27 octubre 1998

El fugitivo Pinochet



Gritan claramente: Comunistas maricones, les matamos los parientes, por huevones...


El fugitivo fue como un dios en Chile. Por lo que conocemos, mantuvo su imagen en la dictadura y la conserva como senador vitalicio en la transición democrática. Pero, cuando desde el poder, con todas las garantías y los gestos que ofrece estar en posesión del mando, un hombre dicta o ampara hechos que implican tortura o muerte, debe esperarlo casi todo, porque tarde o temprano se le exigirán cuentas.

El escritor chileno Jorge Edwards resume bastante bien, a mi modo de ver, esa impresión que acecha siempre a quienes ostentan el poder. Dice Jorge que lo que nunca entendió el gastado general, fue la invitación discreta que se le hizo a abandonar España en vísperas de la proclamación del Rey. Llegaba a Madrid para despedir a su amigo y colega Francisco Franco y aquel fue el primer toque de atención del país que hoy le reclama en serio. Por aquellos años yo estudiaba Bachiller Superior en Pozuelo de Alarcón, muy cerca de donde hoy vive Felipe González, y se me quedaron grabadas varias imágenes del momento: de una parte, la incertidumbre ante el futuro, "¿qué vamos a hacer ahora sin el dictado de un gobernante como Franco?", y de otra, la alegría de un sector del pueblo que, enfrentado siempre a sus ideas, celebraban, más que la muerte del personaje, el ocaso de un modo severo de gobierno.

En el "caso Pinochet", ha muerto la dictadura, pero sigue vivo el hombre que la propició. Quienes padecieron en sus carnes la desaparición o la muerte de sus familiares (entre los que se cuentan casi un centenar de ciudadanos españoles), exigen la compensación de ver entre rejas a su verdugo, aunque se trate ya de un hombre enfermo, viejo e indefenso. Fidel Castro, que estaba en Oporto cuando le comunicaron la noticia del arresto de Pinochet en Londres y la petición de España, comentó que se trataba de una "injerencia". Los dictadores buenos exculpando a los dictadores malos, amparándose unos en otros, justificando de algún modo sus oscuras acciones por su hubiera un mañana. Al mismo tiempo se desata otro juicio. Quienes rigen ahora (1998) los destinos del país andino, viajan a España para bajarle al juez Garzón la fiebre que le causa el fugitivo Pinochet. No entienden qué mandamiento infringe el general en Londres. Y en todo caso piensan que, si procede, deberían juzgarle y condenarle en su país, por mucha ley internacional que impere.

Desde la reflexión cabe la compasión, cabe el ejemplo, para que no se repita nunca más; cabe el lamento de las víctimas que se ven impotentes para que se vea reconocido el hecho, en cualquier caso cruel e injustificado, que se llevó a los suyos. Desde la reflexión cabe, incluso, el perdón por los crímenes que los dictadores presenciaron o cometieron sin inmutarse, por muy honda y profunda que sea la herida.

Los muertos ya no se verán compensados con nada.
Adam Michnik, director de un diario de Polonia, recordaba hace unos días, a propósito de la dictadura de su país, los versos de un poeta polaco que pueden dejar la reflexión en su punto más alto:

Luego, después de terminada la lucha,
permítenos enderezar nuestros dedos,
aunque quede sólo el vacío.

© Froilán de Lózar para Diario Palentino
Imagen y frase de entrada: Globedia

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19 octubre 1998

Hablar y entenderse




Urtzi Ihitza Sainz, ha traducido al euskera un libro escrito por Roberto, un miembro del grupo de folk cántabro “Luétiga”, donde recuerda la lengua de sus antepasados, la que se hablaba en las zonas de montaña y de la que aún quedan muchas reminiscencias.

"¿Por qué siempi mos dijerin qu’estaba mal decío icir tasugu, cagiga, corvatu?, que tuvía qu’icise tejón, roble, cuervo; pos el maestru dende endenates de ser rapacis mos icía: “dejai de parlar asina, vusotros con esi mou parlar no allegáis de dengún lau. Parlar montañes aunque juá la nuestra verdaera lengua no era de presonas sino de tochos y probes”.
Ahora tou ellu tien que treminar. Jasta acá alleguemos. Diquiá pocu tiempu si no espenzamos daque aición p’acaldar esta emportanti custión, dentru n’al montañés, pos se la nuestra lengua morri, Cantabria morri. ¿Usté no crei que tien que ver leis ondi sea reconociu’l y amatu’n montañés de cá pueblu cántabru, de cá riu, de cá monti? La única lengua nacía’l latín en Cantabria jue’l montañés.
¿O va’l nuistru país sin la su lengua? Cuyo tie`n que se la ubligación de fende’l montañés? Tolus cántabrus debemus pricurar  por tolus meyus ingarrar por la nuestra lengua. Hablai`l montañés con argullu pos é la nuestra verdaera lengua."

Al margen del valor sentimental que este idioma del pueblo pudiera alcanzar entre los parroquianos de la comunidad vecina, y entendiendo que debemos respetar todas las lenguas, todos los dialectos, todas las fórmulas que sirvan para comunicarnos y entendernos, no debemos llevarlo tan lejos como los catalanes, ni hacer con ello una bandera como los vascos.  Yo creo que la gran mayoría estamos de acuerdo: que se hable catalán, euskera, gallego, valenciano…, que se parle el montañés, pero que se respete también a quienes estamos aprendiendo cada día castellano. Sabemos que la preparación de los niños que aprendieron castellano en euskera no es la misma. La radicalización que los catalanes están haciendo de su lengua, sólo les sirve para alejarse más de la comprensión y el afecto del resto de los españoles y, aunque esto no les preocupe, les afecta, siempre que quieran vender su imagen al exterior y se encuentren con quienes no entendemos que se imponga a estas alturas un sistema.
Como en Polaciones la gente se come la j aspirándola, oveheru, trabahadorísimu, en nuestra montaña , por el contacto mercantil con carreteros y purriegos (ellos venían a vender garaujas, cambas, rastrillos y se llevaban de nuestra tierra trigo y vino), nos quedaron muchas de sus fórmulas lingüísticas, o vestigios de su lengua montañesa.
Todo esto tiene su importancia. Conviene saberlo y respetarlo sobre todo allí donde el alejamiento con la civilización contribuyó a mantenerlo vivo, pero a estas alturas nadie asume que el montañés sea una lengua, ni deba potenciarse, ni en modo alguno deba aterrarle al montañés su olvido.

© Froilán de Lózar – Diario Palentino

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14 octubre 1998

Prohibido morirse

Vuelvo al periódico. A mi director ya no le pillan por sorpresa mis constantes devaneos y yo creo que me hace un hueco en estas páginas por compasión más que por clase. Lo cierto es que vivo impresionado por todo. Cada día más. Y a ello contribuyen las informaciones que llegan desde todos los puntos. Historias terribles de hambrunas que reviven, de guerras que se avecinan, de venganzas, de abusos y mentiras. Puede que me esté anticipando a nada.


El fin de siglo es un invento nuestro que no va a detener el calendario, pero estoy tremendamente impresionado por los cambios que nos auguran expertos e ingenieros de la informática. El caos que todos esos especialistas nos anuncian es preocupante, porque en mayor o menor medida nos afectará a todos: los ordenadores nos enviarán a 1900 y el microondas y la lavadora pueden negarse a obedecer. Leo y transcribo un párrafo cogido al azar de una publicación semanal y facilitado por ibermática: “Tarjetas de crédito caducadas, llamadas de teléfono que duran 99 años, las edades de las personas dando tumbos hacia detrás y hacia delante, con lo que el cálculo de las pensiones puede ser un caos; saldos deudores que se convierten en acreedores, programas de gestión que pasan por alto el vencimiento de las facturas y la economía en plena gestión para adaptarse al euro...”

Algo ocurrirá, es probable, pero en medio de todo ese meneo se encuentran firmas poderosas como la de Bill Gates, el encantador de las serpientes, el adivino del porvenir, el dueño de una mansión de cinco mil millones. Seguro que ese caos que las empresas del sector nos pronostican, sea sólo una forma de meternos prisa para que pongamos los aparatos en sus manos. Todo se solucionará con un chip nuevo y mil o dos mil duros por usuario. A partir del 2000 las empresas de informática subirán como la bolsa en los mejores tiempos y casi nadie podrá morirse sin experimentar lo del correo electrónico.

A la indignación por estos asuntos, se une ahora el anuncio de la Dirección General de Tráfico: “Si una persona muere, produce un gasto a la sociedad”. Es como decir: no se mueran, no sean idiotas, que no es normal morirse; aguanten lo que puedan y no sean egoístas...” Estoy impresionado por todo lo que pasa en el mundo. Ya sé que la vida cada día vale menos y que no bien hemos pasado un puerto de dolor y misterio, se nos presenta otro mayor. Pero estamos llamados a encontrarnos. Saludos a esos lectores de Madrid y Durango. Más allá de mis posicionamientos, llevo a Palencia en el corazón y la montaña estará presente también en esta parcela que hoy, si Dios quiere y el director lo estima conveniente, estrena correo.

© Froilán de Lózar para Diario Palentino

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Carta de "El Conde de Polentinos"

Como muy bien sabe nuestra familia está unida a Polentinos, Lebanza y toda Pernía.

.../Si bien salimos de Polentinos en 1580 hacia Madrid y luego hacia Lima, siempre todos hemos sabido de donde veníamos. Por ello mi abuelo, séptimo, solicitó la denominación de Polentinos para el título que Felipe V le otorgó en 1716. Y eso ocurrió casi 150 años después de haber dejado la montaña palentina, y en otro continente! Y por eso mi bisabuelo Aurelio, mi abuelo Ricardo, mi padre y yo hemos ido con alguna frecuencia y conocido Polentinos, Lebanza...pero siempre lo hemos hecho lo más "discretamente" posible.

Volviendo a su libro que es el motivo por el que le escribo, es un magnífico libro de historia, costumbres, sociología, pero sobre todo un magnífico libro con el que generaciones futuras conocerán la montaña palentina. Felicidades por este buen trabajo de investigación y seria divulgación...

El Conde de Polentinos

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