29 enero 2005

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En "Castilla, lo castellano y los castellanos", Miguel Delibes afirma que el viejo campesino ha parado deliberadamente el reloj. El reloj del campo es la tradición. Avanzando en la lectura, que recoge un compendio de su obra, así ve Miguel Delibes al castellano ante el progreso:"quedan pocos y envejecidos y de no sobrevivir un milagro pueden ser considerados como los últimos exponentes de un modo de vida que desaparecerá con ellos".

Ante estos y otros juicios similares, la crítica le tildó a nuestro prolífico escritor de reaccionario, sin querer advertir –como él mismo confesaría más tarde– que para nada rechazaba el progreso en cuanto a tal, sino una orientación del progreso que considera torpe e irracional por el doble motivo de que deshumaniza al hombre y destruye la naturaleza.Al hilo del libro que ahora prepara con su hijo, me pregunto: ¿cómo considerará el maestro la implantación de estas centrales eólicas?¿Será una lucha real del hombre contra los artificios?En la explanada del Cerro de Campo de Criptana, Don Quijote retó a un puñado de gigantes desaforados, unos molinos que en la vida real funcionaron hasta bien entrados los años ochenta. Los diez que ahora quedan tienen su nombre, tres de ellos conservan la maquinaria y el primer domingo de cada mes se hace una demostración.

Pero yo me refiero a los molinos del progreso. A finales del pasado año el Gobierno Vasco hacía público un documento, en el que contemplaba como viable y necesario el Parque Eólico de Ordunte. Con la culminación de este proyecto se pretende conseguir que Euzkadi produzca en 2012 el 12 por ciento de su electricidad de forma limpia. Pero pronto le llueven las protestas. La Diputación, su socio en el gobierno, a través del Servicio de Montes, se opone al proyecto, alegando que su construcción influiría negativamente sobre la flora, la fauna y el pasiaje.El Consistorio de Carranza, término donde se ubicaría la instalación, elabora sus alegaciones, temiendo que sus habitantes, muy castigados por la falta de agua, se sumergan en una sequía permanente. Y la bola sigue extendiéndose hacia otros lugares. Los vecinos del Valle de Mena (Burgos) muestran su rotunda oposición, ya que 14 molinos serán izados sobre terreno burgalés, temiendo por la baza, ahora en auge, del turismo rural.Lo cierto es que, el mencionado plan ha vomitado opositores por doquier, además de las asociaciones ecologistas, ya presentes en todos los proyectos que tienen que ver con el progreso. Y en Palencia tenemos buena muestra de ello.

Para estos grupos el progreso pasa por una conservación del entorno que no admite la roturación ni el cambio y su NO es categórico y rotundo. No a los proyectos de infraestructuras. NO a las miniscentrales de Cardaño y Brañosera, NO al túnel que nos comunique con Piedrasluengas, NO a un proyecto de carretera que ahora vuelve a intentar el ejecutivo cántabro, que comunique Piedrasluengas con Reinosa, NO a los parques eólicos, NO a las presas como la de Castrovido, a la que han calificado como "el proyecto de construcción más absurdo del territorio nacional".Se limitan a decir a todo que NO sin presentar proyectos alternativos que puedan darnos vida. Lo suyo es defender la tierra contra todo lo que se manifiesta como ataque del hombre, que mira que es un pensamiento inabarcable y por lo tanto, de difícil tratamiento, contemplándonos únicamente como una zona verde y mágica, nunca como un lugar en el que vive gente, gente que necesita adaptarse a los tiempos para no seguir padeciendo el aislamiento; gente que necesita llegar a los sitios: ambulatorios, centros educativos, organismos... etc; gente que lo único que ha hecho es mantenerlo. 

Ciértamente, si todo lo que se contempla como progreso, entre ello esta energía alternativa que los expertos señalan como limpia y necesaria, tuviera que someterse a la opinión de cada pueblo o cada experto, los proyectos se quedarían obsoletos, cuando no arrinconados, puesto que son tantas las demandas como las objeciones. ¿Cuánta razón tienen los que se oponen? ¿No les gusta, porque no es tan limpia como dicen, o no les gusta porque son muy aparatosos los molinos que portan la fuerza? ¿Por qué se aprueba en Vallespinoso?¿Por qué el Ayuntamiento de Velilla no lo quiere, si tanto dinero genera para las maltrechas arcas municipales? Yo creo que deben aclararse, y si es bueno, y es alternativo, y va a suponer dinero para los ayuntamientos y para los pueblos, sin abusar de ello –que todo es malo cuando no existe freno–, alguien debe decir que sí y empezar a ver algo más que la montaña seca de tanta pancarta prohibitiva como se empeñan en anunciar quienes ni nacieron ni vivirán en ella.

22 enero 2005

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Al amigo y colaborador desde México, José Luis Estalayo

Suerte o tesón, tal vez un poco de ambos, quiero agradecer a los responsables de este diario la oportunidad que me brindan de escribir cada semana de la montaña palentina, realizando una mezcla, en ocasiones explosiva, que viene bien para desperezarnos y advertir que el letargo no es bueno para nadie.
Pero no basta la fe, es necesario la paciencia, es conveniente la insistencia, aunque el pasado sea un prólogo y vivamos cada cambio y ruptura con esa sensación de ir perdiendo por el camino cosas.

En medio de estos capítulos, además de las cartas de quienes se sienten ofendidos o en desacuerdo con mis juicios, hay personas tan entregadas como José Luis Estalayo, franciscano que vuelve sus ojos a la tierra desde Méjico, buscando cada año la complicidad de una estación. Este año ha tocado el otoño con todo el olor y el colorido que la tierra desprende a estas alturas. El hombre, que cumple bien con el adagio de su congregación, se mueve por las cercanías, visita las parroquias vecinas, ayuda al sacerdote, y trae consigo en cada escapada a uno de esos muchachos de ojos grandes, que vivirá, seguramente, sorprendido por cada paso que le invite a dar su protector perniano. José Luis, que ha logrado este año filmar al oso, no sé si con la connivencia de quienes tanto le protejen, viaja desde Tremaya a Bilbao para hacerme entrega de un DVD con el que a título personal quiere agradecerme esta sección de "Vuelta a los orígenes", considerando mi labor como un puente para que se mantenga viva la llama del recuerdo, y se reconozca y se potencie nuestro rico folklore.

Yo diría como Yasmina Reza: "Donde quiera que vaya, sea cual sea mi suerte, juego en la llanura (montaña) solitaria, lloro lo que lloran los olvidados". José Luis me acerca la tierra de la que hablo con todos los latidos y sonidos: el invierno entrando en Tremaya, la cabaña llegando al puerto en primavera, el raposo, el ciervo, la perdiz...

No voy a negar que me siento en deuda con él y con tantos otros que siguen desde hace años este concierto mío, con sus altibajos, con sus silencios, a veces llenos también de torpes notas, pero siempre sincero a un propósito que me marqué siendo muy joven: sin apagar el protagonismo de quienes lo viven y lo cuídan, publicitarlo sin descanso, sabedor de la riqueza que guarda esta montaña nuestra. A todos nos preocupa la demografía. El pasado año se cerraba la última explotación minera ubicada en los Redondos.

Promoverla es la parte más fácil, aunque sí es cierto que requiere mucha fuerza de voluntad para no sucumbir ante esas voces negativas que en todas partes hacen nido y que extrañamente disfrutan con el escabroso entretenimiento de poner trabas.
Hay que salvarla, aunque en el fondo no encontremos argumentos, salvo las palabras generosas de nuestros representantes.

Yo digo lo que siento, lo que ya siente tanta gente: "quien viene, vuelve", quien se adentra en ella, y conoce a su gente, y recorre sus montes, y visita las cuevas y museos, se siente de inmediato atrapado por ese encanto que desprende.

No estoy negando tantos lugares lejanos y hermosos de la Tierra, estoy empeñado y resuelto en que se conozca este Parque nuestro, que lo tenemos tan cerca, que define con tanta precisión cada estación del año.

@De la serie "Impresiones", en Diario Palentino.
Imagen: Camasobres, por José Luis Estalayo



15 enero 2005

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Frente a todos los miedos y las necesidades, hay algo que, paradójicamente, avanza y se sitúa a nuestro favor: me refiero a la comunicación.El 19 de Noviembre, los responsables de este diario llevaron a la portada un titular que bien podría provocar la risa de cualquier turista. La risa se convertiría en carcajada monumental en el caso de que este incidente llegara a oídos de esos concursantes de "gran hermano" que ignoraban la existencia de Palencia. Manda huevos, los mismos que luego por soltar cuatro chorradas, o insultar a diestro y siniestro a medio mundo, se ganarán miles de euros.


Antes de la nevada que colapsó Burgos y dejó a medio norte temporalmente aislado, tres vecinos de "El Golobar" estuvieron incomunicados por la nieve una semana. Esto no es nuevo ni allí ni en otros lugares de nuestra zona norte. Es probable que la prensa lo resalte mucho y los afectados tiendan a exagerarlo, pero quienes no han pasado nunca por una historia parecida no saben hasta qué punto penetra ese estado de incomunicación, esa sensación de alejamiento. La mismas carcajadas me provocan a mí las protestas airadas de quienes se han visto sorprendidos por una tormentilla a las afueras de Madrid, que no alcanza ni con mucho la peligrosidad que adquiere aquí por el terreno, la señalización, los pantanos y la falta de medios.

Yo me indigno porque, sinceramente, todo el encono que depositamos nosotros en estas líneas de periódico, le sirven al ejecutivo para diseñar un Plan de Emergencia que, no entiendo por qué, casi nunca llega a los pequeños pueblos.

El Plan de Protección Civil de Castilla y León se compone de más de 250 máquinas quitanieves (Palencia, 15), excavadoras, motoniveladoras y cargadoras, que se ponen en marcha para evitar la acumulación de nieve y la formación de placas de hielo.

Y es lógico que la mayor parte de ellos vayan destinados a los lugares donde mayor tránsito se da, pero sin olvidar a los pueblos más alejados. ¿Qué ocurre?

Pues que las competencias están en manos de otros organismos, en el caso que nos ocupa, de la Diputación, y cada uno se defiende como puede de la quema achacando la situación a los contrarios en la política, a la escasez de medios, a la imposibilidad de hacerlo más rápido porque no amaina el temporal o no se ha previsto en otros casos la magnitud que luego alcanza. Lógico esto, porque de momento la adivinación no es un título como para que los afectados vengan exigiendo responsabilidad por ello.

Jesús Guerrero, portavoz del PSOE en la Diputación habla de "atasco monumental" en la carretera que da acceso al Golobar. Y Enrique Martín, el presidente, le responde que fue algo puntual debido a una situación muy concreta.

Si es verdad que se contaron mil vehículos, que me parece una cifra muy abultada, la Diputación, que tanto clama por el norte, debería plantearse en serio la apertura de las instalaciones que se habilitaron en la sierra de Brañosera, puesto que los responsables de la Institucion provincial en épocas pasadas nos dejaron con la miel en los labios y nadie se ha acercado en estos años tanto como Enrique Martín, todo sea dicho. Que Enrique no atribuya importancia a la incomunicación de tres vecinos está mal, pero hay que reconocer el esfuerzo que el organismo palentino viene realizando en todos los campos y en todas las comarcas.

Resumiendo: el presidente del Gobierno pidió perdón y prometió remedios. La Junta nos envió una quitanieves nueva valorada en 300.000 euros y se puso en marcha un plan de viabilidad para luchar contra el invierno. Pero que nadie se tome al pie de la letra todo lo que dicen o todo lo que leen. Está en boca de todos que al invierno no se lo come el lobo y que no sirven para nada las valentías ni los coches fantásticos. Los planes son bonitos pero conviene tirar de la precaución, de la paciencia, de la sensatez y de la calma.

Si tuviéramos la posibilidad de poder comprar el tiempo, nos mataríamos unos a otros y da la impresión de que la lluvia que no cae o la nieve que tapa los caminos es obra del gobierno de turno.


08 enero 2005

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Mientras un diario digital se refiere a las cigüeñas como habitantes que embellecen la ciudad de Alcalá de Henares, un diario de Zamora comenta que el obispado de aquella ciudad castellana recibe a diario las quejas de sus párrocos. Están preocupados porque peligran los edificios religiosos por el peso de los nidos. ¿Qué les iba a decir el obispo, si en la misma catedral se pueden contemplar más de veinte cigüeñas que permanecen todo el año?

Esa referencia se repite a lo largo y ancho de nuestro país. También en nuestra capital y provincia.

Los observadores señalan que una de las mayores colonias de cigüeñas del mundo se ubican en la localidad riojana de Alfaro. Cornisas, pináculos, tejados y oquedales; repisas y ventanas de la iglesia colegiata de San Miguel, cualquier lugar es bueno para restaurar o construir su nido, para poner sus huevos, para alimentar luego a sus hijos, hasta que dos meses más tarde abandonen el sitio. Para los amantes y seguidores de la cigüeña blanca, poder observar tan alto número de animales sobre un solo edificio, genera una auténtica escuela para el conocimiento biológico y científico de la especie. Pero, curioseando por la red, uno se encuentra escenas sorprendentes. La especie en peligro de extinción es la cigüeña negra.

Los internautas de la República Checa, que durante meses siguieron el viaje de Jonás por España, un pollo de cigüeña negra, vieron que su señal desaparecía al ser abatido cerca de Doñana. El polluelo tenía más seguidores que "Gran Hermano" y se cuentan por miles las cartas de protesta que van llegando a la embajada Checa en España. Este seguimiento masivo tiene su explicación, porque desde 1996 la radio de aquel país organiza expediciones científicas a África y convierte a sus oyentes en biólogos virtuales. Jonás pertenecía a una familia, una pareja y sus tres polluelos, que fueron equipados con transmisores y una cámara de televisión transmitió durante 24 horas en Internet la actividad del nido. Miles de escolares de la República Checa estuvieron pendientes de lo que le ocurría a la familia. Jonás puso rumbo hacia el sur, pero sufrió un envenenamiento por el camino. Es curado por unos biólogos que lo liberan en 1998 cerca del Parque de Doñana, hasta que en septiembre deja de emitirse su señal. Los biólogos encontraron el transmisor en Villafranco del Guadalquivir (Sevilla), pero ni rastro del pájaro, que se supone, fue abatido por un desaprensivo. Una suerte parecida corre su compañero A Hynek, a quien se lo carga un cazador en Francia, a la vista de todos los que seguían por Internet a estas estrellas televisivas.

La delicada situación de esta especie activa las protestas en "Quercus" y otras revistas especializadas por parte de los naturalistas.

A mí me llegó al corazón el relato de la cigüeña viuda de Vitoria. Una mañana entera gastaron un equipo de técnicos del Departamento de Medio Ambiente para evitar que se malograran los retoños no natos de una pareja de zancudas que anidaban en la Torre de la Iglesia de san Vicente. Una noche, cuando la cigüeña padre regresaba al nido con varios objetos en el pico, fue a estrellarse contra el tejado de "Los Arquillos" y nada se pudo hacer por salvarle la vida. Entre los expertos se dilucidaba el tipo de actuación que evitara la pérdida de la nidada. Pero se determina finalmente no actuar en ningún sentido. Subir al nido con una grúa puede ahuyentar al animal, retirarle los retoños y poner huevos de oca para que no los eche en falta, con la intención de incubarlos artificialmente, tampoco parece una decisión que agrade a nadie.

Pero sí es verdad que aquel año de 1996 se dijo que las cigüeñas eran las aves mejor cuidadas por las autoridades alavesas. Hasta tal punto llegaron a interesarse todas las Instituciones por estos animales, que recomendaron retirar banderas y pancartas de los campanarios a fin de no asustarlas. A primeros de abril de aquel año, el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación acuerdan prohibir el lanzamiento de cohetes en las fiestas de San Prudencio.

Las historias y los ejemplos se suceden en otros lugares. Unos años más tarde, en el 2000, se fragua el movimiento "Cigüeñas para Oviedo", que tiene como objetivo fomentar la receptividad de las personas que habitan en los entornos rurales hacia la conservación de la fauna silvestre.

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