24 junio 2006

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Un vecino de Becerril de Campos, en la sección de Cartas, se muestra agradecido porque todas las partes, más o menos implicadas en el problema de las cigüeñas, cuyos nidos amenazaban con hundir la iglesia, se sentaron un día y decidieron trasladarlos.

La resolución no es nueva y el asunto del peso de los nidos preocupa seriamente a muchos pueblos de nuestra geografía. Hace unos meses, la Asociación Naturalista de Aragón se desplazaba a La Almunia para retirar cinco nidos de la Torre Mudéjar que estaban dañando la estructura del monumento y que impedían encender los focos por riesgo de incendios.

El Instituto Aragonés de Gestión Ambiental aprobó la manupilación de estos nidos y su reposición con plataformas metálicas en lugares más seguros. Todo el mundo parecía contento con esa resolución de instalar “viviendas protegidas” para cigüeñas, todo el mundo menos las cigüeñas que ajenas a la programación del hombre vuelven sobre sus pasos.

Y debe ser un síntoma curioso el provocado por esta especie, pues la red está llena de páginas donde se repite su fidelidad, el buen augurio que supone su llegada a los pueblos, el mimo que ponen para el cuidado de sus hijos, y la vistosidad de las bandadas en lugares emblemáticos de nuestra tierra.

Hace un años por estas mismas fechas les recordaba el viaje de Jonás, un pollo de cigüeña negra cuyos seguidores por Internet elevaron cartas de protesta a la Embajada Checa en España, cuando desaparecía su señal al ser abatido cerca de Doñana.

Al hilo de todo lo que voy comentando, sigo con una buena dosis de excepticismo los programas de los hombres que, no contentos con manejar su entorno, bien con la oratoria, bien con las atribuciones que les confieren determinados cargos, nos sorprenden a menudo con los programas que aparentemente buscan la protección y las mejoras del resto de los animales.

Eso al menos es lo que se desprende de lo que en el País Vasco hemos conocido como “el proyecto cicoina”, que mantiene en cautividad a 25 cigüeñas que serán liberadas en el invierno de 2007. El lugar elegido, Urdaibai, es un espacio Natural declarado Reserva de la Biosfera, al decir de los entendidos, marco idóneo para lograr el equilibrio entre riqueza biológica y desarrollo económico, tratando de compaginar los ecosistemas con las actividades que el hombre desarrolla en la zona. El pasado otoño, Urdaibai apadrinó a 25 cigüeñas, todas ellas procedentes de Catalunya, a excepción de una que fue trasladada desde el centro de recuperación de Martioda (Alava). Interesa que estos animales se asienten en la reserva por lo que se las retiene durante dos inviernos consecutivos y al finalizar el segundo se las suelta con la esperanza de que vuelvan para reproducirse. Quienes realizan el seguimiento confirman que dos de los ejemplares han regresado a los asentamientos de la zona y para ellos basta con esta prueba.

En la montaña palentina también tenemos una buena muestra, que está dando resultados satisfactorios en Barrio de San Pedro y Barrio de Santa María, magnífico refugio y escuela de la Naturaleza, lo que todavía hace posible que el hombre reconduzca su hábito ancestral de instalarse en los campanarios o, como en Villanueva, en su torre, con el consiguiente peligro que supone el excesivo peso de sus nidos.


17 junio 2006

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Oscar Garcia Diez firma la página oficial de Arenillas de Muño (Burgos) en la que se explica detalladamente lo que significa el Libro de las Behetrías, manuscrito del siglo XIV escrito por Orden de Pedro I en 1353 y donde se describe el sistema feudal de España al final de la Edad Media.




Las Merindades de Castilla que figuran en el Becerro, pertenecen a las provincias de Burgos, Soria, Palencia, Logroño, Valladolid y Santander. Se describen un total de 2402 poblaciones, agrupadas en quince merindades, cinco de las cuales corresponden a Palencia: Merindad del Cerrato, Saldaña, Carrión, Aguilar de Campoo y Merinda de Liébana y Pernía.

Más allá de la agria disputa en la que se ven enfrentados en la red un cántabro y un palentino, y donde se citan siglos de pertenencias que no se corresponden, Ducados que no fueron, lugares que no están donde señalan, y una polémica sobre datos históricos poco fiables, me recreo en el Archivo Histórico de Potes, donde David Obregón, bajo la dirección de Manuel Vaquerizo –director del Archivo Histórico Provincial de Cantabria–, ha realizado una importante catalogación teniendo en cuenta a las personas e Instituciones que emitieron los documentos ahora clasificados. Se trata de actas sobre privilegios reales, de plenos municipales, mercados, bienes inmuebles, ganadería, padrones, registro.

Allí podemos encontrar momentos curiosos de nuestra larga historia, como el que se cita en Burgos en 1338, cuando Alfonso XI, ante la queja de los vecinos de Potes, de que algunos escuderos, clérigos y otros vecinos se niegan a pechar por las casas, viñas, tierras y otras heredades, como han venido haciendo en tiempos anteriores, y ante el peligro de que los lugares se despueblen al no poder hacer frente el concejo a los impuestos reales, ordena a los alcaldes y merino de Potes y merinos de la Merindad de Liébana y Pernía, les obliguen al pago, incluso embargándoles los bienes por su importe.

Según el testimonio del escribano Sancho González de Noriega, el Monasterio de Santo Toribio arrienda dos partes de tres, de las tortas que le corresponden recibir como patrono de la iglesia de San Vicente, a cambio de dos ducados, un carnero y dos cabritos gordos, a pagar el día del Santo.

Y sobre los privilegios reales, en agosto de 1379, en las Cortes de Burgos, Juan II confirma a la Merindad de Liébana y Pernía un privilegio de su padre Enrique II, en el que este, a petición de los vecinos de nuestra merindad, resuelve que paguen los 8000 maravedíes que tienen por costumbre a los señores del lugar, quienes de buenas a primeras lo quieren subir a 25000.

Sabemos pues que a finales del siglo XII se crean unas divisiones territoriales en el reino de Castilla, llamadas Merindades, la nuestra enclavada dentro de las llamadas “Peñas de Amaya fasta el mar”, que incluye el valle de Polaciones y que tiene como capital a Cervera de Pisuerga.

Pero son tantas las historias, tantos los datos, tantas las gentes que ahora mismo se sienten atraídas por nuestra historia, que esto es un pequeño recordatorio de los capítulos que iremos abordando en próximas entregas.


10 junio 2006

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Vicente Basterra, oriundo del Valle de Redondo, me hace llegar un elaborado estudio sobre la existencia y ubicación de varios pueblos:




Carracedo, anexionado a Cervera de Pisuerga, ubicado entre Vañes y San Salvador, cuya desaparición premoniza ya Barrio y Mier en uno de sus romances; San Julián, citado en el año 1181, en un privilegio por el que el Rey Alfonso VIII confirma y amplia con nuevas donaciones el Señorío Temporal de los Obispos y que algunos estudiosos como Laureano Pérez Mier sitúan en un paso entre El Campo y Lores, cerca de los terrenos donde se hallaba ubicada la desaparecida “Mina Eugenia”.

Roblecedo, localidad citada en el Becerro de los Beneficios de la Catedral de Palencia, que desapareció de su emplazamiento originario a raiz de la peste negra y se anexionó a Celada para constituir así una nueva entidad: Celada de Roblecedo. Y Villanueva de Bañes, que aparece citada como Villanueva del Río en el Becerro de las Behetrías y que desapareció al ser cubierta por las aguas del pantano de Requejada.

A medida que va pasando el tiempo mayor valor adquieren las imágenes de quienes todavía conocieron vida en aquellos lugares, sirva el caso de Carracedo con sus minas de Cobre y Villanueva, donde se cita el trasiego de la Venta de Santa Lucía.

En la zona de Boedo-Ojeda, Gonzalo Alcalde ya cita en los últimos libros publicados los lugares despoblados de Miranda, Quintanilla de la Vid y El Indiviso.

Roberto Gordaliza y el erudito herrerense Miguel A.Ortiz Nozal, nos presentan también la historia, el arte y la toponimia de estas comarcas, donde se citan como lugares desaparecidos: Villagonzalo, Villasaña, Herreruela, Cornaganos, Santa María de Mañino, Bamalúa, Medinilla, San Jorde de Ojeda, Tobilla, Villalayn, Quintanilla de la Berzosa, San Pelayo, Villarrodrigo, Villafalila, Las Quintanillas, Barrialba, Enestar, Santervás, Santiyoannes, Valdemiranda, Quintanilla de Pisuerga, San Pedro de Ruyales, San Llorente o San Lorenzo, Villamuño Rubio, Santa Cruz, Santa María y San Román.

Si uno se adentra en la lectura de los investigadores descubre que, desde 1252 a 1369, las tierras palentinas pertenecían a la Merindad o Adelantamiento Mayor de Castilla, dividida a su vez en 19 merindades, al frente de las cuales estaba un merino menor que andaba por las tierras en nombre del Rey. Una de estas merindades menores tenía su cabecera en Aguilar de Campoo y era una de las más extensas y pobladas de Castilla.

La componían 262 lugares, de los cuales 155 pertenecen en la actualidad a Cantabria, 33 a Burgos y 74 a Palencia.

Gonzalo Alcalde, en su libro “Boedo-Ojeda, Aguilar y Barruelo, añade en la introducción a la historia de Aguilar que, de todos ellos, han llegado poblados hasta nuestros días 222. Entre los 40 despoblados, seis están sumergidos, tres en el embalse de Aguilar y otros tres en el del Ebro.

Pero seguiremos en los próximos capítulos intentando recuperar la memoria de estos y otros pueblos perdidos.

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