viernes, 30 de noviembre de 2012

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De vez en cuando, rescatamos una historia enternecedora de las páginas de sociedad de los diarios, cada vez más oscuras, afectadas, qué duda cabe, por ese entorno hostil que nos rodea.
Semanas atrás prometí dedicarle un amplio espacio a la herida de la despoblación, cada vez más grande, entendiendo que quienes deben afrontarlo y resolverlo, miran la historia desde las grandes urbes.


No es por lo tanto un problema que les sacuda a ellos en medio de la frente, ni que les afecte para su vida diaria. Ellos son los encargados de resolverlo, pero tienen la disculpa ahora mismo de los múltiples frentes abiertos en sus círculos. Y se tiende de cualquier modo a priorizar los problemas cercanos.

Pero existen los pueblos. Y se vive en los pueblos. No es como antaño, cuando se valoraban tanto los pequeños gestos, cuando se compartía todo, cuando un vecino era más que un amigo, cuando el pueblo crecía en gente, no en casas que ahora parecen fantasmas anunciando la ruína más inminente...

No es un problema suyo. Ni es un problema nuestro. Nadie se hace cargo de un asunto que preocupa a todo el mundo, disculpándose cada uno con prioridades y criterios que sirven para ir apagando fuegos donde se prodigan más plácemes y votos.

Esta es la ley injusta de un desorden que se ha ido haciendo cada vez más grande y que se impone ya como un asunto al que todo el mundo mira desde lejos.

Todos, menos quienes lo siguen viviendo y padeciendo a diario.

En la imagen de Estalayo, La Lastra


domingo, 25 de noviembre de 2012

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Es curioso observar la variedad de colores que nos regala la naturaleza. Los tonos distintos que pueden encontrarse de unas estaciones a otras.

Una buena muestra la recojo del álbum de nuestro amigo Estalayo, que en cuanto tiene una ocasión de viajar a España, a Palencia, a La Pernía, a su Tremaya, cámara en ristre va disparando sin descanso, montones de preciosas imágenes que iremos subiendo a nuestro rincón de facebook para que todos podáis disfrutarlas.

Aquí queda una muestra de ese mundo de colores al que nos referíamos.


Reportaje fotográfico de @ Estalayo
Más imágenes en nuestro álbum de Facebook. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

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Suelo preguntarme, como seguramente se preguntarán muchos de ustedes, ahora cada vez más a menudo, qué es lo que empuja a un cambio en las costumbres, tan profundo como el que se ha vivido en pueblos pequeños y apartados como los nuestros, reacios siempre a experimentar con los inventos nuevos, confiados en sus propios métodos a la hora de desempeñar sus tareas ganaderas o agrícolas.


Las huebras que convocaban a todo el pueblo para arreglar las calles, preparar las fiestas,... La siega, la trilla, la cabaña....

La matanza del cerdo, que ahora recuerdan algunos colectivos, y que era el alimento esencial e imprescindible en cualquier casa.

A propósito de la matanza y antes de que se me olvide, hace unos días he subido a facebook una de las primeras fotos que se hicieron en Pernía y que aparecen en el libro que trata la vida de César González, "las primeras imágenes de Pernía, publicado en Julio de 2010 por la editorial "Aruz".

José Luis Estalayo, que anduvo unos años por Perú para emigrar después a Mexico y fundar alli la Casa Hogar, "El Niño Feliz", recoge a propósito de todos estos recuerdos a los que ahora me abandono, un video espectacular que tiene como testigo al pueblo de Casavegas. Sin obviar que a mi me puede gustar la poesia más que a ustedes y puedo darle una entonación especial que sobresalga, no quisiera que se perdiera ningún palentino ese estupendo recorrido por la memoria que nos propone este perniano, oriundo de Tremaya, a cuya abuela Ninfa le cantábamos aquí mismo hace ya algunos años.

Es la reflexión de nuestros emigrantes, de quienes han podido volver de visita alguna vez, de aquellos que han ido atesorando en viejas grabaciones los ritos que aquí vieron y vivieron. Y lo hacen desde la serenidad también, entendiendo que todo aquello se acabará perdiendo para siempre, reemplazado, allí donde queda gente todavía, por historias nuevas; por costumbres, a las que a veces no acabamos de adaptarnos y más que por costumbres, por simulacros de divertimento como el botellón donde parece que beber es la única función que toca.

Imagen: José Luis Estalayo


domingo, 18 de noviembre de 2012

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Es una historia antigua, de la que aún se ignoran muchas cosas, pero que está viva en la memoria de quienes de un modo u otra la pasamos.
Tiene razón el poeta cuando dice que la historia de las batallas es la única verdadera historia. Esta tierra ha sido y sigue siendo una batalla. La lucha contra la incomunicación, la lucha contra la falta de servicios, la lucha por la supervivencia marcan cada día el reto y un reto más difícil a medida que los años van cayendo.
El invierno es un hecho natural, fácil de situar en una casilla, repetido año tras año, más cálido en las últimas décadas, con bondades no despreciables para los hombres que viven más abajo, sometidos al llano, fijos sus ojos en las nubes, pensando en el futuro más cercano, en esa estación del año que lo da casi todo, incluido el desencanto...

Del libro de Froilán de Lózar, "La vida de César González", editorial Aruz, Julio de 2010
Reportaje fotográfico de @ Pumar59
Más imágenes en nuestro álbum de Facebook. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

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Pero ahora, más que la exaltación del Fuero, que tiene su fundamento y su importancia, tanto como la defensa y la puesta en orden de las Juntas Vecinales, interesa defender los Centros de Salud de nuestros pueblos. Así lo han entendido también los habitantes de la comarca del Rubagón que salieron a la calle para reclamar el mantenimiento íntegro de las guardias médicas en el conocido como Punto de Atención Continuado.



A mi me parece una tomadura de pelo. Hablamos de una de las escasas atenciones que no necesitarían reclamarse de contínuo, que ya se plasmó en la ley de la reforma sanitaria de 1984, donde se hablaba de algo que han recordado hace unos días los convocantes: "climatología, edad y patologías".

Es decir, a las ya de por sí escasas prestaciones que reciben los pueblos, porque son pocos, porque están lejos, porque sus protestas no cuajarán en ningún foro..., se suma la retirada paulatina y silenciosa de los servicios básicos.

Es probable que por exponer un día tras otro la situación en la que quedan, alguien piense que no es para tanto, porque alguien sigue latiendo en ellos pese a todas las cosas, pero verdaderamente, ésta es la puntilla definitiva para que muchos de los que viven en ellos de contínuo, echen el pestillo, aconsejados por sus familiares y puesta la vista en quienes tomaron antes el camino de las villas cercanas.

A medida que pasan los años, cambian también algunas posiciones con respecto a las cosas, pero es evidente que los alcaldes de estos pueblos tienen en su mano la llave para que retornen las guardias médicas. En eso no he cambiado de idea. Los alcaldes tienen mucho poder, más de lo que imaginan y al margen de sus afinidades y las lecturas de sus correspondientes partidos, deben hacerse piña en esta lucha hasta conseguir el retorno de las guardias médicas.

Algo se mueve en este aspecto y por ahí han de seguir las cosas para que los gestores pongan freno a la desmantelación de estas comarcas.

Imagen: @Pumar59 

sábado, 10 de noviembre de 2012

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En Camasobres se encuentra "La Cueva de los Burros", que alberga pinturas rupestres y es documento por el que sabemos que ya hubo población en tiempos prehistóricos.
El contorno está lleno de muestras parecidas, que hemos ido publicando sueltas en nuestra página de facebook y que ampliamos ahora en esta sección del blog.
"Cuando nosotros descubrimos la Cueva del Neredo, se contaba que un sacerdote había entrado con un brazo de velas y como se le agotaron no pudo llegar hasta el final» -me recuerda el investigador Agustín Fernández Merino, oriundo de Lores, en una entrevista que le hice para "El Norte de Castilla" en la década de los 90-. 
Agustín relata que existía la creencia de que en otra cueva estaba enterrada una caldera de cobre llena de oro. Tomaron la leyenda al pie de la letra y decidieron buscarla. La bóveda de la cueva es de caliza y la parte baja es de tierra. Varios vecinos del pueblo estuvieron cavando y sacando tierra durante bastante tiempo. Hicieron un pozo y una galería, colocaron mamposterìa como se hace en las minas, hasta que, cansados de cavar, sin rastro de la caldera, buscaron los servicios de una adivinadora de Santander. Para acceder a la Cueva hay que subir una pendiente muy empinada, que resultó demasiado fuerte para las piernas de la adivina, por lo que tuvieron que subirla en brazos desde la orilla del río. Cuando se acercaron con la adivina a lo alto de la cueva y la preguntaron por el lugar donde debían cavar para encontrar la caldera, la adivina, tras una inspección, dijo que en aquella cueva no había nada de oro. Enojados, los que la llevaban, estuvieron a punto de tirarla por el pozo. Tras esta decisión, un mito más quedaba roto... 

Reportaje fotográfico de @ José Luis Estalayo
Más imágenes en nuestro álbum de Facebook. 



viernes, 9 de noviembre de 2012

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El tiempo se va raudo. Nadie puede detenerlo. Es lo que nos va llevando, en medio de un mundo que se mueve rápido. Hay un proverbio que circula por ahí y que nos dice que le aprovechemos, que es el único recurso verdaderamente no renovable.



Pero lo cierto es que a veces se nos escapa, después de años esperando un cambio, después de años llamando a las puertas de nuestros representantes, que saben sobradamente las cosas que nos preocupan, lo que necesitan las gentes que viven en tantos pequeños pueblos.

En ese viaje a través de los años, uno se encuentra con mil historias que nacieron, algunas con gran pomposidad, en las últimas décadas del pasado siglo y que fueron cayendo en el olvido o desapareciendo a medida que pasaban los años.

Nuestro diario nos contaba hace unos días el nuevo proyecto que lleva por título "La Convención de Territorios de Montaña", un proyecto de trabajo hasta el 2015 promovido por la asociación "Euromountain".
Y por todo lo que se debatió en el mismo, se puede deducir que nada saldrá de allí que resuelva y mitigue el apagón de estas comarcas. La situación problemática de sus habitantes, que es lo que ahora se quiere remediar, es una situación común a muchos pueblos y la Carta Española de las Montañas que se presentará como borrador ante el Consejo de Ministros es una carta que debió escribirse mucho tiempo atrás y que parece haberse extraviado por el camino...

La idea es buena. Siempre es bueno recapacitar, dialogar, mostrar la situación que padecemos.  Es bueno que Cervera de Pisuerga haya servido como sede. Son buenas palabras. Son encuentros amenos. Son proyectos importantes. Pero mirando lo que ha quedado atrás inservible y, en unos momentos delicados para tantas personas, el asunto llega con retraso y no parece que pueda regenerarse tan fácilmente, porque las causas son mucho más profundas que todos esos manifiestos. No entiendo qué es lo que pintan todos esos Diputados elegidos y pagados por el respetable que no lo vieron antes, o que no se hicieron eco de las razones que llevaron a la desaparición de muchos pueblos. No entiendo por qué nos empeñamos en ver pasar la historia sin ponerle remedio a tiempo a las heridas.

Imagen: FdL

sábado, 3 de noviembre de 2012

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A primera hora de la mañana las yeguadas comenzaron a entrar en la campa del Ferial de la localidad, para ser admiradas por los vecinos y visitantes. Una gran cita con el animal de la raza hispano-bretón que congregó a muchos curiosos y aficionados al mundo de los equinos en la capital de La Pernía.

Reportaje fotográfico de @ Pumar59
Más imágenes en nuestro álbum de Facebook. 



viernes, 2 de noviembre de 2012

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Por Mariano de Rueda

Yo no conozco la montaña mas que a través de los montañeses. Por la montaña he pasado lo mismo que por los Pirineos y los Alpes, asomado a la ventanilla. Un día estuve también en "la venta del Horquero"; comí pan y queso y ví desde allí los Picos de Europa. Allí, y en el camino, también conversé con esos castellanos montañeses, que son los que me han contado cosas de la montaña, y volvieron a describirme paisajes y pueblos con ese entusiasmo y encomio que les es peculiar.¡Si viera usted amanecer en Saja!....¿Conoce la carretera de Potes?.....¿Y Santillana del Mar? ¿Tampoco?....Yo no conozco de la montaña más que a algún montañes que otro. Bien sé que con lo que yo he visto de la montaña, algún cronista al uso no tendría inconveniente en descubrir la montaña a los propios montañeses. Yo soy más honrado, aunque menos cronista. Mas, a pesar de mi confesión, que exculpa todo error, no por eso he dejado de forjarme una montaña con los colores y los elementos que me dieron los montañeses. Entre estos elementos hay uno que los preside, y es que en aquellos montes vive "el oso" (así, en sigular). Siempre que he oído mentarle, ha sido de ese modo. Para un buen montañés (gente voraz, entre otras virtudes), no hay duda de que en aquellos picos existe un oso; mas no se atreve a ponerle en plural, porque no esta seguro de que haya más de "uno". El oso juega un papel en toda narración montañesa. Él justifica la desaparición del ternero o del potro para el guardador de "la vecera". La leyenda de serenidad, para el que cuenta que pasó cerca de él y que siguió sentado. Del otro, que recuerda que un tío suyo, buen cazador, saliendo de caza todos los días de su vida, le llegó a ver de lejos dos veces, y una de ellas le disparó tan certeramente, que todos pudieron comprobar las manchas de sangre que dejara en su rastro, rastro que se perdió entre las matas... Mas nadie duda, en los contornos, aunque no se comprobara de un modo cierto, que su tío mató uno de los famosos "osos de la montaña". Hasta hoy creí que los osos eran una brillante hipótesis de los montañeses. Desde hoy ya creo en su realidad, y por creerlo, lamento lo sucedido. El caso es que José María de Cossío, con la hospitalidad que es proverbial en él, invita a pasar unos días en la casona de Tudanca a unos cazadores de Valladolid. José María no es hombre que se de en retazos, sino que es de los que se niegan o de los que se entregan, y en este caso, como en todos en que abre las puertas de su viejo solar, no es para regatear nada al que concede el honor de recibirle.Qerrían estos cazadores saturarse de monte, y a buen seguro que les pondría a sus órdenes los mejores hombres montaraces del contorno. Quizá en la primera velada los cazadores le preguntarían si era cierto lo que se contaba, que por "aquellos montes andaba alguna vez el oso", y José María (le conozco), herido por esa duda, daría órdenes expresas a los acompañantes de que buscaran "el oso" donde se hallara, para que ya, desde esa fecha, nadie dudara de su existencia. En efecto -¡a cuánto llegó la hospitalidad de Cossío!-; estos cazadores han matado no un oso -que esto pudiera ser perdonable-, sino "una osa". Al leer la noticia, lo primero que me pregunté fue: "¿Habrá otra?..." Si no hay otra -yo lo sigo dudando-, José María ha contribuído con su extremada hospitalidad a desdibujar algo que había grande y misterioso en el paisaje de su montaña, que era la posibilidad de que, pasando años y años en aquellos montes, conseguir ver a lo lejos la silueta cansina del oso.Para mí ha sido una mala noticia.Hay que conservar las cosas tal y como son, o como noslas figuramos, aunque así no sean. La falta para siempre de algo que les era como esencial, se asemeja a la muerte. El día que se corra la voz de que por la desaparición de esa prolífica osa -que quizá iba a ser la madre de todos los osos que pudiéramos ver en quince o veinte años-, ya no hay osos, el paisaje montañés deja de ser lo que era. Algún día dije que era cosa de que los Concejos contribuyeran por turno a ofrecer una víctima al rey de aquellos montes o recoger alguno y prepararle una vivienda, a semejanza de los "osos pensionistas de Berna." Todo, menos que desaparezca con ellos una tradición de valor y un pretexto a la truhanería pastoril... todo hace falta.Yo confío en que José María enmendara su falta, y si llega a percatarse que por él -por un alarde de generosidad- no quedan osos, a buen seguro que el primer húngaro que pase por aquellas tierras halla en el "señor de la Casona" un buen Mecenas.

Hemeroteca "Diario Palentino",
martes 28 de diciembre de 1926



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