26 septiembre 2014

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Quienes me siguen recordarán la carta que le remitiera hace unos meses al sr. Palomero, muy molesto con mi crítica y aludiendo con cierto tono de desprecio a mi desinformación sobre el asunto, que a estas alturas no se lo cree nadie, visto el tramo realizado, el tiempo que ha supuesto y lo que falta, que llevará otro tanto.



Quiero matizar algunas cosas, antes de entrar en esa faceta del "tremendismo" a la que me envía el ilustre remitente. Primero, algo fundamental y evidente: necesitamos comunicarnos y ésta es la única vía que tenemos para hacerlo. Segundo, que no necesitamos grandes obras, por lo que no serán necesarios grandes destrozos. Y tercero, que no es normal, ni de recibo, que treinta kilómetros de una carretera comarcal donde se apliquen los dos primeros puntos, se tarde cinco años en restaurar.

Las obras de esta carretera, después de muchos años planteada la necesidad de un acondicionamiento, comenzaron en 2012 y ni siquiera se ha llegado a la mitad del trazado.

El diario de Salamanca también hacia referencia a principios de verano a este culebrón, aunque la imagen, tomada en la zona de Guardo, no se correspondiera con ninguno de los tramos afectados, donde informan que la inversión ha pasado de los siete millones presupuestados inicialmente a los dieciocho, lo que produce espanto, con un firme que se hunde por varios tramos, una carretera nueva parcheada por infinidad de sitios, una curvona cerca del puente de Polentinos peor que la que se ha quitado, donde los taludes laterales pueden ser una trampa mortal en un invierno serio.

¿Cuántos años llevamos a vueltas con el arreglo de esta carretera? ¿Treinta?. ¿Será ya el último presupuesto, o lo seguirán incrementando indecentemente?. ¿Se puede pagar tanto dinero por algo que se ha hecho mal?. ¿Quienes asumen la responsabilidad, saben que están tirando a manos llenas el dinero público?

Es la misma vergüenza de siempre a la que alguna vez tendremos que poner freno entre todos.

19 septiembre 2014

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El envejecimiento de la población no es algo que se dé únicamente aquí. Y es un problema que en el plazo de unos años nos lleva a la despoblación del mundo rural.



Para atenuar los efectos de la baja densidad de población, además del lagrimeo y preocupación dialéctica de tantos consejeros y partidos políticos, hay que coger al toro por los cuernos, como suele decirse. El Gobierno de Extremadura lo expuso en Bruselas y habló de soluciones  y medidas que se estaban implementando desde aquella Administración preocupados por el bajo índice de natalidad y el envejecimiento...

El tema, que es punto de reflexión en todas partes, se trató hace unos días en las Jornadas de Verano de la montaña palentina, que en esta ocasión se celebraron en Santibáñez de la Peña.

La explicación que dan los políticos de nuestra provincia, está llena de mensajes alentadores, pero nunca pasan de ahí. Nadie lleva a la acción lo que predica, con lo que se traduce en una conversación más de los ciudadanos de la calle que esperan preocupados una medida donde se empiecen a ver cosas. 

Dice el coordinador de UP y D Rafael Delgado que nuestra  mayor riqueza son los ciudadanos de Castilla y León y que aquellos que viven en el medio rural necesitan de municipios fuertes, con recursos suficientes.

Estoy de acuerdo, pero no se trata solamente de invertir un dinero, como los siete millones que se concedieron para la embotelladora de San Salvador, que ahora se encuentra en situación concursal. Yo creo que para la Junta, que invirtió esa importante cantidad, no ha de suponer mucho reabrirla, pero con un seguimiento continuo de la administración, porque supone trabajo para la gente de la zona y al mismo tiempo vida para los pueblos del contorno.

Otra importante cantidad de dinero se ha gastado el Ayuntamiento de la Pernía y la Junta de Castilla y León en levantar una residencia de día en San Salvador, que probablemente no llegue a usarse nunca y, como aquí, en tantos otros sitios.

No se trata solo de aportar el dinero y ahí te quedas. Creo que esas cantidades merecen un seguimiento y la participación del Gobierno Regional en ellas, pues no dejan de ser en una medida importante propiedad de todos los ciudadanos de esta tierra.

Y si nos hemos gastado el dinero en ellas, lo lógico es que nos impliquemos para que no se caigan o se cierren a la vuelta de dos años.

Imagen: Froilán de Lózar

12 septiembre 2014

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Me alegro sinceramente cuando alguien cercano triunfa. Hoy se entiende por triunfo tener una cuenta en las redes sociales con miles de seguidores, arrasar en el cine o en la música, lograr una medalla  exponiendo aquello que nos ha cautivado y de lo que vamos tomando notas nuevas que mantendrán la luz y harán las delicias de quienes nos siguen.

Pero no me refiero a ese triunfo, ni al triunfo de la farándula de este país. Hay quienes buscan ese tipo de éxito, que les aclame el mundo y se los rifen, a veces sin motivo, porque son lo que son por la fama de algún familiar suyo, sin que sepan hacer bien ninguno de los trabajos por los que cobran una millonada.

No quiero ese triunfo para las personas cercanas. Yo quiero un triunfo pequeño, familiar, porque algo de calor siempre necesitas cuando lo que quieres es llegar al mundo desarrollando una actividad creadora. Y aunque siempre quedan gentes valiosas en las sombras, hay quienes por alguna circunstancia o apoyo recibido, contando siempre con su inspiración y su lucha, consiguen el triunfo.

Yo tengo ese triunfo, que es el triunfo con el que soñaba, que es el triunfo que quería. Personalmente he de confesar que me siento agradecido por lo que tengo, que es un tanto por ciento muy pequeño de lo que aparentan y tienen esos triunfadores a los que me refiero y a los que para nada envidio. Es más, me parece bien que beban mientras puedan de ese vaso, aunque sea haciendo canciones y versos sin sentido, porque cuando se obtiene el éxito por los demás, es tan frágil que ni cenizas quedarán cuando le falle la energía.

A través de los nuevos canales de internet, que son puertas abiertas a la inmensidad, he descubierto personas sencillas, entusiastas, agradecidas con lo que hacían y con lo que recibían, llenando de poesía y de sentimiento el quehacer diario.

Ellos han triunfado de la forma más limpia. No es un triunfo para siempre, pero es ajustado a lo que ellos buscaban y entendían.

Y de alguna manera, yo he triunfado con ellos.

Imagen del libro de Froilán de Lózar: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", Editorial Aruz, tercera edición, Julio de 2014.

05 septiembre 2014

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Pienso en el arrojo, en la soledad, en la suerte de un hombre corriente, aunque especial, como lo fue Javier Cortés para Palencia.


Seguro que la mayoría de ustedes ya conocen la historia que arranca cerca de Saldaña, una tarde de 1968, cuando Javier, acompañado de un amigo se dispone a rebajar un terreno para ponerlo en regadío, y aparece una piedra, como le ocurrió a Ciriaco del Rio un siglo atrás en Brañosera, cuando encontró una piedra y comenzó la historia del carbón en nuestra tierra.

En este caso se trataba de un mosaico, que al ir excavando va mostrando infinidad de formas y grabados hasta ocupar los 1400 metros de terreno, donde con el correr del tiempo y gracias al empeño de un hombre, se descubrió la Villa Romana de la Olmeda, uno de los principales yacimientos del Bajo Imperio Romano (siglo IV a. de C.) conservados en la península y uno de los más destacados del Occidente.

En las crónicas se dice que cambió la vida de Cortés, quien sufragó de su bolsillo la obra durante más de doce años y que no se rindió a las ofertas que llegaron, acaso intuyendo la importancia de su descubrimiento. Cuando se encuentra algo de tanto valor, uno quiere saber quién habitaba aquella mansión, donde se han localizado desde ánforas de Cartago y Gaza hasta conchas de ostras procedentes del Cantábrico.

Abásolo, que tomó el testigo de Pedro Palol, ambos procedentes de la Universidad de Valladolid, habla así de la importancia de este hallazgo:
"Es una referencia inexcusable para el estudio de la sociedad de un periodo tan sugerente como el de la transición entre el mundo antiguo y la época medieval".
Los arqueólogos que han intervenido se inclinan por la teoría de que allí vivieron prósperos tratantes de caballos, un negocio que cesó con el gran incendio que parece sentenció a la villa.
Poco se sabe del dueño, anque se sigue investigando, pero toda aquella magnificencia que se desprende del hallazgo, viene a corroborar que se trataba de un hombre acaudalado, tal vez un aristócrata por dos medallones encontrados, correspondientes a acuñaciones especiales.

Pero quería comenzar esta nueva temporada recordando la generosidad y la valentía de Javier Cortés, lo que nos ha llevado a un encuentro increíble con la historia, romanizando más si cabe la tierra palentina.

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