23 junio 1999

,

A diario los medios de comunicación nos introducen en un mundo cargado de siniestros. Ahora estamos aquí, y de improviso nos traga la historia,
dejamos de estar, dejamos de sentir, el mundo sé olvidará que fuimos... A lo sumo, los nuestros, los íntimos, quienes de alguna forma nos trataron, dejarán que aflore de vez en cuando una referencia hacia nuestra manera de ser y de pensar. Tal vez por ese motivo algunos hombres llevan su fantasía a lo más alto, exponen su historia de amor en los programas de televisión, buscan la emotividad de los seres más próximos, de aquellas personas que esperan su regreso cada día, y en silencio soportan el parte doloroso que llegá de improviso.

La vida está llena de ejemplos. Ayer, en la página 40 de un periódico, me motivó la historia de Tomás, un diplomático de 51 años que para celebrar el quinto aniversario de su boda, se dirigió a una agencia de publicidad y contrató una valla publicitaria en las inmediaciones de un área comercial, donde la mentada, esposa en segundas nupcias, acudía a hacer la compra...

Yo no sería capaz de tal hazaña, aunque aplaudo la idea de este directivo, al que le han servido apenas cinco años de matrimonio. El hombre, no conforme con tenerla en casa, no contento con piropearla a diario, le inventa un poema y lo pone en la calle por donde pasará ella con la bolsa de la compra, para que sus ojos se vuelvan a indagar. Sólo para ella, de cara al público pero para ella sola; un secreto a medias, un secreto a voces, un encanto que se rompe ante la urgencia de que la interesada sepa antes de que el contrato finalice, que hablamos de su vida, que aquel mensaje es para ella, que se nos han llenado los pulmones de amor, que nos sorprende que no sepa que aquella fantasía nos hizo fuertes y vimos de otro modo las estrellas.

En la vida hay ejemplos que los periódicos no cuentan. Hace unos días, unos zamoranos me invitaban a asistir con ellos a la celebración del cincuenta aniversario de sus padres en un pequeño pueblo de Zamora, donde manda la tradición llevar a los novios y padrinos en un carro, empujado por los mozos del pueblo, y allí darles un chapuzón. Cincuenta años no es nada pero, seguramente, para los protagonistas de esta historia, cincuenta años lo sean todo.
Lo curioso es que durante un mes, mayo de 1999, el diplomático anunció de esta manera su producto:

"Eres regalo del cielo,
eres juventud, belleza, alegría,
ángel de guarda y paz!
Eres lo mejor que la vida me podía dar
y con tu amor me has mudado
de un mundo sin sentido
a tu Edén encantado".
Y añadía: Gaby, te adoro. (1994-1999)

La historia tiene su encanto. Todos podemos sacar provecho de ella, no en el sentido de correr a la agencia y contratar un anuncio en la calle. Estas locuras son pequeños toques de atención para el mundo, para pequeños y mayores, que con tanta frecuencia pasamos de largo ante los nuestros, ante quienes esperan nuestra llegada cada día, ante aquellos que nos animan con su presencia, que nos mudan la piel con sus caricias, que hacen el milagro de mostrarnos un camino mejor, haciéndonos más solidarios con todas las personas que a lo largo de los años pasan por nuestra vida.

06 junio 1999

,


Nada que ver con los nacionalismos. Nada. Ni una palabra. Ni una mirada. Ni una pizca de comprensión hacia sus pautas. Para mí hay un mundo ahí afuera sin hogar y sin patria, hay un mundo con gentes de todos los colores al que me gustaría pertenecer. Para ellos, el mundo -entiendo yo- es una isla con su bandera, con su himno, con su lengua. Ellos quieren vivir en minúsculas, en solitario, sin ligaduras de ningún tipo a quien de alguna manera estuvieron unidos durante años. Quieren vivir por ellos y para ellos solos. Nada que ver con estos autosuficientes y convencidos independentistas. Nada que ver con ningún tipo de nacionalismo, ni con el nuestro.

Nada que ver con ninguna fuerza política, ni del País Vasco donde vivo, ni de Castilla, la tierra de la que procedo. La tierra de mis padres, la tierra de mis antepasados, personajes escondidos de un diario cualquiera de Miguel Delibes, al pie de Peña Labra, tocando ya las Ventas cántabras.

¿Que Castilla está olvidada? 

Es el lamento eterno de quienes a diario la escribimos. Sufrimos el olvido de quienes rigieron la provincia de Palencia. Es un reproche sin añadido alguno, porque los errores y las ausencias se superan con la razón y el sentimiento. Hoy la Montaña Palentina es un universo de nuevas sensaciones para gozo y sorpresa de propios y extraños. 

Pero no es suficiente. Pero no sirve todavía de compensación. 

¿Qué Castilla está escindida? 

Es la moda de las modas. Mientras unos buscan la reconciliación y el reconocimiento, otros piden la guerra. Todo para que se les reconozca unos privilegios que en su día la historia les concedió. Tal vez lo merecieran. Puede que fuera inmenso el honor de ostentar un reinado, pero la vida, al fin, no se mide por eso, ni siquiera por las encomiables cualidades de bondad y acogida que prodigó esta tierra. 

No caben ya más lágrimas por lo que no se hizo. Y comenzaba señalando mi alejamiento de la política porque no entiendo a los políticos. Quieren lo que no deben, buscan lo que no queremos, nos ofrecen lo que no pueden darnos. "Ahora que sí, mañana que no dijeron eso... 

Castilla está triste. Como castellano que hasta el alma me siento estoy triste con ella. A los veinte años me rebelé por esa apatía interna y entre Portillo y Laguna de Duero, escribí a escondidas una novela donde los hombres y mujeres de esta tierra estrenaban un país, el País Castellano. Fue un instante fugaz, una mirada extraña, un vago anhelo que jamás vi de verdad ni llegué a presentir entre las gentes que nacieron en ella. Yo creo que los castellanos, todos -salvo contadas excepciones-, hemos abierto puertas a todo el mundo sin preguntar de dónde venían, ni qué portaban, ni qué lengua era la suya. Y les hemos enseñado lo que sabíamos, les hemos entregado lo que teníamos. Esa forma abierta de manifestarse, cediéndonos en cuerpo y alma a veces, ha hecho que otras comunidades se aprovechen, pretendiendo, incluso, entre solapados vaivenes y medias zarandajas la última de las peticiones, el anhelo cegador de los nacionalistas catalanes y vascos: la autodeterminación, la independencia plena, aún sabiendo que tal deseo lleva aparejadas muchas pérdidas que ninguno de los pretendientes estaría dispuesto a permitirse. 

Durante estos años he observado cómo se consumían nuestras historias entre las páginas de los libros. Conocí el dolor de los castellanos más alejados y supe que se mitigaban con emplastes caseros y muchas dosis de resignación. Y digo que viví ya un simulacro de Treviño. 

Nada que ver con la apatía que hoy percibo en tantos escritos, entre tanta gente que entiende y a su manera ama un trozo de esta región nuestra. De aquí salieron muchas personas que mostraron al mundo unas tradiciones, una cultura, una forma de vida. Y aquí residen gentes capaces de retomar el pulso y la palabra y poner esta tierra en su lugar, abrazada a otras tíerras, sin fronteras ni desavenencias internas, cogidos a la mano de quienes emigraron para que alcance sentido toda la generosidad y la riqueza que ahora mismo tiene como muestra Las Edades del Hombre en Palencia. Que el mundo lo admire y lo comprenda. Que Castilla lo pregone. Que todos los palentinos sepamos valorar la riqueza que aquí anida, sin más pretensión que la de dejarlo escrito para que las generaciones venideras lo agradezcan y lo sigan guardando si cabe con más fuerza. 

Palencia mirando hacia Castilla. Castilla en pie y erguida, buscando el reconocimiento, reconociéndose ella misma, con tantos lugares para vivir y ser vividos y tanta gente de aquí y de fuera asomados un fin de semana a todos los balcones de esta tierra. 


Follow Us @soratemplates