La montaña palentina y su entorno

Si escribiera cien veces, cien contornos plasmaría en el papel. Y los cien diferentes unos de otros. Y los cien nuestros. Y no porque me canse de nombrar la belleza y la importancia del paso de "Piedrasluengas", sino, porque no tengo la capacidad de retención que tienen otros; puedo inventar cien nombres, pero si me mandaran repetir inventaría otros cien. Habré subido cincuenta veces a la sierra. Siendo un muchacho todavía, he arreado ovejas desde el pueblo de Várago, por encima de Potes, tierras holladas por los "maquis", por los "Juanines" y "Bedoyas" en una guerra civil a la que siempre quitan años.

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Aquellas cuestas eran tan empinadas que, cuando enfilabas las cañadas de Dobres, tenías la impresión de estar jugando a los barcos con las nubes. Después, en "Cortes", los vaqueros de mi pueblo con el chorizo al fuego y la tortilla de patatas entre el pan, se te quitaban los deseos de proseguir el viaje; te relamías de gusto, como un niño viendo comer el caramelo a otro; querías tener edad para ser como ellos y dormir al aire de la sierra, cerca de aquellos hondos valles, donde el eco repetía las canciones montañesas de los mozones que cantaban para aplacar el frío y los recuerdos. ¡Cómo sabía allí el pan y el vino y la sinceridad a expensas del puchero a la lumbre!

Pero tenias que andar. Eras un muchacho, un "mandado", y cumplías, ¡vaya que si cumplías!, por vocación, porque naciste sima como el mismo Pisuerga, y te amarraste al polvo del camino sin buscarle ceremonias de lujo a la libertad.

En el confín, siempre las atalayas. Ya fueras camino de la Abadía de Lebanza, ya subieras al Cueto de Herreruela, ya te montaras a horcajadas por las altas cimas de Brañosera, siempre el mismos espectáculo a la vista: "El Peñalabra" -dicen, la mesa de los cántabros, -digo, el corredor de los palentinos; como un pinacho sin final para los habitantes de "Polaciones", igual que un faro para Liébana, pero, insisto, un celoso guardián para Palencia. ¿De quién es la montaña? Del mundo; a lo sumo, de los de Piedrasluengas, un pueblo que duerme por debajo del collado que da vista a los Picos de Europa.

Por encima de "Los Redondos", a un lado de esta colosal obra, se divisa "Tres Mares", más alto que "La Horca", de Lores, por donde ahora pasa mi caballo y más que Peñalabra y el Carazo, éste último, allá por donde alumbra ya Fuentes Carrionas, otro universo frente al nuestro, lleno por igual de asombrosos rincones, donde se alzan como ceremoniosos visitantes el "Espigüete" y el "Curavacas"; tierra de todos, tierra de nadie, cortoneada a gusto de cada visitante.

Unos dicen que Cervera de Pisuerga, el otro enlace poderoso, es la capital de Pernía; que Herreruela, Celada de Roblecedo, Estalaya y Verdeña son hermanas carnales; que Ruesga, Gramedo y Rebanal respiran nuestro aire...; otros, incluso, van más lejos, dicen que somos cántabros de origen, por aquello del uso frecuente de la "u" al final de las palabras. (1) Nos disputan, nos celebran, van y vienen con indudable gozo, se entretienen buscando hermosos peces a la orilla de nuestros arroyuelos, tropiezan con los corzos y un año tras otro nos enseñan y aprenden.

Describir el contorno de Pernía nos llevaría cuatro líneas, pero la montaña no se detiene aquí.

Para el viajero que llega de La Ojeda, cansado de ver centeno, buena gente también aquella gente, el alto del Ballegón es un océano: allá al fondo, entre pequeñas brumas, el confín de Palencia; por la collada San Salvador asoma la cabeza, y por debajo, a unos metros del mirador natural, el Vañes nuevo. (Dejad, que ya hablaremos largo y tendido de los pantanos más adelante). Siempre le sorprenden a uno las grandezas de estos pequeños pueblos. Vañes tuvo una época de esplendor para Cuberos y Toneleros que servían contenedores váquicos a muchas regiones españolas. (2)

No hay manera de buscarle un asiento definitivo a la comarca. Sabemos donde está enclavado cada pueblo, los riachuelos que atraviesan por ellos, las chimeneas que humean cuando amanece, las leyendas, los picos o las peñas desafiantes que te observan, pero no podemos ponerle un mojón y cantar victorias al final de la guerra, porque, ni hay guerra, ni la tierra se divide, ni el agua puede retenerse, ni los montes se meten por capricho en la esplanada.

Todo tiene su explicación: la tierra está ahí, se la ama, la defendemos con vehemencia, aportamos un conjunto de frutos que la embellecen, que posibilitan su vida en ella.

Verdeña, inspira, tiene un contorno mágico; Tremaya, enerva, donde parece terminar el viaje, empieza; Estalaya te eleva a las alturas, Lebanza te enamora, Camsobres te encanta, te atrae Triollo y Vidrieros te reserva una sorpresa.

En este oficio todo está permitido y voy a dar un salto triple. De Cervera a Aguilar de Campoo todo está escrito: en prosa, en verso, en antiguo, en moderno, de mil maneras que cumplen bien el objetivo.

Puertas grandes, sin olvidar a Guardo y a Velilla, que misteriosas se abren; remozadas colegiatas y Casas Culturales; Columnatas por paseos, pequeñas tascas a la vera del río, complejos hoteleros y aroma de galletas; en fin, vamos del blanco al negro, de la harina al carbón. Y es curioso, en Aguilar de Campoo las galletas; en Guardo, la térmica, y en Cervera y Pernía, las dos al mismo tiempo: "Los socorritos" y la mina.

Todo lo iremos desentrañando en los próximos capítulos. Y quedará mucho por decir. Y habrá cosas que no se digan como el mundo las ve, sino como las ve el alma del poeta.

Yo tengo una sospecha: nuestra tierra tiene un don poderoso. Decía Francisco Bacon: "Las sospechas son, entre los pensamientos, lo que los murciélagos entre los pájaros: sólo vuelan al crepúsculo".

Dejadme que lleve una sospecha y que vuele día y noche.

Alguna vez los pensamientos toman tierra y escriben los contornos que de verdad quisiéramos para esta bella tierra.
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(1).- Jatu, sal de esi matorru que te avientu un cantu...
(2).-Vañes, del libro III de "La Montaña Palentina", de Gonzalo Alcalde Crespo

Artículo extraído de su primer libro: Viaje a Través de la Montaña, 1989

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