25 marzo 2011

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Aquí les voy narrando, a mi modo y medida, el sentimiento hacia la Tierra de uno, que no es tan diferente a su pasión, lector amigo que me sigue, desde el momento en que soporta e interpreta lo que yo machaconamente voy deslizando en el papel con algún que otro altibajo desde 1981. No sé bien cómo denominarlo. Nadie me obliga a realizar este ejercicio periódico, donde caben denuncias y leyendas, emociones y recuerdos. Nada especial me aporta, salvo esa encendida emoción de verlo impreso, consciente de que su efecto durará unas horas y que otros tendrán ocasión de removerlo cuando pase el tiempo, para consolarse así de lo que atesoran y conocer un poco más la vida de los suyos...

En este pensamiento andaba entretenido hasta que el viernes, 4 de febrero, al abrir la página de la montaña palentina, me encuentro con un informe que ha dado a conocer "Ecologistas en Acción", sobre un estudio realizado por el periódico británico "The Guardian" y la revista cientifica "Nature": "San Glorio se encuentra entre los 26 santuarios ecológicos más amenazados de todo el Planeta, siendo el único lugar seleccionado de España".

El proyecto de una estación de esquí en San Glorio lo equiparan allí con la tala indiscriminada de árboles en la Amazonia (Brasil), las cacerías furtivas del tigre en Rusia, la explotación hidráulica en Turquía, el descontrol sobre la pesca industrial en Reino Unido o la pesca del tiburón en Indonesia...

A la vista de tamañas comparaciones, yo ya he dejado de creer en cálculos y ensayos, mucho más cuando hasta el día de hoy, ningún diario ni revista que se precie ha puesto sobre la mesa una solución real sobre el endémico mal que pesa sobre estos lugares. Es evidente que ustedes van a seguir aferrados a esos informes avalados por no sé cuántos y prestigiosos tribunales. Y yo no se lo voy a poner difícil. Basta con que me contesten con seriedad a esta pregunta: ¿Conocen aquellas eminencias esta tierra? ¿Y ustedes la conocen?

¿Por qué se empeñan en argumentar sobre una tierra donde ni nacieron, ni vivieron, cuando tampoco pueden hacer nada para evitar su muerte? No tiene nada que ver San Glorio con el resto del mundo. Y muy poco dice esa semejanza de esos medios que la hacen pública cuando nunca hasta la fecha hablaron de ella.

18 marzo 2011

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Como recuerda la canción, no es por casualidad que uno busque recurrente la ponderación que de nuestra tierra hacen técnicos y profesionales dedicados al desarrollo rural en sus respectivos territorios.



Me refiero a la visita realizada a primeros de octubre por los responsables de varias Asociaciones de Alava, con la intención de establecer vínculos y recoger algunas de las experiencias que en materia turística comienza a exportar ya nuestra montaña palentina.

No es por casualidad que, todos los que están vinculados de alguna forma con el turismo se admiren de las iniciativas y proyectos que ahora tenemos funcionando: Reserva del Bisonte Europeo en San Cebrián, Casa del Oso en Verdeña, Casa del Parque y Museo etnográfico en Cervera, Museo del románico en Aguilar, Museo de la minería en Barruelo, Centro de Interpretación de la Cigüeña en Barrio de San Pedro, Villa Romana de "La Olmeda" en Saldaña, Románico floreciente en todas partes…

No es por casualidad que nuestro lamento se haya hecho quiste ya y se entienda desde algunos lugares como una parte más de este paisaje, sirviendo sólo a efectos pasajeros, sin esperanzas de una réplica formal a corto plazo; es decir, un cambio significativo en la política de la despoblación que conjugue de verdad todas estas actividades con la plausible idea de vivir en el entorno.

No es por casualidad que, frente a los técnicos, a uno le acometan las dudas más grandes. No parece lógico tanta progresión como se advierte en la mirada de los forasteros, y tanto desencanto como se percibe en quienes lo defienden con su vida diaria. No es normal tanto lamento nuestro cuando todo lo que vemos y citamos reúne versiones espléndidas del contorno, en medio de esa explosión contínua de su arte. Yo entiendo que lo que los demás valoran de verdad es el milagro de encontrar tanta voluntad en medio de ese silencio de quien tiene el deber de defendernos y ayudar al extenso mundo rural desde el Parlamento Castellano.

11 marzo 2011

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En estos días que se aviva la polémica sobre los derechos de autor, conviene precisar hasta dónde lo que recogemos de otros es suyo y cuánto hay de siembra propia en lo que firmamos como nuestro. Porque una cosa es la literatura, el hecho de sacar de la nada personajes y ponerlos en movimiento sobre el papel, ahora ya más a menudo sobre las máquinas a las que vivimos conectados, y otra bien distinta, la noticia, lo que se cuenta sobre un personaje o sobre un pueblo, que es una especie de boca a boca con más aire que en el pasado, donde se pensaba, con buen tino, que "el buen paño en el arca se vende". Siempre me ha parecido lógico citar las fuentes cuando se trataba de los primeros, porque al autor hay que mimarle, nunca tanto como el autor supone, pues qué sería de su relato sin lectores, ni tan poco como pretenden darle algunos internautas, que parece que quieren que invente para ellos sin recompensa alguna.

Una cosa es un blog para pasar el rato y otra un libro que ha supuesto muchas horas de estudio y sacrificio y que revierte en una serie de canales de los que muchos se alimentan, no solo culturalmente, sino como medio de vida.

Hace unos días se cumplía el décimo aniversario de la Wikipedia, el sueño de Jimmy Walles y Larry Sanger, nadie sabe en realidad quién de los dos lo soño más porque se separaron, al crear la enciclopedia digital más grande del mundo, una enciclopedia enriquecida con las aportaciones de los propios usuarios que, a pesar de errores y lagunas, ha recibido una buena nota. La revista científica "Nature", en diciembre de 2005, declaró que "la versión en inglés era casi tan exacta en artículos científicos, como la Enciclopedia Británica".

Todo es susceptible de mejora. Vivimos constantemente inmersos en un mundo que necesita comunicarse, ya no se trata sólo de salvar nuestro nombre. "El que lee, sabe; el que sabe, puede", decía el que fuera redactor jefe de este diario, Félix Buisán Citores. Pues, eso.

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