20 abril 1996

,

Nada me liga al investigador zamorano, salvo el asunto -lIamémosle folklore, en el que ambos ahondamos, no mucho más que todos aquellos personajes que ignorados por el mundo cantan y cuentan en la cocina de su Casa lo que aprendieron de sus antepasados.
A mi me lo han contado y se lo cuento a ustedes a golpes, despacito, como retocando viejos e incompletos escritos, hurgando con un algo de desesperación en ese ayer que raudo se nos va de las manos, como tratando en ocasiones de dar un paso atrás para rescatar así momentos memorables de nuestra historia rural.



En el año 1985 se firma un acuerdo entre la Diputación de Valladolid y el folklorista, lo que da lugar al nacimiento del Centro Etnográfico en la Casa del Siglo XVIII que aquella Institución provincial posee en Urueña.

El autor de "Comedio Yermo" (Edil. Ambito) -una historia que cuenta la inclinación que padece el hombre a la ciudad-, declaraba hace un tiempo que, 'los habitantes de Castilla y León tienen menos apego a su patrimonio cultural y tradiciones que los de otras regiones españolas".

De Joaquín ha escrito un articulista de lujo, Félix Pacho Reyero que "se trata de un catedrático de la vida y la bondad". Pero le traigo hoy a esta cólumna, porque la Institución Tello Téllez de Meneses publicó en su día una serie de cantos y tradiciones englobados bajo el título de 'Cancionero del Norte de Palencia'. Esta tarea me recuerda bastante una labor que yo emprendí por los pueblos de mi entorno. Entonces, Josefa Sordo, de Polentinos, era la encargada de elaborar unas coplas para dar la bienvenida al obispo o al gobernador. Como las coplas, la tradición de los Reyes, que con mucho esfuerzo tratan de mantener los jóvenes de La Pernía, y otras canciones y romances, algunos de las cuales le remití en su día a Luis Guzmán Rubio para que las estudiara y, si procedía, las llevara a los discos que entonces promovía Caja Palencia.

Es evidente que Joaquín Díaz, que también ha cultivado la interpretación de los romances y coplas que recogía, se ha ido moviendo por otros rincones de nuestra montaña.
Así, en el libro que cito, aparece la versión de los Reyes de Villanueva de la Torre y Pisón de Castrejón;  el Jueves Santo, de Cubillo de Ojeda; el Romance de Pascua de Resurrección y el Rosario, recogidos en Herreruela de Castillería.
El famoso cántico de la cuenca minera:

Barruelo ya no es Barruelo.
Barruelo es más que Madrid.
¿Cuándo se ha visto en Barruelo
que pase el ferrocarril?

Bailes a lo ligero, a lo pesao y algunas otras cosas que ya teníamos conocidas por transmisión de nuestros abuelos, como el rabel y la pandereta, el tamboril o la dulzaina, pero que, en definitiva, vuelven a los libros, de los que, por modestos que sean siempre se aprenden cosas: Joaquín, que sabe bastante de la agonía que pende sobre estos pueblos de montaña, con la consiguiente pérdida de tradiciones y costumbres, se ha limitado a reponerlo, a repararlo, a transmitirlo. Es como si hubiera escuchado nuestros lamentos y nos invitara a conservar tantas historias que se pierden. Acaso la cultura no importe tanto en un mundo tan lleno de calamidades, pero es cierto que pasamos por esta tierra y tratamos de ser felices, como rezan los finales de los romances de la época...

16 abril 1996

,

Tenía noventa y tres años cuando la conocí. Nacida en Lebanza, en el seno de la familia Calvo, vivía en Brañosera, casada en dos ocasiones, y en las dos ocasiones con dos viudos en ese pueblo de montaña.


Cuando empezó a desgranarme su vida, porque tenia hambre de diálogo y las llagas de aquella contienda del 36 todavía le sangraban, sabía que de allí había de salir una historia interesante. Ordené los papeles y las fechas y la remití a un premio de novela que convocaba el semanario de Valladolid, "La Tribuna de Castilla". Con aquella novela modificada varias veces para adaptarla a las bases del concurso, obtuve en el 2000 el Primer premio, que incluía, además del dinero en metálico, la publicación de la obra, bases que los patrocinadores nunca cumplieron.




Todos los sábados, a última hora de la tarde, en compañía de mi mejor amigo, me dirigía a su encuentro. Recuerdo que, para ir, cogíamos la desviación en Salinas y el regreso lo hacíamos por el camino opuesto; tomando en Aguilar el atajo hacia el Barrio San Pedro.

La vida no es un camino de rosas para nadie y menos para ella, que vivió en su propia carne el grito más amargo de la tragedia. Hay un pasaje de la historia ya novelada que me permito transcribir para el lector amigo que me sigue, y como homenaje para ella que vio la última luz en condiciones muy adversas, en la casa de una sobrina de Aguilar de Campoo:

Contaba la mujer que, estando en un rincón de la vivienda, oyó voces fuera. Habían matado a patadas a una vecina embarazada de unos meses. "No se quería morir la mofleluda esa"... "Le bullía la sangre en las entrañas..." Asenjo, que mandaba la tropa ávida de sangre, le arreaba patadas y le decía: "¡So puta!, ¿no te mueres? Pero, serás so puta que aún no te mueres ... ".

En la versión novelada, lógicamente, todo aparece camuflado. Se confunde la realidad con la ficción y el autor olvida un poco los guiones que le dictan su pequeña experiencia, dejando que los personajes, que van introduciéndose en la obra, cambien a su antojo.

Yo creo que lo más sangrante de la historia, me refiero ahora a la verdadera, a la cotidiana y dura vida de nuestra protagonista, es la duda tremenda en la que vive sumergida. Su segundo marido, en tierra de mineros, es considerado comunista peligroso. Ella no tiene intencionalidad política alguna. No se decanta por nada ni por nadie, le duele la guerra en lo más profundo y teme que aquellas voces amenazantes de la calle -"a por estos vendremos mañana"- se hagan realidad el día menos pensado. Tampoco le motiva una historia de amor. Se casa porque no quiere vivir sola, a ver qué pasa, sin afianzarse en medio un sentimiento pasional, pero, por encima de todo, ella piensa que, pase lo que pase, debe ponerse al lado de su marido siempre.

En los últimos años, entrevistando a personajes populares de nuestra montaña, he tenido acceso a otras historias parecidas. En la vida, como en la guerra, no están todos los que son. La historia se olvidó de mucha gente que la padeció en silencio, esperando a un mensajero que nunca llegaría. Cada cual tenía que adivinar por sí mismo la suerte de los suyos y decidir más tarde.

Follow Us @soratemplates