Manual de supervivencia




A finales de Noviembre del pasado año, Amando Vega, que ejerce como profesor en la Universidad del País Vasco y que colabora asíduamente en mi página web con fotos de la Ojeda y reportajes de San Andrés de Arroyo, me hace llegar un comentario alentador sobre el nacimiento de un nuevo grupo en “Fuentes Carrionas”. El día 21 de Noviembre de 2004 se constituyó la Asociación Valdenievas, cuya acta fundacional fue firmada por 54 personas vinculadas con los pueblos de Triollo, Vidrieros y la Lastra.


Esta Asociación nace con la finalidad de contribuir a la conservación y mejora del ecosistema natural, en armonía con los usos, derechos y aprovechamientos tradicionales, y a la realización de actividades educativas, culturales y turísticas compatibles con la protección del espacio rústico y urbano. La nota extraída de algún diario o recogida en algún portal de internet, concluye con la invitación a integrarse en la citada agrupación a todas las personas de los pueblos citados que lo deseen. Es una forma de agarrarse a la tierra para frenar en lo posible ese temido anuncio de la despoblación.

En esta región nuestra, la más extensa de la Península Ibérica, que pierde más de un millón de habitantes entre 1950 y 2001, hay ejemplos de reconversión exitosa, como el de Garray, muy cerca de las ruinas de Numancia, donde brota Soria Natural, una empresa que comercializa productos de agricultura biológicos, produce medicamentos naturales y da trabajo a 300 personas. Pero, como bien saben los alcaldes y promotores de las industrias, ni el mayor estoicismo, ni la entrega absoluta, ni el el amor a la tierra, garantizan el éxito. Ya estamos viendo que el fenómeno de la despoblación se agudiza en aquellos lugares donde la concentración parcelaria y la mecanización han reducido los meses de trabajo, al establecerse en la capital muchos de los agricultores. Se mira entonces y con cierta lógica a la revitalización de las cabeceras de comarca.

El Ministerio de Medio ambiente publicita cada cierto tiempo en prensa un anuncio muy curioso. Al pie del mismo, escribe: “Este paisaje es tu herencia”. Y para reafirmarlo, insiste: “Has heredado una gran tierra, cuídala”. Los políticos se limitan a valorar con excesivo entusiasmo el cúmulo de riqueza que anida en nuestra región; aprueban presupuestos millonarios, que no sabemos bien si llegan a su tiempo, si se distribuyen con equidad y teniendo en cuenta siempre los lugares más desfavorecidos. En el caso concreto de nuestro Parque Natural, estamos rodeados de imposiciones que agrietan cada día más la posibilidad de crecimiento: leyes estrictas sobre la construcción, sobre el uso del suelo, sobre la localización de Parques Eólicos, que generarían riquezas a las arcas locales.

Si tomamos como ejemplo el mismo libro que los políticos marcan como pauta a seguir, veremos cómo se bendice desde el poder el incumplimiento a la escasa rentabilidad de tantas normas. A ello se refería claramente el profesor Emiliano Vega, uno de los fundadores de la asociación “Fuente Cobre”, en un artículo dirigido a la prensa regional: “un paseo por los pueblos de la montaña palentina es suficiente para evidenciar serias y viejas carencias que su nueva condición de Parque Natural no ha cambiado lo más mínimo. Y lejos de percibir síntomas de desarrollo económico, lo que se constata es una clara y tememos que imparable regresión. Y para corroborarlo cita entre otros asuntos, las carencias respecto a la atención médico-sanitaria de la mayoría de los pueblos, el problema de la recogida de basuras en verano, el estado de las fosas sépticas, el problema de almacenamiento de estiercol típico de las zonas ganaderas, la disarmonía entre paisajes incomparables y pueblos destartalados, la precariedad de las infraestructuras...

Pero más preocupante que esa realidad es la ausencia, por parte de la administración, de planes o proyectos para dinamizar la montaña, y de su escaso, por no decir, nulo interés y apoyo a iniciativas de asociaciones implantadas en la zona. De ahí nuestra visión pesimista sobre el futuro y el temor a que estas zonas se despueblen.

Los políticos nuestros se limitan a confeccionar estudios y a decir que el problema no es de ahora, ni es nuestro solamente.

Menos mal que ya existe un libro blanco sobre la despoblación.

Ahora que no hay remedio.


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