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Mostrando entradas de mayo, 2002

La importancia debida

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Las cosas no tienen ni más ni menos importancia que la que se les quiera dar. Para mucha gente, yo me incluyo, volver a los orígenes es tan importante que de ello depende en buena medida la suerte de un año. Me refiero a la suerte en general, en el amor, en el trabajo, en el coraje que necesitamos para pasar medianamente muchos de los muros que se nos levantan en la senda diaria.Vivo de revelar imágenes, pero por muchas fotos que uno tire o que revele uno de tantos otros como pasaron por estos lugares, siempre hay un hueco por llenar, una foto que falta, un paisaje que sabes que existe pero que nadie ha podido mostrarte todavía tal y como tú lo concibes en tu mente. Cada día que transcurre aumenta la nostalgia por la tierra que tan adentro llevo. Y cada día me cuesta más explicar esto. Por eso les doy tanta importancia a los rincones de esta tierra.

Los chozos como almas

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El "Vitruvio" que cuenta en mi página web Gonzálo Alcalde es casi una estampa ya para el recuerdo. Hace ya algunos años realicé un reportaje fotográfico en la Sierra de Herreruela de Castillería, allá donde los chozos y las majadas se asoman al valle de Mudá. Aquello era la gloria: los chozos como almas y al fondo la llanura:
A Polentinos venía todos los años una familia de Salamanca. El padre, Juan; la madre, Ulpiana y tres hijos solteros: Perfecto, Román y Bonifacia. Con ellos venían también dos hijos ya casados, acompañados de mujeres e hijos. Y todos ellos se repartían en dos chozas pequeñitos situados en las majadas de Linares y el Pendillo. Claro que, en aquellos años, los chozos se prestaban a todo porque los pueblos se molestaban en cuidarlos.

Vitruvio y sus anhelos me devuelve la estampa de la Sierra, cuando los chozos eran como almas gigantes, puestas allí por la naturaleza para refugiar al caminante.

Usos y Abusos

En algo sí podía estar de acuerdo con todas las personas que, pertenecientes o no a grupos institucionalizados, defienden a ultranza la flora y la fauna de la tierra. Pero algunos ya han hablado y han dicho que las energías renovables están bien y no hacen daño. El mundo eólico que domina hoy el valle de Santullán comienza a trasladarse a otros lugares de la Montaña con el beneplácito de los ayuntamientos.  Lo malo es que estas historias, como las de los desmontes, son una bola que nos sobrepasa y puede engullimos en un futuro. Si en una villa sólo se permite levantar X, o en una ciudad se acuerda dejar sin construir espacios para dedicarlos a recreo o zonas verdes, no se debieran superar tampoco en las zonas rurales ciertos límites en cuanto a instalación de molinos, tendidos eléctricos y desmonte. Es normal que los estudiosos estén en pie de guerra, porque el abuso crea ya malestar a quienes con mayor o menor vehemencia, sin acudir a guerras santas, amamos esta tierra.

Allá los montañeses

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Siempre se ven las cosas de otro modo, para qué vamos a discutir lo indiscutible. La montaña es lo mejor para pasar un fin de semana dando saltos, para llenar los pulmones de aire bendito, para dejar atrás el ajetreo incesante y pernicioso de las ciudades. Y qué bienestar produce asomarse desde la imaginación a la Montaña.
Pero los montañeses no encuentran el mismo apoyo a la hora de desenvainar la espada contra los empresarios de las explotaciones a cielo abierto, por ejemplo.
A quienes les sienta bien el aire, les importa tres pitos que las máquinas entren a saco y arrasen montes y terrenos a costa de lo que sea. Ya vendrá mayo y se aplacarán lo ánimos. Las cosas se ven de otra manera. Y poca gente se implica con entusiasmo en asuntos que sólo nos aportan coscorrones.
La montaña cae bien, pero quienes viven en ella se matan en soledad para impedir atropellos y proyectos dudosos.

Dorar la píldora

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"Hay una lucidez deslumbrante, siniestra, sórdida en el dolor", explica el filósofo Rafael Argullol en su lucha contra un dolor físico irresistible. Nosotros no luchamos ahora contra ese tipo de dolor, el de tantos como se nos descubren a lo largo y ancho de la vida. Es posible que nos neguemos a ver la realidad, la que habla de la inexorable agonía de nuestros pueblos. Esa fórmula de los políticos que nos doran la píldora, ocultan datos para rebajar la inflacción, quitan importancia a las declaraciones vergonzosas de un individuo en torno a la pensión de las mujeres ..... Ha sido la misma fórmula que han utilizado los grupos que se disputan la Montaña: sublimar los proyectos y obras que no impiden la emigración. Nuestro dolor no tiene cura, por más dinero que se invierta en programas de desarrollo: A mí me lo advirtieron y me rebelé mucho, pero el tiempo hace justicia a la lucidez que demostraron quienes ya entonces se descubrieron en el dolor.-
Imagen: José Luis Estalayo

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