27 enero 2007

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La ciudad alemana de Weimar quedó sorprendida, como el mundo entero, cuando, en diciembre de 1999, a punto de culminar una época, ve cómo se alza con el galardón en el Concurso Internacional de Ensayo una rusa de 20 años, Iveta Gerasimchuk, después de desbancar a casi 2.500 prestigiosos ensayistas y filósofos de los cinco continentes. El título de la convocatoria era Liberar el futuro del pasado, liberar al pasado del futuro, y al mismo concurrieron 2.481 originales en las seis lenguas de la ONU (inglés, francés, chino, español, árabe y ruso). Durante un año los jurados eligen 43 finalistas, resultando ser la ganadora esta rusa, con un trabajo escrito en forma de diccionario donde describe el choque entre los anemófilos (adoradores del viento) y los cronistas (adoradores del pasado).


Ignoro por qué derroteros habrá caminado la pluma de Iveta. Este comienzo es lo que en el argot periodístico se conoce como hinchar el perro, o de otro modo, inflar la noticia para llenar un espacio, enrollándose uno en un asunto que hubiera podido explicarse en cuatro líneas. Pero enlaza bien con el pensamiento de hoy y tiene su miga el lema escogido por los organizadores, a saber: o futuro, o pasado. ¿De qué modo podemos mejorar mañana si no llevamos un proyecto sólido, donde se van analizando y suprimiendo los errores cometidos en el pasado? A mí, personalmente, lo que más me preocupa, más que venir de un pasado más o menos tranquilo, es volar hacia un futuro lleno de incertidumbre y en ese vuelo a gran velocidad perderme todas las cosas buenas que me dieron, todo lo bueno que aprendí, todo lo que la gente me enseñó, todo lo que la tierra me fue participando y, en fin, aquello que me fue haciendo como soy.

Si nos ponemos en la diatriba de elegir entre pasado y futuro, yo elijo pasado hasta donde pueda retener los recuerdos y elijo pasado por el valor de la palabra, que era como una firma. Y elijo pasado por las ideas, que eran auténticas. Hoy se vuelve a escribir sobre lo escrito, se vuelve a interpretar sobre lo que rodaron con mayores dificultades y escaso presupuesto personas realmente comprometidas con la cultura, no vividores como los de ahora que se dedican a plagiar, a pedir derechos de autor, a vivir a cuerpo de rey a expensas de los programas rosas de la televisión, a vanagloriarse de un invento que es más bien un apaño, una copia mala de algo que otro inventó primero.

Sin querer para nada volver a vivirlo, porque la vida está plagada de curvas y para qué volver a ellas, yo elijo el pasado, cuando mi abuela era la abuela de todo el pueblo y entraban los vecinos sin llamar a tu casa, y se sentaban a la mesa, porque de verdad daba igual uno más que uno menos, y tiraban del carro cuando se quedaba atascado en el camino y se ayudaban mutuamente en las faenas del campo.

Cuentan que George Stephenson, el inventor de la locomotora, compareció en 1825 ante una comisión parlamentaria y alguien le preguntó: «¿Qué podría suceder si una de esas máquinas corriera a una velocidad de ocho o diez kilómetros por hora y hallase entre las vías una vaca? ¿No sería un caso muy serio?» A lo que respondió el ilustre británico: «Sí, muy serio... para la vaca»

Vamos desbocados hacia el futuro, casi sin tiempo de mirar hacia atrás para recuperar lo bueno que dejamos en el camino. Tal vez el inventor hoy respondería así a la misma pregunta: «Sí, muy serio... para el hombre».


20 enero 2007

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“Mira, oye, ve, escucha, habla, vive y convive”, fue una campaña para el fomento de la rica tradición oral de Andalucía. Como aquí lo puede ser “Vive tu pueblo”, la campaña orquestada por la Diputación, de la que seguiremos hablando, y en la que, como la propia expresión nos aconseja, es bueno detenernos, mirar a nuestro alrededor, valorar la cantidad de cosas que disfrutamos, compartirlas con los que viven a nuestro lado y pregonarlas a los cuatro vientos para que sirvan de llamada, de acto recopilatorio, de arcón donde se van apilando las historias que forman la tradición oral de un pueblo.


Aunque el avance tan apresurado que experimenta todo nos lleve a temer un poco por el futuro del libro, nuestra historia está a buen recaudo ya en todos los formatos, en Internet también, donde los foros se multiplican a diario y donde se dilucida, incluso, que el lago de Cantabria que cita Suetonio en “La vida de los Césares”, pudiera ser el Curavacas. O el debate que lidera Leire en torno a dos plantas medicinales que los lugareños vendían a profesionales: la Gentiana, o Junciana, que da nombre a un término de Polentinos (el Juncianal) y los Cornitos, que se recolectaban para fines medicinales. En Lores se hablaba mucho de la Genciana que, generalmente, como bien exponen los foreros, recogían los hombres, porque había que cavar mucho para sacar la raiz, lo que se vendía; y los cornitos, que recogían las mujeres, no sin provocar la ira de los propietarios de los centenos. A uno siempre le agrada que le recuerden estas cosas, y ya tampoco mucho, ciegos como andamos de tanto correr hacia el futuro, total para nada, porque al desaliento se suma la insatisfacción, pues no bien hemos llegado al conocimiento y al manejo de un aparatejo, cuando ya nos anuncian otro con prestaciones añadidas; no sé si para dejarnos con la cartera tiesa, o para que desistamos de seguir avanzando, pues para todo se requiere una preparación que no todos están dispuesto a emprender.

Y parece hasta lógico, tal y como lo refleja en su “Quinta Montaña” el escritor Paulo Coelho: “Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más tiempo del necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto”. Por diversas razones entiendo que estoy a punto de cumplir esa etapa, ese ciclo, y procuro llevar buena dosis de ilusión cuando hablo de nuestra tierra, por los proyectos que se están generando en torno a Guardo con “Pato Pekín”, el auge de las galleteras en Aguilar; el proyecto de San Glorio, que ha tomado como núcleo informativo a Velilla; y el turismo rural que se va consolidando no con todas las fuerzas que quisiéramos por muchos pueblos de nuestra montaña palentina.

Pero esto se está pareciendo cada vez más al cuento de la lechera. Hacemos cuentas respecto a los muchos beneficios que vamos a obtener con los patos, con San Glorio, con la embotelladora, con el turismo... y sucede lo inesperado, lo que le sucedió a la joven lechera que iba pensando en comprar huevos con el dinero que le diesen por la leche, y conejos con el dinero que obtuviese por los huevos y corderos con el dinero de los conejos. Tanta era la excitación que se rompió el cántaro y así concluye Samaniego: “!Pobre lechera! ¡Qué compasión! ¡Adiós leche, dinero, huevos, pollo, lechón, vaca y ternero! ¡Oh, loca fantasía, que palacios fabricas en el viento¡ Modera tu alegría, no sea que saltando de contento al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre tu cantarillo la esperanza!.


06 enero 2007

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Cuesta mucho volver a este rincón del diario después de vivir inmerso en otros quehaceres durante dos meses. Creo que este diario se merece con creces esa medalla que le han dado, porque muy escasos hombres han vivido tanto, porque pocos negocios han llegado tan lejos y, son contados los medios de comunicación que pueden apagar velas como este, llevando a Palencia desde la primera hasta la última página.


Porque no es lo que se dice, ni la forma en que se dice, sino la intención con la que se dice. Es curioso, pero en el blog donde vierto estos artículos semanales, hay visitantes que, amparándose en el anonimato, se dedican a regalarme puntos en negativo; es decir, no me quieren, les molesto, estoy suspendido por muchas de mis valoraciones en torno a los lugares por donde fui creciendo. Por lo que dije y por la forma en que lo dije, sin considerar que lo que cuenta de verdad es la intención, el deseo de que tu tierra mejore en todos los conceptos y la gente que vive en ella se involucre en todo lo que supone vida y crecimiento.

Y para nada van a cambiar mis pensamientos cuatro jueces con careta (señal de que no se sienten a gusto con lo que hacen), cuyo único afán es silenciar al mensajero, que la tierra descanse en paz axfisiada por esa muerte que nos anuncian los demógrafos, pero todos necesitamos el aliento y la esperanza de los otros para seguir luchando.

Como decía Nina Yomerowska en un minúsculo libro de pensamientos, prologado por Fredo Arias de la Canal y publicado en México en 1995:

“Si te sientes incomprendido por una u otra persona no te preocupes; pero si te sientes incoprendido por toda la gente, busca la causa en ti”.

Y como este no es mi caso, y puedo dar fe de ello, aunque a veces te traicionen algunos de los que más te alaban, vamos a reiniciar la lucha por donde la dejamos, posicionándonos en contra del desmonte que empobrece y devasta las tierras de Guardo y cuyas demostraciones de reposición no convencen a nadie, porque nadie confía en que se cumplan, como ocurrió años atrás más arriba ante las fianzas ridículas de los ayuntamientos.

Y entre otras muchas posturas vamos seguir apoyando la estación de San Glorio, pues si por deseos hablamos, los nuestros se han expresado ya con un margen fuera de toda duda.

Es un privilegio acudir cada sábado a la cita del diario palentino, en el que he venido creciendo cada mes desde hace treinta años. A mí me condujo mi padre hacia este vehículo, al que ha estado ligado hasta que la vista ha comenzado a jugarle malas pasadas, aunque todavía su afición a la lectura del periódico y su deseo de saber cosas de Palencia, le lleven a adquirirlo en los quioscos de Aguilar de Campoo.

Me gusta escribir sobre mi tierra, volver al surco, a los orígenes, enmendar los errores que pude cometer. Por esa incomprensión de la que hablaba al comienzo, me comentaba un seguir desde Barcelona: “¿nos has tenido a veces deseos de mandar a paseo a nuestra tierra...?” Y para que lo entienda me cita a continuación el poema de Salvador Espriu:

“Cuánto me agradadaría
marchar hacia el norte
dicen que es una bella tierra
donde los hombres son más cultos,
pero mis hermanos en el templo me dirían
mira, éste nos ha abandonado
nos ha dejado solos.”

Por eso seguiré adelante en esta difícil, dura y desolada tierra
amada tierra, hasta el fin de mis días...”

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