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05 enero 2018

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Aunque vuelan los días y el calendario apenas nos deja un resquicio para planificar el año, me siento recompensado de haber sido recibido por Josefa Sordo, de Polentinos, al filo de los cien años, que me recuerda, al estilo del mejor Gila: "cuando nací, yo estaba allí" y que ya se quejaba de la rapidez a la que va este mundo: “Entonces, no duraban na los días".
La mujer recuerda los inviernos, cuando al pueblo le había tapado de repente la nieve, y todos venían en casa de la tía Josefa a por el pan que salía de su horno.



Esas sensaciones que te transmite una mujer folklórica por naturaleza te suavizan un pasado terrible muchos días, en muchas casas, donde se masticaba sin descanso la conformidad.

En abril se marchaba mi padre a los 93 años, cronista silencioso de estos lugares. Muchas de las historias y curiosidades que he compartido con ustedes a través de este diario, que fue el suyo, me las conto él… Mi padre acudía todos los lunes al mercado de Potes, donde ya había corrupción y al hombre le impusieron una multa que no consistió en abonar un dinero que repercutiera en las arcas del municipio, sino en arrebatarle uno de los corderos que llevaba a vender a un restaurante de la villa, para darse una buena fiesta entre los concejales y el alcalde, lo que con el paso de los años se transforma en anécdota.

De una generación más cercana a la mía, en Aguilar nos dejaba hace dos meses Teodoro Bustamante, gestor durante muchos años del Hotel Valentín, después de andar y desandar todas las cumbres de esta montaña nuestra. Hace unos días, paseando por el Condado de Treviño, me topaba con una frase que resume a la perfección el sentido de nuestro tránsito por esta vida: “La vida es un instante que las personas forjan con sus actos, por lo que serán recordados”. Y de allí volaba otra de mi propio cuño para mis seguidores en las redes: “Somos el instante en que vivimos. Fuera de ese momento es posible que tú ya no existas para nadie.”

Se fueron en un momento, en un descuido, pero quedan en nuestra memoria sus aportaciones para el conocimiento de tantos caminos como recorrieron y de tantos gestos como compartieron con nosotros.






Imagen: Teodoro Bustamante-Sensaciones en la cima. 
Pareidolia: Vigilante en el Cuchillón. 
Para la sección "La Madeja, en Diario Palentino, @2018

24 febrero 2017

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Decía el maestro Félix Buisán, querido periodista de esta casa, que había que leer para saber y que sabiendo se podía llegar adonde uno se lo propusiera. Aunque no sea del todo así, es cierto que ayuda mucho a conocer las cosas y que la lectura es uno de los caminos que nos llevan al entendimiento de la historia y sus protagonistas.


En un limitado espacio se hace imposible rescatar todas las impresiones que uno recibe al abrir la correspondencia que mantuvieron Carlos VII y Matías Barrio y Mier, su Delegado en España, a veces con guiños secretos, en las que le ruega información desde Venecia, atento a todo aquello que sucede y que le afecta, y que desea trasladar a sus leales.

Jaime de Carlos Gómez-Rodulfo descubre estas cartas en Valladolid, en 1938, correspondencia que verá la luz en una edición limitada en 1959, con preámbulo del jurista y académico de la Fernán González, Luis Cortes Echanove.

Se trata de un centenar de cartas, autógrafas, auténticas, conservadas por los descendientes de nuestro vecino de Verdeña. Aunque las primeras, que datan de últimos de diciembre de 1900, las escribe a máquina, la mayoría son manuscritas, encabezadas siempre con una cruz, costumbre entonces de muchos católicos.

Nuestro hidalgo, de Verdeña, Matías Barrio y Mier, fue el principal destinatario. Matías inicia su actividad parlamentaria como carlista, representando al Distrito de Cervera, en 1871, siendo el más joven de los Diputados. Más allá de esa correspondencia, quisiera seguir ahondando en la figura y la vida de nuestro paisano, que tantas buenas impresiones dejó en todos, incluso entre sus adversarios. "El País", el medio más avanzado de los Republicanos en aquellos momentos, reconoce que Matías poseía las virtudes de su Castilla: llaneza, sencillez, claridad de juicio, nobleza de intención... y Angel Salcedo Ruiz, periodista y Diputado gaditano, quince años más joven, escribe al morir Barrio y Mier: "explicaba nuestras antiguas instituciones jurídicas con sencillez de aldeano palentino que habla de la cosecha o de las cosas que sucedían en su pueblo hace tiempo".

Pero algo que debería causar ejemplo hoy fue su abnegación y entrega al cargo, negándose a recibir remuneración alguna por el trabajo desempeñado, todo lo contrario de lo que está ocurriendo ahora.

De la sección "La Madeja" para el "Diario Palentino", @Febrero de 2017

16 diciembre 2016

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El pasado mes de junio, mi amiga Margarita Marcos que, a la mínima ocasión se escapa a la montaña desde la capital, consiguió emocionarme con un texto que dio la vuelta a Irlanda. Allí se preguntaba ¿qué será de los custodios de nuestro románico rural cuando pase el tiempo? ¿Quién ocupará su lugar, meramente testimonial, en los meses de verano?


Por esas cosas de lo mágico, aquella dedicatoria suya ha cruzado fronteras, ha llegado hasta Irlanda, donde un profesor que accede al artículo por indicación de una compañera, entraba en contacto hace unos meses con mi colaboradora y amiga para incluirlo en un temario sobre el Románico que estaban elaborando. Y la propuesta es venir en febrero para hacer un recorrido por el rico y abundante románico de nuestra montaña palentina.

Margarita no se refiere a las fundaciones, monasterios y conventos. Margarita habla de nuestras raíces, de nuestros orígenes, de la pequeña historia de cada uno, de ese dios de las pequeñas cosas que se refleja en esos hombres y mujeres de estos mermados pueblos que, por una cantidad simbólica o por nada, te abren las puertas de sus templos.

Así nos lo recuerda también Eduardo Gutiérrez, que habla del "Custodio del Románico" como una figura nueva para él, "ni sabía que existía", hasta que su amiga, la custodio e historiadora Cristina Párbole, le confiesa que su abuela Mercedes era la "custodio" de la ermita de Vallespinoso de Aguilar, de quien aprende y quien le contagia después el entusiasmo por lo nuestro.  "Os puedo asegurar -escribe- que lo que nos lleva a pasar horas y horas con las puertas abiertas no es el dinero sino la emoción por enseñar una pequeña parte de nuestra historia, de nuestro pueblo y de nosotros..."
Y nos trae algunos ejemplos: Paco, con 90 años, era el encargado de abrir la iglesia de Pozancos o, Ascen, que era la encargada de mostrar la ermita de Santa Eulalia...

Es otro debate que no se tendrá en cuenta en nuestro país, en nuestra provincia, en nuestra propia comarca, lugares que corren desbocados, sin frenos ni respuestas comprometidas de la administración, hacia el vacío y la despoblación.

De la sección "La Madeja" en "Diario Palentino", @2016

25 noviembre 2016

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Todo va bien hasta que alguien recurre al daño gratuito, al daño por el daño. A mí me llegó la noticia, como a muchos de ustedes, de que Sanidad había cerrado La Posada de Fuentes Carrionas. Indagué un poco más y ya comenzaron a salir demasiadas irregularidades como para tomárselo en serio. Alguien había lanzado un bulo con la intención de hacer daño.


"A nosotros los cubanos nos enseñaron que la vida no es una carrera de velocidad sino de resistencia". - me dice, al responderme a todas esas dudas que yo tenía y que quise despejar presentándome un domingo en el establecimiento.

A Felipe, este cubano amable, también le llegan dardos envenenados, que de todo se guisa en esta tierra nuestra. Y cuánto daño gratuito se hace.

Esta casona, que fue en el siglo XVIII vivienda de los barones de la comarca de Pernía tiene un hermoso jardín que Felipe ha aprovechado para colocar una gran carpa.

Comenzó, como quien dice, de la nada, porque a pesar de todas las comodidades que se publicitaban sobre la Posada, era un lugar inicialmente concebido para convenciones, cursos y seminarios y, enseguida, su actual arrendatario le dio la vuelta, de manera que, sin olvidar las pretensiones de quienes lo abrieron primero (el 17 de octubre tenía lugar un encuentro de veterinarios), aprovecha el espacio para bodas y eventos.

No hace mucho, alguien bajó diciendo que se había intoxicado con algún alimento. Posteriormente, otros lo adornaron, asegurando que la intoxicación se produjo en una boda. Ya saben ustedes cómo corren las noticias, aprovechando otros para engordarlas, asegurando que hasta los empleados habían sido víctimas.

Incluso, se dijo que, el propietario había dado con la puerta en las narices a los mismos inspectores de Sanidad. Y es más, una cadena de radio de nuestra capital se hizo eco de aquello que no había pasado o que, en cualquier caso, no pasaba de ser un malestar sin importancia que ocurre de vez en cuando en restaurantes de todo el mundo, a pesar de ser cada vez más exigentes con el tratamiento y cuidado de los alimentos.

De la sección "La Madeja", en "Diario Palentino", @2016

26 agosto 2016

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Conclusiones finales

Cuando comienza a airearse el parentesco de la familia Mier de Redondo con los Grimaldi, en el programa del marujeo que entonces emitía Tele-5, "Que me dices", aparece Vicente en la boca de una de las últimas minas del contorno, con su casco y la cara brillante de carbón, el hijo de Carmen de Mier, el mismo que junto a su madre y envuelto en las esencias de una noticia que estaba recorriendo España, aparecía en otras revistas y periódicos.


Yo recuerdo a Carmen de Mier, una mujer entrañable que tuve la ocasión de entrevistar para mi sección "Protagonistas de la Montaña Palentina", en la última década del pasado siglo, precisamente, la madre de Vicente, la misma que entonces me recordaba que Reinosa perteneció durante algún breve tiempo a la provincia de Palencia. Es su hijo, Vicente, quien empujado por las revistas del corazón y varios medios importantes de comunicación de nuestro país, se encarga de divulgar, de una manera frívola su lejano parentesco con los príncipes de Mónaco.

En alguno de estos medios que por el desplazamiento y poco más quieren una historia que ni a los mismos príncipes interesa, se le oye decir, al hablar de sus "lejanas primas" Estefanía y Carolina, que "son muy ligeras de cascos", lo que sin duda no le da la seriedad que el asunto parecía merecer, haciendo comentarios y gracias de algo que podía haber dejado aclarado más o menos el lazo que los unía.

Que a mi particularmente, lo mismo me da Mónaco, con todas sus lindezas y no me sorprende la sordera y el olvido que allí muestran hacia sus orígenes.
Que no es pasión la mía por ninguno de aquellos príncipes que con tantos tropiezos y desvaríos crecieron.

Lo que quiero es refrescar las fuentes, remover la memoria de quienes llegaron desde aquella localidad asturiana a repoblar esta montaña y sostuvieron durante muchos años la economía de un país tan importante como México.

@De la sección "La Madeja", en Diario Palentino.

19 agosto 2016

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Conclusiones finales

Lo que nadie puede negar a estas alturas es que nos encontramos -más allá de su parentesco con el palacio monegasco-, ante un perniano, cuyo temperamento y suerte -que para todo es necesario-, le llevan a conservar y engrandecer el imperio creado por su tío.


A medida que uno avanza en las biografías de estos paisanos, te sorprende la generosidad que demostraron con quienes se quedaron a este lado.

En 1904, Isabel Pesado, esposa de Antonio, que había sido testigo de la escasez con la que se vivía en la tierra de sus ancestros, envía 4000 pesetas (mucho dinero en aquellos años), para que se repartan por igual entre cada vecino de los pueblos de Piedrasluengas y Redondo.

No es extraño que todos quieran disputarse esta historia. En un reportaje que publica "la Nueva España" a primeros de noviembre de 2012, se vuelve a recordar el origen asturiano del apellido Mier, que lleva una de las tatarabuelas de Alberto de Mónaco.

A lo largo de los últimos viernes, -como si de una novela se tratase-, hemos hecho un recorrido por la saga de este apellido tan común en Pernía. La evolución de la rama mexicana que emparentó con los Polignac y los Grimaldi.

Primi, una prima de Laureano, que vive en Madrid, refresca para el diario asturiano la memoria del asunto. Cómo escribe al palacio real de Mónaco, cómo Rainiero hace caso omiso de sus cartas, y cómo halla respuesta de Grace Kelly que en una de sus visitas a España la recibió en audiencia.

Jaime Peñafiel, reputado periodista del corazón, recuerda en un artículo –publicado en el diario “El Mundo- que al descendiente de aquellos Mier, Vicente Torres de Mier y De Celis, al que cariñosamente apodan "el príncipe", se le ocurrió un día escribir a su pariente Rainiero para informarle de sus orígenes. Pero no recibió contestación. Posiblemente, le hubiera desagradado mucho más si le hubieran escrito los descendientes de la lavandera, nada que ver con los hidalgos castellanos de Redondo.

@De la sección "La Madeja" en Diario Palentino, 2016
@Imagen: www.arquidecture.com/
Uno de los primeros edificios elevados construido en concreto armado debe su autoría a Juan Segura, un arquitecto que estaba emparentado con Gregorio Mier y Terán, dueño de "un terreno más grande que la Alameda Central" en la entonces Ciudad de Tacubaya....

12 agosto 2016

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Conclusiones finales

Ya hemos dejado claro que fue Laureano Pérez Mier el que se encarga de mover todas las fichas en 1957, a raíz de publicarse un reportaje en la revista Hola con motivo del 700 aniversario del principado. Allí se asegura que Gregorio pertenece a la linajuda familia santanderina de Mier y Terán y para desmentirlo y reafirmar su palentinismo, el sacerdote investiga la genealogía familiar en los libros parroquiales de San Juan y de Santa María de Redondo, en el archivo de la Real Chancillería de Valladolid, en el protocolo notarial de Cervera de Pisuerga -actualmente en el Archivo Histórico Provincial de Palencia-, y en un libro titulado «Apuntes de viaje. De México a Europa», del que es autora Isabel Pesado, esposa de Antonio de Mier y prima política del jurisconsulto de Verdeña, Matías Barrio y Mier.


Se trata del Gregorio de Mier y Terán, que nace en 1796, seguramente descendiente de los Mier de Asturias que llegaron a repoblar esta tierra, como sucedió en otros pueblos pernianos, y no de otro con igual nombre y apellidos que nace en Hoz de Abiada, localidad del municipio de la Hermandad de Campo de Suso, que comparte con Proaño y Villar el lote de caza mayor de la Reserva del Saja y donde se puede admirar la iglesia de Santa María, una de las mejores joyas del barroco en el ámbito rural.

Entre las notas curiosas, supimos también que los padres de aquel Gregorio de Mier, Antonio de Mier y Mier y Antonia Alonso de Terán, fallecieron en San Juan de Redondo, en 1809, con cuatro días de diferencia, cuando su hijo Gregorio contaba 12 años de edad.

Cómo, Gregorio emigra a México en el siglo XIX, haciendo una gran fortuna, razón por la que será conocido como "El Rotschild mexicano", una suculenta historia que ya abordaba en el libro "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", que en 2014 llegaba a la tercera edición.

@De la sección "La Madeja", en Diario Palentino, 2016

05 agosto 2016

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Pierre de Polignac y Rainiero

Las revistas del Corazón aseguraban entonces que Susana Torre Mier, una de las bellezas mexicanas de la época y perteneciente a una de las familias más adineradas del país, hizo una magnífica boda al casarse el 8 de octubre de 1881 en París con Maxence de Polignac, cuyo último hijo, Pierre de Polignac, -de ocho que tuvieron-, enlaza a los Mier y Polignac con los Grimaldi, al casarse en 1920 con Charlotte Grimaldi, heredera del trono pese a ser hija ilegítima de Luis II de Mónaco.

Nunca hemos entendido los negocios de los reyes que buscaban los casamientos como si de un juego se tratase, de ahí que Louis II de Mónaco elige a Pedro porque sabe que su relación amorosa no irá muy lejos, él era homosexual, pero pieza ideal para nombrarlo príncipe, transformarlo en Grimaldi y poner enseguida la corona a su hija. El matrimonio duró tres meses. Pese a todo, les nacieron dos hijos: Antoinette y Rainiero, el de Grace Kelly, tataranieto de nuestro paisano de Redondo Gregorio de Mier.


Al renunciar su madre en 1944, pasa a ocupar el trono su hijo Rainiero que es coronado Príncipe el 12 de abril de 1950.

Aunque nos hemos ido alejando de nuestros parajes para adentrarnos en un lejano palacio con princesas y duendes, mi propósito era ahondar en los trabajos del Académico Manuel Revuelta, en el libro de Viajes de la escritora Isabel Pesado, nuera de Gregorio, y en los apuntes recientes del perniano Valentín Ruesga.

Que uno va dando tumbos por esta corta vida, que se cuentan y se magnifican las historias de quienes levantaron un imperio, pero que hoy como ayer nos sorprenden las hazañas de gentes emprendedoras, de paisanos que buscaron y encontraron la gloria.

@ De la sección "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

29 julio 2016

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La poetisa Isabel Pesado, nuera de Gregorio

En medio de esta sinfonía natural que se desparrama a manos llenas por este valle de Redondo; en medio de ese torrente de riquezas que como por arte de magia llegan a las manos de esta Saga, brota como agua fresca la poesía de Isabel, la esposa de Antonio, el diplomático, hija de José Joaquín Pesado, uno de los más ilustres literatos de México, vástago de un emigrante gallego que había hecho fortuna en Orizaba. Joaquín fue catedrático de Literatura en la Universidad de México y el primer escritor mexicano que obtuvo el título correspondiente de la Real Academia Española.

Como anécdota, si cabe, diremos que se casó dos veces y tuvo 17 hijos. Nueve de su primera esposa entre los que se encuentra nuestra poetisa. Isabel sólo tuvo un hijo que murió a los tres días de su nacimiento. Viajó por Europa con su marido enfermo y escribe en la última página de su libro de viajes:
"Hace diez años que vivo retirada del mundo, recibo a la familia, a algunos buenos amigos y a mis hermanos cuando han venido de México; esto es mi consuelo; pero la idea de no volver más a la patria donde habitan la mayor parte de mis deudos, es el punto negro de mi existencia". "Vivo con los recuerdos del pasado, fija la mirada en la verdadera patria". 
Ella que ya no abandonó nunca París, se acordaba constantemente de su México.
Y yo entiendo y manifiesto a la vista de lo que otros cuentan de ella, que no fue dichosa; de hecho, algunos biógrafos hablan de la profunda depresión en la que cayó a raíz de la muerte de su hijo. Pero Antonio tuvo la suerte de tenerla, de tener su poesía, que era la cuna donde ella iba interpretando sus emociones y vivencias.

A Isabel no le interesa la política, aunque viva a la sombra de ella en la visita que su marido hace a los reinos europeos y su gran revulsivo es la generosidad que muestra repartiendo a manos llenas todo lo que posee. Y observando, y llenando su ánimo con las costumbres, el arte y el paisaje de los pueblos.

© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

22 julio 2016

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Luisa y Susana, hija y nieta de Gregorio

Frente a las tristes historias que se dieron de vecinos de la montaña que no llegaron a su puerto por enfermedades o naufragios, -sobre todo los que se fueron hacia Argentina- O aquellos que llegaron y a duras penas sobrevivieron, estos Mier hacen honor al dicho popular: "Adelante los de Mier por más valer", y van sumando para su causa, lo que sin duda engrandece también al lugar donde nacieron.


Gregorio y Mariana tuvieron cinco hijos. La hija mayor, Luisa de Mier y Celis, que había nacido en Redondo en 1830, se casa con Isidoro de la Torre en Puerto de Santa María, que años más tarde llegó a ser un importante empresario azucarero, allá por Orizaba, en Veracruz.  Con Isidoro compartirá la gran hacienda que hereda en San Nicolás de Peralta. La hacienda había sido el núcleo de un convento de las Carmelitas, cuya propiedad tuvieron que vender durante la llamada guerra de los "pasteles" al que aseguran era el hombre más rico del mundo, a Gregorio, historia que relata muy bien en el "Exilio", Carlos Tello Díaz.

Luisa, antes de morir, traspasará la propiedad al menor de sus hijos, Ignacio de la Torre y Mier que en 1888 se casa con una hija del presidente Porfirio Díaz.

Susana Mariana Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier, hija de Isidoro de la Torre y Gil y de Luisa Mier y Celis, nació el 2 de septiembre de 1858.

Viajó en diversas ocasiones a Europa y el 10 de octubre de 1881 se casó en París con el conde Maxence Melchior Edouardn  Marie Louis de Polignac. De este matrimonio nacieron ocho hijos y uno de ellos, Pedro María Javier Rafael Antonio Melchor de Polignac de la Torre, se convertiría en príncipe de Mónaco y sería el padre de Rainiero III y abuelo de Alberto II de Mónaco, quien preside en la actualidad el principado.

Susana, bisabuela de Alberto II, no pudo ver la boda de su hijo Pedro con la princesa Carlota de Mónaco, murió en Francia el 15 de agosto de 1913, a los 54 años de edad, en uno de los suburbios de la ciudad de Burdeos llamado Talence.

© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

15 julio 2016

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Antonio, el hijo de Gregorio

No rebusco información porque me deslumbren las riquezas que acumularon. Lo hago más bien por el lugar de donde parten, uno de los valles más ricos de esta tierra, que es la canción que vamos a nuestra manera interpretando. Recordábamos la semana pasada la semblanza del tío de Gregorio, el que abre camino y llega a lo más alto, sin duda, empujado también por un buen golpe de suerte, que siempre es imprescindible para llegar y más tan lejos como llegaron estos Mier de Redondo.


Antonio de Mier y Celis, nació el 3 de Octubre de 1834 en la ciudad de México y murió en París a los 65 años, después de una intensa vida como diplomático, aristócrata y banquero.

En 1868 contrae matrimonio con Isabel Pesado, hija del político mexicano José Joaquín Pesado, que sumado a la cuantiosa herencia que recibe le da para vivir de las rentas por los restos, sin gastar desmesuradamente, pero aparcando el negocio de prestamista que tantos dividendos le reportó a su padre. Sin duda, estamos hablando de uno de los hombres más ricos durante el Porfiriato. En 1884 el Banco Nacional Mexicano se unió́ al Banco Mercantil, que da lugar al Banco Nacional de México. Antonio fue el primer presidente de este banco unificado.

Pero en la vida, por favorable que nos venga, siempre nos falta algo; sino es amor es dinero, sino es dinero es salud y esa fue la que no tuvo este protagonista, que viaja con su esposa a Europa ante la receta de los baños que le aconsejan en Biarritz, pero que ya no regresará a su patria; es posible que, para mitigar su dolor o restarle importancia a su enfermedad, o porque nunca aceptó remuneración por estos servicios, las autoridades de su país le sigan poniendo al frente de importantes embajadas, como la que le lleva en 1897 a representar a México en las bodas de oro de la Reina Victoria.

Y fueron gentes desprendidas también. Su esposa, Isabel Pesado, poetisa, dona a la biblioteca Nacional de México, la biblioteca de su marido que consta de 7526 volúmenes y que tratan de historia, derecho, ciencias naturales, religión y literatura, muchos de ellos, todo hay que decirlo, heredadas de su padre Gregorio.

© Imagen: Grandes Casas de México
© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

08 julio 2016

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Gregorio de Mier y Terán

Gregorio de Mier y Terán, nace en 1796, en el pueblo perniano de Santa María de Redondo, seguramente descendiente de los Mier de Asturias que llegaron a repoblar esta tierra, como ya hemos visto en anteriores artículos, y como sucedió también en otros pueblos de nuestra montaña.


Su padre, Antonio Mier y Terán, era síndico recaudador del convento franciscano del Corpus. Su madre, Antonia Alonso Terán, era natural de Piedrasluengas.  Nieto por parte de padre de Felipe de Mier López y Manuela Mier Duque. Y por parte de madre, nieto de Josef Alonso, vecino y natural de Piedrasluengas, y de Antonia de Terán, natural de Puente Pumar, en el valle de Polaciones. Los abuelos paternos de Gregorio (Libro de Velados, 1748-1852), Felipe y Manuela, se casaron el 26 de Julio de 1753, y eran hijos, respectivamente, de Felipe de Mier Duque y Josefa López. Y de Antonio de Mier y Francisca Duque.

Su hermano José, el primogénito, de 25 años, figura como regidor en el padrón del mismo año y en 1820 aparece como Alcalde constitucional de Redondo en la escritura de "recorrido de la mojonera", tradición que se verifica cada nueve años entre Redondo y Brañosera.

Antonio Martínez Beneficiado era el cura que le bautizó y fue su padrino Antonio de Mier Morante, que será, juntamente con José de Mier Torices, quien promueva en 1817 el expediente de filiación e hidalguía en la chancillería de Valladolid.

Sus padres fallecieron en San Juan de Redondo en 1809, con cuatro días de diferencia, cuando su hijo Gregorio contaba 12 años de edad.

Gregorio emigra a México en el siglo XIX, haciendo una gran fortuna, razón por la que será conocido como "El Rotschild mexicano". El matrimonio tuvo un hijo y tres hijas y será Luisa, la mayor, quien contraiga matrimonio con el empresario gaditano afincado en México, Isidoro de la Torre Gil, hijo de una familia de emigrantes que logró allí, como bien investiga el perniano Valentín Ruesga, una posición acomodada.

Una suculenta historia que ya recogía en el libro "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", que en 2014 llegaba a la tercera edición y que abordaremos en los próximos artículos.

© Santa María de Redondo, de la serie "La más bella canción", por José Luis Estalayo
© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

01 julio 2016

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Antonio, Gregorio y Celestino

Aunque los libros de bautismo, matrimonios y defunciones de San Salvador de Cantamuda están plagados de nombres con el apellido Mier, tres son los Mier -de la misma familia- que triunfan en México a lo largo del siglo XIX. Inicia dicha saga el financiero palentino Antonio Alonso Terán, que nace en Piedrasluengas en 1768 y emigra a Nueva España al final de la colonia, donde llegará a ser un miembro destacado del Consulado de Comerciantes de la Ciudad de México.


Sus negocios crecen y se extienden por los puertos de Veracruz y Acapulco. Crece tanto y tan rápido que compra haciendas y fincas y su holgada posición le permite hacer préstamos a los primeros gobiernos de la República mexicana. Son los primeros años de la Independencia, de manera que, con aquel gesto, no solo impide la expulsión de los españoles decretada por esos gobiernos en 1827 y 1829, sino que se convierte en acreedor del Estado.

Su sobrino Gregorio fue su continuador a quien mandó en herencia ranchos, haciendas y numerosas fincas urbanas. En 1818, cuando contaba 22 años, emigra a México. Parece que había cursado estudios superiores. Se casó́ con su paisana Mariana de Celis y Dosal, hija de Mateo y Evarista.

En abril de 1849, los vecinos de Laredo (México), a través de su gobernador, trasladan al ministro su idea de establecer una nueva colonia a orillas del rio Salado, en los terrenos de la hacienda del Carrizal, propiedad de Gregorio. En 1850 éste cede el terreno, que en principio llevará su nombre y que terminará conociéndose como Nuevo Laredo.

Se han dado casos de gente que ha pulido toda la herencia sin pegar un palo al agua, no así Gregorio, que cuida y multiplica lo que recibe de su tío, por lo que se le conocerá allí como el "Rotschild mexicano, con buen motivo, ya que nuestro paisano controlaría en gran parte el sistema crediticio y financiero de México en la primera mitad del siglo XIX.

Para que se cumpliera aquel adagio de "O Iglesia, o mar, o casa real", su hermano Celestino, que hacía el número 9 se dedicó́ a la Iglesia y llegó a ser deán de la catedral de Toledo.

© Imagen: Santa María de Redondo, de la serie "la más bella canción", José Luis Estalayo.
© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

24 junio 2016

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Los de Mier por más valer

Revolviendo documentos, uno llega al pleito litigado por los hermanos Rodrigo y García de Mier, vecinos de San Juan de Redondo, con el fiscal del Rey y el concejo y pecheros de dicho valle, sobre su hidalguía. También por la misma causa aparece en febrero de 1592 el nombre de Juan de Mier, vecino del mismo pueblo, llevando como testigos a Rodrigo de Oreña y García de la Iglesia, ambos de Cabuérniga, el último de 100 años de edad.


Gracias a este litigio, los expertos en genealogía atribuyen la fundación de la Casa Mier y Terán en Cabuérniga a Martin Pérez, apodado "el Asturiano", a quien alguno nombra como uno de los caballeros del Cid, sin que haya una respuesta que lo confirme. Sobre todo por el afán, entonces, de pertenecer o emparentar con uno de esos ilustres personajes de la época.

Lo cierto es que Los Mier y Terán no aparecen en el Becerro de las Behetrías, ni en las Behetrías Castellanas donde según manifiesta Francisco Javier Polanco, vienen recogidos todos los linajes castellanos desde el mar Cantábrico al Duero.

Sí aparece en ese trabajo de Polanco, que me llega a través de Dialnet, la mención del "mozo" Juan de  Mier y Terán, que casa con Juana Enriquez de Cisneros, IX señora de Camporredondo, Alba, Los Cardaños, Valsurbio y Valcobero.

Curiosamente, en aquel valle cántabro, se nombra a un Gregorio de Mier y Terán, casado con doña Ana de Terán en Hoz de Abiada, y a quienes les nace una hija, que se casará con don Simón de Rábago en 1725. Es probable que aquel Gregorio, anterior al nuestro, fuera descendiente de uno de los hermanos Gutierre Pérez de Mier o Lope de Mier, fundadores de las dos casas de Abiada.

Laureano Pérez Mier, otro ilustre descendiente de aquellos, es quien pone toda la carne en el asador para demostrar a través del expediente de filiación e hidalguía que entre los nietos de nuestro Gregorio, nacido en Santa María de Redondo en 1795, se encuentra Susana Torre Mier, que casará a uno de sus siete hijos con la hija de Luis Grimaldi, de cuyo matrimonio nacerá el que luego conocimos como príncipe Rainiero de Mónaco.

© imagen: Escudo de la Casa de Mier por Martinezmcgough
© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

17 junio 2016

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Desde la Peñamellera a los Redondos

En Mier, en el Valle de la Peñamellera, se establece uno de los Condes de Álava que sobrevive a una serie de enfrentamientos entre las familias Vela y los Fernán González de Castilla, cambiando su apellido por el de Mier para alejar el odio del linaje castellano que no se veía saciado. Las raíces familiares de los Mier se hallan en la tierra del mismo nombre, la Peñamellera asturiana, cercana a Covadonga.


Los Mier tenían el patronato de la parroquia de ese pueblo hoy asturiano y en la abadía de San Pedro de Plecín. La iglesia de este lugar es una bella muestra del románico tardío, que viene a emparentar estilísticamente -al decir de los críticos- con iglesias tardorrománicas palentinas y burgalesas.

Aquellos Mier iniciaron peregrinaje, de manera que sus ramas florecerán en Liébana, Trasmiera, Cabuérniga, Campóo y por supuesto América. Mier es un apellido de generosa difusión en Cantabria. Julián Trespalacios y Mier en el discurso acerca de la nobleza de la Peñamellera, pronunciado en 1785, explica que tanto Mier como Miera pueden entenderse como una extensión más o menos grande de terreno utilizada para el sembrado, o sea, la mies. Al ser un espacio tan común no es extraño que el apellido tenga vigencia regional, si bien se aprecia una mayor intensidad en la zona occidental, donde se concentran varios de sus linajes y es posible dar con alguno de sus orígenes. En Cabuérniga, uno de los edificios más representativos es el palacio de los Mier, construido a principios del XVIII y que hace dos décadas se transformó en Parador Regional. En Ruente es muy conocido el palacio de Mier, construido en 1886, que estaba constituido por un complejo de cuatro edificios: casa solariega, capilla y otros dos edificios cercanos. Otras casonas dignas de mención son las que ostentan los escudos de Cossío y Mier en el barrio de la Hoya. Mier hubo muchos y desde muy antiguo aparecen bastante repartidos. Igual variedad hay en sus armas. Al llegar a nuestra tierra, unos se establecen en Camasobres y otros en los Redondos, y es en el pueblo de Santa María de Redondo donde nace en 1796 Gregorio de Mier y Terán, tatarabuelo del príncipe Rainiero de Mónaco.

  © De la serie "La Madeja" para Diario Palentino, 2016

03 junio 2016

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En todos los pueblos hay alguien que destaca por algo. En San Salvador era Gabriel González, que heredó el apodo de su padre: “dios de la Pernía”. Como poeta, nos deja en verso y en un pequeño libro las Ordenanzas de San Salvador. Como director de teatro no tenía precio.


Y además brillaba como publicista, cuando iba a exponer sus productos a las ferias de las villas cercanas. "Si quiere comprar guadaña, que le haga buen segador, consúltele marca y precio al "dios" de San Salvador."

Y en la parte inferior de la hoja, una pequeña aclaración: “No comprar sin consultarme precios”.
Otra octavilla rezaba: "Si no quieres andar a gatas, como andan los gatos, ven a calzarte en casa del "dios" a precios baratos."

Quise llevarle como protagonista a la charla de Vallespinoso de Aguilar, porque me aseguraba en aquella larga entrevista que su padre estudió el oficio de cantero por correspondencia. Su ilusión era hacer el puente de Vañes.

Cuando se licitó la obra de la carretera desde Vañes a Piedrasluengas, su padre se presentó en la Fonda de Manolo Isasi, en Cervera Pisuerga, donde se hospedaba el contratista. Éste le pidió una fianza muy elevada. Él vino entonces donde su padre, que era tejedor y que le dijo: "¡Anda, jodío, vete a sacar patatas a la tierra del hornillo, que me vas a comer las pocas perrucas que saco!".

Por alguna circunstancia el contratista dejó la obra y quedó a cargo de la misma el dueño de la fonda, que le puso de encargado. Su padre, cuando comienzan las obras del puente de Vañes –Gabriel considera que como venganza-, guarda el plano del ingeniero y saca el suyo. Les explica a los obreros lo sucedido y todos están de acuerdo en llevar adelante la obra siguiendo sus instrucciones.
Cuando el ingeniero visitó las obras se debió poner como un miura, porque no coincidía con el puente que él había dibujado, pero ya estaba concluido y no daba tiempo a cambiar nada.

Aunque él esperaba una buena reprimenda por el disgusto que le pareció advertir en su cara (bien lejos de lo que sentía en realidad), le dio una propina de cincuenta reales y le hizo encargado de todos los puentes que hoy surgen a los lados del camino, desde Vañes hasta Piedrasluengas.

De la sección "La Madeja" para Diario Palentino.

25 mayo 2016

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Mi memoria es muy limitada, se me pone el corazón a mil por hora aunque haya pisado un montón de veces los escenarios y no entiendo para nada esa superioridad que manifiestan tantos hombres y mujeres. En un mundo donde circulan millones de historias cada día, nuestro conocimiento es tan limitado que no debiéramos mostrarnos como abanderados, capitanes o expertos ni tan siquiera de uno solo.



Concibo este capítulo como un recuerdo hacia muchas de esas personas que no conocí, esas gentes de las que te hablan otros por recuerdos de terceros, lo que viene a ser una especie de álbum con rostros, sin nombre, donde vas anotando las impresiones que te causan a primera vista, la que vale a veces, pero no siempre; la que tienes de los viejos montañeses, que es la que te han contado y que, según las versiones, viene corregida, aumentada, distorsionada en ocasiones, según y cómo quien la cuente.

Antxón Urrosolo, periodista menudo, que durante varios años firmó en las páginas del Grupo Correo entrevistas y reportajes a personajes curiosos, y que llegó a saborear su propio programa en la primera de televisión española (hasta el día en que Francisco Umbral fue vituperado por una invitada y se armó la gorda), reaparece ahora en la edición del País Vasco del diario "El País" con una sección titulada "Personajes insólitos".

Segundo Villarías es el Alonso Quijano de una de sus historias. Antiguo y próspero empresario de mármoles, decidió desprenderse de sus bienes, convencido de que el dinero no tendría valor en un mundo dominado por los inteligentes, lo que –presume Antón– debió alarmar a familiares, herederos y deudos en general.

El marmolista, convencido de sus teorías, decidió erigirse un monumento a sí mismo e instalarlo en el alto burgalés de "La Mazorra". Se trata de una estatua de mármol en la que un tipo desconocido eleva los ojos al cielo mientras sostiene un frutero vació. El periodista vasco afirma que "Villarías, desde la inmortalidad, espera que llegue el momento en el que reine el derecho a la pereza, en un mundo sin amos ni cardenales, sin armas ni dinero, sin patrias ni parias..., en un país gobernado justamente por un primer mandatario mundial conocido como "El inteligente" y auxiliado por un amplio consejo de inventores, soñadores, visionarios y sabios que vendrían a reemplazar a políticos, consejeros, ministros, portavoces....etc.

Un lector que sigue fielmente esta segunda etapa de "Vuelta a los orígenes", hace un ligero repaso a los personajes curiosos que, por su forma de ser, por sus logros, por sus excentricidades o locuras, ocupan hoy un lugar destacado en la memoria de los montañeses. El lector cita, efectivamente, a personajes populares como "el dios" de San Salvador, el "zorro" de Verdeña, Pedro "leyes" de Camasobres, el capador Oliva, El Resiste, Manolo Nestar, Mariano Doce...

Pedro "leyes" fue el hombre solo y llegué a tiempo de oir sus peroratas, allá, cerca del puerto, llenas por otro lado de una rancia y estilizada sabiduría. Si como dice alguno, la mitad de un hombre es su expresión, el "zorro" era todo expresión: inquieto, activo, un inmenso anecdotario que tocaremos otro día.

Y, desde luego, llegué a tiempo de conocer al "dios"de San Salvador, sabio apodo para un perniano que, sin erigirse un monumento en el puerto de Piedrasluengas, al estilo de Villarías, soñó con un mundo mejor:

"Yo mismo, que soy perniano,
aunque me sea feo el decirlo,
llegaré a Presidente 
en el Consejo de Ministros, 
de un barrio de Cantarranas,
o un barrio de los Cossíos, 
o de un barrio de La Campa, 
La Urbaneja o El Molino...

Debo reconocer que aquellos versos salieron de una entrevista a traición, como las que ahora desatan las polémicas en las televisiones privadas, alimentando así el morbo de la ciudad, los desmentidos de los protagonistas, la fiebre de un amarillismo que rebosa con creces la paciencia de cualquiera.

Lo cierto es que, sabiendo lo reacio que era a las entrevistas, metí en un bolso la grabadora que puse en marcha así que traspasé el umbral de su puerta, y lo demás fue coser y cantar. Salió a flote el artista, el poeta, el publicista, el "dios" que era.

El sábado, 23 de Julio de 1983, bajo el título de "El sueño de un perniano" y ocupando dos páginas completas veía la luz en el diario "Noticias de Palencia".

Fue la historia robada de un hombre que apuró los días gobernado por una gran cadena en la que pudimos reflejarnos los que llegamos a tiempo. Sueños e historias que nos hacen ver la vida de otro modo a quienes pasamos por ella como meros y sorprendidos espectadores.

"Y ahora, con las nuevas leyes, 
si nos dan la Autonomía
como a Gallegos y a Vascos,
arreglaremos Pernía.

Pero, para repoblarla, 
lo que sería bonito, 
no hacer grandes las ciudades, 
sino barrios, muchos barrios pequeñitos..."

De la sección Las Gentes en "Diario Palentino" 12/06/2004

17 mayo 2016

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La llegada de sangre española a la dinastía Grimaldi puede encuadrarse, en cierto modo, en las vicisitudes por las que ha pasado esta familia en los últimos poco más de cien años, vicisitudes de índole política o sentimental, pero que permitieron de alguna manera la continuidad de la dinastía y del principado.

Por Valentín Ruesga


En 1889 accedió al trono de Mónaco el príncipe Alberto I, que había servido en la Marina española y que era muy conocido por su afición y su apoyo a las investigaciones oceanográficas. Tenía un solo hijo, Luis, habido de su matrimonio con María Victoria Douglas-Hamilton. Luis había nacido en Baden-Baden en 1870 y de joven había ingresado en el Ejército francés, pero ya bien entrado el siglo XX permanecía soltero y si a su muerte no tenía descendencia legítima cabía la posibilidad de que el trono de Mónaco pasase a manos del duque de Urach, que aunque de nacionalidad alemana, era el pariente más cercano de los Grimaldi.

Pero Francia no podía admitir esta posibilidad en unos momentos de duro enfrentamiento con Alemania, que adquiriría su carácter más violento con la Primera Guerra Mundial. Así las cosas, si no se aseguraba una sucesión plenamente aceptable en el principado, Francia podría aducir razones de seguridad para anexionárselo, desapareciendo de este modo Mónaco como estado formalmente independiente.

Sin embargo, aunque no se hubiese casado, Luis Grimaldi sí que tenía descendencia. Estando su regimiento de guarnición en Argelia, había mantenido relaciones con Marie Juliette Louvet Piedefer, una artista de cabaret francesa (otras fuentes la presentan como lavandera), divorciada del fotógrafo Achille Delmaet, con quien había tenido dos hijos; fruto de sus relaciones con Luis Grimaldi había sido una hija, Carlota, nacida en 1898 también en Argelia, en la ciudad de Constantina.

Luis Grimaldi había admitido su paternidad y había reconocido a su hija en 1911, acogiéndola en el seno de la familia; se suponía que así se evitaría la posibilidad de que Mó-naco pasase a manos de Guillermo de Urach, con los consiguientes problemas que podrían surgir con Francia.

Algún tiempo después estallaba la Gran Guerra y Luis se incorporaba de nuevo al Ejército francés, en el que sirvió con distinción. Pero entretanto había surgido un problema en la transmisión de los derechos hereditarios: de acuerdo con la legalidad vigente entonces no era suficiente que Luis Grimaldi hubiese reconocido a su hija para que ésta pudiese adquirir aquellos derechos, sino que debía adoptarla formalmente. Así es que con la anuencia del presidente de la República Francesa, Raymond Poincaré, Luis adoptó a Carlota el 16 de mayo de 1919. El príncipe Alberto I le otorgó el título de duquesa de Valentinois, adquiriendo Carlota plenamente los derechos sucesorios.

Asegurada la sucesión del principado monegasco en la hija de Luis Grimaldi, había que asegurarla a largo plazo con el matrimonio de Carlota, de forma que en 1920 se casó con Pedro de Polignac, de aristócrata familia francesa. Y este matrimonio fue el que permitió mezclar la roja sangre española con la sangre azul, azul pálido, de los Grimaldi.

La sangre española fluyó por dos arterias diferentes, una desde el norte, desde La Pernía, en la Montaña Palentina, y otra desde el sur, desde Puerto de Santa María, en la provincia de Cádiz. Y comenzando por explicar la ascendencia perniana, diremos que en 1796 había nacido en San Juan de Redondo Gregorio Mier Terán, en el seno de una familia de prestancia en el pueblo. Casado con María Celis Dosal, emigró a México donde amasó una buena fortuna, hasta el punto de haber recibido en alguna ocasión el apodo, hiperbólico, de “El Rothschild mexicano”.

El matrimonio tuvo un hijo y tres hijas y de éstas, Luisa, la mayor de los hermanos, casó con Isidoro de la Torre Gil, empresario nacido en Puerto de Santa María y afincado en México, uniéndose así los dos ramales de la sangre española. Isidoro de la Torre Gil había nacido en 1814, hijo de Isidoro Francisco de la Torre Cossío y de Josefa Gil Carsi, que habían contraído matrimonio en 1808. La familia emigró a México y allí pudo alcanzar una posición acomodada y bien relacionada.

Isidoro y Luisa tuvieron seis hijos; la primogénita, Susana, casó en París el 8 de oc-tubre de 1881 con Majencio de Polignac Lenormand de Morando. Este matrimonio tuvo siete hijos, el último de los cuales, Pedro María Javier Rafael Antonio Melchor fue quien se casó en Mónaco el 19 de marzo de 1920 con Carlota Luisa Julieta, que tal era el nombre completo de la hija de Luis Grimaldi.

Pedro de Polignac adoptó el apellido de su esposa para dar continuidad a los Grimaldi; no era la primera vez que en la familia de los príncipes de Mónaco se cambiaban los apellidos para mantener el Grimaldi en primer lugar: al morir en 1731 el príncipe Antonio I sin haber tenido hijos varones, heredó el principado su hija Luisa Hipólita, casada con Jacobo de Goyon-Matignon, quien había renunciado a su apellido para adoptar el de su esposa; Luisa Hipólita murió poco después de su padre, sucediéndola el príncipe Jacobo, que dos años después renunció al trono en favor de su hijo Honorato III Grimaldi.

Dos años después del casamiento de Pedro y Carlota murió Alberto I, heredando el trono de Mónaco su hijo, que sería Luis II y que gobernaría el principado hasta su muerte en 1949.

Pedro y Carlota tuvieron dos hijos, Antonieta y Rainiero, pero el matrimonio no duró mucho; en 1930 se separaron y en 1933 obtuvieron el divorcio, mientras que en 1944 Carlota renunció a sus derechos sucesorios en favor de su hijo Rainiero, que vendría a ser príncipe de Mónaco a la muerte de Luis II. En 1977 falleció en París la duquesa de Valentinois.

Como resumen de todo lo expuesto podríamos decir que si se alternan, como es habitual, los apellidos del padre con los de la madre, Rainiero III habría llevado el apellido De la Torre en el tercer lugar y Mier en el séptimo, poniendo el primero el Grimaldi en vez del Polignac y quedando los ocho primeros apellidos como se indica en el cuadro.

Rainiero III
Grimaldi
Polignac
De la Torre
Louvet
Lenormand de Morando
Douglas-Hamilton
Mier
Piedefer

Alberto II llevaría los apellidos de origen español en el quinto lugar y en el decimo-tercero; claro está, que para conocer la lista completa de los apellidos del actual príncipe de Mónaco entre los que estarían incluidos aquéllos, necesitaríamos conocer unos ocho de Grace Kelly, lo cual parece poco menos que imposible.

Tanto la artificiosa forma a la que hubieron de recurrir los Grimaldi para mantener la dinastía como la ascendencia española de los últimos príncipes no suelen exponerse detalladamente en la literatura habitual donde aparecen y mucho menos en las referencias oficiales monegascas, en las que se silencian estos aspectos.

Imágen: josé luis estalayo

29 abril 2016

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Carlos Porro, que nace en Pontevedra en 1972, aunque con raíces familiares en el pueblo palentino de Abastas, de donde son sus abuelos, es un etnógrafo de la Fundación Joaquín Díaz, que inquieto por tantos y tan diversos sones como le van llegando de nuestros pueblos, viene a poner un rayo de esperanza en esa recopilación de nuestro folclore que ya mencionábamos en el artículo anterior.

Porro es autor del "Archivo de la tradición oral de Palencia", la mayor recopilación española de canciones tradicionales dedicada a una sola provincia, y ese caudal viene avalado por tonadas y romances en los que ya se fijan sorprendidos los primeros autores que escriben sobre nuestra montaña.



Otro de los factores que determina el éxito es la zona privilegiada de la que se habla, por la propia incomunicación que sufre, lo que conlleva una buena mochila de reserva donde se van acumulando hechos y canciones con las que los pueblos se entretienen y se inspiran. Menos mal que también el aislamiento nos dio fuerzas para tejer con paciencia, lecturas a la luz del candil, a la cabecera de la cama, cuando los padres llegaban cansados de trabajar los campos.

La propia vida de Victorina Ramasco, una de las protagonistas a las que se aproxima, que nació en Santa María de Redondo en septiembre de 1907,  ya es un signo revelador, reteniendo en su memoria un buen número de coplas y romances que son cantados por los vecinos en las fiestas y romerías, cuando van con el ganado al puerto, cuando viene alguna autoridad al pueblo, cuando todos los mozos se disponen a cantarle la enhorabuena a una vecina que se casa...

Es el acerbo cultural de un pueblo al que las generaciones actuales ya no miran, inmersos como andamos, en la cada día más agitada y difícil supervivencia, en ese anunciado peregrinaje hacia la desaparición de muchos pueblos.

No olvidemos nunca que para un número importante de paisanos nuestros, aquellas montañas eran todo su equipaje, de donde surge un mundo tan rico en tradiciones y costumbres, costumbres que en ocasiones hacen leyes, rigiéndose por unas Ordenanzas en cuya lectura intervienen todos y cada uno de los vecinos; hilas y veladas que dan lugar a coplas y romances recogidos de sus mayores y transmitidos a lo largo de generaciones.

De la sección "La Madeja", en Diario Palentino, 2016ç
Imagen: Diario Palentino

22 abril 2016

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El tiempo, sin querer, te va situando en el camino a gentes e historias que por diversas circunstancias han estado presentes en tu memoria o en tu vida.

A veces vienen sin ser vistas; a veces llegan a ti a través de otros.

En mi caso, también, por mi presencia ininterrumpida en los diarios de la provincia y mi entrega a esta tierra que tantas y tan intensas sensaciones me provoca.

Mi abuela materna se me evidencia muchas veces. Pequeña, simpática, generosa y folklórica. Mi recuerdo se llena con su imagen. Era una "especialista", porque nos transmitía como nadie sus saberes antiguos.

Dentro del variopinto mundo de las tradiciones, de manera especial la tradición oral, aparece esta figura que los estudiosos califican de fundamental porque, no sólo difunde lo que aprende, sino que, además, le añade su particular forma de entenderlo.

Es una continuadora de otras voces; se deleita con lo que otros le sugieren y la transmite, poniendo un toque personal que desgraciadamente se ha ido perdiendo con los años, ocupados ahora de lleno en los canales de la tecnología.

En una de las grabaciones que Estalayo ha subido a las redes, se puede ver a otra Lorenza, la de Tremaya, interpretando a la pandereta una jota de Pernía. En la parte final se ve el corral de nuestro amigo, y atentos a la voz y a las manos de nuestra protagonista,  Miguel Simón Morante, que nos sigue y nos publicita en el canal de facebook; su padre, Clemente y su abuelo Toribio. También se ve a Vicente, famoso descendiente de quienes emparentaron con los Grimaldi de Mónaco; los padres y la abuela de mi compañero en la serie de los domingos, "la más bella canción de la naturaleza..."; Josefa, que vivía en la primera casa de San Juan de Redondo, conocida como "Las Pepas";  Felipe, el marido de Lorenza…

Puestos a imaginar, uno se sitúa en la escena, hoy en este pueblo de Tremaya y haciéndole corro un buen número de familiares y vecinos.

En una silla, se atreve a sugerir el suspiro de un gramófono de los más modernos de la época (descrito como un fonógrafo en el que las vibraciones del sonido estaban inscritas sobre discos de pizarra); a unos pasos intuye la figura de Luis Guzmán Rubio, o la de su joven padre, Guzmán Ricis, cuya dedicación a la música tradicional y su amor sin fisuras a esta tierra les hacen necesariamente evidenciarse en estas semblanzas de lugares y gentes.

 

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