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04 mayo 2018

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Cuando pasan los años y miras de soslayo hacia el pasado, siempre se te abre una puerta para poner en orden tantos pasos como diste, sin fijarte de verdad en la importancia de aquellas pequeñas cosas que estaban en tu entorno retenidas, encerradas, desprotegidas.
Palencia es un gran museo al aire libre, como titula una página de facebook mi amigo Eduardo. Y mi querida amiga Margarita, que sabe vibrar con las pequeñas cosas, me lleva la tarde de un domingo cercano a Perazancas, una de las 27 localidades que le dan nombre a La Ojeda, ese territorio de transición entre Tierra de Campos y la Cordillera Cantábrica.



Un pueblo que en el siglo XVIII contaba con 17 tejedores de lienzos y 11 cardadores de lana, capítulos que junto a otros de su cultura tradicional han sido recuperados en el Museo Etnográfico situado en las antiguas escuelas.

Pues resulta que, estando retenidos ahí en su belleza y en el tiempo, siempre he pasado de largo ante una de las joyas del Románico Norte, uno de los pocos vestigios de lombardo existentes en la provincia, cuya construcción puede remontarse al siglo IX. Me refiero, claro está, a la ermita de San Pelayo, donde se realizaba una fuerte inversión en los años pasados para recuperar el ábside que se estaba separando de la nave. Debe ser el mismo ábside cuyos sillares tocaba Margarita, donde asegura que nació su pasión por el románico.

“Si nuestro románico rural estuviese en Valle de Bohí o en Francia, sería la repera, pero nosotros confundimos rural con insignificante y así andamos, recogiendo migajas de aquí y de allá.”

Algunos historiadores aseguran que su humilladero de las Ánimas fue mojón divisorio de los reinos de León y Castilla y lugar de tribus pastoriles y de guerreros cántabros y de romanos que vinieron con la intención de apoderarse de ellos.

Un trasiego de gente que nos dejó ese ramillete de templos y ermitas que, en su pequeñez, dejan ver lo más grande, un arte que nos sopla a cada paso, un grito que parece retenido en lo más recóndito de sus valles, una presencia que hace que estos pueblos resalten a pocos pasos del camino que transitamos tantas veces.

De la serie "La Madeja", en Diario Palentino, 2018.

13 abril 2018

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Preguntamos a un anciano en Rebolledo de la Torre, si hay algún atajo para llegar a Pozancos y nos señala un camino rural que llega a Castrecías, advirtiéndonos bien: “la parte de Burgos está asfaltada, no hay problema; la otra parte, la de Palencia, está inmisericorde.” Y así fue, y quienes viajábamos aquel domingo para ver la renombrada galería de Rebolledo, coincidimos en reconocer que el paisano se había quedado corto. Pozancos es una localidad de 30 habitantes, en la línea divisoria entre Palencia y Burgos, a cinco kilómetros de Mave. Aquí se conserva íntegro el ventanal de poniente, que luce acantos carnosos y columnas con curiosos acalanamientos, atribuido a uno de los talleres que trabajan en Carrión de los Condes.


Comemos en Aguilar, en el restaurante de la familia Cortés, donde ya nos advierten: “hoy “Diario Palentino” dedica una de sus páginas a Valle de Santullán”. No será la única sorpresa que me hinche un poco, aunque trate de disimularlo. Al llegar a Moarves, José Antonio, el custodio, nos pregunta que de dónde venimos. De San Salvador de Cantamuda -le contestan mis acompañantes. “Pues Froilán ha dicho que no es de Cantamuda, que es de Cantamuga”, llego a escuchar a tiempo, lo que me confirma que tengo algo más de cien seguidores en la provincia que esperan impacientes el diario del viernes. Hay que aclarar que la advocación de este templo es a San Juan, no a San Pedro como parece advertir en varias publicaciones de cierto prestigio.

Con razón, José Antonio, ante nuestra encendida mirada contemplando el majestuoso Pantocrátor flanqueado por dos grupos de seis apóstoles, exclama: ¡Solo hay que mirar! ¡Qué les voy a decir! Uniformidad que evidencia una sola mano en su factura, que es la mano que interesa destacar, el cantero que interesa conocer y aplaudir.

En Moarves la pila bautismal nos da en la cara. Situada al lado norte de la cabecera, de perfil troncocónico, viene a recordarnos los componentes del friso que admiramos en la rojiza portada.

Entre los años 1989 y 1995 se restauran, quedando una muestra de curiosas caras que motivan numerosas críticas. Ya no existen canteros como los de antes. Pero el viaje ha sido una señal para seguir promocionando la riqueza y el sentimiento de nuestra bella tierra.

De la serie "La Madeja", para Diario Palentino, 2018.

06 abril 2018

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Ya saben ustedes que la Agencia Estatal de Meteorología pone nombre a las borrascas profundas para que sea más efectivo el aviso del riesgo que implica acercarse a los lugares por donde pasa. El 24 de marzo Hugo pone en alerta a 16 comunidades y 51 provincias, prácticamente a España entera y mientras en Estaca de Bares, un municipio de Mañón, en A Coruña, las rachas de viento llegan a 146 kms por hora, en la montaña palentina el temporal viene en forma de nieve.
Y nieva copiosamente durante todo el día y parte de la noche.


Pero lo nuestro era un viaje en el tiempo planeado desde hace tiempo. Queríamos terminar lo que empezamos, allá en Piasca, cerca de Potes, en los últimos meses de 2017, siguiendo la pista al taller de Covaterio y al maestro Juan de Piasca, si es que no se trata de la misma persona, a quien se le atribuyen obras significativas en el norte de nuestra provincia. Algunas son tan cercanas entre sí, (1185 en Lebanza, 1186 en Rebolledo), que es lógico suponer que el maestro no podía estar en ambos sitios y serán discípulos de la misma escuela quienes las ejecuten apoyándose en el libro de modelos.

Pero será en la iglesia de San Julián y Santa Basilisa, en la renombrada galería porticada de la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre, donde firme el maestro allá por el año 1186.

Se trata, como bien nos habían advertido amigos y entendidos, de uno de los monumentos más notables del románico hispano.

Mientras Margarita hace un recorrido por la galería, y me asombra el mainel que, encajado en mitad de la saetera y bien rematado en una cabeza de león que simula engullir el fuste (gloutón), busco la firma del autor que salió de Piasca. No sé, es un afán que me persigue, aquella visión que me transporta a los siglos pasados, un hombre con su cincel dibujando en la piedra obras de arte. Su breve mensaje hoy explicado en miles y miles de lecturas que quieren intuir lo que pensaba Juan de Piasca.

Por cierto, “Hugo” ha desaparecido y el sol relumbra sobre la Peña Amaya.

De la serie "La Madeja", para Diario Palentino, 2018.

23 marzo 2018

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Cuando Miguel Angel García Guinea habla del Románico a través de los ojos de un viajero del siglo XXI, explica de qué forma se introdujo en nuestro románico palentino. Es verdad que su viaje a nuestra montaña llega en un momento delicado: España está prácticamente aislado de Europa, las subvenciones de las universidades son ínfimas y otro tanto sucede con las becas de estudio. Pero Miguel Angel se impone la tarea de realizar su tesis y algo ve que le maravilla y se vuelca en nuestro románico rural, y lo hace en nuestra montaña, aprovechando las visitas a su hermano Luis que ejerce por aquel tiempo de Notario en Cervera de Pisuerga. Seduce la forma de introducirse en ella, viajando por aldeas desconocidas hasta entonces, con un parco equipaje, como un aventurero -dice-, entrando y saliendo de las iglesias como un ser extraño, fotografiándolas, dibujándolas.


“Es guapa la iglesia, ¿verdad?. -le comentan los vecinos-. Usted que tendrá conocimientos, dígales que con la nieve se nos viene abajo el muro del cierzo”. No especificaban a quien se lo tenía que decir y él sabía que muchas amenazaban ruina.

Hace dos años, la Diputación y el obispado se ponían de acuerdo para restaurar 13 templos entre los que se encontraban los de Olleros de Paredes Rubias, Quintanaluengos y Santibáñez de Resoba.

Cincuenta y cuatro iglesias románicas de Palencia y Burgos fueron restauradas en el proyecto de la Fundación Santa María la Real, todas de los siglos XII y XIII y ello, qué duda cabe, ha permitido recuperar algunas joyas y ha generado el movimiento de viajeros y estudiosos que, a la par que aquel selecto viajero, se quedan pasmados ante esa fiebre constructora de los antiguos concejos. ¿Que falta mucho por hacer? ¿Que hemos de velar por los custodios? ¿Que todavía quedan verdaderas joyas por revisar y salvar? Es evidente. Y somos conscientes de que urge, más allá de los fastos puntuales.

No debemos olvidar, pese a que siempre haya gente que lo vea como un cuento, y paisanos del interior que no entiendan que los pueblos sin historia ya están muertos.

De la sección "La Madeja", para Diario Palentino, @2018

12 enero 2018

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El Románico plantea también, qué duda cabe, una constante advertencia a la hora de interpretarlo. Pero no sólo para nosotros, los profanos, sino, de manera especial, para los historiadores.
En uno de los últimos viajes, buscando por curiosidad el nacimiento artístico de Juan de Piasca, llegamos a esta localidad lebaniega a pocos kilómetros de Potes. El viajero se alimenta de todas las dudas que atesoran los críticos. ¿Será un beso? ¿Será un consejo? Se atreve a interpretar los lances del maestro. Allí todo lo que sabe a románico proviene del taller de Covaterio (1172), primer maestro conocido en Cantabria y, probablemente, maestro a su vez de Juan de Piasca, sino es el mismo. Talleres y maestros que utilizan el libro de modelos de quienes trabajaron en el entorno antes que ellos.


Y a no pocos especialistas se les ha caído la venda que les impedía ver la progresión del artista o del taller. No se le reconocía en un lugar porque no se contemplaba la evolución que otorga la experiencia y de ahí que, ante la carencia de una firma, se dudara de la autoría de muchas obras como las que se dan en el entorno cercano, en el norte de nuestra provincia: Lebanza, Vallespinoso de Aguilar, Becerril del Carpio, Pozancos, Collazos de Boedo; o las de algunas zonas de Cantabria. Que no se puede certificar nada, pero que ningún detalle escapa a los ojos de quienes tan de lleno lo viven.

Será en el límite mismo de nuestra provincia, en la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre, donde firme el maestro allá por el año 1186, el renombrado pórtico de la iglesia de San Julián y Santa Basilisa.

Algunos autores, después de tantas dudas como a todos nos provocan las figuras de estos pórticos, no dudan en calificar a Covaterio como el mejor de los que trabajan en Cantabria que, aunque es objeto también de críticas despectivas, otros le tildan de soberbio y minucioso. A mí me gustaría también desde este pequeño espacio, rendirlos gratitud a todos lo que, como aquellos, dijeron tantas cosas en tan poco espacio, entre tanto silencio. Me quedo con la pregunta de una navegante del románico: ¿Cómo puede un trozo de piedra decir tanto?







Para la sección "La Madeja, en Diario Palentino, @2018

22 diciembre 2017

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Es un viaje al pasado de esta tierra. Al norte de nuestra provincia, en el término de Olmos de Ojeda, se localiza la iglesia románica de Santa Eufemia, monumento histórico-artístico desde 1931. En un enclave donde, el románico, ya lo saben, surge por doquier: en lo alto de una loma, en un pantano vacío, a la salida de un pueblo, al lado del camino... Surge y resurge por campos y veredas; un lugar de Europa, hemos de recordarlo, donde este inefable arte se prodiga a manos llenas, empeño de maestros canteros que a lo sumo dejaron en algún templo su firma impresa, como testigo para la posteridad delo mucho que a ellos les motivó ya esta montaña. 


Este lugar de Santa Eufemia, vestigio que fuera del Real Monasterio de Freiras Comendadoras, fue cantera pública en el siglo XVII y pasa a ser propiedad privada de una familia en 1825, un trueque de las inquilinas a cambio de unas fincas en Toledo, adonde se va recogiendo esta congregación desde el siglo XVI. Fue abadesa de dicho monasterio Doña Sancha Alfonso, reina de León durante 47 días y que abdica en favor de su hermano Fernando III El Santo, propiciando la unión de Castilla y León.
Esa es a grosso modo la historia de este lugar, donde uno se deja llevar por la imaginación.

No voy a decir que me gustó la explicación que me dieron, que no es que viera mala voluntad, ni me molestasen los mastines que protegían el ganado a extramuros. Pero sí estoy de acuerdo en la magia que desprende su interior, que parece como si el tiempo se hubiera congelado. Así que traspasas la primera puerta, frente a los alojamientos, que son casas: casas de la era, casa del pastor, casa del capellán, se nos muestra la excelente espadaña de tres vanos. En el muro meridional, la puerta por la que se accedía al claustro, y en derredor, el monte de la Mata, los robles centenarios y allá al fondo nuestros símbolos del Espigüete y Curavacas y la Cordillera Cantábrica. Bellísimas portadas, una cúpula que roza la perfección, la huella que se aprecia de diferentes épocas y un compendio de detalles que te atrapan en esta Toscana Palentina.

De la sección "La Madeja" para Diario Palentino, decano de la prensa española.

03 noviembre 2017

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El domingo 15 de octubre, Jesús Calleja, ese leonés todo terreno, nos llevó volando por aquella parte de la montaña que mira al valle de Mudá.
Porque todos volamos de algún modo con los protagonistas del encuentro.
¿Qué es el románico?, preguntó. Y ni hizo falta una respuesta expresa. El románico es un sentimiento, una manera de vivir; un arte que, ochocientos años después, sirve de acicate para mostrar esta pequeña suiza nuestra.


Se ha dado un hecho muy curioso, que ha de servir de llamada a quienes nos gobiernan. Salvo la excepción de Jesús González, y su apuesta por el Centro de Interpretación del Bisonte Europeo, no se ha contado con la participación de los políticos; ha hablado el pueblo llano, los custodios de nuestras iglesias, los historiadores que lo promocionan cada día, las monjas que atienden a las visitas en el monasterio de San Andrés de Arroyo, las personas que lo viven con una emoción y un amor que embelesa a cualquiera.

También ha suscitado controversias. Hoy todo el mundo se queja por todo y aunque no ha dejado indiferente a nadie, quienes se postulan por esa lectura que nos deja el arte, encuentran fuera de lugar los animales o el deporte, que no hay que olvidar que todos conviven en el mismo marco.

Cristina Parbole, una chiquita llena de sentimientos me apunta cuando le digo que voy a escribir en mi madeja de esto: "Quiero que resaltes que no nos hemos sentido utilizados, que nos hemos mostrado humanos, independientemente de nuestra formación, con el objetivo de que se vea el amor que sentimos por nuestra tierra".

Si algo tenemos que lamentar es que National Geographic no haya venido a vernos antes, que vendrá porque tenemos motivos para estar presentes en las mejores páginas. Y en cuanto al sentimiento, qué vamos a decir, basta visionar la presentación que se hizo en el Monasterio de Santa María la Real de Aguilar, para ver la emoción que a todos los asistentes les produjo el hecho de ver a su tierra desde el cielo. Y que, si es de justicia, y si es como yo creo, otros vendrán después de esto que lo enmienden, si es que hay algo que enmendar en un espacio de entretenimiento.

De la sección "La Madeja", para Diario Palentino, @2017


16 diciembre 2016

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El pasado mes de junio, mi amiga Margarita Marcos que, a la mínima ocasión se escapa a la montaña desde la capital, consiguió emocionarme con un texto que dio la vuelta a Irlanda. Allí se preguntaba ¿qué será de los custodios de nuestro románico rural cuando pase el tiempo? ¿Quién ocupará su lugar, meramente testimonial, en los meses de verano?


Por esas cosas de lo mágico, aquella dedicatoria suya ha cruzado fronteras, ha llegado hasta Irlanda, donde un profesor que accede al artículo por indicación de una compañera, entraba en contacto hace unos meses con mi colaboradora y amiga para incluirlo en un temario sobre el Románico que estaban elaborando. Y la propuesta es venir en febrero para hacer un recorrido por el rico y abundante románico de nuestra montaña palentina.

Margarita no se refiere a las fundaciones, monasterios y conventos. Margarita habla de nuestras raíces, de nuestros orígenes, de la pequeña historia de cada uno, de ese dios de las pequeñas cosas que se refleja en esos hombres y mujeres de estos mermados pueblos que, por una cantidad simbólica o por nada, te abren las puertas de sus templos.

Así nos lo recuerda también Eduardo Gutiérrez, que habla del "Custodio del Románico" como una figura nueva para él, "ni sabía que existía", hasta que su amiga, la custodio e historiadora Cristina Párbole, le confiesa que su abuela Mercedes era la "custodio" de la ermita de Vallespinoso de Aguilar, de quien aprende y quien le contagia después el entusiasmo por lo nuestro.  "Os puedo asegurar -escribe- que lo que nos lleva a pasar horas y horas con las puertas abiertas no es el dinero sino la emoción por enseñar una pequeña parte de nuestra historia, de nuestro pueblo y de nosotros..."
Y nos trae algunos ejemplos: Paco, con 90 años, era el encargado de abrir la iglesia de Pozancos o, Ascen, que era la encargada de mostrar la ermita de Santa Eulalia...

Es otro debate que no se tendrá en cuenta en nuestro país, en nuestra provincia, en nuestra propia comarca, lugares que corren desbocados, sin frenos ni respuestas comprometidas de la administración, hacia el vacío y la despoblación.

De la sección "La Madeja" en "Diario Palentino", @2016

04 noviembre 2016

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He nacido donde nace una de las más bellas espadañas del románico y en un entorno donde te das de frente, a cada paso, con el románico más puro. A finales del pasado mes de Julio, en compañía de Eduardo Gutiérrez, amigo guardense con el que comparto tantas sensaciones y retazos de vida, y con la complicidad de Cristina Párbole, todos tras la huella del románico que atesoramos, volvíamos a visitar el interior de la iglesia de Santa Cecilia, en Aguilar, una de las obras claves del románico norte.


Allí sorprenden los capiteles vegetales e iconográficos, especialmente, el que relata el dramático episodio de la Matanza de los Inocentes. "Hasta de Tokio han llamado preguntando por él" -nos dice la guía, quizás para que nos impliquemos más en la observación de los detalles-. La elaborada cota de malla que cubre a los soldados, los pliegues de sus mantos, los botines que calzan...

Al fondo de la iglesia, en la pared que mira hacia la puerta principal, y obra del escultor Ursi, los doce apóstoles, en diferentes posturas, con los ojos cerrados y descalzos, inspirados en el Pantocrator de Moarves de Ojeda.

Pues bien, hace unos días, estos amigos han vuelto a coincidir, un año después de nuestro encuentro en Vallespinoso de Aguilar, en "el camino de los canteros románicos”, donde Cristina, como historiadora y amante de nuestro arte, ha seguido profundizando en el significado de ser cantero en el románico, de ser cantero en nuestra tierra, ponencia en la que ponen broche de oro Javier y Carlos, detallando las herramientas más utilizadas y tallando una serie de piezas ante los ojos sorprendidos de quienes vienen un año tras otro desde diversas regiones españolas para llenarse de nuestro arte.

Además de visitar la iglesia de Santa María las Real de Cillamayor, los participantes conocieron el excepcional pórtico de la iglesia burgalesa de Rebolledo De la Torre; Santa María de Mave, con su casa Palacio del siglo XVII, cuyo origen es un cenobio en los primeros tiempos de la repoblación, perteneciendo siglos más tarde y durante décadas al Monasterio de Oña. También se acercan a conocer Pozancos y Becerril del Carpio, estas últimas en el entorno de Aguilar.

Imagen: La huella del Románico
De la sección "La Madeja", para "Diario Palentino".

10 junio 2016

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A primeros de abril de este año la Agencia EFE difunde un comunicado en el que se invita a reflexionar sobre la copia en el Curso de las Claves del Románico.

Tarde nos damos cuenta en reconocer que sólo se avanza cuando nos afianzamos en los demás, en aquello que otros han copiado de otros, (citándolos convenientemente), imprimiendo también en el acto el toque personal, sumando allí experiencias e impresiones propias de cada uno.


Esto se nota mucho, si se fijan, en las "fábricas" de nuestro románico, recordemos, repitamos sin cansarnos, la mayor concentración de este arte en Europa.

Es verdad que muchos edificios parecen copias, y lo son de hecho, pero si nos aproximamos encontraremos detalles nuevos que amplían y complementan el original.

Hace unos meses, alguien lanzó un twit donde proponía que se reconocieran los derechos de autor en una frase. Pues, eso, y todos dioses, todos con sus derechos de autor, colgando cuadros de reconocimiento en las paredes. ¡Como si no estuviera ya todo inventado!

En el medievo, las manifestaciones artísticas están sujetas a copia y reproducción. Los maestros van de una obra a otra con los apuntes y las plantillas bajo el brazo. Ocurre, con frecuencia, en los templos cercanos, aunque también se observan impresionantes parecidos en templos muy alejados entre sí, donde puede que viajara algunos de los canteros que participaron en la construcción de la original.  Es decir, los canteros contribuyeron con sus ideas y su trabajo a sembrarnos la montaña de un patrimonio único en el mundo. Repito, para que ustedes repitan conmigo, no hay nada parecido en el mundo, aunque se siembren dudas. Y es verdad que se marcharon sin firmar o que firmaron a escondidas con sus marcas lapidarias, como a escondidas y con reservas parecemos nosotros a la hora de defenderlo y promocionarlo. Confieso que estoy un poco disgustado por la indiferencia de quienes viven cerca, de quienes nos representan, de quienes más que nadie deberían promocionarlo y defenderlo.

De la sección "La Madeja" en Diario Palentino.

27 mayo 2016

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La mayoría de las obras románicas son anónimas en el sentido de carecer de una firma o documento que acredite la autoría. Incluso, si la obra está firmada, los historiadores tienen a veces dificultades para distinguir si se hace referencia al verdadero autor o se nombra, en cambio, al promotor de la misma. Otras veces, la firma viene seguida o precedida de una explicación que aclara si se trata de uno u otro personaje. Arnau Cadell lo dejó bien claro en un capitel de Sant Cugat: "Esta es la imagen del escultor Arnau Cadell que construyó este claustro para la posteridad."


El Conde Rodrigo Gustioz quiso inmortalizarse por su financiación de un arco en La Abadía de Lebanza: “Hizo este arco Rodrigo Gustioz, hombre de Valbuena, soldado, orad por él.”
Y en un capitel aparece la noticia de otro promotor: “El prior Pedro Caro hizo esta iglesia, casa, claustro y todo lo que aquí está fundado en el año 1185”.

Con el paso del tiempo, a medida que las corporaciones de constructores fueron ganando reconocimiento y reputación, la tendencia fue incorporar la marca de honor de maestros destacados en su lápida en forma de escudo similar a los escudos de armas de los nobles.

Pero uno de los más famosos, de los más citados, es el maestro Micaelis, que trabajó en varias iglesias y ermitas del norte de Palencia, y dejó su retrato trabajando en la Iglesia de San Cornelio y San Cipriano de Revilla de Santullán. Hace unos días el ayuntamiento decidía llevar esta imagen a un dibujo que servirá de sello oficial.

Hay un detalle curioso al que yo hacía alusión el otro día en Vallespinoso de Aguilar: la pensión vitalicia que el obispo de Urgell, Arnay de Perexens, concede al maestro Raimundo Lombardo "si construyes para nosotros las bóvedas de toda la iglesia", y que sirve, cuando menos, para conocer el nombre de otro maestro cantero, porque tal compromiso era un solemne engaño. Tamaño premio no se hizo para los canteros, que morían, por lo general, con las botas puestas, con la maceta y el cincel en la mano, sin el justo reconocimiento siquiera por aquel arte derrochado en cada piedra que el asentador, ayudado por la barra, iba poniendo en su lugar.  Hasta el lugar donde colocaron las piedras parece insustituible.

De la sección "La Madeja", en Diario Palentino.

20 mayo 2016

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Yo quería hacer un canto al hombre, a quien dedicó su vida a labrar estas piedras, a quien invirtió su vida en enseñar a labrarlas a sus descendientes y discípulos. Pequeñas iglesias que no figuran en los libros, pero que tanto representan para nosotros. Todo un recorrido por una provincia considerada Capital Mundial del Románico. ¿Les empujaba el miedo? ¡Tal vez¡


Como inspiración, además, para seguir sumando, se encuentran en medio de un paisaje inmenso, de una tierra que al igual que inunda y refresca nuestros sentimientos, debe influir, necesariamente, en los acabados de estos templos, en la improvisación de algunas obras que a lo mejor no estaban en un papel pintadas...

Manuel Gila, uno de esos sabios del románico, escribía hace poco en uno de los blog que alimento en la red de qué manera a través del románico podemos leer la historia, los miedos de las gente del medievo. Es evidente la importancia de la imagen en todos los tiempos y eso fue a mi modesto entender lo que nos legaron los canteros, sin que se detuvieran a valorar la importancia de aquellas obras a las que se entregaron con paciencia y temple.

Las piedras trabajadas y adornadas con mil motivos, que nos hablan sin poder precisarlo del trabajo, de las relaciones laborales y familiares, del temor a los castigos, del lugar donde venían... en un momento en el que la religiosidad lo atrapa todo. Muchas de las observaciones que han realizado los expertos, el mismo García Guinea que ante la decoración de unos capiteles de esta ermita de Santa Cecilia, sugiere una posible representación del alma encadenada por el pecado mortal, no dejan de ser intentos por descubrir aquella historia.

Estas ermitas, estos templos que ustedes ven desde sus casas, cuando van a los prados, cuando van de paseo… son templos diferentes, bellos, emblemáticos, románticos... que aúnan momentos y estilos constructivos locales y que es imprescindible visitar en más de una ocasión, en sosiego, en homenaje a quienes labraron y colocaron las piedras, en homenaje a los canteros.

13 mayo 2016

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Provengo de una familia de comerciantes, y aquello me sirvió para conocer cada pueblo y cada casa de Pernía y Castillería. Cuando yo era joven hicieron una casa en la parte baja del pueblo, donde se encuentra la fábrica de harinas y allí abrieron otra tienda. Entre una y otra se encontraba la iglesia.

La Colegiata se encuentra en medio, por debajo de la escuela donde aprendimos las primera letras y la visión de su espadaña era visión repetida una porción de veces cada día, cada instante, un encuentro con ella en cada recado del barrio de arriba al barrio de abajo...


Se atribuye la creación de esta iglesia abacial a la condesa Elvira, nacida en el siglo XI, mujer del Conde Munio Gómez, hijo menor del conde Gómez Díaz, del linaje de los Beni Gómez de Saldaña. Según me apunta el investigador Valentín Ruesga, Munio murió el año 1025, pero sigue al frente del condado su viuda como consta en documentos de la catedral de León de 1037 y 1069.

Que nada tiene que ver con Fernando I, como apuntan otras fuentes, procediendo aquel de la dinastía navarra, que ningún lazo ni parentesco le une con los Beni Gómez que mandan en Saldaña. Sí es cierto que se hace una referencia puntual a la autorización de Fernando I y de la reina al conceder la condesa Elvira el Fuero de San Salvador de Cantamuda.

Se trata de la misma iglesia que Alfonso VIII concede el 31 de Julio de 1181 al obispo Raimundo, en la que seguramente, se llevarán a cabo distintas reformas a lo largo de los siglos siguientes.

Pero ni todo lo que se ha hablado, ni todo lo que se ha escrito, viene a confirmar la fecha exacta de su levantamiento, probablemente, a mediados del siglo XI,  elevada a la dignidad de colegiata tres siglos más tarde, en 1478. Un siglo después se le añade el pórtico meridional y en el XVII la torrecilla con la escalera de acceso al campanario, donde ya se evidencia el uso abundante de argamasa.

Contrastando las distintas fechas de las que todos hablan, es posible que el pueblo surja después, hacia 1186,  y en torno a ella, como diversos autores certifican.

Pero más allá de la fecha exacta de su levantamiento, desde que era niño una pregunta me rondó siempre por la cabeza. ¿Quién pudo manejar así las piedras? ¿Quién les dio forma? ¿Eran gentes como nosotros? ¿Nacieron o se hicieron canteros del románico? ¿Quién nos legó estas maravillas que pueblan nuestro entorno?

@Para la sección "La Madeja", en Diario Palentino.
@Imagen: Pumar59

06 mayo 2016

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Mañana hablaré en Vallespinoso de Aguilar de los canteros de nuestra tierra, de los canteros del románico. Esto no requiere gran esfuerzo, ni voy a descubrir ninguna cosa, porque la mayor parte de los que levantaron los templos se fueron sin firmar sus obras, abducidos en muchos casos por quienes las patrocinaban, personajes ligados a la iglesia o a la nobleza, que vieron en el hecho un motivo para perpetuarse.


El ejemplo más cercano a nosotros lo tenemos en la Abadía de Lebanza, donde el conde Gustioz, parece que deformación de Bustio, aunque hay todo un galimatías montado en torno a los Condes -que explicaré en otro momento-, aparece como benefactor de un arco de la misma.
Y lo mismo hace el prior Pedro Caro que patrocina otro capitel de la misma iglesia.

La cuestión es que a excepción de unos pocos que lo escondieron en los signos, y de algún otro como Miguel,  en la iglesia de San Cipriano y San Cornelio de Revilla de Santullán, se desconoce la verdadera personalidad de los canteros y se juega entre los investigadores a intuir de dónde procedían, si venían solos o en familia, si pertenecían a algún colectivo determinado o recibían el encargo de los distintos promotores para construirlas, o si se dirigían al poblado cercano para levantar otra ermita de igual porte que aquella, pues la gran obsesión, la principal premisa entre los canteros de aquel tiempo era la copia y reproducción, lo que ahora mismo sería causa de juzgado, tan dados vomo somos a considerar como únicos y auténticos nuestros pobres y limitados pensamientos.

Lo cierto es que, de aquellas consignas, viene la similitud que se nos muestra en muchas de las obras de aquel tiempo.

Aunque en el recorrido dominical, en la sección "la más bella canción de la naturaleza", ya aparece dentro de poco la iglesia del despoblado de Frontada y se hace alusión en este encuentro a la ermita cercana de Santa Eulalia, situada en el pueblo vecino de Barrio de Santa María o a la ermita de de Villanueva de Pisuerga, pueblo desaparecido bajo el pantano de Aguilar, que fue recuperada y puede admirarse hoy en la Huerta del Guadián de nuestra capital, conviene recordar a los verdaderos autores de las mismas, a quienes dedicaron buena parte de su vida a levantarlas, en ocasiones miembros de la misma familia, cuyos grabados en las piedras estamos todavía tratando de descifrar.

De la sección La Madeja, en "Diario Palentino".

04 septiembre 2015

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Mi buena amiga y seguidora Margarita Marcos, que escribe como los ángeles, porque lee como los demonios, me anima a participar con lo que pueda en el grupo "Salud y Románico".


No sé si somos tantos a defender el patrimonio, amenazado no sólo por las hordas que destripan columnas con sus mazos, porque no conciben becerros de oro ante el único dios que existe para ellos, creencia a la que procuran llevarnos a golpe de bomba y metralleta. Parece que ya hay antecedentes del profeta, que al regresar a la Meca después de ocho años de guerra, se dirigió a la Kaaba y procedió a destruir todos los ídolos paganos.

Pero lo que ocurre en Oriente, que emocionalmente nos desestabiliza y nos alerta, se suscita también en Occidente, de una manera silenciosa, donde nos sentimos henchidos de cultura labial, pero participamos con nuestro mutismo en la caída de templos románicos, que es rico Patrimonio y alimento ahora turístico de muchos puntos de la península.

En la propuesta de Marga, que el grupo Salud y Románico va alimentando en los blogs y a la que desde mi humilde posición también tiendo la mano en los diarios y medios que tengo a mi alcance, que son pocos, pero me dan cobijo y fuerza, se encuentra el hallazgo del citado grupo en la montaña de Lleida de una ermita románica tras de cuyo ábside se descubrieron unas pinturas murales, a juicio de estos estudiosos y defensores, románicas y únicas. El hallazgo fue clasificado por los expertos del Patrimonio como gótico y no hay intención de acometer obra alguna para evitar el desplome del templo con la pérdida irremediable de todo lo que atesora dentro.

No se trata de un grupo de aficionados, cautivados como un servidor por todo aquello que nos muestra el tesón y la imaginación que pusieron los canteros de aquellas épocas. Se trata de abogados, médicos, ingenieros, investigadores... gente estudiosa y preparada, cuyo mayor anhelo es dar a conocer y preservar en la medida de sus posibilidades el vasto patrimonio que tenemos.
Imagen: @Salud y Románico
Para la sección "La Madeja", en Diario Palentino y Globedia.

28 noviembre 2014

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Jaime Nuño, uno de los historiadores que más ha ahondado en este apartado, explica que para interpretarlo correctamente es necesario conocer los doctrinarios eclesiásticos de la Edad Media. Quiero aclarar que yo lo he pensado y lo he visto escrito después, a medida que me adentraba en textos de historiadores y blogueros. ¿Se tomaron la licencia los propios canteros, para exponer el erotismo en el mismo lugar donde se castigaba el sexo con el infierno? Nuño, director del Centro de Estudios del Románico, hace alusión en una entrevista a Risus Paschalis, una costumbre que se mantuvo en Alemania hasta el siglo XVIII, y donde un clérigo, borracho de alegría por el hecho de la Resurrección, se masturbaba delante de los fieles, lo que provocaba, como en todas las épocas de la historia, el rechazo de unos y el beneplácito de otros.


Tal vez, como ocurre hoy mismo en todos los órdenes de la vida, aquella que para unos era prohibitivo y escandaloso, era moneda corriente para otros. Los canteros se convertían en una especie de cronistas que mostraban la noticia allí donde más se predicaba contra ella; salvo excepciones, donde eran los propios predicadores quienes se manifestaban sexualmente., como diciendo, esto no está bien, pero un día es un día.

Ta vez buscando con el acto la polémica, para que se visitase más a menudo el templo, como ocurre ahora con los diarios que no venden y se agota la edición con una noticia escandalosa.

Otras versiones hacen alusión a una especie de estímulo para procrear, por la necesidad permanente de repoblación en estos apartados lugares. En cualquier caso, los maestros canteros, dejaron su interrogante en las iglesias hace 800 años, cuando todo era distinto, hasta los sentimientos sobre los que tratamos de divagar ligeramente, cuando llegamos a un templo tan mentado y encontramos como silenciadas aquellas esculturas, que sirven de vehículo en los lugares donde tanto poder se concentraba y donde tantas injusticias se cometieron a través de los tiempos.



De la sección "La Madeja" para "Diario Palentino" y "Globedia"

21 noviembre 2014

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En la colegiata de Santillana del Mar, una mujer acaricia el pene de descomunales proporciones de su amante, lo que para los investigadores, la curiosa escena nos inclina más al vicio que a la virtud. La iglesia condena todo aquello que no vaya dirigido estrictamente a la procreación, como si quisiera obviar el hecho del goce, que es intrínseco con el acto.


La población está bien al tanto de ésto, pues no hay intimidad en los hogares y la privacidad es relativamente imposible, de ahí incluso que, entre las escenas, aparezcan también sirvientes y alcahuetas observando el acto sexual de la pareja.

En la renombrada iglesia de San Martín de Tours, de Frómista, en pleno Camino de Santiago, uno de los iconos del románico europeo, se aprecian escenas eróticas, como el que sugiere uno de los capiteles, restaurado en el siglo XIX.

En San Pedro de Cervatos (Cantabria), se observa otra pareja de canecillos impúdicos, como en Villanueva de la Nía, en la misma comunidad autónoma, al igual que las que se localizan en San Miguel de Cornezuela, en el Valle de Manzanedo, (Burgos).

Esta muestra, que no es ajena al resto de Europa, ni al resto del mundo, en diferentes épocas de la historia y en diferentes estilos arquitectónicos, nos llevan a buscar una explicación. Algunos estudiosos lo sugieren como una lectura para el "analfabeto" mundo rural, de manera que les quede claro que aquello les llevará al infierno.

Otros entienden las imágenes como una invitación a procrear en tiempos de guerras y pestes. La iglesia, que va ganando poder, necesita gente que pague impuestos para llenar de dinero sus arcas; es mas, quienes se inclinan por esta motivación, están convencidos que muchos campesinos compraban su perdón con el dinero. A más población, más pecadores y más ingresos.

Las sugerencias son múltiples y algunos especialistas lo entienden como la libertad total de la que disfrutaban los canteros a la hora de plasmar sus obras y a la que me refiero en el próximo capítulo.

Otros investigadores consideran que algunas de las mutilaciones que se observan en capiteles o canecillos pudieron ser causados por los vecinos de los pueblos, convencidos del carácter impúdico de aquellas iconografías, pero no es fácil para nadie determinar las causas que llevaron a este tipo de creaciones.

De la sección "La Madeja", para "Diario Palentino" y "Globedia". 

14 noviembre 2014

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Son muchas las referencias que se han hecho a lo largo de la historia sobre las escenas de sexo en canecillos y capiteles de un buen número de iglesias románicas, entre las que se encuentran las nuestras, de la montaña palentina.


Relieves y esculturas de parejas copulando, o en posturas claramente provocativas. Tal profusión de esa iconografía nos lleva a la pregunta de rigor: ¿qué significado tienen ese tipo de escenas sexuales en una iglesia? Ya Daniel Fernández se hizo eco de ello al escribir la historia de Cervera y ahondando ahora en la historia de estos pueblos para un próximo libro, me encuentro con la pila bautismal de Rebanal de las Llantas, donde unas serpientes aparecen mordiendo los senos de las mujeres, en lo que algunos estudiosos califican como símbolo por excelencia del pecado de la lujuria.

Pero hasta las escenas más subidas de tono pueden alcanzar otro significado, ya que, en la tradición clásica, como bien exponen otros estudiosos, las serpientes bebían de los pechos de la madre tierra.

En Tortoles de Esgueva, un pueblo burgalés de la comarca de Ribera del Duero, una figura aparece en actitud meditativa, mientras se masturba con una mano y con la otra se acaricia la barbilla, escena que se repite en la colegiata cántabra de San Martín de Elines.

Para algunos observadores las escenas que se advierten en algunos templos de Cantabria, Burgos y Palencia, rozan el escándalo, no sólo las que se hallan en los muros exteriores de los templos, sino las que se localizan en los coros, pilas bautismales y tapices mezcladas con las actividades que se desarrollan en el entorno, como las cacerías o los labriegos en las distintas ocupaciones, lo que parece extrañar en el decorado de una iglesia románica, en tiempos oscuros de la Edad Media.

La iglesia de San Pedro de Cervatos, en la comarca Cántabra de Campoo, atrae al año miles de turistas intrigados por la numerosa iconografía obscena que se muestra en canecillos y capiteles: individuos con el falo erecto, escenas de coito por doquier, hombres y mujeres mostrándose mutuamente sus órganos sexuales, convertido ya en uno de los edificios con mayor referencia al denominado "románico erótico".

En la imagen de "Arteguías", coito en un canecillo de la iglesia de Cigüenza (Burgos).

05 septiembre 2014

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Pienso en el arrojo, en la soledad, en la suerte de un hombre corriente, aunque especial, como lo fue Javier Cortés para Palencia.


Seguro que la mayoría de ustedes ya conocen la historia que arranca cerca de Saldaña, una tarde de 1968, cuando Javier, acompañado de un amigo se dispone a rebajar un terreno para ponerlo en regadío, y aparece una piedra, como le ocurrió a Ciriaco del Rio un siglo atrás en Brañosera, cuando encontró una piedra y comenzó la historia del carbón en nuestra tierra.

En este caso se trataba de un mosaico, que al ir excavando va mostrando infinidad de formas y grabados hasta ocupar los 1400 metros de terreno, donde con el correr del tiempo y gracias al empeño de un hombre, se descubrió la Villa Romana de la Olmeda, uno de los principales yacimientos del Bajo Imperio Romano (siglo IV a. de C.) conservados en la península y uno de los más destacados del Occidente.

En las crónicas se dice que cambió la vida de Cortés, quien sufragó de su bolsillo la obra durante más de doce años y que no se rindió a las ofertas que llegaron, acaso intuyendo la importancia de su descubrimiento. Cuando se encuentra algo de tanto valor, uno quiere saber quién habitaba aquella mansión, donde se han localizado desde ánforas de Cartago y Gaza hasta conchas de ostras procedentes del Cantábrico.

Abásolo, que tomó el testigo de Pedro Palol, ambos procedentes de la Universidad de Valladolid, habla así de la importancia de este hallazgo:
"Es una referencia inexcusable para el estudio de la sociedad de un periodo tan sugerente como el de la transición entre el mundo antiguo y la época medieval".
Los arqueólogos que han intervenido se inclinan por la teoría de que allí vivieron prósperos tratantes de caballos, un negocio que cesó con el gran incendio que parece sentenció a la villa.
Poco se sabe del dueño, anque se sigue investigando, pero toda aquella magnificencia que se desprende del hallazgo, viene a corroborar que se trataba de un hombre acaudalado, tal vez un aristócrata por dos medallones encontrados, correspondientes a acuñaciones especiales.

Pero quería comenzar esta nueva temporada recordando la generosidad y la valentía de Javier Cortés, lo que nos ha llevado a un encuentro increíble con la historia, romanizando más si cabe la tierra palentina.

04 abril 2014

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Antes de cerrar esta conversación, una pequeña aclaración para quienes intuyen que me estoy equivocando con el título. Se entiende por romanización de Hispania el proceso por el que la cultura romana se implantó en la Península Ibérica durante el periodo de dominio romano sobre esta. Y dentro de esa cultura, se encuentran las construcciones... las iglesias que en tal modo nos tocan a nosotros, hasta colocarnos entre los más beneficiados de Europa, sección que he abordado en homenaje también a quienes con profunda humildad nos recuerdan el trabajo tan bien realizado en ermitas y templos de todos estos pueblos.


John S. Richardson, en el sabroso ensayo "España y los romanos", publicado en 1998 por "Crítica", después de muchas consultas y lecturas, apunta que "en un sentido inequívoco, España fue una creación de Roma". Los habitantes de las provincias se romanizaron con el deseo de imitar a sus conquistadores en unos casos y, en otros, fueron empujados por el afán de los romanos en adecuarlos a ellos. Y aunque el hecho de la romanización toma detalles mucho más amplios y complejos, donde salen a colación leyes y costumbres, yo quería señalar que nos romanizaron, sobre todo y principalmente, por el arte.

Ramón Revilla Vielva y Arcadio Torres Martín, al plasmar el epílogo, son conscientes de que nada nuevo han aportado; que a su ensayo le faltan las descripciones minuciosas, que por otro lado serían inútiles para los que no sientan entusiasmo por este fenómeno y no revestirían interés para los especialistas en materias arqueológicas. Pero siempre se mueven las historias, para comprender mejor lo que en tiempos pasados debió significar para muchas personas la culminación de un sueño, y prefiero esa explicación de la historia que no la que puedan aportarnos los expertos y a cuya explicación técnica y descriptiva no pretendemos llegar.

Además de la bondad del paisaje, uno de los motivos permanentes de atración es el románico que lucen nuestros templos, concentrado en la zona norte y, cuidándolos y, restaurándolos, no sólo nos contagiamos del proceso sino que estamos de algún modo dando vida a todos estos pueblos.

Imagen: Campanario de la colegiata de San Salvador, por José Luis Estalayo.

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