La tabla de Cervera



El holandés E.Bergmann, publica en el año 1952, en la revista “Archivo del Arte Español” un artículo donde se denuncia el lamentable estado de conservación de una de las más bellas obras –al decir de los críticos- de Juan de Flandes. La secretaria de este Archivo me remite digitalizado el artículo, que otro día abordaré.


El investigador Ignace Vandevívere, profesor de la Universidad de Lovaina y, al decir de los cronistas, el mejor divulgador de nuestro arte, intuye que este cuadro podría tener su orígen en Flandes, inspirándose su autor en un teólogo alemán del siglo XIV, costumbre muy extendida entre los pintores flamencos, aunque también muestra sus dudas por el empleo de yeso utilizado en su preparación. La iconografía flamenca parece adaptada al contexto político y religioso del reinado de los Reyes Católicos.

En 1985, Vandevivere habla en una importante publicación que preside el Príncipe de Asturias, de la historia de su deterioro, sobre todo la importante laguna que se detecta en su parte inferior. Ello está motivado por el hábito de colocar un belén en el altar, de manera que las guirnaldas y adornos que se apoyan en aquel lugar terminan dañando la pintura.

A quienes lo examinan en 1962 les impresiona la mugre que presenta. En 1963 se le aplica un tratamiento y, dos años más tarde es transferido a Madrid donde se le sigue preparando para colocarle de nuevo donde estaba. Se acomete entonces una restauración del conjunto del edificio, gracias a la ayuda del pueblo y a la intervención de su cura y cronista Daniel Fernández, por cuya mediación es declarado Monumento Nacional en 1977.

En el año 1981, se le concede a la comunidad parroquial la Cruz de Bronce al Mérito Artístico. Aquel esfuerzo crea una corriente mágica en la villa que se ve reconocida y ampliada con la emisión de un sello de correos en la Navidad de 1981.

En 1985 se celebra en Bruselas la “Europalia” lo que permite reunir muchas de las obras atribuidas a Juan de Flandes, extraordinario pintor que muere en Palencia en 1519 dejando en Cervera una de las más bellas obras a él atribuídas, como es la tabla de la Adoración de los Magos, y cuyo patrimonio se encuentra muy extendido por diversos lugares de Castilla y León.

Este artista llega a Castilla en 1496, donde trabaja como pintor de la Corte al servicio de la reina Isabel, etapa que los críticos definen como la propia del estilo flamenco.

Pero lo que me mueve a realizar esta reseña es el comentario que de la tabla hace Don Daniel Fernández, párroco y cronista de la misma durante 20 años, que, natural de Ayuela de Valdavia, tuvo su primer destino como sacerdote en dos pequeños pueblos al este de Potes: Luriezo y Cahecho:

“Si lo miras con detención, aunque nada entiendas de este difícil arte, quedarás maravillado por la suntuosidad del ropaje, la expresión tan natural de todas las figuras, la variedad de detalles, la perspectiva tan magistralmente lograda, y hasta por sorprendentes anacronismos, pensarás sin dura que te encuentras ante una obra maestra”. “En esta tabla, todo es de valor especial, aún los más pequeños detalles, y tiene categoría para estar al lado de las mejores pinturas del mundo”.

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