El viejo puente de Vañes

En todos los pueblos hay alguien que destaca por algo. En San Salvador era Gabriel González, que heredó el apodo de su padre: “dios de la Pernía”. Como poeta, nos deja en verso y en un pequeño libro las Ordenanzas de San Salvador. Como director de teatro no tenía precio.


Y además brillaba como publicista, cuando iba a exponer sus productos a las ferias de las villas cercanas. "Si quiere comprar guadaña, que le haga buen segador, consúltele marca y precio al "dios" de San Salvador."

Y en la parte inferior de la hoja, una pequeña aclaración: “No comprar sin consultarme precios”.
Otra octavilla rezaba: "Si no quieres andar a gatas, como andan los gatos, ven a calzarte en casa del "dios" a precios baratos."

Quise llevarle como protagonista a la charla de Vallespinoso de Aguilar, porque me aseguraba en aquella larga entrevista que su padre estudió el oficio de cantero por correspondencia. Su ilusión era hacer el puente de Vañes.

Cuando se licitó la obra de la carretera desde Vañes a Piedrasluengas, su padre se presentó en la Fonda de Manolo Isasi, en Cervera Pisuerga, donde se hospedaba el contratista. Éste le pidió una fianza muy elevada. Él vino entonces donde su padre, que era tejedor y que le dijo: "¡Anda, jodío, vete a sacar patatas a la tierra del hornillo, que me vas a comer las pocas perrucas que saco!".

Por alguna circunstancia el contratista dejó la obra y quedó a cargo de la misma el dueño de la fonda, que le puso de encargado. Su padre, cuando comienzan las obras del puente de Vañes –Gabriel considera que como venganza-, guarda el plano del ingeniero y saca el suyo. Les explica a los obreros lo sucedido y todos están de acuerdo en llevar adelante la obra siguiendo sus instrucciones.
Cuando el ingeniero visitó las obras se debió poner como un miura, porque no coincidía con el puente que él había dibujado, pero ya estaba concluido y no daba tiempo a cambiar nada.

Aunque él esperaba una buena reprimenda por el disgusto que le pareció advertir en su cara (bien lejos de lo que sentía en realidad), le dio una propina de cincuenta reales y le hizo encargado de todos los puentes que hoy surgen a los lados del camino, desde Vañes hasta Piedrasluengas.

De la sección "La Madeja" para Diario Palentino.

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