21 julio 1999

Despertarse a los 200 años

El caudal de información es inagotable. Y a veces, más que útil, tremendamente curioso. A unos metros de ese paso mágico, un siglo que parece depararnos historias deslumbrantes, el ser humano se revuelve. Le incita lo que publican las revistas, los análisis de los expertos en el apartado que trata de alargar la vida, incluso, de hallar un antídoto eficaz para males que ahora no tienen cura.

El hombre, que es un ser diminuto, cuyo poderío y valor se apaga con un soplo de viento, se pasa la vida compitiendo para llegar más alto, para llegar más lejos, para tenerlo todo presto, ya, de inmediato. No sé lo que veremos, ni me atrevo a vaticinar los mundos que nos esperan fuera, aquello que puede estar bullendo dentro del planeta. No sé las batallas que tendremos que librar en tierra antes de detener esta carrera apresurada buscando algún indicio de vida, de otras vidas, buscando alguna respuesta universal y exacta que nos muestre la verdad de nuestra procedencia. Sólo sé que una cuestión nos mantiene expectantes a creyentes e incrédulos: la muerte. ¿Hay vida después de la vida? ¿Hay vida después de la muerte?

He seguido estos días con interés las intervenciones de los invitados a la Universidad de Verano Casado del Alisal, ya que su presencia me servía para completar este artículo que inicicié hace ya tiempo. He leído el libro que cuenta la tragedia de los Andes, he visto la película, más bien el reportaje fiel de lo que supuso un cambio en quienes lograron sobrevivir. Por ejemplo, el optimismo con el que Fernando Sánchez Dragó habla de la muerte, está generado en vida, y a pocos debe extrañar que un autor sano y culto como él afronte con humor el hecho de la muerte. Otra cosa será cómo y cuándo le llegue. Cada cultura y cada persona lo vive de una forma. Entre los indios Tabas, que habitan en el Chaco (Argentina), cuando el payac o curandero dictamina que el mal del paciente no tiene solución, se le remata de un golpe de macana en la cabeza. La tradición no nos dice si les matan para que vivan luego, o les matan para que dejen de sufrir. Pero al hilo de estas historias, hay un reto que yo quiero mencionar aquí. "Un hombre ha sido congelado vivo". 

Esa fue la noticia que saltó a los periódicos en enero de 1967. El doctor James H.Bedford, californiano de 73 años, estudió la fórmula para resucitar en el momento en que se descubriera la receta eficaz para curarle. Bedford enfermó de cáncer y una vez que tuvo su congelador dispuesto, en su castillo del distrito de Maine y Loira (Francia), este biólogo y catedrático de medicina se dispuso a esperar para entrar a formar parte de esta insólita aventura. Pero antes murió Monique, su esposa, y en base a un acuerdo que ambos hilaron en vida, fue ella la que pasó a ocupar su puesto. Entonces el asunto trascendió envuelto en una aureola de misterio, y aunque no se difundió la técnica de hibernación, sí se supo que la sangre de la mujer fue cambiada por heparina y líquidos anticongelantes y su cuerpo encerrado en una cápsula a 220 centígrados bajo cero. Los compañeros médicos se mostraron excépticos. Es posible impedir el proceso desintegrador en ciertos componentes, como los glóbulos, la médula, el esperma, pero nada había en aquel momento que pudiera salvar los riñones, pulmones, corazón y cerebro. Mucho hemos avanzado desde entonces. Avanzaremos más, nadie lo duda. Es posible que de la misma forma que el hombre puso el pie en la luna y estudió vivir muy pronto en ella, el hombre invente algo para despertar a los doscientos años y retocar esa berruga que fue crecienqo hasta comerle entero. Ahora bien, podrá alargarse la vida, pero de ahí a evitarla, nunca. Yo creo que eso sí debemos entenderlo y aceptarlo, si no con la crudeza de los indios Tobas, sí con una pizca del optimismo que derrocha Sánchez Dragó. Porque, ¿se imaginan ustedes una vida eterna con la envidia, el egoísmo y la destrucción que ahora imperan?

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19 julio 1999

Induráin, Roa, Atxaga...

Alguien me da la razón. Bernado Atxaga, el escritor guipuzcoano, Premio Nacional de Literatura 1994, autor de "Memorias de una vaca", "Bámbulo", "Lista de locos y otros alfabetos"..., ya avisó hace unos años que cerraría el libro que le había llevado a lo más alto. Entonces casi nadíe le creyó. Bernardo, en el marco de los cursos de verano de la Fundación Duques de Soria, anunció dias pasados que se retirará del mundo literario y volverá a recuperar su verdadero nombre, Joseba Irazu.Y para mucha gente con la que me tropiezo, romper con ese mundo cuando se está dentro, cerrar de sopetón la puerta de la fama por la que tantos otros suspiran y a la que saben que no se llega sólo por merecerlo, meterte de golpe en el traje de los dias de labor, entre el montón de anónimos, es un pecado clamoroso.
Yo, que oralmente no me defiendo con la misma seguridad, tal vez porque la timidez y los nervios me pierden, dejo que hablen todos, mientras en algún lugar de mi interior se desatan los aplausos.Cualquiera puede llegar a ese cajón. Sí, usted también. A usted, al del periódico le digo, no mire hacia otro lado. Yo, que no tengo recetas para mis defectos, puedo asegurarle que cualquier persona normal puede llegar a ser famosa. Dice usted que no sabe escribir. ¡Bueno!, pero, a lo mejor sabe cantar, o contar chistes. Puede que sea usted un individuo de costumbres extrañas, y basta, ya le digo, la insistencia, la perseverancia, la seguridad en uno mismo.

Cualquiera puede llegar a esa zona caliente donde se disfruta de ostentosos manjares. Se codeará usted con los personajes de pelicula, con la gente de la farándula, vivirá en una balsa de aceite... Además, disfrutará usted de una prensa amarilla que paga estos días bien por desnudar el cuerpo... y el alma. El sexo, a veces, se convierte en opio, y en los cenáculos más concurridos ya se cuentan historias que matan de envidia a los más cautos.Pero sí, aunque no niegue mis pecados, he de reconocer que alguien me da la razón; un día es un portero, otro día un ciclista y hoy un escritor. Ganeko, que como Joseba utiliza seudónimo, se pregunta en su columna del "Mundo del Pais Vasco": "¿Cambiará también de estilo? ¿Cuál de los dos cobraba los derechos de autor?¿Dejará herencia?...A mí no se me ocurre cuestionar una decisión tan importante. Cuando lo que se hace es bueno, como lo es la obra de Bernardo, el mundo pierde un artista y gana un hombre. Es lógico pensar que vaya donde vaya se irá con él la obra, no la que fue, que esa ya es patrimonio de todos, sino la que siga creciendo después, detrás de ese telón que la pregona y que la hace llegar a nuestras manos.

Querido lector, todo no se puede tener.No se puede subir a lo más alto del podium y esconderse entre el gentío. O estás en el estrado, aplaudiendo a tu líder, o estás entre el pelotón rompiendo las marcas establecidas y colocándote con un poco de suerte entre los primeros.Y por si álguna vez se te ocurriera dar este paso, si estuviera en tu mano alcanzar esas cotas de popularidad que disfrutan tus ídolos, también has de saber que no vale ya ese famoso dicho de triunfar y dormir. Detrás del autor hay un montaje, lo que exigirá crear más deprisa, vestirse para la conferencia, posar para las revistas, firmar autógrafos en las ferias y romperse los cuernos ante escenarios que poco o nada tienen que ver con la actividad que desempeñas...Pueden estar seguros de una cosa: aunque tuviera la suerte de llegar a ese lugar que no he buscado, jamás lo aceptaría: no se está mejor donde los otros están bien. Al paso que vamos, nunca conseguiremos separar esa fina tela que, a un hombre cualquiera, con capacidades para ganarse el beneplácito del público, lo meten sin dudar en una pista y lo espolean sin compasión hasta convertirle en una muñeca como a Belén Esteban.

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Carta de "El Conde de Polentinos"

Como muy bien sabe nuestra familia está unida a Polentinos, Lebanza y toda Pernía.

.../Si bien salimos de Polentinos en 1580 hacia Madrid y luego hacia Lima, siempre todos hemos sabido de donde veníamos. Por ello mi abuelo, séptimo, solicitó la denominación de Polentinos para el título que Felipe V le otorgó en 1716. Y eso ocurrió casi 150 años después de haber dejado la montaña palentina, y en otro continente! Y por eso mi bisabuelo Aurelio, mi abuelo Ricardo, mi padre y yo hemos ido con alguna frecuencia y conocido Polentinos, Lebanza...pero siempre lo hemos hecho lo más "discretamente" posible.

Volviendo a su libro que es el motivo por el que le escribo, es un magnífico libro de historia, costumbres, sociología, pero sobre todo un magnífico libro con el que generaciones futuras conocerán la montaña palentina. Felicidades por este buen trabajo de investigación y seria divulgación...

El Conde de Polentinos

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