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Mostrando entradas de noviembre, 1997

Un mes de cuatro días

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Otra vez la memoria. Otra vez la sintonía del último estertor de Miguel Angel Blanco. Llevamos camino de resumir todas las muertes en una, de publicar la memoria absoluta de un hombre, es verdad, inocente, indefenso, mártir, víctima como tantos otros de la casualidad, de la fatalidad, acaso del destino ...

Otra vez la recompensa del recuerdo. Siempre a titulo póstumo, y con ello, de alguna manera, la injusticia que se le hace al resto.
Todos los muertos son iguales.

Todos los muertos nos merecen idéntico respeto, la misma publicación que insista en el vil acto y en el inútil ejercicio de quebrar una vida... Todos los muertos son iguales, hasta los muertos de nuestros enemigos, de quienes nos consideran enemigos y objetivo, porque fueron empujados a matar por el miedo, por la disciplina, por la amenaza de un poder oculto. 
Y porque todos son iguales, no podemos limitar el homenaje a un libro, a un hombre, a un partido político.Es cierto que el pueblo estalló en aquel mes de cuatro días p…

Los niños en el punto de mira

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NADIE sabe con certeza lo qúe pasó en el caso de Louise Woodward, la muchacha de 19 años acusada de matar al bebé que cuidaba. Ni quienes la juzgaron, ni quienes la defendieron, ni los medios de comunicación que contaron el veredicto: culpable de asesinato en segundo grado. Sólo lo sabía ella y ella dijo que era inocente. En España la justicia no anda bien que digamos, pero los ejemplos que nos llegan de fuera tampoco tienen nada que envidiar. Ahí está el caso del joven español acusado de asesinato por su antigua mujer, el famoso caso del no menos famoso
O. J. Simpson, y - el de esta joven inglesa a quien la experiencia americana le habría supuesto la cárcel de por vida. Tampoco parece cierta la afirmación de una corresponsal británica, concretamente del diario "The Guardian", que al ser preguntada por qué razón los padres no habían reaccionado al saber el destino de su hija, declaró: "Los británicos no solemos inmutarnos ni por lo bueno, ni por l0 malo". Y no par…

A cada uno lo suyo

Hay quien asegura que cada uno tiene lo que se merece. Sabemos que a cada persona le toca representar un papel en la vida, a veces, muchas, bien lejos del que hubiera soñado. Unos, que todo lo hacen medianamente, triunfan en todo: les aclama la gente como cantantes, como escritores, como personas de confianza. En cambio, otros, que desempeñan a la perfección un oficio, viven a golpes, sin permitirse una jornada de descanso para dar de comer a los suyos. Unos, véase algunos presentadores de TV, algunos locutores de radio o jugadores de fútbol, cobran millones por unos minutos de programa o de partido; otros léase la mayoría trabajadora, incluso los mismos compañeros de aquéllos que tienen una cláusula de rescisión de 15.000 millones, llegan a la jubilación haciéndose la dichosa pregunta: ¿cada uno tiene lo que se merece? Yo creo, sinceramente, que no nos merecemos la historia que vivimos. Y no se está pidiendo un imposible. Ya sabemos que hay clases, rangos, reyes, pero las diferencias…

Cinco monjas, un destino y el sermón de Ferreras

Ya me ha dado usted un buen sermón, señor Ferreras. Eso sin conocerme. Y usted que pertenece a la Iglesia me ha llamado ignorante y mentiroso, después de veinte años predicando a la provincia y de la provincia, por amor; sólo y exclusivamente por amor. Eso ha despertado a los cobardes enemigos que me leen y que, de tarde en tarde, sin dar su nombre, me llaman y dejan mensajes de euforia a los más allegados: "Lee, lee, verás cómo te ponen hoy".

Pero usted no se ha quedado corto ni manco y ha metido en el saco, guiado por una obsesión enfermiza, a mis amigos, a todos los que me leen, a quienes le han publicado a usted el artículo en primera página, sin censurarle ni siquiera un insulto, porque no he llegado a las primeras páginas del periódico por mentiroso ni agorero. Está bien, a mí me agrada que le publiquen todo, porque para eso he defendido en otras circunstancias la libertad de expresión. Y una de las consecuencias con las que ya cuento de antemano es la discrepancia en…

El destino

¿Está escrito el destino? 

Esa es la gran pregunta. Probablemente, sí. Nacemos predestinados a... y no hay regla que valga. Que por una casualidad pueda evitarse una catástrofe, no impide que el ser humano, haga lo que haga, sea de la condición que fuere, tenga ya asignado su sino. A veces, ese final más o menos trágico, lo vamos presintiendo rodeados como estamos de depresiones y de amagos de infarto. Un día,de improviso, junto a la trayectoria rutinaria de nuestra ajetreada vida pasa una ráfaga de viento y nos arrastra, dejando acá entre los allegados la sorpresa y la típica frase: ¡qué bueno era¡ Mira, lector, la rueda del destino es imparable y no valen seguros de ningún tipo. Hoy estamos aquí, rodeados de planes de futuro y de jubilación cuando está escrito ya nuestro final. Que tenga o no sentido la vida es discutible, pero no hay plazos para la muerte. Lo verdaderamente penoso es que seamos felices haciéndonos rabiar, sabiendo como sabemos lo contado que lo tenemos todo.

El capador Oliva

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OLIVA descendía de Villaprovedo. Tenía una moto. Era mujeriego y, según cuentan los vecinos de la montaña "debió hacerse millonario capando cerdos en aquellos tiempos". Pero, quizá, lo que más despunte de esta historia es su enorme sentido del humor, razón por la cual se le recuerda y le traigo a estas páginas. Por ejemplo, sabía diferenciar a sus clientes.

En cierta ocasión fue a capar un toro a Villaverde (la historia me la contaron en la zona de la Peña). Entonces estos animales se utilizaban para arrastrar las vagonetas de la mina.

-¿Cuánto le debo? -le preguntó Ibraham, el dueño.
-Veinte duros.
-¿No será mucho, Oliva?
-Sí, pero todos no se llaman Ibraham.


*********

Un sacerdote se acercó y le preguntó un día:

-¿También trabajas los domingos?
-Pues, sí.
-¿ y cuántas misas has oído?
-y usted, ¿cuántos cerdos ha capao?

*******

Los primeros días, después que se capaba, había que cuidar un poco la alimentación.

-Y ahora, ¿qué le echo yo de comer? -le preguntó una mujer que …

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