A la entrada del paraíso

Creo que ninguna de las imágenes que voy subiendo a uno de mis blogs, ha desatado tantos ríos de tinta como la del fotógrafo asturiano y premio "Pulitzer", Javier Bauluz. La fotografía fue realizada en la playa gaditana de Tarifa en el año 2000 y en ella aparecen dos jóvenes bajo una sombrilla, cerca del cadáver de un hombre negro que yace a pocos metros, en la orilla. Hasta la actriz estadounidense Angelina Jolie la utiliza para enviar una crítica a Occidente por su frialdad e hipocresía al impedir el ingreso de inmigrantes y refugiados procedentes de África y de otros lugares conflictivos, sin percatarse de que una entrada descontrolada y masiva de personas a un "supuesto" paraíso, lo único que hace es trasladar el problema de sitio.

Vuelve otra vez a ponerse en tela de juicio al mensajero, como ocurrió con Kevin Carter, que obtuvo este mismo galardón en 1994 y que, abrumado por la culpa y la presión de las críticas, se suicidaba el 27 de Julio de aquel mismo año, dejándonos un testimonio impagable: una niña a punto de ser devorada por un buitre, escenas que hoy se repiten constantemente, parece que sin testigos molestos, en el cuerno de África.

En la instantánea del fotógrafo asturiano hay un muerto por el que no se puede hacer nada; a unos metros, en el ángulo que recoge la cámara, una pareja disfruta de la playa como indiferente ante aquel drama. Aquella pareja es utilizada por los medios internacionales para acusar a un país entero, a España, de insolidario, como si todo el país estuviera mirando la escena y permaneciera ajeno a ese drama de los inmigrantes que buscan en nuestras costas el alivio a su dolor y huyendo de la miseria no pueden evitar la muerte.

Aunque he visto varios argumentos defendiendo al periodista Arcadi Espada y castigando al fotógrafo, creo que si algo tenía que hacer Bauluz para dar ejemplo y despertar al mundo de su letargo en ésto, en el hambre, en el racismo, en la xenofobia... era eso, la foto. Y así lo ha entendido también el Consejo Regulador o Consell de la Informació de Catalunya.

No se puede culpar de esta muerte a los bañistas, ni al fotógrafo que la retrata, ni a un país determinado. En todo caso, la indiferencia es asunto del mundo y la foto ha servido en cualquier caso para despertarnos.

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