29 marzo 2008

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El holandés E.Bergmann, publica en el año 1952, en la revista “Archivo del Arte Español” un artículo donde se denuncia el lamentable estado de conservación de una de las más bellas obras –al decir de los críticos- de Juan de Flandes. La secretaria de este Archivo me remite digitalizado el artículo, que otro día abordaré.


El investigador Ignace Vandevívere, profesor de la Universidad de Lovaina y, al decir de los cronistas, el mejor divulgador de nuestro arte, intuye que este cuadro podría tener su orígen en Flandes, inspirándose su autor en un teólogo alemán del siglo XIV, costumbre muy extendida entre los pintores flamencos, aunque también muestra sus dudas por el empleo de yeso utilizado en su preparación. La iconografía flamenca parece adaptada al contexto político y religioso del reinado de los Reyes Católicos.

En 1985, Vandevivere habla en una importante publicación que preside el Príncipe de Asturias, de la historia de su deterioro, sobre todo la importante laguna que se detecta en su parte inferior. Ello está motivado por el hábito de colocar un belén en el altar, de manera que las guirnaldas y adornos que se apoyan en aquel lugar terminan dañando la pintura.

A quienes lo examinan en 1962 les impresiona la mugre que presenta. En 1963 se le aplica un tratamiento y, dos años más tarde es transferido a Madrid donde se le sigue preparando para colocarle de nuevo donde estaba. Se acomete entonces una restauración del conjunto del edificio, gracias a la ayuda del pueblo y a la intervención de su cura y cronista Daniel Fernández, por cuya mediación es declarado Monumento Nacional en 1977.

En el año 1981, se le concede a la comunidad parroquial la Cruz de Bronce al Mérito Artístico. Aquel esfuerzo crea una corriente mágica en la villa que se ve reconocida y ampliada con la emisión de un sello de correos en la Navidad de 1981.

En 1985 se celebra en Bruselas la “Europalia” lo que permite reunir muchas de las obras atribuidas a Juan de Flandes, extraordinario pintor que muere en Palencia en 1519 dejando en Cervera una de las más bellas obras a él atribuídas, como es la tabla de la Adoración de los Magos, y cuyo patrimonio se encuentra muy extendido por diversos lugares de Castilla y León.

Este artista llega a Castilla en 1496, donde trabaja como pintor de la Corte al servicio de la reina Isabel, etapa que los críticos definen como la propia del estilo flamenco.

Pero lo que me mueve a realizar esta reseña es el comentario que de la tabla hace Don Daniel Fernández, párroco y cronista de la misma durante 20 años, que, natural de Ayuela de Valdavia, tuvo su primer destino como sacerdote en dos pequeños pueblos al este de Potes: Luriezo y Cahecho:

“Si lo miras con detención, aunque nada entiendas de este difícil arte, quedarás maravillado por la suntuosidad del ropaje, la expresión tan natural de todas las figuras, la variedad de detalles, la perspectiva tan magistralmente lograda, y hasta por sorprendentes anacronismos, pensarás sin dura que te encuentras ante una obra maestra”. “En esta tabla, todo es de valor especial, aún los más pequeños detalles, y tiene categoría para estar al lado de las mejores pinturas del mundo”.

15 marzo 2008

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Al abordar la historia de esta tierra, nos encontramos a mediados del pasado siglo con los secuestros de la “Agrupación Picos de Europa”, cuyos guerrilleros más famosos fueron Juan Fernández, “Juanín”, y Francisco Bedoya, que operaron, sobre todo, en la zona vecina de la Vega de Liébana.


Aunque ya lo conocía, por las referencias que muchos de mis entrevistados hacen del caso que ahora comentaré, mi editor me remite varios pasajes del primer número de la “Colección de Historia de la Montaña Palentina”, en uno de cuyos capítulos Angel Casas Carnicero refiere la historia de los “maquis” y otros sucesos que tuvieron lugar después de la Guerra Civil en estas zonas que el autor califica como “tierra de nadie”. Esto se entiende por un espacio que no dominaba ninguno de los dos bandos.

El citado autor explica cómo fueron evacuados a Potes los escasos habitantes de Piedrasluengas y cómo mueren cinco personas, tres de la misma familia, sin formación de causa.

La muerte también del hijo del secretario de los Redondos y la huída de Rafael, un vecino de Areños que formaba parte del Ayuntamiento del Frente Popular y que al ser advertido de que un grupo de falangistas iban a coger prisioneros a los rojos de Areños, simulando llevar a pastar una ternera que tenía en la cuadra, logró pasar el cerco y llegar a Potes.

Todos estos temas que comento y amplio en la revisión de la historia que preparo estos días, desembocan en los secuestros que tienen una gran repercusión en esta zona a mediados del pasado siglo.

Hay que aclarar que la mencionada Agrupación se divide en varios grupos, uno de los cuales operó en nuestra provincia. Entre sus miembros se encontraban Roiz, Gildo, Campillo, Quintiliano y “Pin, el Asturiano”, los dos últimos formaron a su vez parte de la Brigada Pasionaria que pasó por los Redondos en Marzo de 1946.

Entre los secuestros se cita también el del hijo de “Cuca”, conocido contratista de madera de Celada de Roblecedo.

A finales de los años cuarenta secuestran a Benito González Tejerina y unos años más tarde a su hermano José, ambos propietarios de la fábrica de harinas de San Salvador. Luis García Gutiérrez, cabo de la Guardia Civil de la localidad por entonces, explica cómo fueron a buscar a Benito, primero a casa y luego a la Venta Campa. A su hermano José, le secuestraron unos años después y pidieron como rescate un millón de pesetas. Un gabinete de abogados de Barcelona me remite el auto de procesamiento, que apunta a Juanín como implicado.

Roiz y Campillo fueron descubiertos tras realizar un secuestro en Valmaseda por el que recibieron millón y medio de pesetas y cuyos billetes estaban controlados.

La Pernía fue el escenario también de un secuestro que acabó en tragedia. El indiano Benigno Ferreiro, que había nacido en Vivero (Lugo) y emigró a Cuba donde hizo fortuna, fue el albacea enviado por una familia de allí a cobrar una herencia a Reinosa. En la localidad cántabra le secuestraron y describieron a sus acompañantes el lugar de Piedrasluengas para llevar el dinero del rescate que acabó en tragedia.

Para saber más:
"Cervera, Polentinos, Pernia y Castillería, de Froilán de Lózar, Editorial Aruz, 3ª Edicción, Julio de 2014
Imagen y datos relacionados:
Juanín y Bedoya, los últimos guerilleros


08 marzo 2008

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Laurentino Ruesga, autor de numerosos e interesantes trabajos sobre nuestra tierra, en los que me fijo para una nueva lectura de la historia, al hablar de Julióbriga, acude a la cita que del mismo lugar hace González de Echegaray en su libro “Los Cántabros”, y donde parece dejarlo localizado definitivamente.



En el esbozo histórico publicado por “Altamira”, hace alusión a las ciudades cántabras que menciona Ptolomeo: Orgenomesco y Moroica, de las que nada se sabe; Concana, cuyo emplazamiento coincidiría con Santillana del Mar; Octaviolca, en las proximidades de Mataporquera; Vadinia, situada al nordeste de León, tal vez en la zona de Riaño-Cistierna y los discutidos emplazamientos de Vellica y Tamárica.

Unos historiadores sitúan a Vellica en Álava, otros en Medina de Pomar. A.Shoulten, en su libro “Los Cántabros y Astures y sus guerras con Roma (1934), hace referencia a Monte Cildá, junto a Olleros de Pisuerga, precisamente, la opción por la que se decanta Laurentino en este breve ensayo, profundo conocedor de la historia y el devenir de estas comarcas.

Pero no se detiene ahí la duda sobre su ubicación. El Padre José M.Solana, sugiere su emplazamiento en el curso alto del Río Pisuerga, en torno a Peñalabra.

El Padre Sota, identifica en 1681 Camárica con Camargo, simplemente por su similitud fonética.

Pero ni la opinión de E.Flórez, que sitúa Camárica en Velilla de Guardo, por la descripción que hace Plinio de las “Fuentes Tamáricas”, y que parece la más correcta, deja sentados los ánimos de otros investigadores.

En 1872, M.Assas, en su “Crónica de la Provincia de Santander”, basándose en un documento del Cartulario de Santo Toribio, identifica Camárica con Cambargo, en Liébana.

Dice Laurentino que esta teoría no tuvo muchos seguidores. Pero estimo que no importa el número de seguidores. Importa la duda que se crea. Sucede que, en la lucha tenaz de quienes pretendemos contar al mundo nuestra importante historia, no hay fuentes seguras, no puede decirse esto fue así y aquí pasó; puede llevarnos a la duda un investigador que, versionando su tesis en cualquiera de las fuentes a las que todos acudimos en busca de caminos más o menos seguros, aporte alguna prueba nueva apoyada en hallazgos e investigaciones posteriores.

Las estelas funerarias encontradas en Ruesga, utilizadas como piedra de construcción en la antigua “casa del diezmo”; Las estelas romanas de Resoba, donde se lee la letra CAM; la tábula de bronce hallada en Dehesa de Montejo, en cuya placa aparece la palabra CAMAR y, sobre todo, el importante castro cántabro encontrado en Santibáñez de la Peña, van aportando datos significativos e inequívocos que nos van acercando un poco más a la verdadera historia.

Para Peralta Labrador, que hace la lectura de tan importante descubrimiento, Camárica se encuentra en el entorno de Cervera de Pisuerga, lo que da pie a considerar en serio la teoría de Shoulter, que sitúa a Vellica en el Monte Cildá. Para los historiadores no es plausible la idea de situar tan próximas entre sí dos ciudades cántabro-romanas.

Pero todos estos estudios y divagaciones, ante la ausencia de una investigación más rigurosa, para nada dejan asentada definitivamente la historia que no vimos.

Para saber más: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar, Editorial Aruz, 3ªedicc, Julio de 2014

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