Algo te grita dentro (y II)

"Un trabajo de recopilación que vale un mundo, tan preciado ahora, cuando todo aquello desaparece o queda relegado por otras historias".





En el aspecto humano siempre hay personas que te comunican con su actitud, con su trabajo. Y bien se explica esto en la introducción del último libro, sobre la ingente obra del folklorista Antonio Guzmán Ricis, que sabemos que lo es y la admiramos porque ingente ha sido también la difusión que de ella ha hecho su hijo Luis Guzmán Rubio. En el libro que me remite la Diputación de Palencia, Luis Guzmán volca sus vivencias donde aparecen pasajes que ya han visto la luz en otras publicaciones, pero que no cansan, pues sabe rellenarlos nuestro amigo de anécdotas vividas en distintas provincias, como cuando llegan a Palencia para hacerse su padre cargo de la direccion de la banda de música, después de la experiencia que le precede en la de Cuenca.

Luis Guzmán emula la labor de su padre dirigiendo la de Guardo desde 1952 a 1958, con la presencia en la misma del compositor Claudio Prieto, formado después en la escuela de San Lorenzo de El Escorial y perfeccionándose durante varios años en la Academia Nacional Santa Cecilia de Roma. Luego el estreno en el Ateneo de Madrid de su obra "Improvisación" y el lanzamiento definitivo con la pieza "Solo a Solo" para flauta y guitarra, premiada en 1969 como "Mejor obra española", cuya difusión se ha mantenido desde entonces tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Todo esto a Luis Guzmán le llena de orgullo. 

Posteriormente se volca en el seguimiento de la tarea que comenzó su padre, una basta e intensa investigación del folklore y las costumbres que le llevarán por todos los pueblos de la provincia, desde Barruelo hasta Guardo, pasando por Pernía donde pasa una intensa etapa de su vida, donde conoce a Lorenza, una de las mejores pandereteras que ha dado esta tierra, también donde le llega el amor en Tremaya, viviendo a fondo desde entonces su folklore y su historia.

Uno de los lectores que sigue esta serie por el blog, desde que el diario digital cambió de diseño al que no se incorpora el espacio de opinión, me sugiere que podríamos aprovechar su estancia en los meses de verano para rendirle un cumplido homenaje. Y ahí queda la propuesta a la que me sumo. Vamos a dejarnos de calles y de medallas póstumas. Los premios que puedan saborearlos los premiados en vida.


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