeso precisamente es lo que más fuertes les mantiene en los momentos delicados. 

Sin embargo, creo que a pesar de tantos colaboradores como brotan espontáneos, no hay un seguimiento adecuado del producto. La publicidad, que es fundamental para que crezca cualquier cosa, requiere de un fuerte desembolso, lo que dejada al descubierto una empresa que en situación normal trabaja con una plantilla reducida. Todo se andará. En ello están. En ello estamos. 


PD
El médico Astruga, casado con una hija de Don Evaristo y residente en Aguilar, me deja en San Salvador un periódico de "El Diario Palentino" del día 5 de noviembre. José Vega Antuña me llama desde Valladolid y me pide fotocopias de todos mis artículos. "Sigue adelante. Haz lo que quieras, pero no dejes de escribir". 
Son notas da apoyo que se unen a la carta de Jaime García Reyero, el promotor del Concurso Internacional de Cuentos de Guardo y de la desaparecida revista "El Roble", otros productos de la tierra que tantos y tan buenos amigos hicieron dentro y fuera de ella. Siempre es necesario su comprensión y apoyo, porque él conoce las dificultades y el olvido de los que hablo y a su vez se ha enfrentado a ellos muchas veces. 

Gracias de corazón a todos. 


domingo, 7 de diciembre de 1997

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El Boletín Oficial de Cantabria publicó con fecha 16 de junio de este año [1997] un edicto de la Consejería de Agricultura y Pesca, por el que se obligaba a los propietarios de ganado caprino incontrolado -que pastan en el desfiladero de la Hermida- a retirarlo de estos lugares en el plazo improrrogable de 10 días. La razón que aludían allí y que reunió a importantes personalidades de la región cántabra, es que las cabras podían provocar desprendimientos con el consiguiente peligro para quienes utilizan esta vía de comunicación con Liébana. Diga lo que se diga, los animales acaban molestando casi siempre, casi a todos lo que no los tienen, e incluso entre quienes los tienen hay frecuentes polémicas por asunto de pastos, ahora que está demostrado que sobran terrenos y se piden manos jóvenes que vuelvan a cuidarlos. En la montaña sucedió hace años algo muy parecido. Las cabras eran buenas para limpiar los terrenos, según la parte ganadera, pero la Administración dedujo que eran malas porque perjudicaban a los árboles y transmitían la fiebre de malta. En los páramos, con la proliferación de tractores que facilitaban la labor, los labradores se encontraron también con la prohibición de roturar grandes extensiones de terreno. Y de este modo comenzaron a cerrarse las puertas de muchas casas, movidos también por el despunte económico de los años 60. Lo sorprendente es que, unos años después, cuando ya era inevitable la marcha atrás, a la Administración se le ocurrió subvencionara con 1.300 pesetas cada chiva viva. Como si se tratara de un proceso regulador: hoy te lo quito, mañana te lo doy, a ver qué pasa, a ver por dónde tira el pueblo, que los políticos no tienen mucho que perder si se equivocan.

Por otra punta asoma el asunto del oso, cuya verdadera promoción comienza de verdad cuando en 1988 se inicia el proceso Judicial contra el cazador que mató al Rubio, -en Brañosera .. El protagonista, acusado por la prensa, vilipendiado muchas veces, porque ha pasado de cazador a presa, rehuye la entrevista que pretendo, cualquier cosa que tenga que ver con los periódicos, y con mayor razón los nacionales, mientras que en una casa cercana me hacen entrega de un ejemplar del FAPAS, donde se habla del abogado que conduce la causa, José Manuel Marraco, y el costo del proceso, que asciende a dos millones de pesetas, que deberán pagar ellos al quedar absuelto el cazador de todos sus cargos.

Pero después de todo, no es el oso, ni el lobo, ni las tierras, los que ofrecen más dudas, sino la actuación imperialista y arbitraria de esa nueva especie que responde al nombre de "ecologista". Javier Cuesta, otra vez este sacerdote que me parece valiente y comprometido hasta las últimas consecuencias con la gente a la que guarda, se pregunta en la sección "Cortar el traje", de la revista "Sementera":
"Señores ecologistas, si tanto aman la naturaleza, ¿por qué no se vienen a sufrir y gozar con ella como un vecino más?". Y concluye: "Nuestros pueblos se están quedando sin gente".
Y es curioso observar cómo esta Asociación nos está venciendo poco a poco, bien haciendo oídos sordos a nuestra crítica, bien elevando su voz en los periódicos. Nadie sabe cómo, se filtran en los puestos de mando, reciben el premio por la defensa del Medio Ambiente y disparan su escopeta de verde ecológico contra todas aquellas obras y proyectos que impliquen arreglos, concentración parcelaria y hasta un hotel en el Collado de Piedrasluengas. Cualquier réplica es repetición de viejas crónicas y nada se consigue con este último viaje al otoño de la tierra. Y nada se consigue predicando que hay que mover el culo 100 kilómetros para estampar una dichosa firma, que la nieve es muy mala para hacer valentías, que hay que pisar el barro y las boñigas a diario. Eso ya lo hemos dicho, y que el oso no ha molestado nunca, que un error de un vecino no es óbice para condenarnos de por vida a seguir con las mismas carreteras, a vivir como vieron nuestros antepasados. Estamos aquí para dar pequeños pero seguros pasos que permitan la vida. No sólo una vida sana por el alimento, por el aire, por la tranquilidad, sino también por los accesos y por los adelantos. Para ello la Administración debe abrir más la mano, los ecologistas deben cerrar la boca y el pueblo tiene que decir algo. Porque nada se conseguirá con el silencio, escondiendo las alas, esperando que otros vengan algún dia a solucionar nuestros problemas. Demos un cariñoso "sornabirón" a todos esos rezagados, que ni se pronuncian ni dejan que nos pronunciemos por ellos, haciéndole vivir al resto en un estado permanente de zozobra. Somos, pues pensemos; vivimos, pues hagamos algo, lo que sea. Y hagamoslo mejor hoy que mañana.

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