He llegado a Herreruela de Castillería muchas veces, y siempre con la sensación de estar entrando en un lugar que sabe guardar su esencia. Aunque pertenece al municipio de Cervera de Pisuerga, Herreruela tiene su propio pulso, su propio silencio, ese que solo se encuentra en los pueblos pequeños de la Montaña Palentina.
He visitado este pueblo en invierno, cuando la nieve cubre los caminos y el pueblo parece recogerse sobre sí mismo. Las casas de piedra se vuelven aún más sobrias, más firmes, y el frío no resulta hostil, sino honesto. Camino despacio, escuchando el crujido bajo mis pasos, sintiendo que aquí el invierno no es un enemigo, sino una forma de vida aprendida con los años.
En verano, Herreruela se transforma. Los prados se llenan de color, el monte se vuelve generoso y el aire huele a hierba y a tiempo antiguo. El entorno invita a quedarse, a sentarse sin prisa, a mirar cómo la luz cae sobre el valle. Es entonces cuando el pueblo se muestra abierto, vivo, sin perder su carácter tranquilo y discreto. Sé que Herreruela de Castillería ha estado siempre ligada a la vida rural, al campo y a la ganadería, a ese modo de vivir sencillo que hoy casi parece un lujo. Su iglesia románica, modesta y serena, es testigo de siglos de historia callada. No necesita imponerse; basta con estar ahí, como todo en este lugar.
EL VIDEO
Video: Herreruela de Castillería | José Luis Estalayo
Para saber más
Un invierno de aquellos años








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