El deseo de conciliar la supervivencia surge a raiz de las Jornadas de Información y Debate sobre la estación de esquí de San Glorio, proyecto que implica a tres provincias: Cantabria, León y Palencia. En las dos primeras no se presentan problemas para su realización. Palencia, que es la más necesitada de este tipo de emprendimientos, se enfrenta a las férreas normas de un Parque Natural donde todo se prohibe menos morirse de desidia. A mí lo que me cabrea de las normativas es que sean como el francés: que se escriban de una forma y se pronuncien de otra, o lo que es parecido, que se escriban pero se prohiban, que se escriban pero no se cumplan; que se escriban y luego cada quien las interprete a su manera, pareciendo hábito normal sacarle acepciones y defectos, de manera que como escrito bien, pero como norma, un manifiesto más de nuestro poder regional que es un papel mojado.
Qué sentido tiene si no, que alguien escriba como norma que uno de los beneficios que reporta la declaración de Espacio Natural es “crear infraestructuras y lograr unos niveles de servicios y equipamientos adecuados”. Cómo se ha de entender que una de las premisas sea “fomentar la integración de los habitantes en las actividades generadas por la protección y gestión del espacio natural”. Si la normativa es tan estricta y no se abren las puertas a empresas que generen puestos de trabajo, qué actividades pueden generarlo: ¿guardar los árboles?, ¿proteger los montes? pero ¿de qué o de quién?, porque a este paso no llegará nadie; ¿vigilar los pájaros y los lirones?, ¿dar de comer al oso?
Cómo sobrevivir, es la pregunta. Cómo compaginar el respeto al medio con la instalación de infraestructuras que posibiliten el desarrollo y el avance de nuestra montaña palentina?. Es obvio que algo debe romperse, que los defensores de las flores y de los bichos van a salir a la calle con pancartas y gritos, pero si son tan democráticos como se supone aceptarán un referendum y, aunque los ecologistas se agrupen a una señal de humo que vean, no se puede hablar en ningún momento de numerosas muestras de apoyo a su rechazo. Se trata de cien, doscientos, mil, dos mil, póngale cinco mil con todos los que vienen de otras comunidades. Súmele otros tantos que por comodidad no se pronuncian ni a favor ni en contra. Y el resto añádalo a quienes desde fuera y desde dentro estamos ansiosos de ver que por fin esto levanta el vuelo.Es evidente que llevamos tantos años de atraso y abandono que nos importa un bledo la desesperación de estos defensores del planeta.
¿Dónde estaban en los crudos inviernos? ¿Les preocupa la despoblación? ¿Les preocupa el hombre? Y lo que es más importante, ¿van a negarle la voz a quienes viven aquí durante todo el año?Aquí estamos bien conciliados y de acuerdo con todos los que apoyan el desarrollo y la supervivencia.
