Los pueblos del silencio

No es malo que quienes conocen el olvido, porque lo viven a diario, se apresuren a combatirlo, desnucando contra los muros de la Administración su incesante lamento. ¡Cuántas veces ha cundido el desánimo, porque no encontramos en el horizonte una señal que nos devuelva la tranquilidad!.



Coincide este comentario con la entrada a la dirección de este periódico de Antonio Mencía que, posiblemente, conocerá en profundidad la historia de tantos pueblos burgaleses que también sucumbieron con la llegada del progreso. Algunos para siempre; otros, lentamente, y que han sido rescatados en la memoria por el espeleólogo burgalés Elías Rubio Marcos, con una entrega sin límites, labor que en nuestra Palencia ha venido desarrollando nuestro común colaborador y académico Gonzalo Alcalde Crespo. Yo no he puesto la última palabra y sólo se verá cumnplido un poco de mi anhelo, cuando lleve a la imprenta un libro como el que tengo ante mis ojos, de 415 páginas, donde se materializa definitivamente la entraña del pasado, las razones que hicieron de esta gente savia poderosa, las vivencias que hoy se asemejan a cuentos increíbles, la vida que brotaba de los campos hoy yermos, los braseros que calentaban las escuelas. Mil anécdotas que nopueden esperar más tiempo, porque a medida que avanzan los días, van marchándose las buenas gentes que tuvieron tiempo y valor para dejar aquí su huella.

Elías Rubio inició su actividad en 1963, de la mano del Grupo Espeleológico Edelweis. Exploró el mundo subterráneo burgalés, deteniéndose sobre todo en el complejo cárstico de Ojo Guareña. Con las mismas o parecidas ambiciones peregrinó por nuestros pueblos Gonzalo, que conoció otro invierno: la historia viva de mis antepasados, su grito ahogado en el silencio de las cárcavas.

Las estadísticas son traidoras, el alma donde se apiñan los lamentos y las historias. Lores, un pueblo que yo conocí con 63 vecinos, cuando los jóvenes se apiñaban los domingos a las puertas de Heraclio -que años después sorprendió a todos y especialmente a mi gran amigo Luis Guzmán Rubio, bailando en el Festival de Canciones de Cervera- hoy apenas sobrepasa los 12; Camasobres, un pueblo de 50 vecinos en la década de 1970, hoy con 6...

Lo que en el Norte de Palencia ha sucedido con Los Llazos (1 vecino) o lo que sucede en Casavegas y Areños (3 ó 4) y lo mismo que sucede en Los Redondos, Tremaya o en los pueblos del vecino Valle de la Castillería (Estalaya, Verdeña, San Felices, Celada de Roblecedo, Herreruela), sucede también en la merindad de Cuesta Urría, con pueblos como Ael, Almendres o Villarán...

Si la estadística que se nos representa es el ocaso, la paradoja es el tardío alumbramiento de Instituciones y personas que hace unos meses invertían 38 millones de pesetas en máquinas quitanieves. Ahora que no hay gente. Ahora que no hay nieve.

La impresión, para aquellos que nos siguen de cerca es que nuestros lamentos llegan tarde, o que los distintos presidentes se lo han tomado todo con mucha calma, cuando sabemos de sobra lo exiguo del tiempo, cuán presto se apresuran a celebrarlo y qué traicionera es la memoria.

No digo que esté mal dotar de adelantos a los pueblos, digo que no está bien archivar los deberes mientras hubo gritos suficientes. No digo que toda la culpa de este declive que padecen las zonas rurales castellanas se deba a los administradores. También los administrados pensaron muchas veces que lo mismo que las lluvias dependían de las rogativas, las mejoras de los pueblos llegarían sin mover un solo dedo. Cuanto más tenaz fuese la sumisión y el sometimiento, más reconocimiento alcanzaríamos de los presidentes y alcaldes que elegimos en las urnas.

Y sí, todo llegó, aunque muchos murieron esperando o tuvieron que emigrar a otras tierras.

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