viernes, 31 de agosto de 2012

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Desde el principio, allá por el año 81, que comencé a remitir historias al diario, muchas han sido las sensaciones experimentadas. No ha faltado la desilusión, el desencanto, la impotencia, sensaciones que se han ido agrandando a medida que pasaban los días, con interrogantes nuevos a las que nadie ha contestado. Si quienes se prestan para representarnos, lo hacen convencidos de poder cambiar la situación, y no vuelven nunca para poner remedio, una de dos, o aquel sistema no funciona, o no hay remedio y nos mintieron.


Si quienes se quedan en los pueblos, se sienten a su manera satisfechos con lo que tienen y no se sienten parte de nuestro lamento, es evidente que no hemos sabido transmitirlo o hemos pretendido cambiarlo, sin adaptarnos a ese cambio paulatino que ha ido experimentando el mundo rural, en definitiva, el mundo de los que dejamos.

Nuestra voz es un pequeño surco sobre el que se va depositando una semilla en un afán sincero y nada interesado de que aquella tierra donde diste tus primeros pasos prospere; prospere más de lo que quieren sus alcaldes, aleje cuanto pueda esa sensación de vacío que parece amenazar en el ambiente. Resista a esa presión de la soledad que busca puertas, que busc a ventanas, que busca manos que se sumen para que los Gobiernos valoren ya el momento de un cambio efectivo, si es que, como digo, no nos falta la razón a nosotros y todo está donde debiera, y todo será como está escrito en algún lado y todo tiene su comienzo y su final.

Aún así, que todo esté en su lugar, a juicio general de los más críticos, y de quienes no hacen nada porque entienden que nada puede hacerse, nos lleva a quienes exponemos aquí nuestro pensamiento al pesimismo, pues nada desaparece tan rápido, y menos una forma de vida, aunque los recuerdos nos acompañen siempre, aunque quienes están ya no sonríen como antes.

Ya digo que no es cosa a estas alturas de echar la culpa a nadie, que ya dijo Confucio: "Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos".

Imagen: Molino de Lores, por Pumar59

viernes, 24 de agosto de 2012

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Decía el político y estadista español Francisco Cambó: "Hay dos maneras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable".
Pedir un hospital para Guardo, un hospital para Cervera, unos ambulatorios abiertos de lunes a viernes en los pueblos más importantes, no es pedir algo imposible, pero estamos condenados al desastre igualmente porque, todo lo que se ignora, se aborrece. Y se ignora la realidad por la que pasan nuestros pequeños pueblos, que luchan cada día con las armas que tienen contra lo inevitable.



Ahora el Gobierno regional estudia reducir o eliminar también el servicio sanitario básico en las zonas rurales, de manera que, como ya han apuntado los responsables de otros partidos políticos, los más desfavorecidos se exponen a otra estocada más, que no será la última; como una invitación a abandonar sus casas, una especie de vacío invernal o emigración temporal, como las especies animales, sin el amparo ni los derechos que dice la Constitución que "a todo el mundo le asisten".

Miguel Angel Cardo, procurador leonés por el partido socialista declaraba recientemente que con esta decisión de retirar médicos y enfermeros del mundo rural para trasladarlos al área urbana se condena al abandono de los pueblos de aquella provincia. Se tarda muchos años en arreglar la única carretera que los comunica con Potes y Cervera, que en ello están y parece que la obra, que no complace a casi nadie, tardará años en culminarse. Se habla de retirar o encarecer las rutas de transporte público, se suprimen escuelas y, así, volvemos a las andadas y de ahí que muchos de los vecinos de estos pueblos, ante este panorama cada día más sombrío, hayan optado por la compra de una vivienda en Cervera o en Aguilar a la que se irán trasladando en busca de todos esos servicios que ahora se les retira, terminando por asentarse allí definitivamente.

Leo hoy mismo en un diario regional que representantes de la Junta, de la Diputación y de las Cámaras Agrarias han hecho acto de presencia en la Feria de San Bernardo, para apoyar emocionalmente a estas zonas ta alejadas. ¿Eso es todo lo que pueden hacer nuestros representantes en las Instituciones? ¿Quien nos salvará de este desmantelamiento que se avecina, cuando tan escasa es nuestra fuerza?


Imagen: Buitres en Peñasendino, por @Pumar59

viernes, 17 de agosto de 2012

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En un artículo anterior reflejaba aquí la importancia de no perder las Juntas Vecinales. En Palencia, según informa Oscar Herrero para este diario, hay 226 núcleos de población con posibilidad de elegir al alcalde pedaneo. El equipo que ahora gobierna la nación, y que lo está racionalizando todo a la medida de su bolso roto, haciendo al pueblo responsable de la herencia que tanto ambicionó, ha decidido que todas esas pedanías sean absorbidas política, administrativa y económicamente por los municipios de los que ya dependen.



Se ha demostrado la buena administración que hacían de sus recursos muchos de estos pueblos, (que también hay que citar el abandono y la desidia en otros que llevan décadas sin presentar cuentas) es decir, el arrendamiento de sus puertos para pastos, el arrendamiento de sus cotos, las subastas de madera.... Y recurre el redactor para ambientarlo al ejemplo de la Junta Vecinal de Tarilonte de la Peña que en 2010 decidió conceder 12000 euros en ayudas económicas a sus vecinos para hacer frente a los gastos corrientes, dinero obtenido de los intereses recibidos por la expropiación de las presas del Valdavia. La ley le permitía hacer ésto sin necesidad de consultarle al municipio del que dependía.

Resulta que con esta premisa, el Gobierno de la Nación, ese que jamás se ocupó de vosotros, ni ahora ni con todas las mareas de mandatarios que pasaron antes, habla de racionalizar, suprimiendo 312 concejales que no cobran ni un duro por hacer su trabajo y que mantienen y organizan en muchos casos las fiestas de los pueblos, o dejan la casa Concejo para que los pocos jóvenes que quedan se reúnan y ensayen sus obras de teatro.

Esa es la solución que aporta un gobierno que viene para solucionar las cosas y que nos va llevando a una depresión y sometimiento propio de otros tiempos.

Una revolución es lo que se necesita para que esta casta politica deje de dictar normas para su beneplácito hundiendo siempre a la parte más débil del pueblo. Y eso es lo que llegará si siguen tirando de la cuerda.

En la imagen de Estalayo, una panorámica de Celada de Roblecedo

viernes, 10 de agosto de 2012

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Son más de cuatrocientas imágenes las que ha recuperado Victor Manuel Fernández en un libro terminado en 2011 que presentaba este año como plato fuerte en la feria de Cervera la editorial Aruz.




Parpadeo rápido, al que alude su autor en la presentación, que nos lleva a otros momentos de la historia en los doce lugares de Fuentes Carrionas, de los que voy a recoger aquí una breve pincelada.

Curiosa la imagen y la semblanza de Hermenegildo Lobato, el rabadán de la cabaña de "Perales", que aparece cuidando un rebaño de ovejas en el valle de Valcabe, en Cardaño de Arriba. Singular el chozo de pastores de Cabriles, en Vidrieros; cómo los vecinos de Valcobero sembraban una finca de centeno que, una vez recogido y majado servía para la conservación del tejado de la "Benina", ejemplo de cubierta tradicional hasta que fue sustituída por la teja en el siglo XVII y que ha sido restaurada recientemente con la ayuda de La Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León y la Obra Social de Caja Burgos; estampas típicas de cazadores y pescadores luciendo sus presas a las puertas de Velilla; las vacas que arrastraban los vagones en las minas de Besande...

Aunque el tiempo sea inmisericorde, nos queda la memoria gráfica a la que el autor ha querido dar vida citando con precisión hechos y rostros dentro y fuera del trabajo: las siete ferias ganaderas de Guardo, colocación de la primera piedra del pantano de Camporredondo, la Central Térmica de Velilla... así, hasta llegar a la segunda parte del libro donde se describe la situación y la historia de cada pueblo.

Me complace que todas aquellas imágenes que se daban por perdidas se hayan recuperado con la participación de todos los protagonistas, pues como bien expresó el cantautor Facundo Cabral: "Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor. Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar, que al volcar el corazón en el alma popular, lo que se pierde de gloria se gana de eternidad."

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