20 diciembre 2003

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A Paco, en el aniversario

Ahora nos invade la nostalgia y metidos de lleno en los cuarenta, afloran los recuerdos, se mueven los archivos de nuestra pequeña gran historia y regresan por momentos aquellos que se fueron y que a su manera nos hicieron más ligero el rutinario acto de vivir.
Nadie lo tiene fácil. La escritora albaceteña Alícia Giménez Bartlett, que en estos días anda promocionando “Secreta Penélope” (Seix Barral), reconoce en una entrevista que publica “El Correo”, “que todas las generaciones fracasan en sus sueños, porque estas son superiores a la evolución del hombre en el tiempo que dura una generación. El ser humano no puede realizar sus ilusiones”.



Todos tenemos ilusiones. Francisco las tenía también. A mí me contó alguna en el hospital Río Carrión donde, tras su regreso de Perú, se recuperaba de una infección sin importancia, que no era tal y que un año después le quitaba la vida, esperando muy cerca de la Clínica Universitaria de Navarra un trasplante que no pudo ser.

Estas cosas te marcan para siempre, rompen el esquema que te hiciste, reducen todos los proyectos de futuro y, sigues, claro, qué remedio, achicando el agua que a medida que los días van cayendo se va colando por los poros de tus viejas heridas.

Francisco escribió consciente y sereno la última carta de su vida.

¿Cómo te gustaría morir? De repente –decimos casi todos–. ¿Cómo reaccionaríamos si alguien nos dijera que nos quedan pocos meses de vida? Porque no es un asunto éste lejano. La muerte está al lado de la vida, pasa cada vez más cerca y un día nos hiere cuando alcanza a la persona con la que convivíamos, al familiar, al amigo; y otro día nos toca. No hay más vuelta de hoja. Convendría reflexionar ahora, cuál es la vida que queremos vivir, cómo vamos a vivir la vida que nos queda.

Francisco realizó el año de Pastoral en Velilla y de allí llegó a evangelizar los pueblos de Castillería, Vañes y Polentinos, donde encontró las casas abiertas de “gente humilde, pobre, sencilla, pero buenos como el pan.”-cuenta en su última carta. Al referirse a Celada de Roblecedo, dice: “Allí pasamos muchas tardes y noches hablando, mientras la nieve cubría campos, tejados y caminos... Ahora tienen una nietecita, Angela, que me quiere, me busca y cuando ve un templo y oye las campanas, dice: “Casa de Paco”.

Recuerda la casa del guarda forestal de Vañes, a toda su familia que le acogieron, dice, con una conciencia ilimitada. Más tarde en Arbejal, Ruesga, Valsadornín y Cervera, donde Paco se integra totalmente practicando lo que él llama en su última y sentida misiva, “la corresponsabilidad”.

Tampoco pretendo hacer un canto desmesurado al sacerdote, al amigo que ya no está, al hijo que le pide a su madre comprensión. A una madre que lo ha perdido casi todo: “Gracias, mil gracias a mi madre Evangelina, que ha tenido que sufrir la muerte de mis hermanos: Eulogio, de 37 años; Clementino, de 24 (en la mina); la muerte de su marido... ¡Mamá, sigue siendo la mujer fuerte de la Biblia.”

Aunque es su propia madre la que me lo cuenta desde Villanueva de Arriba, yo vi la pobreza de latinoamérica en sus ojos. Él podía hablar con razón de las casas sin techo. Una familia numerosa compuesta por ocho personas, sentados a la mesa a la hora de cenar, cuyo manjar consistía en una naranja que iban chupando uno tras otro. Hasta tal punto le impresionó la pobreza que vio, que dejó allá sus maletas y todo lo que llevaba en ellas.

Estamos a punto de abrir la página de un año nuevo. Les estoy resumiendo la última carta de Francisco Gutiérrez de Celis, escrita en Vitoria el 29 de Julio del año 2002 y remitida al obispo de Palencia.

“Manifiesto que mi alma está tranquila y serena y he aceptado los muchos dolores que he pasado y ofrezco por las vocaciones sacerdotales y acepto la muerte para presentarme al Padre en los brazos de nuestra Sta María del Brezo, mi virgen querida desde la Iglesia, que preside la habitación del hospital; en manos de la Virgen del Rebollar y de Sta.María del Castillo y con ellos digo: el Señor ha estado grande conmigo y estoy alegre. Nací para amar. Amo y soy feliz.”

Decía Platón, queridos lectores, querida Evangelina: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.”

Imagen de Gonzalo Alcalde Crespo

13 diciembre 2003

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La misma incertidumbre que se cierne sobre el futuro del oso y que ha movilizado enseguida a Medio Ambiente, me invade a mí, nos invade a todos, con el asunto peliagudo de la despoblación. Esto es como un volcán que va perdiendo lava día tras día, anegando pueblos y comarcas que nosotros conocimos llenos de vida, pese a la sangría que los iba consumiendo en las últimas décadas del pasado siglo.

Quiero devolverle los elegios a Rafael Palacios que, en sus "vientos del norte" pone sobre el tapete tantas preguntas a las que nadie nos responde. No importa que nos esmeremos en pedir soluciones, si quienes son responsables de llevarlas a cabo, duermen a pierna suelta. Fíjate, amigo Rafael, los ríos de tinta que han corrido en torno al caso "Adri". Falsedades, enchufes, estafas, prevaricación... Y los silencios en los que se han envuelto por miedo, por favores, por véte tú a saber cuántas historias que bien se ocupan de tapar los implicados.

Y eso es una estafa y nos preocupa, pero toda la parafernalia que hay montada en torno al oso me parece denigrante.

En el diario "La Voz de Asturias", de mediados de octubre, se recoge una información que nos afecta. El Ministerio de Medio Ambiente ha comenzado a trabajar en el desarrollo de un banco de células germinales, integrado por muestras de semen, óvulos y embriones que permitirá garantizar la cría de ejemplares de la especie en caso de una amenaza inminente de extinción.

Este proyecto, en el que colabora el Centro Superior de Investigaciones Científicas, extenderá su actuación a otras categorías animales incluídas en el catálogo de la fauna amenazada, como el lince ibérico, el visón europeo o la foca monje.

A mediados de marzo, “El Diario palentino” informaba de la decisión de la Junta de Castilla y León, que invertirá en el Plan de Recuperación del Oso Pardo 540.000 euros. En dicho Plan se incluye la formación de agentes y celadores medioambientales, la sensibilización de colectivos sociales y de la población escolar en el norte de la provincia. Vamos, que le digan al pueblo el dinero que destinan a los animalitos, que ya verán la sensibilidad que sienten.

A mí el oso no me preocupa en absoluto. Vivirá lo que tenga que vivir y desaparecerá si tiene que desaparecer aunque le llenen de arneses.

Si al oso se le antoja vivir aquí, porque le gusta esto y el ambiente o la sabia naturaleza le mueve a emparejarse y procrear, encantados estamos, pero hablar de semen de oso cantábrico de gran calidad para fecundar a Paca y a Tola, es ganas de perpetuar una especie que, como tantas otras que vivieron en los siglos pasados, tiene los años contados.

Me preocupa el hombre que está desapareciendo poco a poco y nadie levanta un dedo ni se mueve un ministerio para evitarlo.Que hagan una seria reflexión todos esos colectivos de políticos, técnicos, naturalistas y todos los que se quieren añadir a este despliegue de salvamento.

Veo lógico que las patrullas que le alimentan y la fundación que le proteje, se esmeren en cumplir la tarea encomendada, evitando o denunciando el furtivismo.

Lógico, por lo tanto, que quienes aman a los animales por encima de todas las personas y de las cosas, se sientan preocupados por la extinción de una especie. Lógico, que quienes viven a su costa, nos lancen ayes lastimeros y nos envuelvan de información en la que cualquier cosa que se haga, cualquier proyecto que tenga que ver con la comunicación, tendrá que someterse a un juicio sumarísimo en el que intervienen ya muchos poderes.

Pero a mí, de toda la información que se ha ido generando, lo que más me sorprende es la coletilla que la adorna- Dice el Ministerio que "la conservación de los animales amenazados es una actividad imprescindible para restaurar población en el medio natural" y, lo cierto es que, enseguida se ha puesto en movimiento un gabinete entero y se ha abierto una cuenta millonaria para el cuidado, la conservación y el futuro de los bichos.

He llegado a la conclusión de que lo que quieren los conservacionistas es un "Parque Natural Animal", o "Parque Animal Fuentes Carrionas-Fuente Cobre", porque son los únicos que consiguen prebendas y subvenciones con sólo chascar un dedo Palomero y la poderosa fundación que suscita el proyecto. Y no digo esto por capricho o para cubrir el espacio de los sábados en el "Diario Palentino". Lo digo porque es lo que piensa el pueblo llano, al que curiosamente nadie se ha preocupado de buscarle otras alternativas.

Que una empresa contamina, silencio; Que una empresa cierra, silencio; Que la demografía señala un descenso alarmante de población, silencio. Pero, ¡ay!, cuidado con el oso. No me lo toquen. Es animal sagrado. Es una herencia valiosa. Es el fundamento del bosque, la razón de existir de unos pueblos, el futuro de estas tierras.

¿Y el hombre?
¡Pobre hombre!


22 noviembre 2003

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Aquí hombres valientes y comprometidos no hay muchos. Un ejemplo de auténtica defensa lo ha protagonizado Flaviano Casas Martínez, que durante años ha luchado en soledad contra los demonios más cercanos, con lo cómodo que resulta, dado el cargo que ocupa (tampoco lo sé, exactamente, ni tiene que importarme), esconder la cabeza bajo el ala y hacer la vista gorda como tantos otros en la misma situación hicieron.


Pues Flaviano viajó hacia lugares de nuestra provincia donde la contaminación y el abandono eran la tónica general, tomando nota de los hechos, fotografiando, aportando pruebas. Ese es el premio de la Coherencia que debe dar Izquierda Unida de Guardo, a paisanos que luchan aquí a brazo partido, jugándose cada día el puesto de trabajo y envejeciendo rápidamente con una tremenda carga de soledad y la impresión de no haber conseguido nada.

No conozco a Flaviano Casas ni a quienes se reúnen para otorgar el premio. Entiendo hasta cierto punto lo de distinguir a una figura nacional que luego portará en su currículum el nombre de Guardo, pero este tío se merece un premio y nadie se lo ha dado.

Yo respeto y admiro a Almudena Grandes y me gusta mucho la coherencia del Nóbel Saramago, quien recientemente ha puesto el dedo en la llaga al declarar que sobran tantas leyes, que basta con someterse a una: la Carta de los Derechos Humanos, donde ya vienen recogidas todas las demás, pero amemos y premiemos más a los que tenemos más cerca, porque es una forma de apoyar su trabajo, su apuesta sincera por la defensa de una tierra limpia y viva; amemos y respetemos más a todo el mundo; metámonos en la piel de mucha gente cuya actuación no comprendemos y, no se nos llenará el camino de rosas, pero evitaremos muchas guerras absurdas.

En esa misma línea anda embarcado Fernando Jubete dando voz a grupos de personas que llevan la ecología como un principio básico en su vida y que se han levantado en contra de proyectos que ensucian nuestra provincia: granjas porcinas de Guardo, central de Biomasa en Salinas de Pisuerga, tripas de celulosa en Dueñas, y me imagino que ahora también la emprenderán, junto a otros colectivos, contra el proyecto de pilas usadas en Barruelo.

La Asociación Fuente Cobre, de la que soy vocal de prensa, tiene como proyecto prioritario el saneamiento de los ríos. El presidente y algunos socios han mantenido conversaciones con diversos cargos provinciales y han viajado recientemente a Valladolid para llevar adelante un sistema de colectores que se colocaría en la cabecera del pantano de Requejada; uno para recoger las aguas de Pernía y el otro las de Castillería. Pero la idea es sanear los ríos en todo su trayecto, evitando el vertido de abonos y otros desperdicios y posibilitando de ese modo la vida de cangrejos y peces y como consecuencia fomentar el deporte de la pesca y otras actividades.

Frente a la labor tan comprometida de estos colectivos y personas, la nuestra ha sido mucho más sencilla, limitándonos a comentar lo que comentaban los periódicos y las revistas, los informes que nos llegaban de la Coordinadora o de las asociaciones vía e-mail y poco más, lo que sin duda no nos compromete a mucho. Somos meros transmisores, cuya opinión casi siempre se queda en el tejado. Mañana este papel será carne del fuego, rostro sepia de las hemerotecas, ligero comentario en alguna tertulia. Mañana llegarán historias nuevas, que caerán con avidez y encono sobre estas, difuminando cuanto hoy a mí me apura y me acongoja.

Pero hay algo que es evidente para todo el mundo, y no es necesario que venga una legión de ecologistas a advertirlo. Si hay un producto que contamina el agua o que la ensucia, las autoridades locales y provinciales deben mover el culo antes de que se produzca una desgracia o una contaminación. Y que nadie se lave las manos porque los que contaminan pueden ser los primeros afectados. Como las autoridades, los que viven o vienen a la montaña, deben elevar su voz las veces que sea necesario para que quienes instalen una empresa, respeten la normativa que les obliga a la conservación de nuestro entorno.

Claro que, a saber dónde se contemplan las normas y a saber a lo que les comprometen los papeles firmados.


15 noviembre 2003

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Al retomar este cuaderno en septiembre, recibo varios correos electrónicos de personas preocupadas por el medio ambiente. Preocupadas e involucradas activamente en la defensa de una montaña palentina limpia. De alguna forma, me siento empujado a emitir una opinión al respecto, aunque no pueda hacer granero ni vaya a implicar un cambio hacia balanza alguna. Más que emitir consejos ni esgrimir soluciones lo que quiero es preguntar como se pregunta el pueblo llano, los motivos que le llevan a un alcalde, en este caso a Alejandro Lamalfa, a decantarse por un proyecto que suscita tanta controversia.

Me pregunto si ha sopesado bien los pros y los contras; si los puestos de trabajo que prometen quienes estudian instalarse van a determinar un cambio que merezca la pena. Y si ese riesgo contaminante que los opositores manifiestan es tan elevado y tan maligno. Me refiero, en concreto, a la planta de tratamiento de pilas usadas que se quiere poner en marcha en la zona de Santullán.

La Coordinadora, que ya sentó precedente al impedir que se instalara en Salinas de Pisuerga una central térmica, no quiere ni oir hablar de una planta de resíduos, aduciendo que se gesta bajo falsas promesas, y no se sabe bien quienes están al frente del proyecto.

No debemos echar en el olvido que en Barruelo, mucha gente ha muerto en la mina y por la mina y nadie se opuso a ella; al contrario, a medida que iban cerrando pozos y galerías, se iba consumando la sangría de esta tierra. En la exhaustiva información que ha manejado Jaime García Reyero para confeccionar su libro: "Guardo, sus gentes y su historia" –capítulo apasionante al que dedico uno de los próximos artículos—, se cita la producción minera en el año 1927 en la montaña palentina: Allí figuran entre otras, la mina de San Luis, de Guardo, con 38.412 toneladas; Antracitas de Velilla, con 54.284; Villaverde de la Peña, que gestionada por la Sociedad Minas de Castilla y Jaén, extrajo 19.763; Hullera de San Cebrián, 18.093 y se lleva la palma, como es de suponer, Barruelo de Santullán, cuyas empresas “Minas de Barruelo” y “Barruelo y Orbó” rondaron las doscientas mil toneladas.

Las medidas de seguridad eran escasas, y así, en Villanueva de Arriba, en la década de los cuarenta, mueren siete mineros; años más tarde, una explosión de grisú en una mina de Barruelo, siega la vida de otros dieciocho y raro ha sido el año que la mina no ha dejado por todos los rincones de la montaña palentina viudas y huérfanos. Pero no sólo como consecuencia de los accidentes, sino también y sobre todo por los efectos de la silicosis.

Pero regresemos al asunto que nos ocupa ahora. Si desmenuzamos la opinión de todas las partes que han hablado, en todas encontraremos buena razón para la duda.

Quienes apoyan como gestores y empresarios la puesta en marcha de una actividad nueva que les reporte beneficios. Quienes estudian o defienden el patrimonio histórico-artístico, como es el caso de “Peridis” o de García Guinea y que se han mostrado contrarios a una nueva tanda de aerogeneradores que dañan “el sentimiento y el paisaje”.

Y por último, quienes se oponen radicalmente a las nuevas empresas que se anuncian, por considerarlas perniciosas para la salud y el medio ambiente.

Pero las preguntas están al alcance de todos y perdonen que no me posicione todavía. ¿Son tan peligrosas las empresas, que matarán a la gente que viva en el entorno? Si es así, los gobiernos y los servicios sanitarios no les darán el visto bueno bajo ningún concepto ¿o sí? ¿No son los aerogeneradores nuevas formas de energía, limpia y descontaminada?. Se trata de instalar una cantidad sensata, no de plagar la tierra con tales artificios.

Si en cualquiera de los proyectos existe un peligro de contaminación que no pueda controlarse y las autoridades hacen caso omiso, tendremos que oponernos con todas las de la ley a ello.

Pero también debemos pensar, que alguien tendrá que venir que pueda instalarse y ayudar a que esas cifras de despoblación no sigan aumentando. Si a todo le decimos que no, no moriremos por contaminación, moriremos por desolación, muertos de soledad, cansados de hacerle poemas de amor al sol, olvidados no sólo por la administración, que ya bastante difícil nos lo pone con las cifras cuando pedimos algo, sino por los nuevos repobladores.

Queremos una montaña limpia, claro, yo el primero, pero sobre todo queremos una montaña viva.


01 noviembre 2003

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Hacer un seguimiento del folklore y recuperarlo allí donde se pueda, es tarea de todos, pero hay historias elementales que deben asumir quienes se encargan de promocionar, mantener o recuperar nuestro Patrimonio, ya sea desde la capital o desde la Junta, que con esto de las competencias no sabemos adónde apuntar; tal es el galimatías que quienes están dentro no saben o no quieren saber hasta dónde llegan sus responsabilidades. Esto pasa a menudo con el patrimonio histórico-artístico: “La iglesia de tal pueblo no se puede tocar porque es monumento histórico y el obispado no tiene competencia”. Esa es la respuesta más corriente y a ella se recurre a menudo cuando se viene al suelo parte del edificio. Y esto acabará pasándonos con todo.

 
Ya en 1993, destacados etnólogos de Castilla y León, denunciaron la pérdida de tradiciones día tras día, sin que nadie lo remedie. Es verdad que un puñado de gente nos hemos dedicado a recoger trabajos sin ningún tipo de remuneración, simplemente por afición, por apego al terruño, y lo hemos ido divulgando a nuestro modo, bien en prensa, bien en charlas o libros, pero eso no remedia la situación.

Angel Carril, director entonces del Centro Tradicional de Cultura de Salamanca, se expresaba de esta manera: “El sentimiento de impotencia que sientes cuando quieres conservar tradiciones que dependen de la vida de una persona envejecida es impresionante”.

Aun sabiéndolo, quiero aprovechar este nuevo cuaderno, para contar de vez en cuando tradiciones y ritos que marcaron la vida de estos pueblos. Por ejemplo, la tradición de cantar la enhorabuena a los novios la víspera de la boda: “No te la dan por esclava, te la dan por compañera; mírala pues como el sol, brillante como una estrella, hermosa como Diana, cuando asoma por la sierra”.

Yo nunca llegé a ver la despedida en San Salvador, pero sí me contaban las despedidas de Polentinos, donde todavía hoy se siguen celebrando. El día de la boda le colocaban a la novia un manto en la cabeza y le cantaban: 

“Ya te pusieron el yugo, 
ya te echaron la zamosta, 
ya no te vas a los trigos
aunque te pique la mosca.” 

El manto viene a representar el yugo. La zamosta es la última vuelta que daba el labrador a la tira de cuero utilizada para uncir las vacas. El labrador –parece que estoy viendo a mi abuelo Clementino– escupía para que pegara.

No importa el número de veces que lo recordemos, pues siempre saldrán a relucir historias nuevas. De la copla anterior, que es popular y que probablemente la encontremos en los libros que hacen referencia a la montaña palentina, a la que nos dejó Santos y que compuso para cantarla el día que se casó un mozo de Rabanal de los Caballeros con una moza de Polentinos: 

“Las corredoras de plato, 
las de la cinta turquesa, 
a la una la llaman “michi” 
y a la otra “la portuguesa”. 

Santos se mató en una mina de Barruelo, en una explosión de grisú en la que perdieron la vida 18 personas, pero alguien recogió el hecho y con la misma fuerza procuro yo hacérselo llegar a quien me sigue, pues entiendo que estamos obligados a transmitirlo para que otros lo recojan y no se pierda.

Ahora mismo, nosotros sentimos esa especie de impotencia a la que aludía el personaje del principio, porque en pueblos como Lores, San Salvador o Polentinos, aquellas coplas, las tradiciones, el folklore en definitiva, dependen de la memoria de cuatro personas.

Nuestro mayor anhelo es conservarlo, pero no podemos luchar solos contra los elementos de la despoblación y el envejecimiento. No se trata de cambiar una bombilla, ni de arreglar una arqueta, ni de preparar una comida. Esta tarea es algo más complicada y deben implicarse en ella las respectivas instituciones. Quienes se han adentrado en el pasado de estos pueblos saben que la investigación no ha concluido, pero algunas historias penden ya de un hilo muy fino, como es la vida de un anciano. Y sabemos que nadie lo podrá contar como él lo cuenta, si es que alguno se preocupa de luchar en firme contra el olvido histórico..


30 octubre 2003

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Razones para vivir no faltarán aquí, donde los maestros canteros nos dejaron sus ideas, inspirándose en la Biblia, los evangelios apócrifos, las leyendas y romances populares.... Daniel Fernández que, en la presentación del cuaderno que dirige Casilda Ordóñez, encuentra numerosas dificultades para descubrir el velo que ocultaba lo que había detrás de los muros seculares de las casonas, vuelve a la carga en 1992, con “la temática decorativa de nuestros canteros en la época románica”. Allí alude a los dos toros tallados que se enfrentan en la colegiata de San Salvador de Cantamuga y a los “falos” que se reproducen en la de San Cebrián de Mudá, y que a decir de nuestro erudito, podrían estar relacionados con el poder, la fortaleza y la virilidad.



Allí donde se inicia la cola del pantano de Requejada, pasando el puente que lleva a Polentinos, emerge el jardín de Carracedo.

Recuerdo que yo era muy niño cuando algún domingo bajaba con mis familiares a comer en el edificio que el empresario de la mina había levantado para dar alojamiento a los trabajadores que venían de fuera, entre ellos, los gallegos Francisco y Miguel Rafael, mis tíos políticos. La casa se encontraba a la entrada misma de este parque, muy cerca de la mina de cobre en la que trabajaban también las gentes del contorno. Las lenguas comentan que se llegó a sacar oro y todavía se hablaba no hace muchos años de ponerla en circulación de nuevo. En esta mina trabajaban gentes de Polentinos, pueblo donde crecieron excelentes canteros: Fermín, José Ibáñez, Florentino Llorente; Mariano Sordo, que aprendió el oficio de su padre Fulgencio, y Cayetano Ruesga que, al decir de las gentes, era el que mejor labraba las esquinas.

En 1983, yo era corresponsal en Cervera del diario “Noticias de Palencia”, cuando Daniel Fernández, que ejerció como sacerdote durante muchos años de la villa, nos sorprendió grátamente a todos con el fascículo número 7 de “Apuntes Palentinos”, donde se adentraba en los vericuetos de la historia.

Hay un dato curioso que a mí me sigue sorprendiendo y que se resume en las primeras líneas escritas en el mencionado cuaderno: “Hay en torno a Cervera un silencio absoluto. Carecemos de fuentes escritas, estudios monográficos que aporten alguna pista...” Pero tan audaz como excelente observador, el sacerdote afronta el riesgo y comienzan a salir de sus adentros vivencias e historias, rasgos y costumbres propias y específicas también de las comarcas de Pernía y Castillería, cuya capitalidad sitúa –como hiciera también en su día el investigador Gonzalo Alcalde– en la villa de Cervera.

Con algunas referencias de Daniel y el ambiente de fondo que me deja Ken Follet, me adentro en las primeras cuestiones de la piedra, imaginándome a los canteros de aquellos días en estas altas tierras del Pisuerga. En la obra magistral de “Los pilares de la tierra”, todo gira en torno a la construcción de una catedral gótica en el pueblo de Kingsbridge donde no faltan los monjes ambiciosos, la guerra por el poder y la muerte violenta de personas que habían encontrado en aquel lugar una razón para vivir.

Razones para vivir no faltarán aquí, donde los maestros canteros nos dejaron sus ideas, inspirándose en la Biblia, los evangelios apócrifos, las leyendas y romances populares.... Daniel Fernández que, en la presentación del cuaderno que dirige Casilda Ordóñez, encuentra numerosas dificultades para descubrir el velo que ocultaba lo que había detrás de los muros seculares de las casonas, vuelve a la carga en 1992, con “la temática decorativa de nuestros canteros en la época románica”. Allí alude a los dos toros tallados que se enfrentan en la colegiata de San Salvador de Cantamuga y a los “falos” que se reproducen en la de San Cebrián de Mudá, y que a decir de nuestro erudito, podrían estar relacionados con el poder, la fortaleza y la virilidad.

Yo soy un simple y singular testigo de la historia. Subido al altozano me imagino al monarca delegando en un magnate de su confianza la repoblación de aquellas tierras. En el año 832, ocho años después de conocerse la “Carta Puebla” de Brañosera, se confirma la existencia de varias comunidades cristianas en torno a Cervera. Los Condes de Peñas Negras, Alfonso y Justa, dotadores del monasterio de Lebanza, le ceden entre otras posesiones las iglesias de San Vicente; San Juan y Santa Leocadia en Carracedo; situadas, señala, en territorio de Cervera.

El trabajo de Daniel es importante, como importantes son las conclusiones a las que llega tras aquella inmersión en nuestra historia: “Invito a todos los cirbarienses a escuchar el lenguaje vivo y elocuente de las fachadas y escudos de blanca piedra de nuestras casonas y a que nutran sus inquietudes, bien legítimas, de prosperidad y crecimiento, en lo que ha sido siempre su corriente histórica”.

11 octubre 2003

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El 12 de Junio de 1866, fue declarado Monumento Histórico Artístico el Monasterio de Santa María la Real. La orden premostratense (canónigos regulares) que regentaba el edificio, se había visto obligada a abandonarlo como consecuencia de la desamortización de Mendizábal (1835). Las referencias históricas de los investigadores nos devuelven a épocas sombrías, donde el poder, tan ciego en esto como los actuales, dotaba de prebendas y títulos a lugares que se sacaban a subasta o estaban a punto de caerse. Es obvio que en los últimos años del régimen isabelino, se vivía una situaciòn caótica de desamparo, de ansiedad y de temores. Y es, precísamente, el año 1866 cuando se desata una crisis de subsistencia que trajo escasez de cereales, hambre, enfermedades y enormes dificultades financieras.


En cierta manera, con otro tipo de vivencias y sufrimientos, esa es la vida. Sabemos que todo no puede conjugarse y que las crisis temporales nos alcanzan de alguna manera a todos, sirva como referencia lo vivido hace unos meses en Aguilar con la —permítaseme la palabra— desamortización de Fontaneda.

La empresa que tanto nombre y prosperidad dio a la comarca, cayó en poder de manos extranjeras que obviaron una remodelación y relanzamiento de la misma. Y no me pongan por excusa que la comunicación no es adecuada, porque la misma comunicación sirve para los que ahora trabajan y prosperan. Pero es verdad que no habìa raíces ni sentimientos que mediaran, lo que sin duda pesa mucho a la hora de romper definitivamente con una comarca que, gracias a su propio esfuerzo, gracias al empeño de nuevos empresarios y a la lucha y promoción de colectivos y personas, alcanzará en unos años, estoy convencido de ello, una estabilidad jamás soñada.

Vuelvo a fijarme aquí en el turismo rural, al que de contínuo hacemos referencia. Quizás sea ese, principalmente, el motivo que guía las remodelaciones que ahora se están llevando a cabo en el entorno: la recuperación del castillo, la reforma de “La Posada”, la Escuela de Turismo Rural... Quienes se encargan de promoverlo y gestionarlo, han abierto los ojos al futuro, habilitando edificios y espacios que en otro tiempo fueron lugares de oración, centros de poder y de defensa, influyendo sobre los pueblos y tierras del contorno. A mucha gente le gustaría que Adempa, Arestur, El País Románico..., todas las personas y asociaciones que suenan, con independencia de otros que lleguen más adelante, se unan en un frente común para recuperar en esa parte de la historia y del arte, no sólo Aguilar de Campoo, sino también todos los pueblos del contorno, tal y como parece derivarse del convenio que en su día firmaron la Fundación Santa María La Real y la Asociación Arestur.

Por la misma causa que los habitantes de la villa tienen reciente un precedente que los vapuleaba, como es la pérdida de una empresa que nació aquí, y deben solicitar, a mi entender, la protección o la marca de los que existen, quienes se embarcan en la difícil tarea de recuperar los rincones más emblemáticos de esta villa, deben levantar los ojos y no perder de vista los lugares del entorno: Monte Cildá, Las Tuerces, Cañón de la Horadada, sin olvidarse de otros algo más alejados y no por ello menos significativos como es el Monasterio de San Sandrés de Arroyo.

Aunque muchos de los proyectos se muevan entre la utopía y la dificultad yo creo que, de momento, estos colectivos han logrado remover nuestras conciencias, como si el efecto y el poder que emanaban estos edificios en el pasado nos estuviera ahora alcanzando. San Norberto, el fundador o, Andrés, que fue el primer abad premostratense que ocupó el monasterio de Santa María La Real (1169), seguro que miran complacidos el resurgir de un edificio que marcó el auge de la villa y su comarca.

No se trata de volver los ojos al pasado para pedirle cuentas a los personajes que por aquí pasaron y a su modo se repartieron el poder, ni a los gobiernos que entre bulas y prebendas fueron arrinconando estos lugares donde tantas historias se bordaron. Sabemos que alguien está poniendo todo su empeño en recuperar parte de la historia de Aguilar, que es parte de nuestra historia, que es la historia de nuestros pueblos.—


De la sección del autor: "Vuelta a los Orígenes" en "Diario Palentino".

27 septiembre 2003

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"Agosto, frío en el rostro". Así lo acredita nuestro viejo refranero. Pero tampoco los refranes, con toda la carga de raciocinio que dispensan, valen para todo y para siempre. Por ejemplo, para el pasado mes de agosto, bien podríamos introducir un cambio que no alarmaría a nadie. "Agosto, achicharramiento en el rostro". O acaloramiento, o sofoco, o despiste de las témporas o calabazas de la capa de ozono.

 

Una cosa parecida y en la que no intervienen los proverbios sino los hombres, es la publicidad. Viene el curioso tìtulo para entender la diferencia tan enorme que hay de la promesa al hecho. El día 20 de agosto, en la sección de Castilla y León de este diario, en el centro de dos páginas, aparecìa la colegiata del siglo XII de San Salvador de Cantamuga.

Angel Sancho Campo, que entiende de altares, siente predilección por el altar de esta iglesia, construído con piedra natural, labrada por maestros canteros. Apoyado en siete columnas delanteras y otras tantas adosadas y traseras. Angel la denomina: "obra maestra de arte y fe".

¿Y qué decir de su espadaña?

Es la misma iglesia que se prodiga a los cuatro vientos en el canal de la televisión local, propiedad de esta misma empresa editora. La misma que aparece en folletos de la Diputación y en reclamos turísticos. Todo el mundo sabe, o casi todo el mundo que se interesa por el arte románico, sabe que se encuentra entre Piedrasluengas y Cervera. Para ser más exactos, en San Salvador de Cantamuga, que no de Cantamuda.

Pues oiga, ni una señal desde Palencia al sitio. Ni una indicación donde se ubica. Ni un mísero letrero que explique su antigüedad. Ni una triste lámpara que ilumine por la noche lo que tanta luminosidad parece desprender en los catálogos y las televisiones por el día. Ni un pequeño audiovisual en su interior que sirva al mismo tiempo para explicar con breves pinceladas la historia del valle de Pernía. De no sé cuántos millones como se barajaban para repararla, la cantidad se quedó en una ridícula cifra que apenas llegó para cubrirla de un color ceniciento y burlón que la desprestigia. "Es que Peridis se ha llevado parte del presupuesto para Santa María la Real".

Si es verdad, que me apremian las dudas, será que tendremos que andar más listos que Peridis para que nadie meta en otro plan lo que a este plan se ha destinado, sobre todo cuando tanta falta nos hace, porque el coro aparece apuntalado y el problema de la humedad no se ha resuelto. Ahora mismo nos vuelven a anunciar un nuevo presupuesto. "Ya está el dinero apartado" – asegura el sacerdote. ¿Nos lo volveràn a desviar para otro sitio?-pregunto. ¿Por qué tienen que utilizar fondos del Miner para reparar zonas que no tuvieron minas...?

Vamos a ver. A mí me parece bien que se proponga a la montaña para estar en la Red Natura 2000, que se mejoren y amplien las Ventanillas Únicas, que la montaña palentina sea un referente turístico a nivel regional, que los promotores se esfuercen en diseñar su marca , que los políticos demanden fondos para el desarrollo de la minería palentina...

Todo me parece bien, pero no concuerdan los dineros que se mencionan con los hechos, no coincide la noticia con el suceso, no son los espacios tan naturales y tan frescos como se anuncian. ¿Estarán donde se dice que están?, ¿Será ésto aquello?.

Ya entiendo que la culpa no se le debe cargar siempre al político que promete o al alcalde que gestiona, como si los demás ya debieran recibir la mies por el sencillo acto de depositar una papeleta en una urna. Se trata de coordinar mejor los elementos, de señalizar convenientemente una de las mejores rutas del románico del mundo. Se trata de reparar aquellos monumentos que se anuncian como auténticas joyas.

De otro modo, si nadie se da por enterado de estas urgencias, lo mejor es que los apeen de la publicidad, que no figuren en sitio alguno. Así cuando alguien llegue de improviso y se tope con ellos, entenderá que gracias a la casualidad y a los misterios, ha descubierto un monumento antes de que por la desidia de unos y la pasotada de otros se lo encuentre tirado por los suelos.

13 septiembre 2003

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Cuando el pasado veinticinco de agosto llegó el equipo de televisión española a Verdeña, para realizar un amplio reportaje sobre el bosque de fósiles, entendí que se cumplía uno de mis primeros sueños. Mucho antes de que Ángel Gómez, su actual alcalde, decidiera elevarlo a la primera potencia turística de los valles del norte, ya miraba yo embelesado desde su plaza vieja y percibía una sensación de bienestar que ni mi propio pueblo pudo darme.

En la pequeña iglesia donde reposan olvidados los restos de Matías Barrio y Mier, el mejor mentor que ha tenido estos valles, los vecinos no han escatimado esfuerzos para abrir ventanas, reparar muros, decorar caminos y ponerle, incluso, automatismo a las campanas.

Noel Clarasó, escritor español, lanzó una frase al viento, un pensamiento "tipo" José María Fernández Nieto, que servirá para darle efecto y sentido al presente artículo:

"Lanza primero tu corazón, y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón".

Yo vivo observando las cosas y, pese a todos los contrapuntos que puedan derivarse de mi análisis, y pese a todos los impedimentos que aseguren encontrar los demás observadores en las mismas historias o personas en las que yo me fijo, debo rendirme muy claramente ante quienes llevan por delante el corazón. Un buen ejemplo es Robert Wagner Boon, catedrático que me trae enseguida el recuerdo de nuestro añorado Felipe Calvo. De complexión muy parecida, metiendo en medio de una explicación histórica de enorme envergadura, pequeñas cuñas humorísticas, lo que hace generar de inmediato una corriente de simpatía entre el maestro que expone la lección y sus alumnos, en este caso el pueblo de Verdeña, los orígenes de un bosque de fósiles cuya antigüedad se ha calculado, agárrense a la silla, en 300 millones de años.

Alguien, en algún momento del rodaje, indagó acerca de su posible deterioro, aludiendo con razón a los rigores del invierno, los animales sueltos, los visitantes sin escrúpulos que ya arrancaron trozos de la pared vertical donde se recogen tan importantes vestigios, temores a los que el paleontólogo enseguida pone remedio:

"Tranquilos, no se preocupen ustedes, porque de cualquier modo este descubrimiento sobrevivirá a todos nosotros".

Lo que ya se hace más difìcil de explicar, más incluso que la evolución humana, es el tremendo cataclismo que alteró la tierra y levantó una montaña donde antes reinaba un mar. Roberto habla de la montaña como si fuera parte suya, que lo es en el mejor de los sentidos, apurando pinceladas históricas que cambian de alguna manera esa visión que siempre tuvimos de ella.

De este modo las cosas, tenemos al político que vislumbró el futuro y tejió la leyenda en la que, acaso inconscientemente, fue aventurando la realidad más cruda. Pero no se conformó con desgranar una leyenda. Temiendo que el abandono de los pueblos pudiera hacerse realidad algún día y para que no quedaran en el olvido tantas cosas, fue describiendo con precisión cada momento: las tierras, los vestidos, los usos y costumbres...

Por otro lado, el paleontólogo creyó ver el pasado descrito en una piedra: las luces, los colores, las formas; la posición y el estado de los árboles, la eclosión final que catapultó todo creando un universo de piedras venerables allí donde antes todo lo cubría el agua.

Un hombre está entre ambos, tratando de levantar con la mejor gestión que entiende un rincón milenario. Ángel Gómez ha apostado muy fuerte. No es un hombre contemplativo. No es alguien que se quede tranquilo, divagando sobre la intuición del político o el raciocinio del investigador.

Ellos ya hicieron su trabajo. Ahora le toca a él engalanar las plazas, empedrar los caminos, habilitar los edificios... Le preocupa el pueblo y ha lanzado por delante su corazón a la batalla. El bosque de fósiles o el museo del oso surgen luego, como si la suerte se aliara de verdad con el que ha puesto todo su empeño en cambiar la piel de un pequeño y perdido pueblo en los confines de la vieja Castilla.

06 septiembre 2003

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Se ha contado la noticia en muchas ocasiones al gusto o la medida de quien la manifiesta o la provoca. Y se ha contado y se sigue contando al ritmo que marcan las partes contrarias, que son pocos, y que muestran su miedo a lo que para ellos será una clara destrucción de “uno de los últimos rincones vírgenes de nuestra tierra”.

A quienes vivimos de lleno todo lo que se mueve en nuestra zona norte, nos descolocaba el fenómeno de San Glorio por varias razones. Se había hablado y escrito hasta la saciedad. Asociaciones ecologistas y vecinos de los pueblos implicados hablaron a favor y en contra, siempre fijando sus ojos en las informaciones que sobre el proyecto iban apareciendo en los medios de comunicación.

Ya se había divulgado con amplitud, se conocía el proyecto de varios ayuntamientos leoneses, como el de “Boca de Huérgano”, el encuentro mantenido entre el presidente de la Diputación de León y los promotores de la empresa “Tres Provincias”, con sede en Palencia. Es más, se hablaba incluso de un acceso por el valle de Liébana, que ya conocía el ejecutivo cántabro. La noticia no podía estar ya más en candelero de lo que estaba. Y de improviso, la Consejera de Medio Ambiente de Castilla y León, asegura que la Junta no tiene conocimiento oficial del proyecto de construcción de la estación de esquí de San Glorio.

Para descolocarnos un poco más, como jugando al ratón y al gato, la sociedad promotora del asunto da plantón a Velilla, donde se ponía sobre la mesa los prós y contras de un proyecto que no deja de suscitar tantas esperanzas como recelos.

Nos pasamos la vida debatiendo y el tiempo es limitado. En la redacción se calienta demasiado la noticia y, aunque algunos miembros de nuestra asociación (Fuente Cobre) apoyan el proyecto, sorprende el titular que nos dedica Benito desde la Agencia Ical, lo que parece un apoyo total y mayoritario, sin fisuras de ningún tipo.
“Se necesitan empresas constructoras para destrozar Parque Natural. Interesados, dirigirse al Presidente de la Exma. Diputación de León” Así reza la publicidad que los opositores están dando a conocer en la Web, quienes, habilmente, barren para su término, dando a ver la poca rentabilidad de estaciones como la de Morredero y eludiendo referirse a la creciente expansión de la de San Isidro.
Un avezado observador hace alusión a su egoísmo, “pues son ellos los que disfrutan del entorno de San Glorio, practicando el esquí de travesía desde Noviembre a Mayo”. Otro sector culpa a Urbano Alonso de arrastrar a los alcaldes de las pedanías próximas y hablan de la presión ejercida por altos cargos de la Junta sobre los Rectores del Parque Natural, anotando la abstención de Piedad Isla y del alcalde de San Cebrián de Mudá que alguna vez hablara en contra. He hablado estos días con la primera y me ha contado su punto de vista: después de contrastar mucha información, asegura que el cambio de la ley para iniciar una obra de ese tipo abrirá las puertas a otras historias similares que dañarán el Parque Natural.

Pero en negrita, como si la mayoría de la población ya se hubiera posicionado en contra,los opositores escriben: “unos pocos ciudadanos no pueden cambiar la ley a su antojo. Nosotros somos muchos, honrados y honestos, con el único interés lícito de legar a nuestros hijos un patrimonio que hasta la fecha hemos sabido conservar...”

Por su parte, los bares, restaurantes, hoteles y ayuntamientos de las localidades más afectadas por el fenómeno, llenan sus locales con pancartas y recortes alusivos a su puesta en marcha. Quienes lo ven con buenos ojos, se basan sobre todo en las posibilidades de futuro. Teniendo en cuenta que más de 18000 jóvenes abandonan León en un año, si seguimos así, dentro de poco tiempo “la única especie en peligro de estinción por estas tierras será el hombre”.

El procurar leonesista Joaquín Otero se vale de un argumento que ya hemos defendido aquí en más ocasiones. “¿Cómo es posible que la regulación de usos de estos espacios, fije autorización para la construcción de carreteras, presas, líneas de alta tensión, minicentrales y hasta explotaciones a cielo abierto y no para una estación de esquí?”

En definitiva, más que una lucha para llevarle al pueblo algo que le proteja contra el olvido y la despoblación, parece una lucha cada vez más enconada de quienes luchan a favor contra quienes se oponen en un acto de defensa de lo que parece calificado ya como monte sagrado, al que sólo unos pocos privilegiados puedan subir descalzos.

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