Un mundo de leyendas

En Asturias se hizo popular una leyenda que toma como protagonista a la hija del rey Astur-Leonés Bermudo II. La niña se pierde en un bosque del Concejo de Salas y es recogida y amamantada por una osa.



En otra leyenda se cuenta que Fávila, hijo y sucesor de Pelayo, casado con Froiliuva, muere atacado por un oso en el transcurso de una cacería.

Ya hemos contado alguna vez en esta mismas páginas, la leyenda que acompaña a Santo Toribio que, cuando echaba una siesta, le despertó la tremenda embestida de un oso que mató a uno de sus bueyes. El Santo le echó un sermón y el oso acabó tirando de su carro, motivo que aparece reflejado en el altar mayor del Monasterio lebaniego.

La Ermita de la Virgen del Llano, de Aguilar de Campoo, dicen que se construyó por iniciativa de un cazador al que se le había agotado la munición cuando se le apareció un oso. Tal vez en su desesperación, echó al hombro la escopeta y dicen que salió una bala que acabó con la vida del animal. En aquel momento de la historia, suponemos que el cazador en agradecimiento decide levantar allí una ermita que hable del milagro. De haber sucedido el caso en nuestros días, la leyenda hubiera tomado otros derroteros, porque, si es milagro, cómo va a permitir Dios que muera un oso. Dios puede hacer que huya asustado ante la mirada enfurecida de un hombre desarmado. Y en todo caso, si se considera inevitable la muerte del plantígrado, el hombre hubiera levantado un monumento en el que se reflejase su pesar para lograr así aplacar las iras de los ecologistas y de todos aquellos que nunca encontrarán justificación para abatirle. ¡Ni la muerte de un hombre lo justificaría!

Por otro lado sabemos que las leyendas del hombre-lobo se prodigaron mucho en el siglo XVI por gran parte del norte de Europa y Occidente. Con la luna llena se transformaban en bestias que mataban personas y animales. Cuentan a este respecto que Armando Carlini, un famoso filósofo afincado en Pisa, una noche de mayo de 1950 cuando regresaba a su casa, se abalanzó sobre él una figura que gritaba de manera inhumana. Los primeros momentos todos dedujeron que se trataba de un atentado político (Carlini fue académico de Italia y diputado en la Cámara fascista y en las Corporaciones), pero el rumor se extinguió cuando a la noche siguiente aquella misma bestia agredió a un camarero del restaurante Neptuno. Días más tarde se detuvo en Roma a Pascual Rossi, conocido desde entonces como el lobo de Villaborghese.

Algunas leyendas europeas apuntan a la causa de estas conversiones, el haber bebido de un arroyo donde antes bebió el lobo. Pero no dejan de ser leyendas, que reflejan un poco las costumbres y el modo de vida de la época. Si por el hecho de beber agua del arroyo donde antes bebió el lobo, uno se transformase, nuestra montaña sería una mansión de lobos, o de hombres-lobo.

¿Se imaginan ustedes? ¿Subvencionados y protegidos por el Gobierno?. Claro está, hasta que el Gobierno decidiera venir de cacería.

Porque, hablando en serio, eso es lo que está ocurriendo con leyenda y sin ella.


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