17 febrero 2007

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Las estadísticas te llevan a una valoración aproximada de los hechos y acontecimientos, pero, como en la vida, ni todos eran buenos empresarios, ni todos los buenos empresarios consiguieron salvar siempre los trastos; ni todos eran buenos picadores, ni todos los picadores buenos recibieron la compensación justa a su trabajo. La mina para el minero es una especie de lotería. Algunos echaron mano de sus amistades y se jubilaron temprano con un grado de silicosis que no padecían, dedicándose luego a otros menesteres mientras cobraban una buena paga.

Yo recuerdo a Vidal, el vecino, cada pocos días bajando en busca de oxígeno a Palencia, consumiéndose cada minuto que pasaba, sabiendo que su pulmón estaba muy tocado y consciente de su mala suerte esperando la muerte, la horrible muerte, rodeado por la impotencia y la desolación de su familia. Y qué vida más perra, expirando a unos meses de la jubilación y dejando a su mujer con una pensión de 12000 pts.

Personalmente, desde pequeño, más que el lugar donde se enclavaban las explotaciones, algunas a dos pasos de casa, como Sanfesa, el Pijo, o la Aurora, donde mi abuelo Clementino trabajó como entibador en un tiempo en que los hombres se repartían entre la mina y las faenas del campo; más que el trasiego de camiones por una carretera siempre estrecha y peligrosa (ahora está casi peor, después de tantos y tantos proyectos y dineros como se citan para estas zonas), digo que más de lo que rodeaba a aquel negocio, que era también la causa de un ambiente alegre, pues significaba ingresos y estabilidad económica para el pueblo, pensaba en la berrona, en el pozo, en la jaula; pensaba en la humedad de aquellos lugares, pensaba en frenos y tijeras por las que te adentras en un coladero que puede echarte encima el carbón que te dejará seco para siempre.

Al minero se le ha retratado como a un hombre al que le gustaba en sus ratos de alterne vanagloriarse del rendimiento en su quehacer diario, pero de todo hay en la viña del señor y sería necesario dar sus mismos pasos para valorar con justicia el hecho de colocarse un casco y meterse en un agujero con la incertidumbre de no saber si saldrás vivo. Y a esa incertidumbre van aparejadas las enfermedades como la silicosis que llena de cavernas el pulmón y acaba destruyéndolo.

En un bestiario de internet, un internauta le aconseja a un conocido artista que se queja amargamente de su vida, que se vaya a picar a la “puta mina”. Los artistas Adriana Ozores, Antonio Resines y Emma Penella se fueron a Asturias para rodar una película que hablaba de esto mismo que a mí se me quedó grabado en la retina. Se abre la jaula, una jaula de madera reproducción de la real del pozo que servirá para rodar las escenas de interior, y aparecen un grupo de mineros portando en una camilla el cuerpo del compañero muerto. Sindicalistas, curas de sotana, guajes y un ambiente que la gente de nuestra montaña ya conoce por haberlo pasado en tantas ocasiones.

Los figurantes también lo han vivido de verdad muchas veces y se hace lema el grito de la actriz gijonesa Rosa Merás: “!Que sea l,últimu, por Dios, que sea l,últimu!.”


10 febrero 2007

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En alguna ocasión me he referido aquí al minero. Más que al empresario que, en circunstancias difíciles, registró la explotación a veces con nombres tan curiosos como Pedrito, Legalidad o San Patricio, esta última a nombre de Alejandro Gandarias, cuyo título de propiedad figura con el número de expediente 942, con fecha 23 de febrero de 1893.

El académico de la Tello Téllez, Faustino Narganes, natural de Traspeña de la Peña, llevó en su discurso de entrada en abril de 1997, el interesante estudio de los mineros y minas de antracita en la provincia de Palencia.


En Palencia, casi todos han oído hablar alguna vez del auténtico descubridor, el sacerdote de Salcedillo Ciriaco del Río que, cuando regresa del mercado de Aguilar, encontró unas piedras negras y lustrosas en el lugar conocido como “Casablanca”, entre Orbó y Barruelo. Casualmente, el hombre había leído en un diario de Madrid “El Castellano”, un reportaje sobre el carbón. Comenzó entonces a experimentar con las piedras que cogió de muestra hasta que, convencido de la importancia de su hallazgo, fue a comunicárselo a un amigo que tenía en Reinosa llamado Collantes. A cambio de que mantuviera su boca cerrada, el cántabro le obsequió con seis mil reales, cifra que crecería desorbitadamente cuando el avispado negociante se lo vende al Crédito Mobiliario por 700.000. A su vez, aquellos se lo ceden a la empresa minera que dependía del Ferrocarril del Norte por un millón de pesetas, hasta que en 1922 se constituye en S.A. Minas de Barruelo mediante el abono de catorce millones. Curiosa historia que explica con todo detalle otro colaborador de esta casa, José Pérez, en la revista “Pernía” que yo editaba en Bilbao en la década de 1980.

Pero el cura, que fue el auténtico descubridor y el que menos recibió, contento, y estas comarcas un volcán de ilusión, creciendo vertiginosamente. Durante muchos años sólo se vivió por y para la mina. No sé ustedes, pero yo me impresiono todavía cuando abro esta separata que me remitiera el académico por las últimas páginas y leo que en 1845 tenía Santibáñez de la Peña 94 habitantes y en 1900, 3669. Tal fue el crecimiento que en 1930, Santibáñez duplicaba a la población de Guardo. Y otro tanto sucede en San Salvador de Cantamuga que toca techo en 1950 con 836 habitantes, increíble aumento de población motivado por las numerosas explotaciones de carbón que se fueron abriendo.

Tal era el optimismo reinante que a poco de descubrirse el preciado elemento, en 1859, se intenta construir un ferrocarril que pueda abrir al exterior la cuenca carbonífera de La Pernía. El trazado partiría de San Juan de Redondo donde hace poco tiempo cerró Montebismo, la última de las explotaciones, hasta empalmar con la línea de Alar del Rey a Santander. Incluso se piensa en otro ramal que empalme con esta misma línea y que partiría de Camasobres. Ese mismo año, Eugenio García, político de Amusco, y director de la sociedad minera “La Cantábrica”, presenta al Ministerio de Fomento la construcción de otro ferrocarril que uniría Aguilar de Campoo con Vergaño, pasando por Salinas.

La impresión que nos queda es que las cosas han sucedido demasiado deprisa y, por no saber, por ese miedo a perder sin haberlo intentado, hemos perdido la ocasión de obtener beneficios, llámense trenes, llámense carreteras, a cambio de todo ese fulgor que despertamos. Como dice mi paisano Faustino, recurriendo a un adagio latino: “Nada es querido si antes no es conocido”.


Para saber más:
Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería, de Froilán de Lózar, editorial Aruz, 3ªedic, 2014
Imagen: Gonzalo Alcalde Crespo


03 febrero 2007

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Suele decirse que el pueblo es sabio, pero en esas alabanzas se detienen mucho los políticos cuando se acerca el tiempo de elecciones y esperan ser votados. Cuando gobiernan se les olvida la sabiduría de la que hablaron llenando a ese pueblo al que adulaban de normas y dictados que ellos mismos incumplen, como los ejemplos tan recientes en materia urbanística, que han puesto sobre aviso a otros muchos alcaldes de las zonas costeras. Yo hablo con la gente, hablamos de esto mismo y alucinamos con lo que la razón nos sugiere frente a lo que dictan finalmente las sentencias. 


En Escalante será demolida una urbanización que afecta a 34 propietarios. En poco tiempo dos sentencias del Tribunal Supremo de Justicia han paralizado dos promociones, concretamente en Sámano y Ostende. Durante algún tiempo lo de Marbella nos pareció espectacular y único, pero menudo baile se nos avecina en la costa cantábrica con esa fiebre que le ha entrado al personal por la segunda vivienda. Póngase usted en el caso. Usted tiene un dinero o tiene una ilusión que el banco se encarga de transformar en dinero hipotecándole de por vida, y se compra un chalecito en Argoños, con un poco de playa, un poco de montaña y un poco de aire fresco. Usted se lo compra a la inmobiliaria o al empresario que lo vende y que, se supone, lo han adquirido con todos los papeles y permisos reglamentarios. Pero viene un ecologista de paseo o se rebela un vecino que estaba allì porque le han quitado la visión que tenía y después de mucho trastear un juez ordena el derribo de esas edificaciones, con la orden de no pagar ni un chavo a los afectados hasta que se haya ejecutado la sentencia. Y tú que vas tan pichi, porque ya tienes un lugar para la paz de espíritu, te encuentras con una historia rocambolesca, por la que no sólo malvenderás tu propiedad, sino que, a saber cuándo recibirás los nueve mil euros con los que deciden aliviarte, para sonrojo de una sociedad que debe pagar también los errores de las correspondientes administraciones. 

La lección está bien clara. Visto el ejemplo, no podemos fiarnos ni de los Ayuntamientos ni de los gobiernos, aunque te escriban con detalle que todo es legal, que la finca se ha levantado con todos los permisos en regla y que si alguien viene a incordiar y te lo tiran, el Ayuntamiento tendrá que indemnizarte por todos los gastos que a tí te ha devengado la adquisición de aquella finca. No te lo creas. Ni aun con todos los papeles en orden, ni todas las autorizaciones en vigor, ni toda la ley que supuestamente te ampara y distribuye con equidad las cosas, lo mismo que a otros les toca la lotería, a tí puede tocarte en suerte un derribo de estas características, y esos papeles que tanto se manosean, por los que tanto cobran los notarios, esos papeles que se guardan como un pequeño tesoro, no valdrán para nada. Total, los de "El Encinar" llevan gastados en abogados 60.000 euros desde el año 2000 para defender algo que es suyo, y todo para nada. 

La indignación llega a lo más alto cuando empiezas a añadir los complementos: los folletos, las pegatinas, los globos, las pancartas, las marchas, las reuniones y los tranquilizantes, amén de algun que otro suicidio al que se han visto abocados los que pasaban por aquel lugar y dieron en pensar que allí podía estar el lugar tranquilo que soñaron para su jubilación.

© Froilán de Lózar para Diario Palentino

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