30 octubre 2003

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Razones para vivir no faltarán aquí, donde los maestros canteros nos dejaron sus ideas, inspirándose en la Biblia, los evangelios apócrifos, las leyendas y romances populares.... Daniel Fernández que, en la presentación del cuaderno que dirige Casilda Ordóñez, encuentra numerosas dificultades para descubrir el velo que ocultaba lo que había detrás de los muros seculares de las casonas, vuelve a la carga en 1992, con “la temática decorativa de nuestros canteros en la época románica”. Allí alude a los dos toros tallados que se enfrentan en la colegiata de San Salvador de Cantamuga y a los “falos” que se reproducen en la de San Cebrián de Mudá, y que a decir de nuestro erudito, podrían estar relacionados con el poder, la fortaleza y la virilidad.



Allí donde se inicia la cola del pantano de Requejada, pasando el puente que lleva a Polentinos, emerge el jardín de Carracedo.

Recuerdo que yo era muy niño cuando algún domingo bajaba con mis familiares a comer en el edificio que el empresario de la mina había levantado para dar alojamiento a los trabajadores que venían de fuera, entre ellos, los gallegos Francisco y Miguel Rafael, mis tíos políticos. La casa se encontraba a la entrada misma de este parque, muy cerca de la mina de cobre en la que trabajaban también las gentes del contorno. Las lenguas comentan que se llegó a sacar oro y todavía se hablaba no hace muchos años de ponerla en circulación de nuevo. En esta mina trabajaban gentes de Polentinos, pueblo donde crecieron excelentes canteros: Fermín, José Ibáñez, Florentino Llorente; Mariano Sordo, que aprendió el oficio de su padre Fulgencio, y Cayetano Ruesga que, al decir de las gentes, era el que mejor labraba las esquinas.

En 1983, yo era corresponsal en Cervera del diario “Noticias de Palencia”, cuando Daniel Fernández, que ejerció como sacerdote durante muchos años de la villa, nos sorprendió grátamente a todos con el fascículo número 7 de “Apuntes Palentinos”, donde se adentraba en los vericuetos de la historia.

Hay un dato curioso que a mí me sigue sorprendiendo y que se resume en las primeras líneas escritas en el mencionado cuaderno: “Hay en torno a Cervera un silencio absoluto. Carecemos de fuentes escritas, estudios monográficos que aporten alguna pista...” Pero tan audaz como excelente observador, el sacerdote afronta el riesgo y comienzan a salir de sus adentros vivencias e historias, rasgos y costumbres propias y específicas también de las comarcas de Pernía y Castillería, cuya capitalidad sitúa –como hiciera también en su día el investigador Gonzalo Alcalde– en la villa de Cervera.

Con algunas referencias de Daniel y el ambiente de fondo que me deja Ken Follet, me adentro en las primeras cuestiones de la piedra, imaginándome a los canteros de aquellos días en estas altas tierras del Pisuerga. En la obra magistral de “Los pilares de la tierra”, todo gira en torno a la construcción de una catedral gótica en el pueblo de Kingsbridge donde no faltan los monjes ambiciosos, la guerra por el poder y la muerte violenta de personas que habían encontrado en aquel lugar una razón para vivir.

Razones para vivir no faltarán aquí, donde los maestros canteros nos dejaron sus ideas, inspirándose en la Biblia, los evangelios apócrifos, las leyendas y romances populares.... Daniel Fernández que, en la presentación del cuaderno que dirige Casilda Ordóñez, encuentra numerosas dificultades para descubrir el velo que ocultaba lo que había detrás de los muros seculares de las casonas, vuelve a la carga en 1992, con “la temática decorativa de nuestros canteros en la época románica”. Allí alude a los dos toros tallados que se enfrentan en la colegiata de San Salvador de Cantamuga y a los “falos” que se reproducen en la de San Cebrián de Mudá, y que a decir de nuestro erudito, podrían estar relacionados con el poder, la fortaleza y la virilidad.

Yo soy un simple y singular testigo de la historia. Subido al altozano me imagino al monarca delegando en un magnate de su confianza la repoblación de aquellas tierras. En el año 832, ocho años después de conocerse la “Carta Puebla” de Brañosera, se confirma la existencia de varias comunidades cristianas en torno a Cervera. Los Condes de Peñas Negras, Alfonso y Justa, dotadores del monasterio de Lebanza, le ceden entre otras posesiones las iglesias de San Vicente; San Juan y Santa Leocadia en Carracedo; situadas, señala, en territorio de Cervera.

El trabajo de Daniel es importante, como importantes son las conclusiones a las que llega tras aquella inmersión en nuestra historia: “Invito a todos los cirbarienses a escuchar el lenguaje vivo y elocuente de las fachadas y escudos de blanca piedra de nuestras casonas y a que nutran sus inquietudes, bien legítimas, de prosperidad y crecimiento, en lo que ha sido siempre su corriente histórica”.

11 octubre 2003

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El 12 de Junio de 1866, fue declarado Monumento Histórico Artístico el Monasterio de Santa María la Real. La orden premostratense (canónigos regulares) que regentaba el edificio, se había visto obligada a abandonarlo como consecuencia de la desamortización de Mendizábal (1835). Las referencias históricas de los investigadores nos devuelven a épocas sombrías, donde el poder, tan ciego en esto como los actuales, dotaba de prebendas y títulos a lugares que se sacaban a subasta o estaban a punto de caerse. Es obvio que en los últimos años del régimen isabelino, se vivía una situaciòn caótica de desamparo, de ansiedad y de temores. Y es, precísamente, el año 1866 cuando se desata una crisis de subsistencia que trajo escasez de cereales, hambre, enfermedades y enormes dificultades financieras.


En cierta manera, con otro tipo de vivencias y sufrimientos, esa es la vida. Sabemos que todo no puede conjugarse y que las crisis temporales nos alcanzan de alguna manera a todos, sirva como referencia lo vivido hace unos meses en Aguilar con la —permítaseme la palabra— desamortización de Fontaneda.

La empresa que tanto nombre y prosperidad dio a la comarca, cayó en poder de manos extranjeras que obviaron una remodelación y relanzamiento de la misma. Y no me pongan por excusa que la comunicación no es adecuada, porque la misma comunicación sirve para los que ahora trabajan y prosperan. Pero es verdad que no habìa raíces ni sentimientos que mediaran, lo que sin duda pesa mucho a la hora de romper definitivamente con una comarca que, gracias a su propio esfuerzo, gracias al empeño de nuevos empresarios y a la lucha y promoción de colectivos y personas, alcanzará en unos años, estoy convencido de ello, una estabilidad jamás soñada.

Vuelvo a fijarme aquí en el turismo rural, al que de contínuo hacemos referencia. Quizás sea ese, principalmente, el motivo que guía las remodelaciones que ahora se están llevando a cabo en el entorno: la recuperación del castillo, la reforma de “La Posada”, la Escuela de Turismo Rural... Quienes se encargan de promoverlo y gestionarlo, han abierto los ojos al futuro, habilitando edificios y espacios que en otro tiempo fueron lugares de oración, centros de poder y de defensa, influyendo sobre los pueblos y tierras del contorno. A mucha gente le gustaría que Adempa, Arestur, El País Románico..., todas las personas y asociaciones que suenan, con independencia de otros que lleguen más adelante, se unan en un frente común para recuperar en esa parte de la historia y del arte, no sólo Aguilar de Campoo, sino también todos los pueblos del contorno, tal y como parece derivarse del convenio que en su día firmaron la Fundación Santa María La Real y la Asociación Arestur.

Por la misma causa que los habitantes de la villa tienen reciente un precedente que los vapuleaba, como es la pérdida de una empresa que nació aquí, y deben solicitar, a mi entender, la protección o la marca de los que existen, quienes se embarcan en la difícil tarea de recuperar los rincones más emblemáticos de esta villa, deben levantar los ojos y no perder de vista los lugares del entorno: Monte Cildá, Las Tuerces, Cañón de la Horadada, sin olvidarse de otros algo más alejados y no por ello menos significativos como es el Monasterio de San Sandrés de Arroyo.

Aunque muchos de los proyectos se muevan entre la utopía y la dificultad yo creo que, de momento, estos colectivos han logrado remover nuestras conciencias, como si el efecto y el poder que emanaban estos edificios en el pasado nos estuviera ahora alcanzando. San Norberto, el fundador o, Andrés, que fue el primer abad premostratense que ocupó el monasterio de Santa María La Real (1169), seguro que miran complacidos el resurgir de un edificio que marcó el auge de la villa y su comarca.

No se trata de volver los ojos al pasado para pedirle cuentas a los personajes que por aquí pasaron y a su modo se repartieron el poder, ni a los gobiernos que entre bulas y prebendas fueron arrinconando estos lugares donde tantas historias se bordaron. Sabemos que alguien está poniendo todo su empeño en recuperar parte de la historia de Aguilar, que es parte de nuestra historia, que es la historia de nuestros pueblos.—


De la sección del autor: "Vuelta a los Orígenes" en "Diario Palentino".

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