31 mayo 2013

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Procuramos, aconsejados por expertos de todos los ámbitos, alejarnos lo más posible de aquellas noticias encadenadas que vienen cargadas de desolación.
A quienes conocemos cada una de las casas de estos pueblos, recordando vagamente el rostro o el nombre de cada una de las personas que emigraron, se nos hace dolorosa la labor de actualizar los datos de las publicaciones, porque nada ni nadie ha logrado detener la caída despoblación de las últimas décadas en éstos y en tantos pueblos castellanos.



Y no hay parches para ese dolor.

Por más empeño que le pongan las pocas gentes a quienes les preocupa de verdad lo que pase mañana, que tampoco coincide necesariamente con los que se quedan, a veces sorprendidos de este constante devaneo en los medios. Sobre todo, porque ellos viven con lo puesto desde que el mundo es mundo, sin mencionar ni siquiera concebir ayudas de nadie.
"Cuando el mundo rural se cierre, ya vendrá otro mundo"-vienen cavilando, sin valorar en toda su extensión lo que ahora tienen, lo que les fue legado, lo que conservan de sus antepasados, lo que les mueve a regresar de cuando en cuando a quienes están fuera para celebrarlo junto a los que quedaron.

En esta especie de compás premonitorio, acaso me reitere demasiado en lo más obvio: un mundo que se va apagando sin remedio, añorado especialmente por quienes se criaron en él y un futuro distinto en esas ciudades-cementerio, cada vez más incierto y lejano, donde todo está masificado, personalizado, envuelto en esa crisis permanente de la que cada vez nos costará más trabajo salir.

Entre ese desencanto que nos domina siempre queda un clavo ardiendo al que nos aferramos, aun sabiendo la levedad del tiempo.

Porque hay algo que no puede obviarse: que todo pasa rápido, muy rápido.

Imagen: @José Luis Estalayo

24 mayo 2013

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Recién puesta en marcha la idea de debatir en las próximas entradas sobre la despoblación, después de estudiar centenares de entradas que hacen alusión a este drama en provincias españolas que han servido de referencia, como Teruel o Soria, leo en nuestro diario la propuesta que realizaba recientemente en Arenillas de San Pelayo el Colectivo de Acción Social: la vuelta al mundo rural.


Para quienes no han llegado a la noticia, o desconocen el asunto, diremos que esta ONG está formada por 17 Grupos de Castilla y León, Extremadura, Galicia, Aragón y Andalucía y cuyos miembros han abogado por el desarrollo de nuevos proyectos y estrategias que den respuesta a las necesidades de esa parte de la población desesperada, una de ellas, la que más resuena estos días, como solución para los pueblos y para las personas que no encuentran una salida laboral, es la vuelta al pueblo.

Personalmente, desde las páginas de otro diario que nació con vocación palentina y sucumbió a las primeras de cambio, yo ya especulé con la vuelta al mundo rural en aquel tiempo, con ejemplos que a primera vista habían dado un buen resultado, como explicaba "El Toso", que dejó la Universidad para acomodarse en la casa de sus progenitores, en Triollo; o el proyecto de otro joven vallisoletano que llegó a establecerse durante un tiempo en otro de estos pueblos. Es cierto que por entonces no existían infraestructuras, los servicios estaban bajo mínimos, muchas casas se caían, lo que echaba para atrás a cualquiera que tuviera un planteamiento de vida.

Es cierto que muchas cosas han cambiado, que el turismo ha agudizado el ingenio de gentes inquietas que han buscado un apoyo en sus improvisados talleres, dedicándose a elaborar piezas artesanas; otros, alternando con productos de la tierra o casos excepcionales como el de Iñaki Pérez, que comentábamos aquí mismo el año pasado y que desde su taller en Ruesga, elabora violines y, en fin, muchas historias que alientan de fondo y donde el turismo tiene mucho que ver, yo me atrevería a decir, a pesar de los extensos campos que se disfrutan, el único camino que puede servirnos de aliciente para establecerse de nuevo en estos pueblos, siempre que el asunto vaya acompañado de una constante promoción turística.

Imagen: Toño Gutiérrez

19 mayo 2013

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Desde Polentinos o Resoba, los caminos te llevan hacia el pasado más reciente de estos lugares, recorridos antaño por carreteros y feriantes y, la belleza se manifiesta a cada paso, en cada pueblo. Cada parada va llena de un halo misterioso que impregnará los huesos del viajero hasta absorverlo por completo. De igual forma que Gabriel García Márquez asegura no idealizar Aracataca, su pueblo natal, y viaja con nitidez por la tierra de sus antepasados, yo vuelvo los ojos a los míos, hurgando con la paleta del recuerdo en esa especie de brasa que, movida por tanta gente, ha devuelto una luz de esperanza a tantos pequeños y acogedores pueblos de la montaña palentina.

De la sección "Vuelta a los Orígenes" publicado en "Diario Palentino".
Artículo completo en Orígenes: los caminos de la montaña
Reportaje fotográfico: @Toño Gutiérrez

17 mayo 2013

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Con su permiso, hoy quiero hacer un alto en el camino, para participarles otra buena noticia que tiene que ver con los amigos que, desde otras tierras nos comunican y alientan con sus versos.
El Gobierno de Navarra ha dejado en mi buzón un nuevo libro con el que ha premiado la obra de mi gran amigo y colaborador Alfonso Pascal Ros.


Prologado por otro hombre de letras, Jesús Munárriz, al que el poeta elogia, afirma que "Principio de Pascal", es un homenaje al padre muerto, al Pascal de sesma, a los pascales de Perú, ahora de Pamplona; un guiño al Pascal más famoso, el de Clermont.

Alfonso Pascal, el de Barañain, es un tio franco, generoso, amigo de sus amigos, entregado como bien puntualiza Peralta, a una trayectoria cada vez más personal y segura, al que necesitamos oir de vez en cuando y a quien pasado un tiempo sin su esencia, enseguida le decimos, como él nos dice al comienzo de este libro:

Y con la misma voz que te marchaste 
esperaba dijeras
que volvías...

Félix Maraña, dice en la posdata de este mismo ejemplar,  que "la poesía de Pascal desvela con claridad, incluso descuido, las entrañas de su hacedor". El miedo a coronarse en ese circo o circuíto al que te aupan, al que te añaden tus compañeros de trabajo, cuando quisieras escribir algo que trascendiera las fronteras de tu propio mundo pero hacerlo al mismo tiempo sin que se te notara, como el propio Alfonso ya lo expresaba en su libro "los Vinculos del verdugo" (1993),

Admito sin embargo, que la vida
se me mantiene a fuerza de escribir. 
Es peligrosa esta fatal costumbre 
de vivir arrastrando una amargura.

Yo admito todo lo que se dice de Alfonso, pero me entrego con deleite a cuanto expone, porque lo hace siempre a corazón abierto. Esto es lo que hay y así lo canta. 

12 mayo 2013

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Las antiguas vías de comunicación (y V)
Miguel Vicente Basterra Adán


Denominamos así a la ruta que trascurría por las tres vertientes hidrográficas que, situadas cada una de ellas en comarcas distintas, convergen y coinciden en el denominado por esa razón pico Tres Mares: la vertiente mediterránea del Ebro en Campoo, la vertiente atlántica del Pisuerga, afluente del Duero, en Castillería y La Pernía, y la vertiente cantábrica del Nansa y el Deva en Polaciones y Liébana.
  • a) El trayecto originario
Cualquier viandante que partía de Campoo hacia los otros valles cantábricos de Liébana y Polaciones habría de atravesar por el collado de Somahoz o, como se dirá en la Carta Puebla de Brañosera, «per illa foce via qua discurrent Asturianos et Corneconos (=por aquella hoz por donde transitaban las gentes de asturias y de Cabuérniga)» [71], el mismo lugar en el que los romanos trazaron una calzada que enlazaba Portus Blendius (Suances, Cantabria) con Seguisamon (Sasamón, Burgos), cuya pavimentación aún se conserva [72]. una vez franqueado el collado de Somahoz, se abandonaba la calzada romana para descender por las actuales localidades de Salcedillo y Brañosera y, cruzando el río Rubagón, ascender de nuevo por el valle de Pamporquero. De hecho, en este tramo aún hoy se aprecia un camino empedrado  y/o excavado en la roca, cuyo trazado se puede seguir en sentido descendente desde las inmediaciones de estas localidades hasta el río Rubagón, y sobre el que se observan rodadas de una distancia entre ejes de 146 centímetros, medida que implica la presunta romanidad de los restos [73]. A su vez, ascendiendo de nuevo por el valle de Pampoquero, se puede apreciar un tramo del camino esculpido en grandes rocas que sobresalen en el terreno. Desde el collado de Pamporquero, faldeando el pico de Valdecebollas, se atravesaba el portillo situado entre el pico de Valdecebollas y la sierra de Corisa, para descender por el valle de Castillería pasado junto al actual despoblado de roblecedo. La existencia de esta localidad se circunscribió a la Edad Media, puesto que, al finalizar este tiempo histórico, muy probablemente también por descenso demográfico causado por la Peste negra[74], sus últimos vecinos se trasladaron a Celada, y fundieron los dos nombres de sus localidades en una única denominación: Celada de Roblecedo.

Esta desaparecida localidad se situaba, como su nombre hace suponer, junto a un robledal. El lugar en cuestión actualmente es denominado por los lugareños como Santa Cruz, coincidiendo así con la advocación titular de su parroquia [75]  Hoy sólo se aprecian apilamientos de roca, que corresponden a los restos de sus construcciones. aún existen entre los vecinos de Herreruela de Castillería testigos de la retirada de las últimas piedras de las paredes de piedra de la iglesia y el cementerio de Roblecedo.

Junto al despoblado de Roblecedo se halla la ermita de nuestra Señora del Monte. Es presumible que este templo hubiera sido en su origen una venta para el albergue y refugio de viandantes. desde Herreruela se proseguía hacia Celada de Roblecedo pasando delante de la ermita de San Roque, de la que también cabe sospechar que originalmente hubiese tenido esa misma función.

El cuestionamiento de que las actuales ermitas de nuestra Señora del Monte y de San Roque no hubiesen sido fundacionalmente edificios cultuales, sino ventas u hospitales para viandantes semejantes a las ya descritas, se basa en que: a) sus edificios no se atienen al patrón arquitectónico de las iglesias antiguas de esa zona, esto es, planta rectangular, con ábside semicircular y espadaña en el hastial; b) su tamaño es desproporcionadamente grande para estar sitas en descampado; y c) se erigieron en yermo y junto a vías de comunicación.

Si estos dos edificios hubieran sido primigeniamente venta u hospitales para viandantes, hubiesen sido los únicos albergues de este tipo erigidos en esta comarca dentro del territorio histórico de la diócesis de Palencia. Las demás ventas u hospitales mencionados en este estudio se hallaban en ámbito diocesano leonés [76]. Más aún, si hubiese sido así, serían los únicos antiguos albergues de transeúntes que permanecen erectos y con uso cultual. Desde Celada de roblecedo, pasando por su dehesa y franqueando por el collado de la Flecha y continuando por la falda sur de la peña del Pical, se llegaba a San Juan de Redondo. desde esta localidad, atravesando por el collado de la Grajera, esto es, entre la peña de Vismo y el pico Tres Mares, se accedía al puerto de Piedrasluenguas y, a continuación, al collado de la Cruz de Cabezuela. Desde este último se proseguía hacia Polaciones o bien se descendía a Liébana faldeando la ladera norte del valle del río Bullón.
  • b) Las encrucijadas
En el collado de Pamporquero surgía el principal de los ramales de la ruta de las Tres Vertientes que se dirigía a Cervera de Pisuerga atravesando por las localidades de Perapertú y Mudá, esto es, la histórica Mutave, y, por ende, por toda la comarca de la Braña. desde Cervera cabía la posibilidad de seguir por esta ramificación a fin de adentrarse en la meseta [77]. Así mismo, una vez franqueado el portillo de la Sierra de Corisa y adentrándose en la comarca de Castillería, surgían varios ramales que buscaban su encuentro con el Camino real del río Pisuerga a la altura de los hospitales o ventas, y, por tanto, se internaban en esta comarca montañosa formando parte de su entretejedura vial.

El primero de estos ramales partía desde la localidad de Herreruela y, siguiendo los cauces del arroyo de Herreruela y del río de Castillería, y pasando por las localidades de San Felices y Estalaya, se topaba con el Camino real a la altura de la venta de Santa Lucía. Desde Celada de Roblecedo partían también varias rutas en dirección a ese itinerario real. una de ellas llegaba a Verdeña y, desde allí, continuaba por el lugar denominado San Juan de los Vallejos, hasta acceder al Camino Real junto a la venta de Santa Ana. éste fue, como ya se dijo, el postrero itinerario de la anciana y última moradora de Carracedo [78]. Así mismo, se podía proseguir desde Celada de Roblecedo, por Valsemana, hasta la peña de Tremaya y, desde allí, alcanzar el Camino real en la venta de Santiago. Desde San Juan de Redondo se accedía, siguiendo el cauce del río Pisuerga, al Camino real junto a la venta de Santiago o Urbaneja. de este modo, cuando el paso por las hoces de Camasobres era intransitable [79], se constituía en ruta alternativa para acceder desde el Camino real al valle de Polaciones, pasando por la localidad de San Juan de Redondo, el collado de la Grajera y los puertos de Piedraslenguas y de la Cruz de Cabezuela.

Conclusión

Las vías de comunicación de los altos valles de los ríos Pisuerga y Carrión, dentro de la Montaña Palentina, estuvieron fuertemente determinadas por la orografía. Lo demuestra el hecho de que sus trazados se atuvieron mayormente a los valles fluviales de esos ríos y de sus fluentes y a los collados de las cordilleras.

Estas rutas desempeñaron en el inicio de la reconquista un papel determinante en la repoblación de aquella comarca, favoreciendo la llegada de gente proveniente de la Cornisa Cantábrica y, con ello, la constitución de los núcleos de población actualmente existentes y otros ya desaparecidos. a medida que avanzaba la Edad Media y todavía más en la Edad Moderna, aquellas rutas desempeñaron un papel clave en el trasiego de personas y en el intercambio comercial entre los valles cántabros de Liébana y Polaciones con la meseta castellana.

La agreste orografía y la extrema climatología invernal hicieron de aquellos caminos unos itinerarios sumamente peligrosos, hasta el punto de ocasionar con cierta frecuencia víctimas mortales. de aquí que la sensibilidad humana y la caridad cristiana llevasen a la fundación a finales de la Edad Media de la Cofradía de la Letanía de los doce Lugares de Pernía, así como la Cofradía de San Sebastián de Resoba y de Santibáñez de Resoba.

Estas fraternidades se responsabilizaron del cuidado de los caminos a su paso por las respectivas localidades y sus términos, y erigieron y gestionaron ventas u hospitales junto a esos tramos viales. ambas hermandades perduraron hasta que en la segunda mitad del siglo XVIII fueron abolidas por la autoridad eclesiástica, debido a su mala gestión administrativa, así como por el abandono de los fines caritativos a impulso del lucro comercial.

Los caminos antiguos aquí considerados carecieron, salvo en tramos concretos, de pavimentación alguna, siendo una serie de puentes medievales sobre los ríos Pisuerga y Carrión y sus respectivos afluentes las únicas construcciones dignas de consideración. Estas vías de comunicación fueron utilizadas por viandantes, comerciantes, militares y peregrinos que se dirigían a Santo Toribio de Liébana hasta la construcción de la red vial actual de carreteras del Estado en el año 1883.
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[71] Cf. Muñoz roMEro, T. o. c., p. 15.

[72] Cf. IGLESIaS GIL, J. M. - MuñIz CaSTro, J. a., o. c., pp. 137-141.

[73] Cf. Cisneros CunchiloS, M., Díez Castillo, a., López Noriega, P., «aportaciones arqueológicas sobre la cuenca del rubagón (Palencia)» en Actas del III Congreso de Historia de Palencia. I. Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua. Palencia 1995, pp. 404-405; en la p. 413 de este artículo aparece una imagen de este pavimento.

[74] Cf. nota nº 15.

[75] Lat.: 42° 56' 00" n Long.: 04° 23' 56" W (=zona donde se hallaba la iglesia y el cementerio). Para saber el nombre de la parroquia de Roblecedo, cf. San Martín Payo J., «La más antigua Estadística de la diócesis Palentina (a. 1345)»: PITTM, 7 (1951) p. 41. Esta localización coincide con el dato aportado por M. Barrio y Mier; el cual, refiriéndose al Valle de Castillería, afirmaba: «Varios pueblos encerraba / con San Felices en medio, / y allá en el norte Celada. / de otra parte roblecedo, / que sin gente se quedara, / y cerca de él Herreruela, / y más lejos Estalaya» (González LaMadrid, A., art. cit., p. 164). Existe otro testimonio documental en el que, refiriéndose a Herreruela, se dice: «en su jurisdicción se halla el despoblado de roblecedo antiguamente cabeza de partido» (Madoz, P., o. c. (Palencia), p. 111). Para conocer el proceso de variación de la toponimia de lugar, cf. nota nº 18. 

[76] Para precisar el ámbito territorial histórico de cada una de esas diócesis, basta cotejar las localidades pertenecientes a la diócesis palentina (cf. San MarTín PaYo, J., art. cit., pp. 41-43) y a la diócesis leonesa (cf. FErnándEz FLorES, J. a., o. c., pp. 473-487).

[77] Según L. Pérez Mier aquí confluía la ruta entre las ciudades romanas de Tamarica y Juliobriga, de gran valor estratégico para la dominación de aquella zona abrupta (cf. art. cit., p. 164). Se ha de notar al respecto que la etimología de la localidad de Perapertú, que toma nombre de la gran peña contigua [Petra (=roca) + Portus (=del puerto)], evidencia que ésta era una vía de comunicación en una época antigua, cuando aún el latín era lengua de uso.

[78] Cf. nota nº 43, apartado c.

[79] Cf. nota nº 27.

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Bibliografía
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—Villanueva Lázaro, J. M., La Cantabria leonesa. La Liébana, Cervera de Pisuerga, Riaño. León, 1990.

10 mayo 2013

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Una de las últimas veces que tuve la ocasión de recordar historias de nuestros pueblos junto a Piedad Isla, a la que el Ministerio de Cultura ha elevado a la categoría de autor, fue en Cervera, allá por el verano de 2008, en la firma de ejemplares del libro "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería".

"Esa foto es mía", le espetó a mi editor que había sido el encargado de recogerlas por los pueblos de la zona y de las que se han publicado en varias ediciones más de 300 distintas. Al final, en una nota, se hacía referencia a todos y cada uno de los vecinos que aportaron el material, en algunos de cuyos casos, efectivamente, se adivinaba la mano de Piedad.
Yo que compartí también la profesión y mantuve un estudio de fotografía durante veintitrés años en Bilbao, hasta que cayó el revelado analógico, entiendo un poco su obsesión por poseerlas todas, porque "me han dado el alma", como llega a decir en la entrevista que protagoniza, previo paso a la serie de reportajes que con este motivo emitirá la segunda cadena de televisión española.

Artículo completo en nuestro blog "Curiosón"
7 instantáneas para un mundo que expira
Reportaje-Homenaje a los fotógrafos españoles: La Voz en la Imagen

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Una de las últimas veces que tuve la ocasión de recordar historias de nuestros pueblos junto a Piedad Isla, a la que el Ministerio de Cultura ha elevado a la categoría de autor, fue en Cervera, allá por el verano de 2008, en la firma de ejemplares del libro "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería".
"Esa foto es mía", le espetó a mi editor que había sido el encargado de recogerlas por los pueblos de la zona y de las que se han publicado en varias ediciones más de 300 distintas. Al final, en una nota, se hacía referencia a todos y cada uno de los vecinos que aportaron el material, en algunos de cuyos casos, efectivamente, se adivinaba la mano de Piedad.


Yo que compartí también la profesión y mantuve un estudio de fotografía durante veintitrés años en Bilbao, hasta que cayó el revelado analógico, entiendo un poco su obsesión por poseerlas todas, porque "me han dado el alma", como llega a decir en la entrevista que protagoniza, previo paso a la serie de reportajes que con este motivo emitirá la segunda cadena de televisión española.

Piedad fue una mujer buena y rebelde. Rebelde porque no se conformó con lo que la sociedad parecía tener asignado a las mujeres de aquella época; porque luchó no sólo por convertir en realidad aquel anhelo suyo, sino, también, defendiendo historias que no contribuyeron a fomentar amistades y sosiego en los últimos años de su vida.

Fue buena, porque, metida en su papel de autora, con el dominio de la perpestiva y de una vieja máquina, aupó a lo más alto todos los aspectos y carestías de ese mundo rural que hoy se zarandea en la penumbra.

Fue sabia, porque con la humildad que le caracterizaba, sin distinción de rangos y políticas, hizo tributo permanente a los paisanos que nos precedieron.

Y es un honor volver a traerla a este rincón como protagonista, aunqee, como parece ya costumbre, lleguen tan tarde los homenajes y las celebraciones que tanto se agradecen y que tan bien sientan en vida.


La misma entrada en "Curiosón" con 7 imágenes de Piedad
Imagen: Ministerio de Cultura: La autora, Piedad Isla
Reportaje-Homenaje a los fotógrafos españoles: La Voz en la Imagen


05 mayo 2013

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Las antiguas vías de comunicación (IV)
Miguel Vicente Basterra Adán


El objeto de nuestro estudio es exclusivamente el último tramo de esta ruta, que unía la meseta con el valle de Liébana a través del río Carrión. Este postrero trazado es el que nace de la confluencia en la localidad de Triollo de la ruta proveniente del Valle Estrecho y de la que, ascendiendo por la cuenca alta de ese río, llega hasta los collados que dan entrada en la comarca lebaniega. 

Inicialmente, la ruta del río Carrión ascendía desde Triollo por la margen derecha del río Carrión, atravesaba la localidad de Vidrieros y continuaba hasta el puente Tebro [59]. éste era un pétreo viaducto de arco que, construido en un tramo en el que el cauce fluvial discurre transversalmente por el valle, posibilitaba el paso a la margen opuesta (Fig. 18). La fecha de su construcción es incierta; aunque, por analogía con el puente de San Salvador de Cantamuda, cabe pensar que el puente Tebro hubiese sido también medieval. Tristemente fue volado durante la Guerra Civil, por lo que actualmente sólo se aprecian vestigios de los  machones de aquel viaducto en ambas márgenes de río.

En las proximidades de este viaducto desembocan dos rutas que partían del Camino real del río Pisuerga, y que, previamente habían confluido en el Collado de las doncellas. Una de ellas atravesaba Resoba, y la otra pasaba junto a la Abadía de Lebanza. a pocos metros más arriba del puente Tebro se hallaba la Venta u hospital de San Sebastián. Este edificio se erigió en una pequeña planicie sita entre el meandro del río y la curva del camino que se hallan junto a la peña de la rabina. Este albergue pertenecía a la Cofradía homónima de Santibáñez de Resoba [60], que compartió la misma finalidad que la Cofradía de la Letanía de los doce Lugares de Pernía, esto es, la provisión de albergue y refugio a los transeúntes, con especial atención hacia los pobres y los peregrinos que se dirigían hacia Santo Toribio de Liébana. Los modos y tiempos de la constitución y de la supresión de ambas fraternidades fueron también similares. La extinción de la Cofradía de San Sebastián en 1778 conllevó el abandono, deterioro y, finalmente, ruina de aquel edificio que servía de hospital y venta. En la actualidad sólo se aprecia una ligera elevación cuadrangular del terreno, que corresponde al solar de aquel antiguo alojamiento caritativo y comercial (Fig. 18).

La ruta del río Carrión continuaba paralela al cauce por la dehesa de Arbejal hasta arribar al pago de Santa Marina, donde se sitúa el despoblado de Robla de Arbejal. El hagiotopónimo del lugar proviene del título de la que fue su parroquia [61]. Aún hoy se pueden ver los vestigios de esta iglesia y los casares de aquel antiguo pueblo, sólo atestiguado documentalmente en el siglo XIII [62] (Figs. 18 y 19). Igualmente se aprecian, al pie de la gran peña que se alza tras el pueblo, varias majadas y un establo con su choza de pastores construidos más recientemente. Cabe la posibilidad de que estas últimas edificaciones hubieran pertenecido en su día a la orden de Malta, cuyo priorato de Arbejal fue propietario de una gran finca en esos lugares y también arrendatario de los pastos comunales de ese puerto [63].

Nos vemos obligados a presuponer la existencia en algún momento de la historia de un viaducto junto al despoblado de Robla de Arbejal, con el que se eludía el vado del arroyo del arauz antes de su desembocadura en el río Carrión. Atravesado ese supuesto viaducto, cabría la doble opción de dirigirse hacia Liébana siguiendo el río Carrión o bien a través del valle del arroyo arauz [64]

Quien siguiese la primera de estas opciones habría de proseguir por la margen izquierda del río Carrión y, hasta la construcción del así llamado puente de riofrío (Fig. 20) [65], continuar por esa misma margen del arroyo de riañuelo y, con ello, circunvalar Coto redondo, hasta llegar a los Puertos de riofrío (o de Vega la Canal) y, una vez franqueados éstos, descender a Liébana por los valles de Cereceda o de riofrío. Pudiera ser que los viandantes encontrasen en ese collado de riofrío la Venta u hospital de San Juan, gestionada también con fondos propios de Resoba [66].

La segunda opción que existía era ascender desde el despoblado de robla de arbejal por el valle del arroyo arauz y, franqueando el collado homónimo, adentrarse también en la comarca lebaniega. En ese valle se encuentran restos de una calzada, que, dicen, fue construida durante la dominación romana [67] (Figs. 23, 24, 25 y 26). La presencia de esta calzada demostraría que la ruta del arroyo del arauz era más frecuentada que la del alto valle del Carrión.

Del valle del Arauz surgían dos ramificaciones. La primera de ellas partía del collado de Tañuga, descendía paralela al cauce del  arroyo Gerino y, atravesando la población de Lores, confluía con el Camino real del Pisuerga en la localidad de Caminos o en las proximidades del hospital y Venta de Santiago, según los tiempos. El otro ramal surgía del pago del Cabañil y, atravesando el collado Secarro, se adentraba en Liébana por el valle horadado por el arroyo Vendejo, encontrando allí las localidades de Caloca y Vendejo [68]. En el último tramo del valle del arauz, antes de atravesar el collado homónimo y, por tanto, al pie del pico Bistruey, se hallaba la Venta u hospital de San Bernabé [69], construida y mantenida por la Cofradía de la Letanía para albergue y refugio de quienes transitaban por aquellos altos yermos. Claramente se aprecian sobre el terreno los vestigios del edificio de la venta u hospital y los restos de una capilla exenta (Figs. 21 y 22). Estos edificios se situaban, justamente, en Las Cárdenas, un puerto propiedad de esa Cofradía, y con cuyo arriendo financiaba el mantenimiento de sus ventas y la conservación de puentes y caminos. Una vez franqueado el collado del arauz, la ruta del río Carrión se internaba en el corazón de Liébana siguiendo el cauce del riofrío. En ese valle se encontraban las localidades de Ranes, Cucayo, dobres y Soberado, todas ellas pertenecientes en la antigüedad al condado de Pernía y a la diócesis de Palencia [70].
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[59] Lat.: 42° 56' 43" n; long.: 04° 36' 14" W.

[60] Lat.: 42° 56' 52" n; long.: 04° 36' 20" W. «En los siglos medios había en las inmediaciones [del puente] un hospital de peregrinos -hospital de Puente Tebro-, con su ermita bajo la advocación de San Sebastián, regido y administrado por una cofradía con bienes propios del pueblo de resoba» (Cagigal, M., «Algo sobre vías romanas en Cantabria, con motivo del libro del doctor Adolf Schulten, Los cántabros y astures y su guerra con Roma»: archivo español de arqueología, XVII (1944), p. 378). 
Nosotros consideramos que no es correcto ubicar la Cofradía de San Sebastián en Resoba (cf. Documento de disolución de la Cofradía y de cesión de sus ventas u hospitales.... y toda la documentación de esta hermandad escrita con posterioridad al año 1617, que se conserva en el archivo de la Parroquia de Santibáñez de resoba, ahora depositado en el archivo de la diócesis de Palencia). Esto no obsta para sospechar que esta cofradía se hubiese fundado en resoba antes de la segregación de su barrio de Santibáñez; y que, al constituirse éste en entidad independiente, la hermandad se hubiese reubicado en esta nueva localidad por hallarse la venta en su término. Esta sospecha se funda en la discordancia de la denominación del titular de la fraternidad con el santo que aparece en el nombre de la entidad administrativa de Santibáñez (=Sanctus Ioannes, esto es, San Juan), y con el nombre del titular de su parroquia, que es San Cristóbal; y, a su vez, en la coincidencia de la denominación de la cofradía y el nombre del patrono de la parroquia de Resoba, esto es, San Sebastián (cf. nota nº 66). aunque, también es cierto, según consta en el Libro Becerro de las Presentaciones de la diócesis de León, en un primer momento el patrón de Resoba fue San Félix (cf. FernándEz Flores, J. A., o. c., p. 485).

[61] Cf. nota nº 21.

[62] Lat.: 42° 58' 30" n; long.: 04° 36' 15" W (=Iglesia de Santa Marina). Esta población sólo se cita en el Libro Becerro de las 
Presentaciones de la diócesis de León (año 1468), copia literal del desaparecido Libro Becerro Antiguo (siglo XIII); (cf. Fernández Flores, J. a., o. c., pp. 551-601). Un comentario al estudio del Libro Becerro de las Presentaciones, da pistas sobre su ubicación: «robra de Eruellar. Sancta Marina. En Vidrieros nos indican que a unos 10 kms. al NE de este pueblo, en el lugar denominado dehesa de arbejal, existían indicios de construcciones» (Idem., p. 485). La toponimia de la zona precisa el lugar de su establecimiento; puesto que: a) como se ha dicho, el pago donde se hallan sus restos se denomina dehesa de arbejal, coincidiendo en nombre con la localidad; y b) la roca próxima se designa Santa Marina; al igual que el título de su parroquia.

[63] Lat.: 42° 58' 30" n; long.: 04° 36' 19" W. Cf. rEVuELTa GonzáLEz, M., art. cit., pp. 226 y 230; nota nº 9.

[64] Son varias las razones que llevan a esta presunción de la existencia de este puente: 
  • a) La continuación hacia Liébana por el alto valle del Carrión y los collados de riofrío obligan necesariamente a atravesar el arroyo arauz; 
  • b) La calzada del valle de arauz, que se describirá más adelante, inicia en la ribera derecha de ese cauce fluvial, por lo que se habría de franquear previamente ese arroyo para situarse en dicha margen; 
  • c) Si no hubiera existido ese viaducto (u otro sobre el río Carrión), el descenso por el valle del Carrión de los moradores de Robla de Arbejal se hubiese visto obstaculizado por los cauces del río Carrión y del arroyo del arauz; 
  • d) Cualquier viandante que, descendiendo de las cumbres o de los collados rayanos con Liébana, llegase a la confluencia de ambos ríos, podría hallarlos en inesperada crecida y, con ello, verse obligado a correr el riesgo, a veces mortal, de vadearlos para salir del atolladero; 
  • e) La existencia desde siglos atrás en ese mismo valle de otros viaductos que evitaban vadear el río, como fue el caso del desaparecido puente Tebro y el más reciente puente de riofrío, del que también se hablará más adelante; y 
  • f) Carece de sentido que se construyese el puente de riofrío para, únicamente, evitar la incomodidad de circundar el arroyo de riañuelo y, por ende, de rodear Coto redondo, y, por el contrario, no se hubiese construido un viaducto en Santa Marina, que hubiese evitado la dificultad de vadear necesariamente el arroyo del arauz. Debemos decir al respecto que cualquier construcción de este tipo en aquellos yermos, no sólo ha debido sufrir a causa de las inclemencias naturales propias de las altas montañas (temperaturas invernales extremas, escorrentías de agua por el deshielo,…), sino que, además, ha debido padecer las consecuencias de ubicarse en una vía estratégica para varias contiendas bélicas. de hecho, según refieren los habitantes de aquella comarca, los pinares que dieron nombre a esos lugares, esto es, los Puertos de Pineda, fueron calcinados intencionadamente durante la primera contienda Carlista, y el puente Tebro fue destruido durante la Guerra Civil. Bien es cierto que los lugareños construyeron a mediados del siglo XX un pontón sobre el arroyo arauz, para el paso a pie de personas. Lo erigieron junto al extremo oriental de la peña de Santa Marina (Lat.: 42° 58' 33" n; long.: 04° 36' 12" W). Esta pasarela perduró únicamente unas decenas de años. En la actualidad se aprecian vestigios de los machones de este último puente en ambas riveras del arroyo.


[65] Lat.: 43° 00' 06" n; long.: 04° 39' 53" W. Este viaducto construido en piedra y con arco rebajado pudo haberse construido en los siglos XVIII o XIX.

[66] «Habiendo también cita y memoria de otro hospital y otra ermita [además del hospital y venta de San Sebastián] de la misma cofradía y situado en la misma ruta, aunque se ignora el sitio preciso de su emplazamiento, en los que figuraba como patrón San Juan» (Cagigal, M., art. cit., p. 378).  Esta venta u hospital no se menciona en el Documento de disolución de la Cofradía y de cesión de sus ventas u hospitales al hospital de Santa María Magdalena de Cervera del Pisuerga, fechado en el año 1778. El razonamiento que se aduce para justificar esta posibilidad es que, si este albergue hubiese sido erigido en el collado de riofrío: a) hubiera estado en una encrucijada los caminos; concretamente, en la bifurcación de la ruta del Carrión que posibilita adentrarse en Liébana por el valle homónimo o por el valle de Cereceda; y b) se hubieran jalonado con ventas u hospitales los principales collados de acceso a Liébana a través de los valles de los ríos Pisuerga y Carrión. otro supuesto posible, aunque mucho más impreciso, de la ubicación de esta venta u hospital de San Juan es la localidad de Santibáñez de resoba o, llegado el caso, en algún otro lugar de su término, quizá junto al collado del alto de la Varga. Este planteamiento se basa en la coincidencia del nombre de esa venta u hospital con el nombre de la localidad, esto es, Santibáñez (=San Juan). Si esto último hubiese sido así, se habría logrado también vincular el nombre de la localidad con el santo en cuestión, una vez descartada toda relación con el santo titular de su parroquia, que siempre ha sido San Cristóbal. Más aún y reiterando que, si esto último hubiese sido así, esto es, que el nombre de la localidad hubiese estado relacionado de algún modo con el nombre de la venta y hospital de San Juan, entonces se podría evidenciar una doble coincidencia: la designación del titular de la parroquia de resoba con el nombre de la cofradía misma y el de una de sus ventas u hospitales, esto es, san Sebastián; así como la denominación de la localidad segregada, Santibáñez de resoba, y el nombre de la otra venta u hospital de esa misma cofradía, esto es, San Juan (cf. nota nº 60). Reiteramos que estos planteamientos, aunque razonados, son mera conjetura, puesto que se carece de pruebas ciertas.

[67] Don Javier Cabezas, según reseña publicada en 23 de julio de 1929 en el periódico El sol decía, hablando de la escalada que realizó «a los picos de Curavacas», que dio un gran rodeo «siguiendo la antigua calzada romana, de la que se conservan grandes trozos enlosados y un precioso puente en malísimo estado» (cf. Cagigal, M., art. cit., pp. 374-375). En este artículo consta un croquis de obras Públicas, anterior a la construcción del pantano, con el que describe la ubicación de esta calzada. desconocemos los criterios y autoridad del referido Javier Cabezas para datar en la época romana el actualmente destruido puente Tebro y dicha calzada. de entrada, sería difícil negar el uso de esta ruta en aquella época de la historia, tanto más porque el valle del arauz era vía natural de comunicación entre la antigua Tamarica y Liébana (cf. Ibidem, pp. 379-380; Martino, E., Roma contra cántabros y astures. Nuevas lecturas de las fuentes. Santander 1982, p. 89; Pérez Mier, L., art. cit., pp. 163-164). La coincidencia de esta ruta con una vía pecuaria puede ser un dato añadido que podría corroborar su uso en los tiempos romanos (cf. Alcalde Crespo, G., o. c., p. 233). nosotros consideramos que esta ruta fue utilizada para el tránsito entre la cuenca del río Carrión y el valle de Liébana desde tiempo inmemorial hasta la construcción de las actuales carreteras, acaecida en el año 1883. Por ello, es muy previsible que se hubiesen realizado obras de conservación y mejora de los caminos en cualquier momento de la historia y, por ende, también durante el dominio de roma. Sin embargo, nosotros dudamos de que esta calzada, esto es, la pavimentación que se aprecia en el valle del arauz, hubiese sido construida en esa época histórica. nuestra duda se funda en que la calzada objeto de nuestra consideración no sigue las reglas propias de las construcciones viarias romanas, ya que: a) su trazado es discontinuo, circunscribiéndose sólo a los lugares donde el firme fangoso o roqueño, o la contigüidad del río dificultaban el tránsito de carruajes; y b) su forma de construcción no sigue un único patrón, coincidente, además, con el de las calzadas romanas, sino que la pavimentación hallada varía en cada uno de sus tramos, pudiéndose apreciar trechos enlosados o mpedrados o esculpidos sobre la roca. a esto hay que añadir que esta pavimentación viaria se atiene exclusivamente al término de Lores o, dicho de otro modo, se circunscribe al tramo de la ruta que discurría por una de las doce localidades de La Pernía, y, además, se halla en el puerto de Las Cárdenas, propiedad y principal fuente de financiación de la Cofradía de la Letanía (cf. Marqués de La Ensenada, Respuestas Generales del año 1752 al Catastro del 'Termino de la Letanía de Pernía'). de aquí que, a nuestro juicio, es presumible que los tramos pavimentados que se aprecian en el valle del arauz hayan sido obra de la Cofradía de la Letanía de La Pernía. Este juicio se refuerza por el hecho de que uno de los cometidos fundacionales de esta hermandad fue, justamente, la conservación de caminos.
En el caso de que la calzada del arauz hubiese sido obra de la Cofradía de la Letanía, habría que datar su construcción, por lógica, en el tiempo de existencia de esa hermandad, esto es, a finales de la Edad Media o durante la Edad Moderna.

[68] L. Pérez Mier data el origen de esta vía de comunicación en la dominación romana, y afirma de ella que hubo de ser la ruta que unía la antigua Tamarica y Liébana: «atraviesa la cordillera Cantábrica por el paso de existente entre Fuentes Carrionas y Sierras albas en el sitio donde siglos másadelante hubo un hospital o venta [por apoyarse en el mapa de Tomás López, se está aludiendo aquí a la venta y hospital de ntra. Sra. de las nieves de Sierras albas], penetra en la actual provincia de Santander por Caloca y Vendejo y desciende luego hasta el fondo del valle de Liébana por la vereda sobre la que más tarde se había de levantar el célebre monasterio dúplice de Piasca» (art. cit., pp.163-164). ahora bien, para llegar desde el pago de Santa Marina a Caloca y Vendejo, no tiene por qué llegar a Sierras albas y la venta de nuestra Señora de las nieves, sino atravesar el collado de
Secarro pasando junto a la venta de San Bernabé. La única justificación del recorrido propuesto por L. Pérez Mier y descrito en el mapa de Tomás López es que, una vez alcanzada la cumbre de la cordillera junto a la venta de San Bernabé, no se descienda a la otra vertiente, sino que se prosiga por la cima de la cordillera hasta el collado de Sierras albas y la venta de nuestra Señora de las nieves y, sólo desde allí, bajar al valle de Liébana. Esta alternativa, cuanto menos en la actualidad, es viable, puesto que hoy día existe un camino que discurre por la cumbre de la cordillera entre el collado de Secarro y el de Sierras albas. aún con todo, esta explicación nos parece demasiado forzada.

[69] Lat.: 43° 01' 45" n; long.: 04° 36' 27" W (=Venta u Hospital); Lat.: 43° 01' 46" n; long.: 04° 36' 28" W (=Capilla). «El camino seguía escalando la pendiente, cada vez más pronunciada, hasta llegar a la cima en el extremo del puerto de las Cárdenas, donde, por el collado de puerto de arauz, se salva la divisoria entre Castilla y las Asturias de Liébana, no lejos del puerto de Sierras Albas. En esa cúspide hallamos las ya apenas perceptibles ruinas de otro hospital de peregrinos y una ermita dedicada a San Bernabé, que perteneció, como el terreno en que estaba edificada, que era el extremo del puerto de las Cárdenas, a la cofradía de la Letanía de Pernía, que, por las condiciones especiales de la época, se convirtió desde la Edad Media en una institución que, además, de su carácter benéfico-religioso, actuaba como organismo político-administrativo de los valles de Pernía» (Cagigal, M., art. cit., p. 378).

[70]  Cf. MarTínEz díEz G., o. c., pp. 575-576; Provanza del derecho de Patronazgo… ms. cit.

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