viernes, 30 de mayo de 2014

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Después de muchos años dando tumbos por una carretera siempre defectuosa, la Junta de Castilla y León comenzó hace dos años las obras de mejora en la carretera que une las localidades de Cervera de Pisuerga y Piedrasluengas.



Pero faltando la mitad, lo que se ha hecho hasta ahora -salvando algún trazado nuevo-, es un churro que nos devuelve a las andadas: baches y hundimientos a la altura de Vañes, curvas tan peligrosas como antes y lo que es peor, la amenaza de seguir teniendo un trayecto por el alto de las matas, cuando se podría salir por un camino recto y firme como estaba proyectado en uno de los planos, y si no puede ser Ligüérzana, porque nos salimos ya del mapa, pues puede ser un enlace a la carretera de Gramedo, que siempre nos quedará por delante Cervera.

Más adentro de ese sentimiento interno que voy plasmando periódicamente en el Diario y en las redes sociales, se hace patente un pasotismo que acobarda. 

En una de las reflexiones que lanzo en la página de facebook, "montaña palentina, la gran desconocida" con más de 5000 seguidores, pocos vuelven la cara. El paisano de Piedrasluengas, Francisco Javier Gómez Caloca, de acuerdo con mi exposición,  me deja un amplio comentario haciéndose eco del silencio de quienes lo padecen y que son los que deben hacer pública su protesta.

Y esa es la canción de costumbre.

 Por alguna obstinada razón creemos que todo nos lo irán sirviendo, que es una razón que nos asiste en derecho, que nos lo han prometido aquellos a los que elegimos como representantes y que podemos sentarnos a esperar.

Pero lo cierto es que en los últimos años se evidencia que los gobernantes se olvidan con frecuencia que una de las causas de la despoblación es el abandono al que han condenado a tantos pequeños pueblos.

Y es necesario alzar la voz y recordárselo porque, de otra manera, cuando queramos darnos cuenta, ya estará asfaltado el camino que les conviene a otros.

lunes, 26 de mayo de 2014

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En un interesante artículo publicado en nuestro diario a finales del pasado año y firmado por Carmen Cuesta y Luis Calderón se hace una interesante reflexión sobre el turismo que no acaba de cuajar en nuestros campos.

El análisis ahonda en lo que unos y otros hemos venido reflejando en los últimos años, sin otro anhelo que ver despertar nuestra tierra al turismo, darle más ritmo a lo que se viene haciendo ahora en las distintas comarcas y una propuesta si cabe más rotunda sobre la identidad.
Yo estimo que el románico es un aliciente poderoso que, combinado con el paisaje y la gastronomía puede generar en pocos años un trasiego importante de gente nueva, que es a fin de cuentas lo que echamos en falta, aunque tampoco es malo que quienes vienen vuelvan, lo que va de acuerdo con una popular campaña que se publicitó hace unos años.

A mi no me preocupa en exceso la identidad. Palencia, para mí, es irrepetible por todo. Me identifico con sus paisajes, con su gente, con su rico patrimonio y no es primordial ni necesario que otros sientan lo mismo. Ya lo sienten cuando llegan de improviso y se encuentran con una tierra espléndida. Es como una mancha secreta ahí en lo alto del mapa. Lo que ha pasado durante siglos con la montaña palentina, es un poco lo que ha pasado con toda la provincia, pero quienes sabemos lo que aquí se atesora estamos decididos a darlo a conocer al mundo, a quienes quieran verlo y entenderlo; a quienes quieran transmitirlo.

Luego vendrán otros y estudiarán la historia y encontrarán el mejor modo de hacer frente a ese e olvido y a esa dejadez que en apariencia nos deja a nosotros deprimidos y sin argumentos.

Llevo 35 años escribiendo en este diario y mo me deprimo porque no me conozcan en China o en Madrid. Me importa que me comprendan aquellos que me conocen y conocen la tierra de donde vengo, y que quienes asumen algún poder sobre nosotros vuelvan la cara y procuren tapar esas lagunas o remendar esos caminos por donde, a pesar de todos los pesares, sigue latiendo vida y sigue emocionando al mundo su gran pozo de arte.

Imagen: "Palencia en la red".

viernes, 16 de mayo de 2014

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La única esperanza que nos queda es que en todos esos lugares donde se anuncia la despoblación en pocos años, hay personas que nunca tiran la toalla y eso siempre te ayuda a mirar con una pizca de optimismo.



Brechas despobladoras se abren en todas partes. Son como pequeños terremotos que van desgajando sin piedad la corteza humana. Aqui Lanestosa. Allá los Llazos, Casavegas, Quintanilla de Corvio y tantos otros...

Rondando en ambos sitios el cierre  definitivo, pero resistiéndose también mientras alguien siga creyendo que se  puede.

Lanestosa es el pueblo más pequeño de  Vizcaya. En el siglo XII cruzaban por su suelo  empedrado las carretas que iban hacia  Laredo o Burgos, por el puerto de Los  Tornos.

Aquel paso motivó que creciera hasta que  comenzó el declive a finales del XIX al  agotarse su mina de zinc. Ahora se encuentra como los nuestros en  un compás de espera. Aunque las   autoridades locales trataron de buscar  nuevos eventos, hasta construyeron una  promoción de viviendas baratas y se abrió  una residencia, aquello fue como poner  piedras sobre cimientos inestables. Las  viviendas pronto se quedaron vacías y los  puestos de trabajo vacantes.

Leo en un diario nacional que no tiran la  toalla y vuelven a empezar de cero. Una vez  creados los caminos, con un museo de la  prehistoria donde antes estaba la mina, y  una veintena de rutas de extraordinaria  belleza, están buscando empresarios para  el turismo rural, con la idea que en su día  motivo a nuestra desaparecida asociación  Fuente Cobre, la creación de un huerto  escuela que enriquezca la fórmula de cara a  ofertarlo a grupos escolares de Bizkaia,  Cantabria y Burgos.

Casi en la misma línea de lo que tenemos  en San Salvador: un grupo de viviendas  baratas, de las que sólo tres están  ocupadas; una residencia de ancianos que  probablemente se caiga antes de echarla a  andar y mucha incertidumbre porque todo  parece fluir en horas bajas.

La única esperanza que nos queda es que en todos esos lugares donde se anuncia la despoblación en pocos años, hay personas que nunca tiran la toalla y eso siempre te ayuda a mirar con una pizca de optimismo.

Imagen: @José Luis Estalayo

viernes, 9 de mayo de 2014

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Eso es lo que voy a sugerir en este libro que ahora llevo entre manos y que, si todo marcha bien estará en las librerías palentinas en el plazo de un año.


Metido de nuevo en la aventura, notas de historia y de leyenda de todos y cada uno de los pueblos que comprenden la montaña palentina. La idea no es nueva y si el románico luce espléndido y es una carta de presentación única en la comarca de Aguilar, la historia no desdice tampoco en los Santuarios más importantes del norte, la Reserva de los bisontes en San Cebrián de Mudá, Centro de interpretación de la Cigüeña en Barrio de San Pedro, la Casa del Oso en Verdeña, la Casa del Parque en Cervera de Pisuerga, la ruta de los pantanos y la historia que pende de cada uno de estos lugares, sin olvidar el encanto de despoblados como Frontada y de pueblos que siguen latiendo bajo mínimos, como los Llazos.

Es verdad que en los últimos años se ha retratado de arriba a abajo la montaña palentina;  quienes hemos nacido en ella no nos cansamos de retratarla y de verle retratada  por otros. Es como regresar después de un tiempo y quedarse uno embelesado paseando por los mismos sitios, aunque muchos de sus huertos estén ya abandonados.

Aunque parezca increíble, para mi está resultando un viaje nuevo y gratificante, pues si bien he recorrido virtualmente cada uno de los pueblos, venir a visitarlos con la disculpa de la foto, te acerca a ese poso de historia y de esplendor que lucieron en otras épocas y el grito de quienes aquí siguen alienta a reparar plazas, templos y ermitas que hacen la delicia de tantos ojos como hoy se acercan a admirarlos.

Al tratarse de una provincia pequeña como la nuestra, y de su montaña, tan desconocida todavía a pesar del esfuerzo de empresas e Instituciones, todo es poco para que aflore y se prodigue su conocimiento en otros puntos y entre mucha gente que a lo mejor está buscando un poco de arte, un poco de gastronomía, un poco de paisaje.

Y eso es lo que voy a sugerir en este libro que ahora llevo entre manos y que, si todo marcha bien estará en las librerías palentinas en el plazo de un año.

Imagen: Samuel Martínez, Sierra de Redondo

viernes, 2 de mayo de 2014

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Aunque para algunos observadores aquella unión no tenía lógica, hemos vivido también nuestra experiencia en la frontera, lo que en tantos aspectos enriquece, que es a fin de cuentas lo que importa y con lo que te quedas.



Al hilo de esta madeja, que no tiene otro objetivo que la conversación que les propongo semanalmente a ustedes, aunque sea un monólogo y en ocasiones me pierda por los cerros de Úbeda -como suele decirse-, resulta que hace unos meses me encontré con estos relatos de frontera que, casualmente, ya me entenderán luego, no son tan ajenos a nuestras vidas y a nuestros orígenes como pudieran parecer.

Para las fronteras más nombradas, podrían servirnos de ejemplo las historias que cuenta Juan Goytisolo, que ha sido testigo de esa lucha que se desarrolla a un paso de otras líneas, con obras como "Los Cuadernos de Sarajevo" y el "Sitio de los sitios", testimonios de tragedias que marcan nuestros días. Junto a Goytisolo y un elenco de premios nobel y escritores de reconocida trayectoria, este año en mi centro de trabajo estuvo Claudio Magris, escritor italiano, de Trieste, considerado uno de los más brillantes analistas culturales de Europa.

"Yo he vivido la experiencia de la frontera directamente, soy de Trieste y en la postguerra la tenía muy cerca.../ Una frontera insuperable que no se superó hasta que Tito se desvinculó de Stalin.../

Ya digo que, sin despreciar esos relatos que nos llegan de fuera; al contrario, valorando la experiencia de otras gentes que lo vivieron en tantos conflictos como se vienen generando a lo largo de la historia, no somos ajenos a la frontera.

Nuestra experiencia ha sido positiva, al margen de los roces que toda convivencia genera. La Merindad de Liébana y Pernía, viene del reinado de Alfonso VI, tiempo donde parece estar el orígen de las mismas, y estuvo integrada por los Ayuntamientos de Vega de Liébana, Pesaguero, Camaleño, Potes, Castro Cillórigo y Cabezón de Liébana, así como el de Polaciones. Pernía, que como ya hemos estudiado empieza a tomar fuerza en aquel tiempo, estaba constituida por 18 ayuntamientos y compartía con la Merindad de Aguilar parte de los términos de San Cebrián de Mudá y Salinas de Pisuerga.

Aunque para algunos observadores aquella unión no tenía lógica, hemos vivido también nuestra experiencia en la frontera, lo que en tantos aspectos enriquece, que es a fin de cuentas lo que importa y con lo que te quedas.

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