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Síndrome de antaño

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Quiso la providencia hace unos años meterme en el cuerpo el síndrome de antaño. A fuerza de revisar viejos juramentos y sin otra intención que la de procurar paz a mi espíritu, todos los caminos me iban conduciendo al pasado, a las gentes que poblaron la Montaña.

Por más desgracias que nos vengan, aunque la gente a la que queremos se nos vaya marchando, siempre nos queda su recuerdo, su rincón, su costumbre. Porque somos en buena medida la prolongación de ellos y, en la medida de nuestras fuerzas, hemos de luchar por conservar lo que nos legaron.

Por eso estoy aquí de nuevo, al inicio de un cuaderno en el que me propongo remover un poco esas inquietudes que ahora encuentro dormidas. Remover un poco esas conciencias que por capricho o por ofuscamiento se hallan enfrentadas. Que la vida es cosa de dos días y no conviene distraerse con las espinas.

Pasemos página para bien, para mejor, para orgullo y ejemplo de los que ahora empiezan.-


Detrás del éxodo

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Fontaneda era un prestigioso escudo para la villa. En aquellos momentos todo era negro. Y nos fallaron los malos augurios. "Siro" y "Gullón" siguen creciendo hoy (2011) a un ritmo trepidante.


Lo peor de los políticos es su compromiso de renovar promesas. Al mismo ritmo que las renuevan, las incumplen, por imposiciones, a veces, ajenas a su afán; por desacuerdos de quienes se sitúan por encima de ellos. Aguilar precisaba un milagro para salvar a Fontaneda. Porque las promesas de los políticos se conciben a plazos de vencimientos largos y el desenlace que ahora nos anuncian era cuestión de meses. Poco a poco, por desgracia, se van cumpliendo los peores augurios. Muchos trabajadores no están ya por la labor de comenzar de nuevo y sabemos que detrás de este éxodo llegará con el tiempo otro mayor, el de todos aquellos relacionados de algún modo con la empresa que ahora cierra en la villa. Algunos también se alegran, porque cerraron las minas y nadie movió un dedo, pero …

La tierra que amamos

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Yo no sé si los ciudadanos de la Montaña aman su tierra más que otros. Se supone que a todos nos tira con fuerza la tierra donde nacimos. Bueno, a todos, no. Eso es evidente. Lo mismo que esos padres que matan a sus hijos, también -en un contexto diferente- hay hijos de esta tierra y de todas las tierras que pasan olímpicamente de sus pueblos y sus historias. Lo mismo da que vivan aquí que vivan fuera. A ellos que les pongan bien las cosas, que les arreglen bien su calle, que el pueblo traiga una buena orquesta el día de la fiesta, pero que no les hablen de problemas. Los problemas son de otros. Incluso, quienes nos mostramos tan críticos con algunas actuaciones, a veces cometemos el error de juzgar a la ligera acciones de quienes en el pueblo se "mojan" para mantener fueros y costumbres.

Amamos la tierra, nadie lo pone en duda, pero bastante menos de lo que pensamos.
Y así se manifiesta luego.

Imagen: Raquelina, en Verdeña. Foto cedida por la familia

Tiempo al tiempo

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Es pronto para decir que hemos fracasado estrepitosamente en todo. Pueden fracasar los empresarios, que solos, o coaligados con otros no desarrollaron la publicidad adecuada. Pueden fracasar los políticos, que por diferencias de pensamiento no dieron con el camino o se negaron a encontrar una mesa en la que pudieran hablar todos. Pueden fracasar los técnicos, que no ven el momento ni el lugar para plasmar sus objetivos. Pero eso no debe afectar a la marcha de un pueblo. Porque un pueblo lo compone mucha gente que ya estaba allí antes: ganaderos, mineros, comerciantes... y todos están verificando un cambio. Bilbao, por ejemplo, en cinco años se ha convertido en un foco turistico, pero no se puede pedir un cambio radical en pueblos como los nuestros que han vivido aislados.

Si alguien pensó llegar y triunfar con su política turistica en cosa de dos años, es obvio que estaba equivocado.

Un pueblo en pie (II)

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Estamos en la cola de la provincia, en la cola del mundo. Tenemos a la suerte de espaldas. Vamos a la zaga de todo. Ahora que no hay gente se levanta un hospital en Cervera para compensarnos. Creemos que sea un hospital. Queremos que sea un hospital y, aunque tarde y en condiciones mínimas, agradecemos el gesto por las gentes que quedan.
Ahora que el futuro de una de nuestras empresas más emblemáticas está en el aire, parece que se acelera la autovía del Cantábrico, como si fuéramos contra corriente, como si algo nos condenara a tomar con una mano la miel, sin dejar de apoyar sobre nuestros labios un hisopo cargado de vinagre.

Mucho se habla. Mucho se escribe. No hay rosas sin espinas. No hay camino sin cuesta.
Frente a la desolación, todos unidos. Algún resquicio tendrá el muro poderoso que os niega el sosiego. Y ya nos acoplaremos como sea a las manifestaciones de futuro-.

Un pueblo en pie (I)

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Paulo Coelho, recordaba en un artículo publicado hace unos años una leyenda en la que el protagonista se iba enfrentado a los males con una sonrisa. "No hay mal que por bien no venga". Algo parecido a lo que sucedió con "Fontaneda". Aguilar de Campoo, ahora mismo, es un vergel de galletas. Siro y Gullón han sabido darle la vuelta a aquella historia de decepción y miedo que nos trajo Nabisco.
Naturalmente, para quienes están implicados en la lucha, para quíenes viven en la misma villa y suponen lo que implicaría perder una empresa que nació aquí y que llegó tan lejos, no pueden acabarse los argumentos y las movilizaciones. Nunca. Es una especie de Moisés el pueblo ante el Faraón que no se ablanda. Pero crece la imagen cada día que pasa, se van sumando días por Aguilar a las portadas de éste y de otros diarios y revistas.

Yo no sé si nuestros antepasados fueron guerreros o bucólicos, pero sé que hoy no puede decirse de nadie que no esté preocupado por esta falacia d…

La importancia debida

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Las cosas no tienen ni más ni menos importancia que la que se les quiera dar. Para mucha gente, yo me incluyo, volver a los orígenes es tan importante que de ello depende en buena medida la suerte de un año. Me refiero a la suerte en general, en el amor, en el trabajo, en el coraje que necesitamos para pasar medianamente muchos de los muros que se nos levantan en la senda diaria.Vivo de revelar imágenes, pero por muchas fotos que uno tire o que revele uno de tantos otros como pasaron por estos lugares, siempre hay un hueco por llenar, una foto que falta, un paisaje que sabes que existe pero que nadie ha podido mostrarte todavía tal y como tú lo concibes en tu mente. Cada día que transcurre aumenta la nostalgia por la tierra que tan adentro llevo. Y cada día me cuesta más explicar esto. Por eso les doy tanta importancia a los rincones de esta tierra.

Los chozos como almas

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El "Vitruvio" que cuenta en mi página web Gonzálo Alcalde es casi una estampa ya para el recuerdo. Hace ya algunos años realicé un reportaje fotográfico en la Sierra de Herreruela de Castillería, allá donde los chozos y las majadas se asoman al valle de Mudá. Aquello era la gloria: los chozos como almas y al fondo la llanura:
A Polentinos venía todos los años una familia de Salamanca. El padre, Juan; la madre, Ulpiana y tres hijos solteros: Perfecto, Román y Bonifacia. Con ellos venían también dos hijos ya casados, acompañados de mujeres e hijos. Y todos ellos se repartían en dos chozas pequeñitos situados en las majadas de Linares y el Pendillo. Claro que, en aquellos años, los chozos se prestaban a todo porque los pueblos se molestaban en cuidarlos.

Vitruvio y sus anhelos me devuelve la estampa de la Sierra, cuando los chozos eran como almas gigantes, puestas allí por la naturaleza para refugiar al caminante.

Usos y Abusos

En algo sí podía estar de acuerdo con todas las personas que, pertenecientes o no a grupos institucionalizados, defienden a ultranza la flora y la fauna de la tierra. Pero algunos ya han hablado y han dicho que las energías renovables están bien y no hacen daño. El mundo eólico que domina hoy el valle de Santullán comienza a trasladarse a otros lugares de la Montaña con el beneplácito de los ayuntamientos.  Lo malo es que estas historias, como las de los desmontes, son una bola que nos sobrepasa y puede engullimos en un futuro. Si en una villa sólo se permite levantar X, o en una ciudad se acuerda dejar sin construir espacios para dedicarlos a recreo o zonas verdes, no se debieran superar tampoco en las zonas rurales ciertos límites en cuanto a instalación de molinos, tendidos eléctricos y desmonte. Es normal que los estudiosos estén en pie de guerra, porque el abuso crea ya malestar a quienes con mayor o menor vehemencia, sin acudir a guerras santas, amamos esta tierra.

Allá los montañeses

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Siempre se ven las cosas de otro modo, para qué vamos a discutir lo indiscutible. La montaña es lo mejor para pasar un fin de semana dando saltos, para llenar los pulmones de aire bendito, para dejar atrás el ajetreo incesante y pernicioso de las ciudades. Y qué bienestar produce asomarse desde la imaginación a la Montaña.
Pero los montañeses no encuentran el mismo apoyo a la hora de desenvainar la espada contra los empresarios de las explotaciones a cielo abierto, por ejemplo.
A quienes les sienta bien el aire, les importa tres pitos que las máquinas entren a saco y arrasen montes y terrenos a costa de lo que sea. Ya vendrá mayo y se aplacarán lo ánimos. Las cosas se ven de otra manera. Y poca gente se implica con entusiasmo en asuntos que sólo nos aportan coscorrones.
La montaña cae bien, pero quienes viven en ella se matan en soledad para impedir atropellos y proyectos dudosos.

Dorar la píldora

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"Hay una lucidez deslumbrante, siniestra, sórdida en el dolor", explica el filósofo Rafael Argullol en su lucha contra un dolor físico irresistible. Nosotros no luchamos ahora contra ese tipo de dolor, el de tantos como se nos descubren a lo largo y ancho de la vida. Es posible que nos neguemos a ver la realidad, la que habla de la inexorable agonía de nuestros pueblos. Esa fórmula de los políticos que nos doran la píldora, ocultan datos para rebajar la inflacción, quitan importancia a las declaraciones vergonzosas de un individuo en torno a la pensión de las mujeres ..... Ha sido la misma fórmula que han utilizado los grupos que se disputan la Montaña: sublimar los proyectos y obras que no impiden la emigración. Nuestro dolor no tiene cura, por más dinero que se invierta en programas de desarrollo: A mí me lo advirtieron y me rebelé mucho, pero el tiempo hace justicia a la lucidez que demostraron quienes ya entonces se descubrieron en el dolor.-
Imagen: José Luis Estalayo

Galleta amarga

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Todos tienen razón, pero son pocos. Es verdad que han cerrado empresas en muchos lugares por voluntad o quiebra. Aquí se quiere cerrar Fontaneda -como han dicho- porque la presión humana no les hará ningún efecto a quienes adquirieron la fábrica para jugar con ella. Quienes ahora desprecian su valor (porque nada les costó levantarla) se quedan tan frescos notificando al empleado un destino nuevo lejos de los suyos, lejos de la tierra que aman. Cuarenta añós después, resurge aquel efecto que parecía episodio para las hemerotecas, reaparece el fantasma de la emigración, notablemente desfigurado, porque no va la gente voluntaria a buscar futuro, sino obligados por cuatro danzantes que han dado la puntilla al sueño de un hombre lIevado a lo más alto. Y es que yo me pregunto: ¿pero hay pena más grande que la muerte definitiva de una tierra? Tarde nos vamos dando cuenta de lo que pintamos para el mundo.

El prao de las angas

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Ahora recordamos, con ciertas dosis de incredulidad, muchas de las costumbres que marcaron las pautas en el entorno montañés. Muchas historias se han ido recogiendo en los libros, otras se transmitieron de boca en boca y, algunas no han trascendido porque quienes las conocían no consideraron oportuno divulgarlas.
Antes de la boda, los padres de la novia recibían la pedida del novio. Llegó a mis oídos por varias fuentes una curiosa historia. El novio pidió a los futuros suegros el prao que lindaba con el suyo. La primera vez no llegaron a un acuerdo. El novio le pedía calma a la novia: "Tú no te preocupes, que aunque tu padre no me ceda el prao de las angas, yo me casaré contigo". Y cuentan que se casaron y vivieron felices. La poetisa del lugar elaboró la copla que explicaba el asunto:

Gracias al prao de las angas
sino, no tenemos boda.
Ese es el amor que tiene
el señor novio a la novia.



No y No a los desmontes

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Uno de los mayores movimientos de protesta que se han generado en la montaña, ha partido de Guardo.En Peñota, en la comarca de Pernía, el espectáculo era impresionante. Impresionante es poco. Era alucinante. En Barruelo, hace unos años, el pueblo entero se echó a la calle para decir ¡basta!. Y es bueno que, al margen de nuestros compromisos políticos o profesionales, gritemos de vez en cuando para que nos oigan, para que nadie se tome a la ligera el desfalco de un monte, aludiendo al hecho de un material que viene bien al empresario siempre y que genera ocho o diez puestos de trabajo. Es la primera vez que pienso que una protesta sirve aquí para algo si se sigue cuidando, porque no se trata de un grito aislado, ni de una queja pasajera, ni de un grupo pequeño o concreto. Me consta que varias personas que conocen y que aman de verdad el lugar donde nacieron, se han implicado hasta la médula para detenerlo. Y están dispuestos a obtener resultados. A favor de ese movimiento estamos muchos…

Javier, dixit

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Vivir al calor de la ciudad y poder salir de vez en cuando a disfrutar de la naturaleza, sin tener que pisar barro o boñigas todos los días, sin tener que ir al monte a cuidar el ganado o por leña, gritar que se está cerrados por la nieve o sin teléfono, desplazarse más de cien kilómetros o ir al médico y llamarse ecologista es fácil. Así cualquiera puede ser ecologista y estar enamorado del' oso pardo». No se puede decir más, ni mejor en pocas líneas. Javier Cuesta, sacerdote que ejerce en La Pernía, implicado en su comunidad (con los problemas y enemigos que ello conlleva, lo escribía en la revista "Sementera" hace un par de años. Todos estamos resentidos con grupos que llevan a rajatabla la defensa de la fauna, como si molestasen las gentes y las villas que se levantan en el entorno. Como si el hombre no importara o debieran trasladarse los pueblos para que los bichos retozasen en paz.

A pulmón cerrado

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Sorprende a mucha gente la actuación de algunos colectivos, que defienden con uñas y dientes ciertos hechos: véase la tala de árboles, la limpieza de los ríos... y nada dicen de la explotación a cielo abierto. O, si lo dicen, muy bajito. Me lo pregunta un vecino de aquellos pueblos de La Peña, que ha salvado una de sus tierras porque una mujer se negó a vender la que lindaba con ella. “ Si a mí me dan dos millones por ella, yo la vendo” –reflexionaba. ¿Qué haríamos nosotros si pagasen tan bien unas fincas que siempre se han dejado a cambio de un carro de leña, o por nada, o que se han llenado de maleza porque quienes las llevaban se cansaron de prepararlas? Pues eso, venderlas al mejor postor sin importarnos lo que hagan luego de ellas. Es por eso que, todo el éxito que puedan obtener quienes se movilizan en contra, peligra si un empresario sin escrúpulos y con dinero se decide a llevarles la contraria.

Misión cumplida?

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El Comité de Dirección de la Agencia de Desarrollo del Norte Palentino, es decir, ACADE, ha cerrado las puertas. Sus motivos tendrá. Y razonable será su cansancio. Y alguna justificación tendrá su despedida, pero aquí nadie ha concluído nada, aquí no sobra nadie. 
Ninguno de los que procuramos hacer algo, a nivel político o publicitario, a nivel personal o patrimonial, podemos cerrar el libro diciendo que nuestro papel está cumplido, como si la Montaña Palentina hubiera alcanzado ya las soluciones. Me puedo cansar yo de pregonarla, o cualquier otro de escribirla y no pasará nada, pero una asociación, a través de la cual llegan ayudas, se fraguan proyectos, se generan partidas económicas importantes... no puede cerrar las puertas alegando que su papel está cumplido. Es doloroso que se rindan quienes nos venden esperanza, pero lo de Acade es un mensaje de impotencia cuando quedan por hacer tantas cosas...
2002. De la sección "Impresiones", en "Diario Palentino".

Nunca como ahora

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Nadie se preocupó tanto como ahora de la nieve y sus circunstancias. Nunca como ahora se sopesó el aislamiento. Si contabas que en tu pueblo la gente, aprovechando los inmensos neveros, tocaban los tejados, estabas alucinando; eras un soñador, cuando no un loco. Ahora sí que alucino yo con la nueva ola de periodistas que describen impresionados una incomunicación de dos jornadas. En mi tierra hubo pueblos que vivieron quince días sin ver asfalto. Quince días a oscuras, sin luz y sin teléfono, buscando a tientas los caminos que se fueron creando a fuerza de muchas pisadas lentas y repetidas. A mí me gustaría que cayera una nevada de cinco metros por igual en muchos lugares, no sólo porque la nieve es buena, sino por satisfacer una curiosidad que tengo. Aunque ahora mismo tampoco tendría sentido la experiencia. Llegarían máquinas de todas partes.
Y todos hablarían por los codos de ello.
De la seccion del autor para la prensa: "Impresiones".
Imagen: Rosario Yukatán desde Valberzos…

Aquellos emigrantes (y II)

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Existieron emigrantes que, después de hacer fortuna, pensaron en su pueblo. Es el caso de Francisco Buedo, natural de Tremaya, que emigró a Argentina a finales del siglo XIX. Francisco mandó construir la Casa de la Escuela, el Puente y el Cementerio.
A principios del siglo XX se lleva a sus sobrinos y otras gentes de la comarca a aquel país, que prosperaron económicamente (regentando allí la Banca Buedo): Ceferino, César, Constantino, David, Vicente, Moisés, Cristina...
Algunos regresaron y se llevaron a otras gentes del pueblo: Esther, hermana de Ninfa; Eugenia, hermana de Abilio; Florencia, hermana de Gregorio Gaitón; Andrés, hijo del guardamontes de Tremaya; María, una muchacha de Celada que falleció en la travesía...
Pero nadie volvió los ojos como él a su lugar de nacimiento. Ahora, las posibilidades de hacer fortuna fuera están mermadas y parecen muy mermadas también las ganas de hacer algo, lo que sea, aunque sólo implique esfuerzo personal, por el lugar de nacimiento.

Aquellos emigrantes (I)

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Interrumpo y valoro un correo, que mi amigo Luis Guzmán envía al misionero José Luis Estalayo, que me saluda desde México.
José Luis nació en Tremaya, pueblo en el que recayó nuestro mentor allá por el año 1943.
Cuando Luis ejercía como maestro en la escuela de San Felices, cuenta que, acompañado por Clementino, el hijo del maestro de Herreruela, llegaba hasta Celada, subían por Valsemana hasta la Espina para caer así por gran pendiente sobre Tremaya. En ese cúmulo de recuerdos, Luis se detiene en la cantina, en la pradera donde se hacía el baile, en las eras donde se jugaba a las cartas y se adquirían pipas y almendras garrapiñadas.
Luis recuerda también a la abundante mocedad de los pueblos inmediatos. Mi amigo y maestro nunca deja de asombrarme, porque tiene tantos recuerdos que sería justo acudir a él para conocer muchas de las historias que los propios lugareños olvidaron.




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