viernes, 30 de marzo de 2012

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"Un trabajo de recopilación que vale un mundo, tan preciado ahora, cuando todo aquello desaparece o queda relegado por otras historias".





En el aspecto humano siempre hay personas que te comunican con su actitud, con su trabajo. Y bien se explica esto en la introducción del último libro, sobre la ingente obra del folklorista Antonio Guzmán Ricis, que sabemos que lo es y la admiramos porque ingente ha sido también la difusión que de ella ha hecho su hijo Luis Guzmán Rubio. En el libro que me remite la Diputación de Palencia, Luis Guzmán volca sus vivencias donde aparecen pasajes que ya han visto la luz en otras publicaciones, pero que no cansan, pues sabe rellenarlos nuestro amigo de anécdotas vividas en distintas provincias, como cuando llegan a Palencia para hacerse su padre cargo de la direccion de la banda de música, después de la experiencia que le precede en la de Cuenca.

Luis Guzmán emula la labor de su padre dirigiendo la de Guardo desde 1952 a 1958, con la presencia en la misma del compositor Claudio Prieto, formado después en la escuela de San Lorenzo de El Escorial y perfeccionándose durante varios años en la Academia Nacional Santa Cecilia de Roma. Luego el estreno en el Ateneo de Madrid de su obra "Improvisación" y el lanzamiento definitivo con la pieza "Solo a Solo" para flauta y guitarra, premiada en 1969 como "Mejor obra española", cuya difusión se ha mantenido desde entonces tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Todo esto a Luis Guzmán le llena de orgullo. 

Posteriormente se volca en el seguimiento de la tarea que comenzó su padre, una basta e intensa investigación del folklore y las costumbres que le llevarán por todos los pueblos de la provincia, desde Barruelo hasta Guardo, pasando por Pernía donde pasa una intensa etapa de su vida, donde conoce a Lorenza, una de las mejores pandereteras que ha dado esta tierra, también donde le llega el amor en Tremaya, viviendo a fondo desde entonces su folklore y su historia.

Uno de los lectores que sigue esta serie por el blog, desde que el diario digital cambió de diseño al que no se incorpora el espacio de opinión, me sugiere que podríamos aprovechar su estancia en los meses de verano para rendirle un cumplido homenaje. Y ahí queda la propuesta a la que me sumo. Vamos a dejarnos de calles y de medallas póstumas. Los premios que puedan saborearlos los premiados en vida.


martes, 27 de marzo de 2012

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Hay un libro que merece la pena ser tenido en cuenta por todos aquellos que arrivan por primera vez a nuestros lares. "Palencia Stop, de Antonio Álamo Salazar, cronista oficial que fuera de Palencia. A la entrada de ese mismo libro se cita una frase de Alcediano de Alcor: "Palencia, entre historiadores y cosmógrafos es tenida por muy noble y antigua, de quien muchos autores hacen memoria".


He tenido la suerte de visitar Barcelona. Iba de camino hacia Italia y andaba con el tiempo contado para ver y admirar tanto contraste y tanta maravilla como ofrece esta ciudad mediterránea. Vi la Sagrada Familia, de "Gaudi", y quedé impresionado.

Me gusta Santander. He llegado a Cantabria por todos los caminos; no en vano, Piedrasluengas -como atrás queda dicho- es una via importante de paso que nos mete de lleno por Polaciones hacia "La Laguna" (buena matanza en las Ventas del camino, bonita la yegüada de Pisueña...); y de otro lado, Liébana, bella tierra que conozco y que amo porque la he vivido en sus paisajes y en sus fiestas.

Qué voy a decir de A Coruña; España, querido lector, tú ya lo sabes, es una fuente inagotable de belleza. Muchas veces, en dos años, "troté por la calle de los vinos. Muchas anduve por la Plaza de María Pita; otros días los pasábamos en una tasca pequeña, camino del Faro, donde un hombre provisto de mandiles preparaba "queimada" y, después, hecho el silencio, apoyado en un bastón extraño, recitaba unos versos que, en alguna parte, no sé por qué motivo, nombraban a Palencia.

Estuve en Don Benito (Badajoz) una semana. Tocando casi Andalucía (un viaje que tengo prometido y que hasta la fecha, por unas u otras razones, no he podido cunplir). En Don Benito tuve la suerte de asistir a una boda, acompañado por dos buenos amigos: Esteban y Francisco de Celis, el cura que les casó. De todas formas, ¡pobres novios!; creo que aquella noche no encontraron acomodo ni descanso. Curiosos y solteros merodeaban por el lugar tratando de impedir que avanzara la noche, cuando menos, que se detuviera en algún punto, con ese encanto que requieren las emociones fuertes del primer día de casados.

La última vez que vi algo parecido en nuestra montaña, fue en Polentinos. En este pueblo, hace ya algunos años, los mozos eran muy rigurosos con todos los forasteros que venían a pretender. Las mozas, primero, para las del pueblo. Sin duda, parecía buena fórmula para que los pueblos no se desperdigaran por España, bien digo, porque España está llena de palentinos, a veces tan ilustres como Virgilio Zapatero, Guzmán Rubio o Claudio Prieto.

Pero dejemos eso para otro día y prosigamos viaje.

En la montaña palentina se habla del condado de Fernán González. Ramiro II, un guerrero muy avispado del reino astur-leonés, sofocó una rebelión de nuestro conde y le mandó encarcelar. Dicen que unos años después le dejó en libertad y se lo devolvió todo: iglesias, catedrales, sepulcros, conventos...

En León tuve tiempo para admirarlo todo. Desde la catedral a la Virgen del Camino, sin olvidar el convento de San Marcos. Otro tanto diré de Ávila; nevaba en aquel patio donde jugó Santa Teresa de Jesús. Buenas palabras que dedicó a Palencia: "... mas toda la gente de Palencia es de la mejor masa y nobleza que yo he visto". De todo ésto sabía mucho nuestro gran poeta Antonio Álamo. En fin, sería muy largo de detallar aquí las impresiones recibidas en cada una de las ciudades por las que he pasado: Salamanca, Segovia, Zaragoza, Pontevedra, Cáceres, Valladolid y Madrid, estas dos últimas donde pasé seis largos años de mi vida; primero, entre las nieblas de Laguna de Duero y Portillo; el último en Madrid, con la muerte de Franco.

De mi paso por ellas tengo recuerdos gratos. Del primer agobio en tierra extraña, lejos del cariño de tus padres; de la primera morriña de una cárcel de pueblo -pongamos por caso- en Valladolid, a una libertad sin límites en la Capital de España. Sí, porque, cuando se ha vivido en un regimen severo como el que a nosotros nos tocó en Valladolid, sujetos a castigos que, al recordarlos hoy me da dolor; metidos de lleno en una vida sin buscarle sentido a nuestra vocación...; cuando, de la noche a la mañana, en otro lugar con el mismo vínculo, encuentras un camino de rosas o, por lo menos, un camino sin vigilantes obsesivos, entonces sientes eso que llaman libertad. No obstante, incluso en las pautas educativas más estrictas, en los regímenes más autoritarios, hay cosas agradables que recuerdas con gozo. Y, al final, cuando miras atrás, no te detienes en aquellas disciplinas tan dispares, vas más lejos, te encuentras con un nuevo paisaje, con los viejos camaradas , con aquel padre cojo que nos buscaba con panfletos. Son capítulos amargos, donde buscas lo mejor para llevarlo a este libro y meterlo en la casa de ustedes, que tantas y tan bellas experiencias podrían contarme.

Soy un viajero sin escrúpulos que va donde le mandan, que no exige cuidados especiales, que se conforma con un poco de cada cosa, que no tiene pasiones desmedidas, que casi todo le agrada y le conmueve. Bilbao es otra historia. Del País Vasco sólo me ha mermado en otro tiempo tanta muerte, me he sentido mal por tanto grito como brotó infecundo; menos mal que el Arte, -como dijera en Pernía el poeta leonés Isidoro Álvarez- une los pensamientos más dispares, los radicalismos más absurdos.

Por encima de todos esos artistas que las viven y las describen a diario, por encima de todas esas técnicas que nos delumbran, luce la belleza de la montaña palentina; con sus errores, con sus enigmas, a un paso de la muerte, desnutridos, con un grito de paz almibarado en las grutas de sus montes, entre el hielo y la sequía, abiertas de par en par las puertas de cristianos reñidos con la tierra, perdidas las voces juveniles, cansados los ancianos de ser viejos; a veces, metidas entre el bosque sus casitas, como nota de cuentos.

Confieso que he nacido como soy por la montaña y a ella le debo todo lo que tengo.

He visitado muchos lugares de España, la venero, guardo sus cosas en mi armario interior, pero mi razón, las experiencias que me han endurecido, están en la montaña palentina.

La llevo dentro a todas partes, la reproduzco y la comparo. "No hay nada igual, me digo, y ya lo siento por Madrid, que es la capital de España, y por Barcelona, tan saturada de lo que aquí nos falta. Y ya lo siento por el mar, por las llanuras que nos tocan, por esos lugares tan hermosos a los que no he llegado; ya lo siento por todo y por todos, pero ella siempre viajará en esa cajón de la memoria, vaya donde vaya, viva donque quiera que viva.

Ella primero, y luego, sin más orden que aquél que establezca el tiempo, el dinero y el momento, cualquier punto de España.

viernes, 23 de marzo de 2012

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Una de las conclusiones a la que llegas después de meterte en canción con Luis Guzmán, es el amor y la admiración que profesa a su padre. Te das cuenta, asimismo, que no es necesario tener cien años ni ser un ídolo de masas, para ganarte la admiración y el cariño de tu gente. Que no necesitas nacer ni vivir necesariamente en los lugares que te cautivaron y a los que de algún modo has dedicado una buena parte de tu vida.


Que no lo haces por recibir plácemes del mundo, que lo haces por amor, por devoción folklórica, poque algo te grita dentro.

Su padre, Antonio Guzman Ricis, autor del Himno de Palencia, excelente compositor y director, nacido en Barcarrota (Badajoz) murio a los 48 años, como muchos insignes artistas de la Edad Media, cuando la esperanza de vida no iba más alla de los 50 años, pero dejando tras ellos una estela imborrable; en este caso concreto, 240 obras compuestas.

Y un trabajo de recopilación que vale un mundo, tan preciado ahora, cuando todo aquello desaparece o queda relegado por otras historias.

Entre nosotros, en muchas ocasiones, ha salido a relucir esta adversidad y distanciamiento con el que te deleitan algunos paisanos, pensando, tal vez, en los dineros que ganas por hacer lo que haces, como haciéndote ver que aquella dedicación tuya no tiene mérito ni tendrá recompensa. En algo tienen razón: No sólo no cobras ni un céntimo sino que, además, no te llueve un premio por ningún sitio en reconocimiento, que sirva también de incentivo para seguir cuando flaquean las fuerzas.

Pero son aficiones éstas a las que te entregas afanoso, porque algo te lo marca, sin que sepas explicarlo bien ni acierten a entenderlo los demás. Y tienes que proseguir aunque tiemblen las manos y el corazón de quienes lo atesoran, aunque como humano te lamentes de tanto olvido o veas inane acaso tanto esfuerzo.

Y sí, estamos de acuerdo, no tendrá la rentabilidad visual de esos programas televisivos que se dedican a tender su ropa, y se "arrojan cuchillos", y se hacen daño por la audiencia, ni el suculento dinero que los hace transformarse en guiñapos. Tú intuyes que, además de las buenas sensaciones que te aporta, dejas un legado impagable a las generaciones venideras.

Ver también: Algo te grita dentro (II)

"Luis Guzmán emula la labor de su padre dirigiendo la de Guardo desde 1952 a 1958, con la presencia en la misma del compositor Claudio Prieto, formado después en la escuela de San Lorenzo de El Escorial y perfeccionándose durante varios años en la Academia Nacional Santa Cecilia de Roma".

viernes, 16 de marzo de 2012

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A últimos del pasado año, nuestros parlamentarios viajaron a Bruselas para defender ante la presidencia polaca las ayudas al sector de la minería en España.
¿Es rentable el carbón?¿Por qué necesita ayudas si es rentable?



Esas son las dos preguntas que todo el mundo se hace.
El sector de la minería da trabajo a cien mil personas en Europa y ha recibido más de 9000 millones de euros de subvención.
Esto me recuerda, aunque sea un simil distante del asunto, a esos miles de autónomos y empresarios que siguen endeudándose año tras año, sin ayudas de nadie, para mantener a flote un "negocio" familiar que hace aguas por todas partes.

Ahora se tiende a globalizarlo todo, pero ante la grave situación que se nos ha planteado, más grave cada día que pasa, y donde las medidas para atajarlo discriminan claramente a los más débiles (echar a unos para contratar a otros a precios de saldo), habrá que sentar las bases de lo que merece o no ser subvencionado.

Porque la situación planteada no la cambiará de la noche a la mañana ningún gobierno nuevo. Es difícil que las ayudas a este sector se posterguen durante mucho tiempo más.

Las minas, que en otro tiempo dieron vida a estos pueblos, que fueron el sustento de muchas familias y comercios, viven estos días sus horas más críticas.

Nada que ver todas las crisis que se sortearon antes. Esta es, con diferencia, la peor. Ni todas las reservas, ni las marchas reivindicativas, ni las medidas medioambientales que se tomen para hacerlo viable, ni todas las promesas y propuestas de los políticos que tratan de alargar su agonía, lograrán detener el final de su historia.

Es conveniente, por lo tanto, buscar alternativas.

Y si la política de las subvenciones ha de postergarse, que los beneficios alcancen a todas las personas, bien en el arreglo de las carreteras que los comunican, bien en los servicios que se demandan para hacerlos viables, con alguna posibilidad de vivirlos, que es, en definitiva, el eco de los gritos que más resuenan en los últimos años.

viernes, 9 de marzo de 2012

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Para quienes se han posicionado siempre en contra de una estación de esquí en San Glorio voy a enviarles una señal de esperanza, pues si el tiempo acaba poniendo las cosas en un determinado sitio, que no quiere decir que sea el sitio mejor, parece que esta famosa estación en el ánimo de tanta gente que ve morir sus pueblos sin que nadie haga nada relevante, lo que sea, al precio que sea, incluida una urbanización en algún lugar de nuestras sierras, nunca se llevará a efecto.


Es posible también que me equivoque, porque estoy oficiando de agorero, pero las últimas crónicas sobre este proyecto me suenan igual que las primeras. ¿Cuántos años llevan dale que dale a esta matraca? ¿quince? ¿Cuántos años más tenemos que esperar para verlo en marcha? 

A ver, no se puede tampoco supeditar el futuro de estas provincias a la puesta en marcha de una estación de esquí, cuya primera fase, otro anuncio incierto de futuro, echaría a andar en 2015 con 23 kilómetros de pistas.

La prensa cita con frecuencia los afanes de "Tres Provincias" por dar luz a este evento, que por otra parte no es nuevo ni seguro, dado que está supeditado a una estación del año y a los vaivenes del cambio climático. Las últimas declaraciones del portavoz son para enmarcar: "Se trata de un proyecto regional inmenso". Inmenso tiene que ser para que, después de tanto años de machacarnos con su puesta en marcha, venga envuelto en tanto misterio y se siga hablando de una cantidad importante de dinero en una época de dura recesión... 

Señores, seamos claros, que ya el pueblo está escamado de enredos y mentiras. ¿Es para beneficiar al pueblo o es para beneficiar a una pequeña empresa que se monta con tal fin para crear cien puestos de trabajo, empujando al Gobierno a cambiar la Ley de Ordenación del Territorio?

Lo más sospechoso es el aplazamiento contínuo del proyecto. ¿Hacen falta más leyes?¿Tienen dinero de verdad?¿Quieren dinero público? ¿Van a levantar un mausoleo para que se refieran al proyecto como algo "inmenso"? 

Las cosas claras. Y se hace o no se hace, pero que no nos den la murga mil años más con eso.

Imagen vista en:  billetes

martes, 6 de marzo de 2012

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Si escribiera cien veces, cien contornos plasmaría en el papel. Y los cien diferentes unos de otros. Y los cien nuestros. Y no porque me canse de nombrar la belleza y la importancia del paso de "Piedrasluengas", sino, porque no tengo la capacidad de retención que tienen otros; puedo inventar cien nombres, pero si me mandaran repetir inventaría otros cien. Habré subido cincuenta veces a la sierra. Siendo un muchacho todavía, he arreado ovejas desde el pueblo de Várago, por encima de Potes, tierras holladas por los "maquis", por los "Juanines" y "Bedoyas" en una guerra civil a la que siempre quitan años.

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Aquellas cuestas eran tan empinadas que, cuando enfilabas las cañadas de Dobres, tenías la impresión de estar jugando a los barcos con las nubes. Después, en "Cortes", los vaqueros de mi pueblo con el chorizo al fuego y la tortilla de patatas entre el pan, se te quitaban los deseos de proseguir el viaje; te relamías de gusto, como un niño viendo comer el caramelo a otro; querías tener edad para ser como ellos y dormir al aire de la sierra, cerca de aquellos hondos valles, donde el eco repetía las canciones montañesas de los mozones que cantaban para aplacar el frío y los recuerdos. ¡Cómo sabía allí el pan y el vino y la sinceridad a expensas del puchero a la lumbre!

Pero tenias que andar. Eras un muchacho, un "mandado", y cumplías, ¡vaya que si cumplías!, por vocación, porque naciste sima como el mismo Pisuerga, y te amarraste al polvo del camino sin buscarle ceremonias de lujo a la libertad.

En el confín, siempre las atalayas. Ya fueras camino de la Abadía de Lebanza, ya subieras al Cueto de Herreruela, ya te montaras a horcajadas por las altas cimas de Brañosera, siempre el mismos espectáculo a la vista: "El Peñalabra" -dicen, la mesa de los cántabros, -digo, el corredor de los palentinos; como un pinacho sin final para los habitantes de "Polaciones", igual que un faro para Liébana, pero, insisto, un celoso guardián para Palencia. ¿De quién es la montaña? Del mundo; a lo sumo, de los de Piedrasluengas, un pueblo que duerme por debajo del collado que da vista a los Picos de Europa.

Por encima de "Los Redondos", a un lado de esta colosal obra, se divisa "Tres Mares", más alto que "La Horca", de Lores, por donde ahora pasa mi caballo y más que Peñalabra y el Carazo, éste último, allá por donde alumbra ya Fuentes Carrionas, otro universo frente al nuestro, lleno por igual de asombrosos rincones, donde se alzan como ceremoniosos visitantes el "Espigüete" y el "Curavacas"; tierra de todos, tierra de nadie, cortoneada a gusto de cada visitante.

Unos dicen que Cervera de Pisuerga, el otro enlace poderoso, es la capital de Pernía; que Herreruela, Celada de Roblecedo, Estalaya y Verdeña son hermanas carnales; que Ruesga, Gramedo y Rebanal respiran nuestro aire...; otros, incluso, van más lejos, dicen que somos cántabros de origen, por aquello del uso frecuente de la "u" al final de las palabras. (1) Nos disputan, nos celebran, van y vienen con indudable gozo, se entretienen buscando hermosos peces a la orilla de nuestros arroyuelos, tropiezan con los corzos y un año tras otro nos enseñan y aprenden.

Describir el contorno de Pernía nos llevaría cuatro líneas, pero la montaña no se detiene aquí.

Para el viajero que llega de La Ojeda, cansado de ver centeno, buena gente también aquella gente, el alto del Ballegón es un océano: allá al fondo, entre pequeñas brumas, el confín de Palencia; por la collada San Salvador asoma la cabeza, y por debajo, a unos metros del mirador natural, el Vañes nuevo. (Dejad, que ya hablaremos largo y tendido de los pantanos más adelante). Siempre le sorprenden a uno las grandezas de estos pequeños pueblos. Vañes tuvo una época de esplendor para Cuberos y Toneleros que servían contenedores váquicos a muchas regiones españolas. (2)

No hay manera de buscarle un asiento definitivo a la comarca. Sabemos donde está enclavado cada pueblo, los riachuelos que atraviesan por ellos, las chimeneas que humean cuando amanece, las leyendas, los picos o las peñas desafiantes que te observan, pero no podemos ponerle un mojón y cantar victorias al final de la guerra, porque, ni hay guerra, ni la tierra se divide, ni el agua puede retenerse, ni los montes se meten por capricho en la esplanada.

Todo tiene su explicación: la tierra está ahí, se la ama, la defendemos con vehemencia, aportamos un conjunto de frutos que la embellecen, que posibilitan su vida en ella.

Verdeña, inspira, tiene un contorno mágico; Tremaya, enerva, donde parece terminar el viaje, empieza; Estalaya te eleva a las alturas, Lebanza te enamora, Camsobres te encanta, te atrae Triollo y Vidrieros te reserva una sorpresa.

En este oficio todo está permitido y voy a dar un salto triple. De Cervera a Aguilar de Campoo todo está escrito: en prosa, en verso, en antiguo, en moderno, de mil maneras que cumplen bien el objetivo.

Puertas grandes, sin olvidar a Guardo y a Velilla, que misteriosas se abren; remozadas colegiatas y Casas Culturales; Columnatas por paseos, pequeñas tascas a la vera del río, complejos hoteleros y aroma de galletas; en fin, vamos del blanco al negro, de la harina al carbón. Y es curioso, en Aguilar de Campoo las galletas; en Guardo, la térmica, y en Cervera y Pernía, las dos al mismo tiempo: "Los socorritos" y la mina.

Todo lo iremos desentrañando en los próximos capítulos. Y quedará mucho por decir. Y habrá cosas que no se digan como el mundo las ve, sino como las ve el alma del poeta.

Yo tengo una sospecha: nuestra tierra tiene un don poderoso. Decía Francisco Bacon: "Las sospechas son, entre los pensamientos, lo que los murciélagos entre los pájaros: sólo vuelan al crepúsculo".

Dejadme que lleve una sospecha y que vuele día y noche.

Alguna vez los pensamientos toman tierra y escriben los contornos que de verdad quisiéramos para esta bella tierra.
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(1).- Jatu, sal de esi matorru que te avientu un cantu...
(2).-Vañes, del libro III de "La Montaña Palentina", de Gonzalo Alcalde Crespo

Artículo extraído de su primer libro: Viaje a Través de la Montaña, 1989

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