martes, 20 de octubre de 1992

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Un intelectual, Manuel Broco Barredo, escribe acerca de los mineros de Asturias, en una pequeña e interesante revista que edita el grupo madrileño Cero. ¿Qué le está permitido desear a un minero de Mieres? -se pregunta. Todos los mineros, los de Palencia también, se preguntan muchas veces por su vida, por su futuro, cuando las minas cierran, condenados como están a eso que llaman silicosis.




Mi amigo Vega Antuña, que contaba historias de la nieve en aquel famoso «Cimbalillo», y que regentó el economato de las minas en San Salvador, además de llevar la gestión de las de Castrejón de la Peña, sabe mucho de lo que pasa fuera de la bocamina. Por su parte, Lorenzo, el del Campo, un picador de primera retirado por respirar en las cavernas de la "Eugenia", sabe todo lo que pasa dentro.

La Montaña Palentina se ha llenado de luto muchas veces. Ha muerto mucha gente en situaciones confusas, trabajando en condiciones infrahumanas, boquetes laterales por donde justo entra el cuerpo y la herramienta. Se cava de rodillas o tumbado y no hay seguridad que valga. Algunos jóvenes, en los últimos años, han hechos de tripas corazón y se han ido galería adentro, como hicieron sus padres, tal vez para seguir viviendo. No saben, ni se imaginan, que eso que llaman silicosis les ha comido los pulmones y ya no queda aire bastante para ellos en el mundo. No en vano, he visto la agonía de Vidal, padre de mis amigos, y la de Pepe; viví de cerca, siendo corresponsal del desaparecido «Noticias de Palencia» la noticia de la muerte del picador de 24 años, Ramón Otaola; estaba allí cuando me comunicaron la de Julio Torres, unos años después, la de Vicente, y la de su hermano, y la de tantos otros que lo dieron todo por la mina y en ella encontraron el pago más injusto.

Es ley de vida. Los mineros de Palencia saben muy bien la historia: la de dentro y la de fuera.

martes, 6 de octubre de 1992

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Un paseo por la memoria. Casi daba por hecho entonces, el nuevo pantano que finalmente no se hizo. He vuelto al Curavacas. Caloca, al otro lado de Casavegas, ya tiene carretera. Tantos años, tantos gobiernos y ha sido el polémico Hormaechea el que ha puesto un servicio imprescindible en aquella parte de la montaña. A éste le echan los tejos porque ha dilapidado una fortuna en cosas para el pueblo, mientras otros se llevan las comisiones y aquí no pasa nada. 



Caloca es el punto álgido de la belleza suma. Más arriba, en Pineda, conviven todas las etnias de Pernía. Tañuga y Secarro, puertos de Lores; Pomar, de San Salvador y el puerto de Cortes, de los Quinitos de Lomeña, pueblo del Ayuntamiento de Pesaguero. Puertos, todos, donde se sigue alimentando la trashumancia.

Cuentan los más viejos del lugar, lo ocurrido un cinco de junio, nadie me ha precisado de qué año. Nevó y trashumantes y vecinos de los pueblos tuvieron que bajar con su ganado.

Nuestro puerto termina en la Collada de Dobres y la «Mesa sin Pan», es la línea divisoria entre Pomar y Cortes.

Lo cierto es que en el «prao» -que llaman-, allá por donde culebrea el río «Aruz», que nace en el collado del mismo nombre, cerca de la peña Cuchilluda, mi pueblo ha levantado una casa con servicio y habitaciones, para que pastorear el ganado no sea una labor de unas injustas y casi inservibles quince mil pesetas al mes, que es la cantidad que cobran muchos pobres pastores. Pineda es, junto al resto de puertos que he citado y los de Arbejal y Resoba, más abajo, un parque natural de un valor incalculable. Ni los propios pueblos saben el valor que allí tienen.

No soy ecologista. Cuatro veces, acaso alguna más he admirado la grandeza de Sierra de Alba. Alguien habla de un pantano gigantesco en Vidrieros y me asusto. No por los diez chalets que por encima de este pueblo han construido, ni por las tierras, exentas de contribución, ni siquiera por los vecinos, que están esperando soluciones sin pronunciarse demasiado. No me asusto por la carencia de agua que pueda representar para los del sur la no construcción de este pantano. Los del norte se están sacando solos las castañas del fuego y en esta situación, nadie, sino ellos, merere disfrutar de un digno acuerdo.

Yo lo siento por la Casa de Pineda que es un rincón de paso excelente para el ganado trashumante y para el nuestro. Las aguas que inunden este valle, limitarán en gran manera el servicio que ahora presta a quienes siempre le cuidaron. El agua es un bien público, ahí lo tienen, ahí baja cristalino, puro cien por cien, a Camporredondo va directo, que lo aprovechen, que ya vendrán años más húmedos.

Ya sé que es un escrito, verdad, que nada vale, pero Palencia tiene una montaña a la que algún día los políticos tendrán que prestar la atención y el cuidado que merece.


jueves, 1 de octubre de 1992

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La asociación cultural «Pernía», cuyas actividades, por muchos conceptos, se han visto mermadas en los últimos tiempos, hizo saber, a través de un comunicado, la situación de la carretera comarcal 627 -Burgos-Potes-, en el tramo comprendido entre Cervera y Piedrasluengas. Dicha situación se viene prolongando y agravando desde hace varios años, deterioro acentuado por los duros inviernos que afectan a la zona de montaña. La ejecución de la obra, proyectada para 1992, lleva camino de no cumplirse -me susurran- hasta el 94.




Lo que sí se ha cumplido es el pronóstico de la asociación y de todos estos pueblos, que temían el agravamiento del estado del firme, influyendo en el desarrollo normal de esta comarca. Hace varios meses, los encargados de esta materia en el Gobierno cántabro declararon que ellos no permitirían recortes. Aquí, que yo sepa, nadie ha hecho declaraciones a este respecto, a excepción de Mañueco y fuera de esta zona; es más, aquellos, apoyados ahora por el gran Hormaechea -a saber lo que puede durar- han señalado su intención de volver a poner en marcha el proyecto de la carretera Reinosa-Potes, parte de la cual atravesaría nuestra montaña, a lo que los ecologistas, siempre metidos en camisas de once varas, habían dicho que no, comó los de la Junta. Yo creo que si el proyecto se llevase adelante, el éxito estaría asegurado por muchas razones, aunque una sola sea la principal: Las vías de comunicación son esenciales y por ellas se mide el ritmo de un país. Si la comunicación es mala, el comercio se retrasa milenios. Pero no pretendo meterme en materia económica.

... Si fracasó el proyecto de una vía de comunicación entre Perapertú y el Valle de la Castillería, con la que todos los pueblos del contorno quedarían a muy pocos kilómetros de Reinosa; si, como parece, los planes de una carretera desde Cervera a Piedrasluengas pueden venirse abajo; si a estas comarcas no les quedan más caminos que los que tienen y los que tienen son caminos de cabras; si además, nos dicen en Madrid que esta región ha devuelto dinero como en tiempos de Franco, porque no sabían en qué gastárselo, la cosa tiene un fuerte sabor a ineficacia.

Dice el socialista Jesús Quijano que, «el gobierno regional tiene importantes competencias para mejorar la calidad de vida en nuestros municipios».

¿Para qué sirve la competencia, si aquí no han llegado las mejoras? Cómo se lo diríamos nosotros, señores presidentes de todos los gobiernos, de todos los partidos: la montaña palentina lleva años esperando que ustedes hagan algo por ella, para que los que aquí viven, se encuentren de cara con la Constitución y reciban los derechos de los que ustedes hablan.


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