11 diciembre 2008

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La antropóloga argentina Patricia Fasano, en su libro “De boca en boca” realiza un exhaustivo análisis sobre “el chisme”. Sobre la dimensión que alcanza este fenómeno, lo resume muy bien una de sus interlocutoras: “¡Acá el chisme corre como reguero de pólvora! Capaz que si vos queréis avisar algo, en vez de hacer tantos carteles, lo más seguro es decirlo en voz baja, como chisme. ¡Ahí seguro que se enteran todos!”.


En los comienzos de la civilización se cita a los navegantes griegos relatando en la plaza pública historias curiosas sobre las tierras visitadas. Quienes se hacen eco de la tradición oral, coinciden en señalar que su conservación ha supuesto la supervivencia de muchos pueblos. Ken Follett, en “Los pilares de la tierra” y su continuación, “Un mundo sin fin”, ya nos regala el principio de los maestros constructores de la Edad Media, que asociados en gremios, transmiten oralmente su saber, prohibiéndo su difusión de cualquier otra forma, lo que impide también, todo sea dicho, el público conocimiento de muchas de las técnicas utilizadas para levantar los edificios.

Si los estudiosos de este fenómeno entendemos que a ello se debe el mantenimiento de muchos pueblos apartados, es para nosotros motivo de satisfacción desmenuzarlo, hacerlo público, ahora que ya no hay en ellos gremios de carpinteros que puedan disputarse la construcción de un puente o de una colegiata.

Hace unos años, con motivo de una celebración familiar, se me quedó grabada la caldereta de cobre en la que se guisó la carne, con los mismos ingredientes y fórmulas que utilizaban los pastores de “Cortes” donde tuve la suerte de degustarlo siendo muy joven todavía.

Por el boca a boca sabemos de la importancia de la luna. Desde antiguo, a través de nuestros mayores, conocimos que una determinada fase de luna era propicia para la siembra. Por ejemplo, dicen que las remolachas que son cosechadas durante la fase de luna llena, tienen un sabor algo picante, que tirará a dulzón si la cosecha se hizo en Cuarto Menguante. Y que de Cuarto Creciente a Luna Llena es el tiempo propicio para sembrar melones, tomates, pimientos, cereales, granos y semillas de flores. Basándose en esos y otros conceptos, se sabe el tiempo propicio para la cosecha, el mejor momento para sacar el estiercol, arar, extirpar las malas hierbas, cortar la madera…

El boca a boca es lo que se viene prodigando ahora en los foros de internet, véase el de “Pernía”, donde se van apuntando costumbres y maneras que marcaron un tiempo; nombres, vivencias, datos que pueden contrastarse y que nos transmiten casi a la perfección momentos de la historia de nuestros pueblos. Datos y efectos que, de un ámbito familiar o vecinal, pueden llegar a otras regiones y otras gentes, multiplicándose por cien, por mil, al poder acceder a ellos el mundo entero. Antropólogos, historiadores y lingüístas, sabedores de tantas cosas que tras los montes y los valles se esconden, han viajado a los pueblos en busca de los sabios iletrados, que guardan en su memoria historias terribles, encantadoras leyendas, coplas populares, dichos y romances; relatos, en fin, que van dibujándonos paso a paso el riquísimo acervo cultural de estos lugares.


04 diciembre 2008

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Si “gobernar es poblar”, como dice Francisco Ramos, el portavoz del PSOE en las Cortes Castellanas, aquí, en esta tierra, más que en ninguna otra, se nota el desgobierno. Pero no creo que la despoblación sea culpa de ningún gobierno, aunque así lo haya reflejado en alguna ocasión. Me explico: No se proclama un bando para despoblar un lugar. No se destierra a nadie. No es bueno para ellos que se despueble el medio donde ejercen.



Un pueblo no se cierra a golpe de poder o talonario. Es verdad que, en todo hay recovecos, pronunciamientos no muy atinados y desfases que ayudan a poner candados, pero de ahí a buscar mandamases con espíritu claro de vaciar una comunidad, hay un abismo. El mundo se mueve. El tiempo avanza. Los cambios se suceden y, ciertamente, aunque nos descorazone esa lenta e imparable sangría que deja sin voz a nuestros pueblos, no se puede culpar a nadie de una decisión tan difícil, que tanta duda impone a quienes la protagonizan, ya sea el que se va, ya sean los propios amigos y familiares que se quedan.

Pero ahondemos un poco más en las reflexiones que a hace unos meses nos participaban en estas mismas páginas los portavoces de los dos partidos mayoritarios. Asegura Carriedo, que todos los Gobiernos, desde que se aprobó el Estatuto, han puesto su empeño en reducir la despoblación y observa que la repoblación comienza a dar sus frutos con un aumento de veinticinco mil personas en el último año. Para Ramos –como no podía ser de otra forma- se evidencia lo contrario, allí donde apunta que ninguno de los gobiernos que pasaron antes han logrado atajarlo.

Ningún político, por mejor que lo haga, nos va a encarrilar esto. Los políticos pueden hacer más llevadero el problema, pueden aplacarlo, pero no pueden en modo alguno detenerlo. No es ya sólo el trabajo a través de los incentivos a las empresas que se instalen en los núcleos más desfavorecidos. ¿Qué pasa con las escuelas, con los hospitales, con los médicos, con las carreteras…? Hay que repararlo todo, repararlo muy rápido y no tenemos a nuestro alcance nada que favorezca el ánimo de quienes manejan en alguna medida el destino de estos pueblos. No hay verdadera voluntad por parte de nadie de cambiar la trayectoria de ese drama y, si por algún resquicio asoma un atisbo de algo, la señal es tan débil que no detendrá la marcha de quienes por motivos diversos han puesto sus ojos en otra parte. Es el caso de los mayores, buscando la seguridad de un centro donde puedan ser atendidos, o las villas cercanas que aglutinan servicios y medios para sobrellevar de una manera digna la vida en los últimos tramos.

Yo ya me he referido alguna vez aquí al pesimismo al que me han conducido tantas declaraciones de gobernantes que desconocen el verdadero valor de quienes contra viento y marea han nacido, han vivido y han muerto en esta tierra de pasados tan duros. Nadie podrá llenar tanto vacío. Nadie podrá devolverle el esplendor de aquellos años, donde se vivía en armonía con lo mínimo. Se ha cumplido un ciclo. Llegará otro, a lo mejor, parece normal que surja por alguna parte otra alternativa al tiempo que crecen las villas del entorno, pero nada de lo que vemos hace auspiciar una vuelta de tuerca.©

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