Oscuro y terrible Alzheimer

Después del olvido, ya no queda nada. Ese es el grito desesperado que acaba de lanzar al mundo la escritora Andrea Guillies, que un día tomó la decisión de trasladarse con su familia a un lugar tranquilo de la costa escocesa para cuidar de su suegra, enferma de alzheimer.


Aquella terrible sensación le ha servido a la autora de "Las amapolas del olvido" para trasladarnos la dura realidad a la que se enfrentan los cinco millones de personas en el mundo que lo padecen y que las frías estadísticas aseguran que se multiplicarán por cuatro para el año 2040.

Para tomar conciencia surge una web con el fin de apadrinar recuerdos. Allí se guardarán los recuerdos donados por gentes anónimas, rostros conocidos y personas en la primera fase de la enfermedad. Cualquiera puede tomar parte en esta iniciativa con una carta, una foto, un video, o apadrinando un recuerdo donado anteriormente por otra persona, mediante una cantidad económica que se dedicará integramente -aseguran- a la investigación de la enfermedad.

A lo largo de la vida, por diversas causas, se puede perder un miembro del cuerpo, una casa, una familia, un pueblo... Se pueden perder todos los bienes materiales, cuya adquisición, en la mayor parte de los casos, han supuesto muchos años de sacrificio.

Se puede perder todo y volver a empezar de nuevo, pero cuando se pierde la memoria, cuando los rostros que miras son extraños, cuando nada de lo que dicen los demás tiene sentido, entonces sí que puedes darte por muerto, aunque te levanten y te vistan, aunque te saquen de paseo por una ciudad llena de tus recuerdos para los demás, pero vacía y sin sentido para tí que no sabes cómo llegaste a ella, ni te servirían estos preciosos versos de Mario Benedetti:

.../Ah si pudiera elegir mi paisaje
Elegiría, robaría esta calle,
Esta calle recién atardecida
En la que encarnizadamente revivo
Y de la que sé con estricta nostalgia
El número y el nombre de sus setenta árboles.

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