miércoles, 29 de junio de 2016

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El valle de los Redondos es uno de los reductos naturales de mayor valor ecológico de la cornisa cantábrica. Eso está escrito por doquier. Y es así por su bosque, por la riqueza botánica y faunística y los lugares idílicos como el Ribero Pintado, Covarrex, Cueva del Cobre y Sel de la Fuente.

José Luis de Mier y Marisol, su esposa, tienen un tesoro en Santa María de Redondo. Gonzalo Alcalde Crespo fue testigo conmigo de un encuentro con ellos y, trípode en ristre, el escritor volvió a recoger las instantáneas que pueden admirarse de este lugar de ensueño. Días más tarde, me consta, nuestro anfitrión esperaba la visita de mi compañero de página Pedro de Hoyos, que escribe de él: “si don José Luis de Mier presume de algo en su vida es de castellano y palentino”.

in memoria de JL de Mier   


José Luis no es sólo un buen amigo. Este palentino es castellano antiguo, prestigioso abogado en Cataluña, que vive enraizado hasta lo más hondo en estos lugares, donde aún se percibe un encanto que atrapa a todos los que vienen por primera vez.

En medio de este pueblo, a pocos kilómetros de las últimas explotaciones de carbón, el matrimonio ha levantado un palacete rural donde se conjuga pasado y presente. Una inmensa cocina con su lumbre y su trébede, cuyo suelo en blanco y negro nos devuelve la memoria de hospitalidad que siempre anidó en estos lugares apartados. Ya con anterioridad nos trasladamos al vecino pueblo de San Juan, donde el incansable matrimonio adquiere y restaura con ayuda de diversos vecinos y profesionales el viejo molino, al que dedicaremos uno de los próximos comentarios.

El casuco se halla en una zona elevada y desde su corral puede admirarse buena parte del valle; las peñas del moro, que conservan viva la leyenda de nuestro paisano de Verdeña Barrio y Mier y la torre de su iglesia de La Asunción, recientemente restaurada. Se trata de una casa pequeña, llena de libros. Libros de todos los colores, de todos los tamaños, de todas las tendencias. Uno de ellos, recientemente publicado, trata de prestigiosos paisanos castellano-leoneses, como Luis del Olmo y el propio José Luis de Mier, tal es, tal debe ser, la importancia de su labor y de su voz.

Resurreción María de Azkue, hijo del poeta Eusebio, un importante estudioso de la cultura vasca, publica entre 1935 y 1947 cuatro tomos de recopilación de costumbres y dichos, tantos y tan variados como los nuestros, material que busca o que le llega de todas partes. Martín Arotzarena le cuenta al etnólogo que una vez llegó a Orbara un grupo de hombres que pretendía coger la luna que se reflejaba en el río creyendo que era un queso. Se colgaron del puente dándose las manos y cuentan que, el que estaba más bajo le gritaba al que estaba más alto: “suelta un poco la mano para que pueda yo coger el queso”. Alargó su mano el de arriba y cayendo todo el grupo al agua la luna se les alejó.
Ese trozo de luna me ha parecido a mí verlo desde el casuco. Y no me he atrevido a decírselo a nadie por el miedo que impera en el pensamiento de los que aquí viven.

La luna es un pretexto para explicar un sueño. Tenemos una tierra preciosa y poco maltratada. La tenemos al alcance de la mano. No caigamos al agua buscando los alimentos que ella generosamente nos entrega y escribamos como este matrimonio un canto de agradecimiento.

Para la sección "Vuelta a los Orígenes" en Diario Palentino

domingo, 26 de junio de 2016

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Su nombre hace referencia a un lugar abundante en "helechos". En 1849 aparece como agregado a Villarén y se dice que está situado en la falda del monte Bernorio que domina todo el país y en cuya cima se encuentran las ruinas de un grande castillo edificado por Augusto en la guerra contra los cántabros. (31) Dice, además, que el clima es el más frío de toda la provincia y que las aguas de sus fuentes "tienen la particularidad de constipar al que por primera vez las bebe..."



En el libro de las Behetrías aparece como aldea de Aguilar y sus habitantes como vasallos de don Tello. En la localidad tiene posesiones el cabildo de Covarrubias.

En su templo de San Pantaleón se combina la mampostería con el sillarejo, con una sencilla espadaña realizada en sillería. Aunque restaurada en época moderna, conserva elementos que abarcan varios siglos y estilos.

Algunos edificios de la localidad presentan escudos y blasones en sus fachadas.
Ficha
Municipio: Pomar de Valdivia
Distancias:
3 Kms. a Pomar de Valdivia
106 Kms. a Palencia
Población: 18 Hab. (2013)
Altitud: 914 msnm
Fiestas:
San Pantaleón, 27 de Julio
A mediados de Agosto se viene organizando los últimos años una gran parrillada lechuza.
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(28) Al pie del castillo existió una villa titulada Santa María de Bernorio, la cual, a juzgar por la extensión de los restos que se descubren, contaría más de 500 edificios.» En la Edad Media se nombra como Felecha y se estima que pueda derivarse de Velegia ò Velecia, que a su vez podrían derivarse de Vellica. Unos historiadores sitúan a Vellica en Álava, otros en Medina de Pomar. A. Shoulten, en su libro “Los Cántabros y Astures y sus guerras con Roma” (1934), hace referencia a Monte Cildá, junto a Olleros de Pisuerga, precisamente, la opción por la que se decanta Laurentino, profundo conocedor de la historia y el devenir de estas comarcas. Pero no se detiene ahí la duda sobre su ubicación.
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viernes, 24 de junio de 2016

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Los de Mier por más valer

Revolviendo documentos, uno llega al pleito litigado por los hermanos Rodrigo y García de Mier, vecinos de San Juan de Redondo, con el fiscal del Rey y el concejo y pecheros de dicho valle, sobre su hidalguía. También por la misma causa aparece en febrero de 1592 el nombre de Juan de Mier, vecino del mismo pueblo, llevando como testigos a Rodrigo de Oreña y García de la Iglesia, ambos de Cabuérniga, el último de 100 años de edad.


Gracias a este litigio, los expertos en genealogía atribuyen la fundación de la Casa Mier y Terán en Cabuérniga a Martin Pérez, apodado "el Asturiano", a quien alguno nombra como uno de los caballeros del Cid, sin que haya una respuesta que lo confirme. Sobre todo por el afán, entonces, de pertenecer o emparentar con uno de esos ilustres personajes de la época.

Lo cierto es que Los Mier y Terán no aparecen en el Becerro de las Behetrías, ni en las Behetrías Castellanas donde según manifiesta Francisco Javier Polanco, vienen recogidos todos los linajes castellanos desde el mar Cantábrico al Duero.

Sí aparece en ese trabajo de Polanco, que me llega a través de Dialnet, la mención del "mozo" Juan de  Mier y Terán, que casa con Juana Enriquez de Cisneros, IX señora de Camporredondo, Alba, Los Cardaños, Valsurbio y Valcobero.

Curiosamente, en aquel valle cántabro, se nombra a un Gregorio de Mier y Terán, casado con doña Ana de Terán en Hoz de Abiada, y a quienes les nace una hija, que se casará con don Simón de Rábago en 1725. Es probable que aquel Gregorio, anterior al nuestro, fuera descendiente de uno de los hermanos Gutierre Pérez de Mier o Lope de Mier, fundadores de las dos casas de Abiada.

Laureano Pérez Mier, otro ilustre descendiente de aquellos, es quien pone toda la carne en el asador para demostrar a través del expediente de filiación e hidalguía que entre los nietos de nuestro Gregorio, nacido en Santa María de Redondo en 1795, se encuentra Susana Torre Mier, que casará a uno de sus siete hijos con la hija de Luis Grimaldi, de cuyo matrimonio nacerá el que luego conocimos como príncipe Rainiero de Mónaco.

© imagen: Escudo de la Casa de Mier por Martinezmcgough
© De la serie "La Madeja" en Diario Palentino, 2016

miércoles, 22 de junio de 2016

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Cinco son los nervios principales que forman esta extensa comarca: La ruta de Piedrasluengas: un extenso ramillete de pueblos que junto al río Buyón caminan hacia la capital de los mercados: Potes; la ruta de Espinama, en el extremo más occidental, que enseguida nos dejará en el Monasterio de Santo Toribio; la ruta de Aliva, el desfiladero de la Hermida y la ruta de San Glorio.

Pero por proximidad y contacto voy a centrarme en la primera.


Nadie ha discutido nunca la majestuosidad del Peñalabra, que los paisanos denominan familiarmente “mesa” o “baúl de Polaciones”. Subir a la cima es cosa de dos horas, y quienes conocen su bravura, aconsejan hacerlo por la parte sur, la que mira al valle de Pernía.
Mi buen amigo, el poeta vasco Marrodán, lo expresaría así en verso:
 “te rindo estas palabras, te evidencio:
montaña de color, devoción sana…”
Su ladera está plagada de flores muy conocidas y apreciadas por nuestra gente: arzolla, genciana, te, sanguinaria…, milagrosas porque abren el apetito de los niños, desintoxican la sangre y curan las hinchazones. Pero no hay palabras para describir el mundo que se divisa desde su cima. Uno se imagina cómo buscan el mar aquellos valles cántabros, a la derecha, esa luz especial que despide la barrera de los Picos de Europa, y,  al frente, las inmensas llanuras castellanas, los pantanos. Desde la parte palentina uno se va metiendo en estos valles fértiles, donde, merced a esa incomunicación y lejanía que padecieron, se nos muestra un paisaje inmaculado y una forma de vida inalterable. Los carreteros que viajaban hacia Palencia, tenían su última parada en la Venta del Horquero, antes conocida como la venta de Ezequiel y las Cortes. En otro tiempo también se conoció como la venta de Cantalguardia y los nativos del lugar aseguran que perteneció al valle de Santa María de Valdeprado, según papeles donde se especifica los gastos que tuvo el valle en retejarla hacia 1750.
En este punto, donde la historia nos divide por un famoso y viejo pleito, el viajero puede recrearse con las leyendas de bandidos y las historias de carreteros y caminantes que en los crudos inviernos trataban de salvar los últimos kilómetros.

Los viejos lebaniegos recuerdan los largos viajes que realizaban con los carros, sobre todo a las poblaciones de Cervera, Aguilar y Mave, donde llevaban ruedas y barandillas, albarcas y escarpines, para regresar cargados de patatas, vino y harina. En documentos antiguos, según el Becerro de las Behetrías, los reyes mandaban donaciones y de su estudio se desprende el vínculo tan fuerte que nos mantuvo unidos a esta tierra. Así, el obispo de Palencia tuvo en tiempos Señorío en la parte de Polaciones, los pueblos enteros de Cotillos, Salceda, San Mamés y Tresabuela. Y en Liébana, los pueblos de Viñón, Castro, Rasés, Soberado, Valmeo, Bárago y Bedoya. Soberado en la actualidad forma parte del concejo de Bárago (cuya fundación se calcula hacia el 929). Desde estos pueblos se transportaban en carros las manzanas para venderlas en los pueblos palentinos de Lores, Vidrieros y Triollo.

Nos encontramos en el paso natural que los Cántabros emplearon tras ser derrotados por Agrippa, para ir a refugiarse en el Monte Vindium. Aquellos bravos cántabros, que al decir de algunos investigadores bebían sangre de caballo, pasta de la que llevan bastante nuestros cuerpos, fueron capaces de mantener una guerra de diez años contra las invencibles legiones romanas.
Me he referido en varias ocasiones a la belleza de estos valles vecinos que, cobijados del cierzo por la grandeza de los Picos de Europa, disfrutan de un micro clima que permite el cultivo de la vid y el cerezo, el trigo y el maíz, el olivo y el alcornoque.

Cuando hablo de la inmensidad y la grandeza de estos lugares, recuerdo la lectura de Robert Wagner en Verdeña. El descubridor del bosque de fósiles explicaba allí la causa de aquellas formaciones haciendo mención al cataclismo que alteró la tierra y levantó una montaña donde antes había un mar. Si allí colmó la alegría de nuestros ojos semejante fenómeno, a medida que nos metemos en la comarca lebaniega mayor se nos representa el espectáculo que las fuerzas tectónicas produjeron hasta elevar los sedimentos del lecho marino a la altura que hoy se encuentran.
A la belleza del paisaje se une la variedad y la riqueza de su flora y su fauna y un largo capítulo etnográfico todavía por estudiar.

De la sección "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino. 
20.11.04 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, Los lugares.

domingo, 19 de junio de 2016

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Aunque en la actualidad figura como un lugar despoblado de Aguilar de Campoo, por su situación estratégica tuvo su importancia capital en siglos pasados al pasar por el centro de la población la calzada romana Pisoraca-Portus Blendium (10), que unía lo que actualmente serían las localidades de Herrera de Pisuerga (Palencia) y Suances (Cantabria).


Para los investigadores, este término que fue conocido también por otros nombres: San Martín de Grijera, Gregera y Gragera, tal vez el origen de su nombre se deba a su primitiva función como "granja de San Martín", siendo sus dueños la familia Maté.

Huidobro, en su descripción sobre la Villa de Aguilar hace mención al tercio que este lugar pagaba al obispo, a excepción de las granjas de Grijera y Camesa.

Este lugar dependió eclesiásticamente de la Diócesis de Burgos, y aunque su iglesia no revistió importancia, en una exposición burgalesa fue exhibida una imagen sedente de la Virgen, que hoy puede admirarse en el Museo de la Colegiata de San Miguel, en Aguilar de Campoo.

Muy cerca se encuentra "el puente perdiz" construido por los romanos y en un estado aceptable de conservación.
  • Ficha
Municipio: Aguilar de Campoo
Distancias:
2,5 Kms. a Aguilar de Campoo
98,8 Kms. a Palencia
Despoblado
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(10) La calzada de los blendios se construye tras las Guerras Cántabras para enlazar la Meseta con los puertos de la costa. Partiendo del asentamiento romano de Herrera de Pisuerga (Pisoraca) se encamina hacia Suances (Portus Blendium). Un ramal de esa calzada se desvía hacia Santander (Portus Victoriae lulobrigensium).
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viernes, 17 de junio de 2016

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Desde la Peñamellera a los Redondos

En Mier, en el Valle de la Peñamellera, se establece uno de los Condes de Álava que sobrevive a una serie de enfrentamientos entre las familias Vela y los Fernán González de Castilla, cambiando su apellido por el de Mier para alejar el odio del linaje castellano que no se veía saciado. Las raíces familiares de los Mier se hallan en la tierra del mismo nombre, la Peñamellera asturiana, cercana a Covadonga.


Los Mier tenían el patronato de la parroquia de ese pueblo hoy asturiano y en la abadía de San Pedro de Plecín. La iglesia de este lugar es una bella muestra del románico tardío, que viene a emparentar estilísticamente -al decir de los críticos- con iglesias tardorrománicas palentinas y burgalesas.

Aquellos Mier iniciaron peregrinaje, de manera que sus ramas florecerán en Liébana, Trasmiera, Cabuérniga, Campóo y por supuesto América. Mier es un apellido de generosa difusión en Cantabria. Julián Trespalacios y Mier en el discurso acerca de la nobleza de la Peñamellera, pronunciado en 1785, explica que tanto Mier como Miera pueden entenderse como una extensión más o menos grande de terreno utilizada para el sembrado, o sea, la mies. Al ser un espacio tan común no es extraño que el apellido tenga vigencia regional, si bien se aprecia una mayor intensidad en la zona occidental, donde se concentran varios de sus linajes y es posible dar con alguno de sus orígenes. En Cabuérniga, uno de los edificios más representativos es el palacio de los Mier, construido a principios del XVIII y que hace dos décadas se transformó en Parador Regional. En Ruente es muy conocido el palacio de Mier, construido en 1886, que estaba constituido por un complejo de cuatro edificios: casa solariega, capilla y otros dos edificios cercanos. Otras casonas dignas de mención son las que ostentan los escudos de Cossío y Mier en el barrio de la Hoya. Mier hubo muchos y desde muy antiguo aparecen bastante repartidos. Igual variedad hay en sus armas. Al llegar a nuestra tierra, unos se establecen en Camasobres y otros en los Redondos, y es en el pueblo de Santa María de Redondo donde nace en 1796 Gregorio de Mier y Terán, tatarabuelo del príncipe Rainiero de Mónaco.

  © De la serie "La Madeja" para Diario Palentino, 2016

miércoles, 15 de junio de 2016

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El mundo se mueve. Lo mueven millones de engranajes pequeños que por si solos pasan ignorados ante la inmensa mayoría. ¿Quién sabe que existe, por ejemplo, un lugar que se conoce como la ruta de los pantanos?. ¿Quién ha oído alguna vez hablar de "El Golobar" o de "Las Tuerces", o de un pueblo llamado Polentinos?.


Ya no voy a referirme a las Villas romanas de La Olmeda o Quintanilla de la Cueza, o a la Cueva de los Franceses y a tantos otros lugares por los que Palencia bien podría tintinear en la conciencia de todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo. No, no se escandalicen. No me miren sorprendidos. ¿Conoce Pablo Zuazua, el director del Parque Natural, toda la belleza que florece en los puertos de Pineda o en las Sierras de Alba?¿Ha visto amanecer en Peñalabra?¿Ha subido a algún punto (el Cueto de San Salvador, el Cueto de Herreruela...) desde donde puedan verse los pueblos, valles y pantanos? Tal vez si, tal vez a medias. ¿Sabe Guillermo Palomero que en Herreruela de Castillería hay auspicios de un lugar prerrománico, o vive exclusivamente para preservar los caminos al oso pardo? Tal vez pueda explicárselo Cristina Lión, adjunta al Patrimonio cultural de la Junta de Castilla y León a quien hemos puesto en antecedentes, o Rubio Mielgo, Diputado de Turismo, o Rafael Martínez González, responsable del departamento de Cultura de la Diputación.

Si en Palencia no hay conciencia verdadera de lo que tenemos, ¿cómo vamos a pedirle al resto del mundo que venga a disfrutar de nuestro paisaje o de nuestra gastronomía?

Para defender algo con pasión hay que estar convencidos. Y desde mi convencimiento absoluto, aprovechando todas las pequeñas posibilidades que se me brindan, he vivido y viviré reclamando atención para esta tierra. Hoy hablo de ello con mas tranquilidad, pues se que no estoy solo. El movimiento que nace es imparable, los proyectos muy serios y hay confianza en rellenar muchas de las lagunas que las autoridades locales se han limitado a bordear. Hay una frase que hemos vuelto a encontrar este verano en los despachos palentinos: "Con ese alcalde no hemos tenido problemas. ¡No ha venido! ¡No ha pedido nada...!  Entonces parece que todo está en orden, que cuando no se pide es que no se necesita, o que cuando se devuelve el dinero, es que no hay en el horizonte proyectos importantes.

Personalmente, he de confesar mi gran ausencia en todo lo concerniente a Guardo. Algo leo, algún movimiento percibo, pero me da en las venas que es un pueblo muy grande que no mete el ruido que debiera. Y mira que hay historias escondidas, bien lo sabe mi amigo y corregidor Jaime García Reyero, que ha colocado en las librerías un ejemplar de 610 páginas sobre la historia de ese confín de la montaña. Jaime, que tiene un pie en Alar del Rey, por sus raíces, es un personaje popular de Guardo, gracias a sus iniciativas culturales y literarias. Jaime es un engranaje diminuto de la gran rueda que con tanto esfuerzo mueve la historia de estos pueblos. Pero, si usted pregunta a muchas de las personas que allí viven, seguro que todavía ignoran su nombre, la ilusión que depositó en el Concurso Internacional de Cuentos, el alcance de las actividades desarrolladas por el Grupo Literario y la defensa encorajinada que hizo siempre de esta villa a efectos del reconocimiento de su nombre y de todo aquello que resulta casi imprescindible, como la sanidad, la educación, las comunicaciones...

No hemos sabido. No hemos querido. No hemos podido vender la montaña. A unos porque les viene bien que nada cambie; les viene bien de momento, claro, para su vida, para su egoísmo llevado a lo mas alto. A otros porque la distancia siempre les vino al pelo para justificar la ausencia. No es lo que cobran los alcaldes, por muy desorbitado que parezca, es lo que logren. ¿De qué le sirve a un pueblo que el alcalde no cobre si rara vez le encuentran en el Ayuntamiento o rara vez baja a Palencia para poner sobre la mesa los problemas y las necesidades? El pueblo se mueve en la medida en la que se mueven aquellos que lo ocupan ocasional o permanentemente. Aunque a simple vista los proyectos se presenten como utopías gigantes y no se conozca de verdad a las personas que los promueven, hay mucha gente implicada. Son a veces iniciativas pequeñas, rostros sin nombre; personas, por lo general, desprendidas, que sin pretender placas al honor y a la memoria quieren lo mejor para su pueblo. Henrik Ibsen, dramaturgo noruego, nos dejó la definición que le va a este texto como anillo al dedo:  "La sociedad viene a ser como un navío y todo el mundo debe contribuir a la buena dirección de su timón."—

De la sección "Vuelta a los Orígenes".
Diario Palentino, sábado 20 Sep. 2003

domingo, 12 de junio de 2016

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Ubicada al noroeste de la provincia, con el Carrión entrando por ambas márgenes, Guardo es la cabecera de toda la comarca.

Con una población cercana a los 7000 habitantes, durante muchos años la más grande de la provincia, no existen muchos datos de Guardo que confirmen las sugerencias de los investigadores. Hasta existe una discusión sobre su topónimo que, para uno de sus estudiosos, Quirino Fernández, puede venir del latín "Bucca ad ardum" o Boca de las Alturas, que se puede traducir por paso de difícil acceso, mientras que Julio Caro Baroja lo relaciona con la palabra celta "ward", Tierra de Tormentas.

Aparece mencionado por primera vez como Boardo en el año 940 en una carta del Monasterio de Sahagún. Su castillo, situado en posición estratégica y rodeado de una gran muralla, que se mantuvo en pie hasta 1895, dividía los reinos de León y Castilla. Guardo estuvo vinculado también al Monasterio de San Román de Entrepeñas, y fue tierra de Señoríos. A principios del siglo X (1035) perteneció al Obispo de Palencia y a mediados del XIV (1354) pasó a depender de la Casa de Cisneros y del Duque del Infantado, señor, así mismo, de Saldaña.

Con la construcción del ferrocarril de vía estrecha La Robla-Bilbao, denominado "El hullero", que pone el carbón de sus minas en los puertos de Santander y Bilbao y, sobre todo, en los Altos Hornos de Vizcaya, Guardo conoce una época de prosperidad que le lleva a crecer y a ser hasta hace muy pocas fechas, el pueblo más grande de la provincia.

Entre sus monumentos destacan, la fachada de la Casa Grande, de estilo barroco y declarado Monumento Histórico Artístico y la Iglesia de San Juan Bautista (Siglo XVI) y la Ermita del Cristo del Amparo.

En Julio de 1975 se inaugura el Monumento al minero de Guardo, obra del escultor Jacinto Higueras Cátedra, como homenaje al minero y en clara alusión a la principal actividad económica.

Son famosas en la comarca las fiestas de la Virgen del Carmen, a mediados de Julio, en las que es obligado degustar el “bollo preñado. Además de las fiestas patronales de San Antonio, San Cristóbal, San Juan y Santa Bárbara, en los últimos años ha alcanzado protagonismo la concentración motera "Lechazos", que se celebra el último fin de semana de Junio.

Guardo cuenta con uno de los mejores bosques centenarios de roble de España, en palabras del naturalista burgalés Félix Rodríguez de la Fuente, que corrió un grave peligro de desaparecer en los últimos años con la explotación de carbón a cielo abierto.

Son oriundos de esta villa Jesús Landáburu, que jugó en el Valladolid, Atlético de Madrid y Barcelona; Ana José Cancio, periodista y presentadora de Televisión y el padre Quirino, sacerdote de la orden de San Agustín que ya dejó una impronta en la historia de localidad con el libro "El Señorío de Guardo", trabajo galardonado con el primer premio en el “Concurso de Valores Históricos de la Villa de Guardo” en mayo del año 1974. Fue la residencia del pintor "Brosio", Antonio Ortega Alonso, nacido en Barruelo de Santullán y del escritor Jaime García Reyero (Alar del Rey), autor de diversos libros sobre la historia de la localidad y promotor del Concurso Internacional de Cuentos que alcanza ya la 44 edición. Precisamente, es este escritor amigo el que cuenta que la segunda esposa del dramaturgo Lope de Vega era natural de Guardo.
  • Pueblos que forman parte de este municipio:
Muñeca
Intorcisa
San Pedro Cansoles
  • Ficha
Municipio: Guardo
Distancias:
61,5 Kms. a Aguilar
95,1 Kms. a Palencia
94,5 Kms. a León
143 Kms. a Burgos
Habitantes: 6724 (2014)
Altitud: 1123 msnm
Gentilicio: Guardense
  • Fiestas:
San Antonio de Padua, 13 de Junio
Virgen del Carmen, 16 de Julio
Actividades: Todos los viernes el mayor mercado callejero de la provincia.
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viernes, 10 de junio de 2016

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A primeros de abril de este año la Agencia EFE difunde un comunicado en el que se invita a reflexionar sobre la copia en el Curso de las Claves del Románico.

Tarde nos damos cuenta en reconocer que sólo se avanza cuando nos afianzamos en los demás, en aquello que otros han copiado de otros, (citándolos convenientemente), imprimiendo también en el acto el toque personal, sumando allí experiencias e impresiones propias de cada uno.


Esto se nota mucho, si se fijan, en las "fábricas" de nuestro románico, recordemos, repitamos sin cansarnos, la mayor concentración de este arte en Europa.

Es verdad que muchos edificios parecen copias, y lo son de hecho, pero si nos aproximamos encontraremos detalles nuevos que amplían y complementan el original.

Hace unos meses, alguien lanzó un twit donde proponía que se reconocieran los derechos de autor en una frase. Pues, eso, y todos dioses, todos con sus derechos de autor, colgando cuadros de reconocimiento en las paredes. ¡Como si no estuviera ya todo inventado!

En el medievo, las manifestaciones artísticas están sujetas a copia y reproducción. Los maestros van de una obra a otra con los apuntes y las plantillas bajo el brazo. Ocurre, con frecuencia, en los templos cercanos, aunque también se observan impresionantes parecidos en templos muy alejados entre sí, donde puede que viajara algunos de los canteros que participaron en la construcción de la original.  Es decir, los canteros contribuyeron con sus ideas y su trabajo a sembrarnos la montaña de un patrimonio único en el mundo. Repito, para que ustedes repitan conmigo, no hay nada parecido en el mundo, aunque se siembren dudas. Y es verdad que se marcharon sin firmar o que firmaron a escondidas con sus marcas lapidarias, como a escondidas y con reservas parecemos nosotros a la hora de defenderlo y promocionarlo. Confieso que estoy un poco disgustado por la indiferencia de quienes viven cerca, de quienes nos representan, de quienes más que nadie deberían promocionarlo y defenderlo.

De la sección "La Madeja" en Diario Palentino.

miércoles, 8 de junio de 2016

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La verdad, tarde o temprano, te pone a salvo. Según el informe que ha elaborado "Dynamica Consultig", los vecinos de la montaña palentina desconfían de las instituciones. No hay nada nuevo bajo el sol. Los elevados índices de masculinidad y soltería y el envejecimiento de la población eran cosa ya masticada por todo el mundo. Pero, quienes rigen, dudan y desconfían. Ponen en tela de juicio lo que aquí vamos apuntando y sólo para que quede constancia de su preocupación y no se note tanto su desconfianza, nos remiten a los informes oficiales, a las estadísticas que, para qué vamos a engañarnos, no nos desvelan nada nuevo.


Yo estoy satisfecho, entre comillas, de que, finalmente, aunque tarde y a regañadientes, como con miedo de perder la pensión por cantarles las cuarenta a quienes se sientan en la poltrona, gracias a la confianza que ellos les dieron en las urnas, el pueblo haya dicho que las cosas no marchan bien (o la consultoría haya reflejado fielmente lo que el pueblo ha dicho), y que ellos, que son los que pueden cambiarlas, se han ido pasando la pelota año tras año, postergando las soluciones, alargando las obras, retrasando en definitiva el cambio que nos hicieron ver en sus promesas.

La ciudadanía está muy descontenta con los servicios sanitarios. Mucho alardear de hospital nuevo y falta lo más básico para atender una urgencia. Curioso el acalorado debate que suscita el lamentable estado de la carretera que une Aguilar y Cervera. Lo que iba a unirnos, nos separa, dado que han tardado años en repararla y, cuando ya parecía compuesta para su inauguración, comienza a flaquear por mil puntos, por lo que las autoridades de los pueblos cercanos se han decidido a pedir explicaciones a la Junta. En este país todo se manifiesta a cámara lenta y llegamos tarde o no llegamos nunca a los sitios.

Estamos habituados a lo que aquí es normal: diez días de incomunicación por el invierno; casas en los pueblos que se habilitaron en su día como residencia del médico y que se dejaron perder inadecuadamente, sin que los mandatarios posteriores lucharan por recuperarlas en los años siguientes  y restablecer así la situación.

Vías de comunicación tan importantes como ésta, que une los principales núcleos de montaña y cuya culminación estaba prevista para mediados de septiembre.

Entre todas las normas que se escriben, no hay una que hable de unificar esfuerzos y criterios y ahí se deja ver, precisamente, la dejadez de quienes proclaman a los cuatro vientos el esfuerzo que vienen realizando para dotarnos de infraestructuras. Es hora de que las autoridades de todos estos pueblos se unan y pongan sobre la mesa todas esas cuestiones que llegan a hacerse una bola indigesta. Todos los asuntos en la misma carpeta, porque aunque se trate de pueblos y partidos distintos, el fin que se persigue es el mismo.

De cualquier modo, hay unos datos que deben despertar la conciencia de nuestros gobernantes. Se ha encuestado a una buena parte de residentes habituales y ocasionales y, aunque este tipo de seguimiento no sea la panacea, si responde en un elevado porcentaje a la situación que se padece.

No se puede obviar la inquietud de la gente, pues se han llenado las salas donde se celebraban las reuniones y pese al alto porcentaje de satisfacción que se evidencia, cuando se les pregunta sobre la suerte de poder vivir todo el año en esta tierra, la fuerza de la razón es cada día mayor al considerar inadmisible la calificación de ciudadanos de segunda.

Hasta quienes se apresuraron a estampar la firma para decir que sí al Parque Natural, saben que este no podrá mostrarse si no hay buenos accesos y saben que comenzará a deteriorarse si se apalea o se ignora a quienes le mantienen.

Lloremos, que parece que lo del refrán también resulta verdadero.

De la sección "Vuelta a los Orígenes".
Diario Palentino, 26 Febrero de 2005

domingo, 5 de junio de 2016

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Por la toponimia se trata de un lugar de hierba abundante, dedicado en otras épocas a la carretería y a la venta de leña. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, Gramedo poseía silo, escuela propia, rectoría, fragua y calero.

A principios de siglo XVII, era señor de Gramedo el Conde de Cervellón y Siruela.

Su iglesia, de estilo románico, está dedicada a San Miguel y en la misma se conserva una pequeña imagen del patrono del pueblo, esculpida en madera policromada, obra del tallador palentino Alonso de Portillo (siglo XVI).

La Junta Vecinal editaba un curioso diario, "Gramedo", donde aparecen interesantes datos de la vida del pueblo y en el que está implicado Miguel de la Hera. Cuentan en uno de ellos cómo se levantó un Mayo en dos ocasiones. El Mayo es un árbol muy alto y derecho, generalmente un chopo, que se izaba con motivo de la celebración de la primera misa de alguien del pueblo.

En el libro titulado: "Gramedo, un pueblo de la montaña palentina" Miguel de la Hera recoge toda su historia, que abarca toponimia, mojoneras, costumbres, fiestas, juegos, matrimonios, testamentos, defunciones, nacimientos, descripción urbanística, anécdotas y biografías más significativas.

Hay una copla popular donde se menciona a otro vecino:

Si te casas en Gramedo
con las hijas del tío Claudio,
tienes que comprarte burro
que en Gramedo no entran carros.
  • Ficha
Municipio: Cervera de Pisuerga
Distancias:
6,1 Kms. a Cervera de Pisuerga
115,2 Kms. a Palencia
Habitantes: 15 (2012)
Altitud: 1050 msnm
Gentilicio: Gramedanos, Papujos
  • Fiestas:
Apariciones de San Miguel Arcángel, 8 de Mayo. Encuentro de veraneantes, el domingo anterior a Nuestra Señora.
  • Costumbres:
Fiesta de las mojoneras, donde se revisan los mojones de separación con los pueblos colindantes.
Turismo Rural.
La Casa de Concejo, donde se celebran exposiciones y charlas.

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viernes, 3 de junio de 2016

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En todos los pueblos hay alguien que destaca por algo. En San Salvador era Gabriel González, que heredó el apodo de su padre: “dios de la Pernía”. Como poeta, nos deja en verso y en un pequeño libro las Ordenanzas de San Salvador. Como director de teatro no tenía precio.


Y además brillaba como publicista, cuando iba a exponer sus productos a las ferias de las villas cercanas. "Si quiere comprar guadaña, que le haga buen segador, consúltele marca y precio al "dios" de San Salvador."

Y en la parte inferior de la hoja, una pequeña aclaración: “No comprar sin consultarme precios”.
Otra octavilla rezaba: "Si no quieres andar a gatas, como andan los gatos, ven a calzarte en casa del "dios" a precios baratos."

Quise llevarle como protagonista a la charla de Vallespinoso de Aguilar, porque me aseguraba en aquella larga entrevista que su padre estudió el oficio de cantero por correspondencia. Su ilusión era hacer el puente de Vañes.

Cuando se licitó la obra de la carretera desde Vañes a Piedrasluengas, su padre se presentó en la Fonda de Manolo Isasi, en Cervera Pisuerga, donde se hospedaba el contratista. Éste le pidió una fianza muy elevada. Él vino entonces donde su padre, que era tejedor y que le dijo: "¡Anda, jodío, vete a sacar patatas a la tierra del hornillo, que me vas a comer las pocas perrucas que saco!".

Por alguna circunstancia el contratista dejó la obra y quedó a cargo de la misma el dueño de la fonda, que le puso de encargado. Su padre, cuando comienzan las obras del puente de Vañes –Gabriel considera que como venganza-, guarda el plano del ingeniero y saca el suyo. Les explica a los obreros lo sucedido y todos están de acuerdo en llevar adelante la obra siguiendo sus instrucciones.
Cuando el ingeniero visitó las obras se debió poner como un miura, porque no coincidía con el puente que él había dibujado, pero ya estaba concluido y no daba tiempo a cambiar nada.

Aunque él esperaba una buena reprimenda por el disgusto que le pareció advertir en su cara (bien lejos de lo que sentía en realidad), le dio una propina de cincuenta reales y le hizo encargado de todos los puentes que hoy surgen a los lados del camino, desde Vañes hasta Piedrasluengas.

De la sección "La Madeja" para Diario Palentino.

miércoles, 1 de junio de 2016

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Sigo con interés todas las historias que en los últimos años se vienen publicando en los periódicos sobre la Montaña palentina. Con interés y con preocupación. Más de lo segundo que de lo primero, porque ni machacando la piedra, como nos auguraron, se hace agujero, se consigue el afianzamiento mil veces pronosticado. Y lo sabemos. Y no podemos hacer nada.
Es importante que antes y después de estas palabras: que antes y después de este escrito, vengan otros, que canten aquellos que lo sienten y lo viven de manera distinta y que sus cantos minimicen así nuestro presunto abatimiento.


Si hay cien personas en un pueblo y a las cien les preguntan lo mismo, te darán cien respuestas distintas. Sabes que habrá cien puntos encontrados, cien capítulos de una historia diminuta que lo aúnan todo: progreso y decadencia, envidia y duelo, desprecio y remordimiento...

Todo el mundo sabe desde hace mucho tiempo que los pueblos se mueren. No se puede evitar que mueran las personas que trabajan en ellos, aquellos que mantuvieron viva la llama de tantas historias. Lo sabemos y lo asimilamos. Pero tampoco se puede vivir respirando paisaje, ni llevando como principio fundamental al oso, al rebeco, a las garduñas, el respeto a los bosques, la sumisa entrega a las pautas de moda como la ecología...

Y esto lo saben, también deben saberlo, quienes planifican su futuro. Hay dos formas de ver las cosas: desde el interior, como lo ven quienes lo viven, y desde el exterior, como lo pintan quienes lo promocionan. Entonces la belleza es figurativa. La belleza es sublime para quienes nacimos en su entraña y todo lo vemos de color, por ejemplo la nieve, la distancia, la tendencia al envejecimiento de los pueblos ... y en la misma linea, todo aquello que implica un freno riguroso para el crecimiento a los ojos de los visitantes, es para el lugareño un insignificante callo. Lo era, al menos. Lo fue mientras tuvimos fuerzas para esperar las soluciones que se nos prometieron, que fueron postergándose un gobierno tras otro.

Así pues, querido lector, mucho diccionario, mucho recorrido por el Norte, muchas costumbres recuperadas, pero a la hora de la verdad los habitantes siguen esperando. Y es cierto que los pueblos lucen cada día más hermosos. Se construyen nuevas viviendas, en algunos todavía se dan cita cantos y tradiciones, algunos jóvenes se casaron aquí o han venido de fuera, y como mucho, el que pudo, adquirió su segunda vivienda en la villa más próxima, lo que le permite venir de vez en cuando, abrir las ventanas, sacudir el polvo de la casa y de año en año revisar paredes y tejados.

Primero fue el canto primaveral, la explosión sincera de un sentimiento que queríamos compartir con el resto de ciudades y pueblos. Y cantamos con interés y expectación hasta que se fueron agotando nuestros cantos, hasta que disminuyeron nuestras fuerzas.

Ayer nos advirtieron que tomásemos con paciencia nuestro sino, que pronto llegaría la recuperación de nuestros pueblos. Y si, llegó el turismo rural, hubo pequeñas concesiones, se fraguaron muchas esperanzas y parece que ahí se acabó la historia.

Hemos mostrado una resignación de varias vidas, y pasados los años, pese a los cantos de nuestros escritores, pese a los reportajes y a las citas de los medios de comunicación, pese a los millones y millones que se citan para arreglo de carreteras, debemos rendirnos a la evidencia de que en la Montaña nada cambia, nada se transforma, todo se termina.

@ Sección "Fin de Siglo" en Diario Palentino, 3.4.1999

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