24 septiembre 2005

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Cuando Gonzalo Alcalde describe los términos de San Juan y Santa María de Redondo en los albores de los años ochenta, nos transmite a la perfección su estado de ánimo, esa sensación de bienestar que deleita todos los sentidos, al tocar y recorrer este jardín botánico que da cobijo a robles, hayas, abedules, álamos, fresnos, acebos, amargosos, avellanos, mostajos... etc.


No sólo por el enclave de los caseríos situados bajo Cueto Mañín, Cuchillón y Tres Mares; no sólo por encontrarse en las proximidades de Cueva Cobre, la que hasta hace muy pocos años se consideró como el nacimiento del Pisuerga. También y sobre todo por la cita de los diez molinos harineros y la industria de la carretería. Pero esa emoción que se percibe a lo largo de la obra del académico palentino, ya la sintieron sus propios moradores quienes, sopesando la importancia de aquellas historias, pusieron a buen recaudo en los Archivos de la Diputación de Palencia, una valiosa documentación de la entidad administrativa que entonces constituían estos dos pueblos: el concejo del valle de Redondo, en la actualidad, perteneciente al municipio de La Pernía.

El trinitario Basterra Adán me envía desde Salamanca una amplia información recogida en los mencionados archivos y, en concreto, un estudio sobre la fabricación de muelas de molino, publicada en 2003 por la Institución Tello Téllez de Meneses. Este perniano me hace llegar este trabajo con el ánimo de que lo difunda como estime conveniente, puesto que el objeto es, sencillamente, el público conocimiento de su contenido.

Entre ese legado fundamental, Vicente se detiene en el convenio y concierto subscrito en el siglo XVIII, entre los Concejos del Valle de Redondo, Brañosera, Celada de Roblecedo, Salcedillo y Herreruela, para la fabricación de muelas de molino. Se constata la importancia que tuvo la fabricación de piedras de molino en la zona Occidental de la Montaña Palentina: las serranías de Peñalabra, las Sierras de Corisa e Hijar, y el promontorio de Valdecebrollas, en términos de Castillería. Lugares donde abunda la roca pudinga o conglomerado, también conocida por los lugareños como piedra de grano.

El origen de dicha cantería se regula ya en unas Ordenanzas de finales del siglo XVI o principios del XVII y según el estudio en cuestión adquirió tanta importancia que llegó a rivalizar en los siglos siguientes con otras muelas de molino fabricadas en lugares tan distantes como Segovia, La Rioja y Navarra, de manera que les obliga a ponerse de acuerdo para evitar ciertos excesos que dañaban su comercialización. La riqueza que generaba esta actividad, se distribuía entre el vecindario y, dependiendo de la abundancia de este tipo de roca en cada término, variaba el número de piedras que se permitía elaborar a cada vecino. Se deduce la necesidad de este convenio por el número significativo de Concejos, cinco y, por otro lado, el procedimiento jurídico con el que se realizó: «Para su cumplimiento dieron poder a las justicias y jueces de SM competentes de ser fuero, para que ellos les compelan y apremien, como si fuese por sentencia definitiva pasada en autoridad de cosa juzgada y renunciaran todas y cualesquiera leyes, fueros y derechos de su favor con la general en forma».

A la emoción del primero se une el anhelo del segundo y, a pesar de la trasncendental historia que los tres manejamos, tenemos la impresión de que, ni siquiera hoy, después de haber hablado tanto sobre tantas tradiciones y legados importantes de estos núcleos, ni siquiera estando situados en pleno Parque Natural Fuentes Carrionas-Fuente Cobre, donde tantas leyes protectoras se citan, recibimos la atención necesaria que reactive y potencie la figura de estos lugares.

Mucho se habla de la despoblación, de planes que la frenen, de decisiones orientativas, pero el tiempo avanza en contra y el silencio afecta, como siempre, a las zonas más desfavorecidas.

Nuestra alegría, ese vigor que parece generarse en tu cuerpo al admirar los pueblos desde tan altas cimas y las historias importantes que en ellos se tejieron, ya no contagian a nadie. Ni a muchos de los que viven en ellos que se limitan a esperar su declive como la cosa más natural del mundo.

17 septiembre 2005

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A finales de Noviembre del pasado año, Amando Vega, que ejerce como profesor en la Universidad del País Vasco y que colabora asíduamente en mi página web con fotos de la Ojeda y reportajes de San Andrés de Arroyo, me hace llegar un comentario alentador sobre el nacimiento de un nuevo grupo en “Fuentes Carrionas”. El día 21 de Noviembre de 2004 se constituyó la Asociación Valdenievas, cuya acta fundacional fue firmada por 54 personas vinculadas con los pueblos de Triollo, Vidrieros y la Lastra.


Esta Asociación nace con la finalidad de contribuir a la conservación y mejora del ecosistema natural, en armonía con los usos, derechos y aprovechamientos tradicionales, y a la realización de actividades educativas, culturales y turísticas compatibles con la protección del espacio rústico y urbano. La nota extraída de algún diario o recogida en algún portal de internet, concluye con la invitación a integrarse en la citada agrupación a todas las personas de los pueblos citados que lo deseen. Es una forma de agarrarse a la tierra para frenar en lo posible ese temido anuncio de la despoblación.

En esta región nuestra, la más extensa de la Península Ibérica, que pierde más de un millón de habitantes entre 1950 y 2001, hay ejemplos de reconversión exitosa, como el de Garray, muy cerca de las ruinas de Numancia, donde brota Soria Natural, una empresa que comercializa productos de agricultura biológicos, produce medicamentos naturales y da trabajo a 300 personas. Pero, como bien saben los alcaldes y promotores de las industrias, ni el mayor estoicismo, ni la entrega absoluta, ni el el amor a la tierra, garantizan el éxito. Ya estamos viendo que el fenómeno de la despoblación se agudiza en aquellos lugares donde la concentración parcelaria y la mecanización han reducido los meses de trabajo, al establecerse en la capital muchos de los agricultores. Se mira entonces y con cierta lógica a la revitalización de las cabeceras de comarca.

El Ministerio de Medio ambiente publicita cada cierto tiempo en prensa un anuncio muy curioso. Al pie del mismo, escribe: “Este paisaje es tu herencia”. Y para reafirmarlo, insiste: “Has heredado una gran tierra, cuídala”. Los políticos se limitan a valorar con excesivo entusiasmo el cúmulo de riqueza que anida en nuestra región; aprueban presupuestos millonarios, que no sabemos bien si llegan a su tiempo, si se distribuyen con equidad y teniendo en cuenta siempre los lugares más desfavorecidos. En el caso concreto de nuestro Parque Natural, estamos rodeados de imposiciones que agrietan cada día más la posibilidad de crecimiento: leyes estrictas sobre la construcción, sobre el uso del suelo, sobre la localización de Parques Eólicos, que generarían riquezas a las arcas locales.

Si tomamos como ejemplo el mismo libro que los políticos marcan como pauta a seguir, veremos cómo se bendice desde el poder el incumplimiento a la escasa rentabilidad de tantas normas. A ello se refería claramente el profesor Emiliano Vega, uno de los fundadores de la asociación “Fuente Cobre”, en un artículo dirigido a la prensa regional: “un paseo por los pueblos de la montaña palentina es suficiente para evidenciar serias y viejas carencias que su nueva condición de Parque Natural no ha cambiado lo más mínimo. Y lejos de percibir síntomas de desarrollo económico, lo que se constata es una clara y tememos que imparable regresión. Y para corroborarlo cita entre otros asuntos, las carencias respecto a la atención médico-sanitaria de la mayoría de los pueblos, el problema de la recogida de basuras en verano, el estado de las fosas sépticas, el problema de almacenamiento de estiercol típico de las zonas ganaderas, la disarmonía entre paisajes incomparables y pueblos destartalados, la precariedad de las infraestructuras...

Pero más preocupante que esa realidad es la ausencia, por parte de la administración, de planes o proyectos para dinamizar la montaña, y de su escaso, por no decir, nulo interés y apoyo a iniciativas de asociaciones implantadas en la zona. De ahí nuestra visión pesimista sobre el futuro y el temor a que estas zonas se despueblen.

Los políticos nuestros se limitan a confeccionar estudios y a decir que el problema no es de ahora, ni es nuestro solamente.

Menos mal que ya existe un libro blanco sobre la despoblación.

Ahora que no hay remedio.


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