No sé quién ha mecido la cuna para que Guillermo Palomero entre a formar parte de la Junta Rectora del Parque Natural Fuentes Carrionas-Fuente Cobre, pero es a mi juicio y al de muchas personas que viven en la montaña, una de las peores noticias que se podían dar en estos días, y enseguida lo ha venido a confirmar en unas declaraciones a un diario de la región donde propone "regular el movimiento de los turistas por la zona para evitar posibles mordeduras de los animales".
Primero logró convencer a los vecinos de las ventajas que supondría un Parque que no se planteaban, y que ahora, en palabras textuales, "quiere resucitar porque está muerto", pero evitando al máximo el paseo de los turistas, contradicciones que no tienen sentido ni punto de flexión, pues mal puede promocionarse algo que sólo puede admirarse desde la ventanilla de un vehículo. A la pregunta del periodista sobre qué es lo que echa de menos en la gestión del Parque, Palomero responde que es necesario atraer clientes que lo conozcan y sobre todo, que es necesario regular el uso público del espacio, "el movimiento de la gente por él", antónimos que vienen a explicar el dicho de esta tierra: no se puede repicar y oír misa. Es decir, no se puede estar haciendo dos cosas bien al mismo tiempo.
Pero más que todo eso me preocupa su nombramiento, porque hay una oposición muy clara por parte de los propios integrantes de la Junta, y él mismo es consciente y lo deja claro en sus declaraciones: "Yo voy a hacer mi trabajo, no sé si será bueno o malo compartir viaje con ellos; yo creo que no pasará nada por que nos tengan una fobia a muerte. Sería más bonito trabajar en sintonía y con respeto mutuo pero no ocurre."
Claro que no es el fin del mundo, pero para nosotros es un retroceso de mil años.
Imagen vista en "La Nueva España" (Oviedo)
Froilán de Lózar para "Diario Palentino" y "Globedia".
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