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15 julio 2006

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Vivo apasionado por las voces que desde todos los puntos, por cuestiones de lengua o tradición, vuelven a referirse a nuestra tierra. Constantemente estamos reescribiendo la historia y partiendo de las señales que nos dejan los libros y las investigaciones, vamos lentamente despejando las dudas, saboreando de otro modo los hechos acaecidos; rompiendo moldes, porque ni siempre fue bueno lo que se dijo antes ni vale todo lo que ahora se nos quiere decir. El diario “Alerta” publicaba en mayo una entrevista a los miembros de la Asociación “Cantabru Vivu”, Roberto Diego y Raúl Molleda, a propósito del II Encuentro sobre el Idioma Cántabro. Con sede en Torrelavega, la asociación se dedica a la recuperación, el fomento y la dignificación del idioma. Diego es músico e investigador, autor del libro “Aportación al Estudio del habla cántabra”, y Molleda ha realizado varias recopilaciones de toponimia en versión vernácula.Debo aclarar que no pretendo con este comentario abrir fronteras, ni reivindicar posiciones en torno a nuestra posible descendencia.


Esa es materia para investigadores y gobiernos, pero no podemos negar la cantidad de cosas que hemos compartido, como el intercambio de productos, los mercados y ferias, los puertos, los caminos y, de algún modo, lo que estos autores vienen denominando idioma cántabro. Quienes se suman a esta definición de la lengua nativa de Cantabria, diferencian dos modalidades: la occidental que aspira la efe latina (jarina, jalechu, jigu), y la oriental, donde los plurales masculinos acaban en us (jatus, tochus), y abunda el cambio de la e final por i (tristi, baldi, juenti). El cántabru se habla principalmente en los pueblos, y los entrevistados aseguran que en Santander se sigue hablando en el ámbito familiar, sobre todo entre las personas de procedencia rural.

Se habla de escritores costumbristas que lo usaron, como Manuel Llano, autor que ya mencioné años atrás en este diario en un extenso artículo y reconocidos lingüistas como Menéndez Pidal, el americano Carl Holmquist y el británico Ralph Penny que reúne en un ensayo más de 7000 vocables pasiegos. Es apasionante cuando menos, la búsqueda y la conservación de nuestras raíces y, aunque siempre se tiende a ponderar demasiado hechos y costumbres que fueron, el haber compartido con ellos tanta historia, nos hace de algún modo beneficiarios y nos obliga a responder por ello. Así, por ejemplo, no tomo en cuenta su apasionado discurso, donde afirman que la lengua cántabra se habla en la completa totalidad de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria y en el Oriente de Asturias (Peñamellera...); en Burgos (Espinosa de los Monteros y Mena); en las Encartaciones vizcaínas (Carranza y Trucíos) y en el norte de Palencia (Pernía y Brañosera).

Tengo un primo en la familia, Javier Pérez, que lo habla por los codos, no sabemos de dónde le viene tanto arraigo. Mi mujer, cuyo padre era de Herreruela y la madre de Polentinos, recuerda que el primer verano que llegó a Polentinos, pensaba que había viajado al extranjero. Y estoy de acuerdo con un vecino de Camasobres que expone en un foro de la Web interesantes apuntes sobre la historia y las costumbres. Allí menciona alguno de los topónimos más usados: cuturusil, coterucu, sombalomba, Ascares, Los Cuéneres, así como palabras de uso corriente todavía: dujo, jatu, matorru, dalle, colodra... No sé si el Gobierno Cántabro se verá empujado a crear un proyecto paralelo al de “Comillas”, que contemple lo que para estos defensores es una lengua viva, pero sí es verdad que debe inscribirse dentro de nuestra dilatada historia.


19 octubre 1998

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Urtzi Ihitza Sainz, ha traducido al euskera un libro escrito por Roberto, un miembro del grupo de folk cántabro “Luétiga”, donde recuerda la lengua de sus antepasados, la que se hablaba en las zonas de montaña y de la que aún quedan muchas reminiscencias.

"¿Por qué siempi mos dijerin qu’estaba mal decío icir tasugu, cagiga, corvatu?, que tuvía qu’icise tejón, roble, cuervo; pos el maestru dende endenates de ser rapacis mos icía: “dejai de parlar asina, vusotros con esi mou parlar no allegáis de dengún lau. Parlar montañes aunque juá la nuestra verdaera lengua no era de presonas sino de tochos y probes”.

Ahora tou ellu tien que treminar. Jasta acá alleguemos. Diquiá pocu tiempu si no espenzamos daque aición p’acaldar esta emportanti custión, dentru n’al montañés, pos se la nuestra lengua morri, Cantabria morri. ¿Usté no crei que tien que ver leis ondi sea reconociu’l y amatu’n montañés de cá pueblu cántabru, de cá riu, de cá monti? La única lengua nacía’l latín en Cantabria jue’l montañés.

¿O va’l nuistru país sin la su lengua? Cuyo tie`n que se la ubligación de fende’l montañés? Tolus cántabrus debemus pricurar por tolus meyus ingarrar por la nuestra lengua. Hablai`l montañés con argullu pos é la nuestra verdaera lengua."

Al margen del valor sentimental que este idioma del pueblo pudiera alcanzar entre los parroquianos de la comunidad vecina, y entendiendo que debemos respetar todas las lenguas, todos los dialectos, todas las fórmulas que sirvan para comunicarnos y entendernos, no debemos llevarlo tan lejos como los catalanes, ni hacer con ello una bandera como los vascos. Yo creo que la gran mayoría estamos de acuerdo: que se hable catalán, euskera, gallego, valenciano…, que se parle el montañés, pero que se respete también a quienes estamos aprendiendo cada día castellano. Sabemos que la preparación de los niños que aprendieron castellano en euskera no es la misma. La radicalización que los catalanes están haciendo de su lengua, sólo les sirve para alejarse más de la comprensión y el afecto del resto de los españoles y, aunque esto no les preocupe, les afecta, siempre que quieran vender su imagen al exterior y se encuentren con quienes no entendemos que se imponga a estas alturas un sistema.

Como en Polaciones la gente se come la j aspirándola, oveheru, trabahadorísimu, en nuestra montaña, por el contacto mercantil con carreteros y purriegos (ellos venían a vender garaujas, cambas, rastrillos y se llevaban de nuestra tierra trigo y vino), nos quedaron muchas de sus fórmulas lingüísticas, o vestigios de su lengua montañesa.

Todo esto tiene su importancia. Conviene saberlo y respetarlo sobre todo allí donde el alejamiento con la civilización contribuyó a mantenerlo vivo, pero a estas alturas nadie asume que el montañés sea una lengua, ni deba potenciarse, ni en modo alguno deba aterrarle al montañés su olvido.

© Froilán de Lózar – Diario Palentino

09 julio 1996

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Alampa: (En Barruelo -según Francisco Merino-, algo que pica mucho). En nuestra zona, algo que quema. "Quema que alampa".

Alipende: Travieso.

Apergollar: Suena como a retorcer.

Apencar: Barr. Correr apresuradamente. Pernía: Trabajar con ahínco. Aplicarse mucho en algo. "Hay que apencar el codo".

Apiporrarse:
Hartarse de comida o de bebida.

Arrecido: Helado.

Angarillas: En algunos pueblos, Polentinos, se llama así a un armazón compuesto de cuatro palos, donde se Iievaba a la Virgen 'en procesión. "Coger las angarillas para llevar a la virgen".- Armazón que se utiliza para matar o estazar al cerdo.

Baldragas: Persona muy descuidada. "¡Qué desastre eres. Eres un baldragas!".

Bocoy: Es una cuba de vino pequeña. Hace unos años no faltaba en ninguna casa un bocoy de vino.

Cachizo: Pieza gruesa de leña que suele colocarse detrás de las ramas y los palos delgados, de modo que el fuego tarde más tiempo en consumirlo. 

Camorro: Testarudo.

Coritada: Mojadura. "IVaya corilada de agua que te has cogido."

Chozo: Cabaña donde pasaba la noche el vecero. "Vamos al chozo de Pineda."

Dalle: Guadaña. Se compone de una pieza de metal que va unida a un largo mango de madera. Su uso se ha ido extinguiendo paulatinamente, aunque no del todo, debido a los peligros que supone adentrarse con este utensilio por terrenos muy pindios.

Diana: Toque popular. Generalmente, al día siguiente de la fiesta mayor. Un grupo de mozos va en busca de los músicos y recorren el pueblo deteniéndose en plazas y corrales. Tiene un doble aliciente o significado: el hecho mismo de la fiesta a la que se va sumando gente a medida que avanza el grupo inicial y la obtención de un dinero para sufragar el costo de las fiestas.

Embiscar: Azuzar al perro.

Emburriar: Empujar. "¡No emburriéis!"

Espichar: Morir.

Estropajazo: Caída aparatosa.

Fréjoles: Como aquí se conocieron siempre las alubias pintas. En lenguaje pastoril, frijoles.

Guaje: Palabra muy usual, atribuida a los mineros.

Jijas: Delgado. Dícese también de la carne picada y sazonada que luego se utiliza para hacer chorizos.

Junciana: Genciana. En Lores se extraía la Genciana, que luego se enviaba a los laboratorios catalanes.

Lumia: Descarada.

Machorra: Esta palabra es sinónimo de estéril y se utiliza mucho en ciertas zonas de León. Por ejemplo, una vaca machorra en una vaca que no "empreña", En nuestra zona también se ha utilizado mucho este término. Incluso haciendo alusión a las mozas que se desarrollaban tarde: "Es una machorra." Se llama machorra a unas piezas de madera que se encajaban en las albarcas, donde por norma general iban las gomas.


Para saber más:
"Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar
Editorial Aruz, Segunda Edición, Julio 2009



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