El Villar de Flores




Villar de Flores, población salmantina ya desaparecida, se halla enclavada en la Sierra de Gata, en la comarca de “El Rebollar”. En este espacio protegido, refugio del lince ibérico, donde abundan los bosques de rebollo –de ahí el nombre– y predominan las pizarras, se suscita una historia muy bien investigada por María Paz de Salazar y Acha.



Buscando documentación para participar en una jornadas culturales encuentra un hilo del que, seguramente, en la actualidad sigue tirando para desentrañar la historia de este paraje. Acude a buscar ayuda a Ciudad Rodrígo, en la Diputación de Salamanca y en el Archivo Nacional de Simancas, donde encuentra la trayectoria y el desenlace de este lugar, hoy dehesa de toros bravos.

Desde 1580 todos sus vecinos habían hipotecado las heredades que tenían como particulares en casas, prados, huertas y linares, gravándolas con varios juros a los que no pudieron hacer frente, de manera que los bienes son embargados a petición de Manuel Enríquez de Soria. Poseedor de los juros desde 1606. Diecisiete años más tarde, su yerno, Martín de Cáceres, compra a la Hacienda Real las Alcabalas de el Villar; es decir, las contribuciones que se pagaban sobre las compraventas que se hicieron.

La voracidad humana no tiene límites, pero esto no significa que viva mejor el que más tiene. Viviríamos mejor, gozaríamos más, seríamos más libres, sin codiciar más, disfrutando de lo poco que uno tiene entre las manos, pero nos puede la ambición como le pudo a don Martín de Cáceres que fue comprando a los vecinos cortinas, linares, prados y casas hasta la posesión absoluta de todos los bienes ejecutados, pidiendo entonces que se sacaran a pregón, pues alegaba que ni aún así rentaban lo suficiente para satisfacer la deuda contraída. Y como nadie ofreció nada para saciar su apetito, se hizo con todos los bienes ejecutados. Así, en 1633 poseía parte de este lugar y era señor de sus alcabalas, lo que tampoco dejaba de someterle a pruebas incómodas. En cierta ocasión en que don Martín se había presentado para prender a un vecino llamado Pedro Hernández, cuentan los testigos de aquella época que el acusado “le gritó muchas veces con grandes voces y cólera que no quería yr preso y le amenazó diciéndole que se avía de acordar dél, y asiéndole el sr don Martín, se resistió y le tiró algunas puñadas y le rasgó las mangas y se vaxó al suelo a coxer piedras y si no fuera por algunas personas que estaban presentes que se las quitaron, le tirara con ellas y le maltratara por ser como es Pedro Hernández, hombre atrevido y descortés con la justicia”.

Cuentan los cronistas de entonces que don Martín pidió ayuda –me lo imagino en medio de la plaza, rodeado por los evcinos de aquel pueblo que trabajaba cada día para saldar la deuda. ¿Qué le pasa hoy al pobre con el banco? El banco es el poseedor de nuestros juros y le bastan tres faltas para posicionarse.

Hasta que Andrés de la Mata, un alcalde ordinario, le salió respondón, acusándole de tener las Alcabalas usurpadas al Rey. Pero aquel alcalde que acusaba no tenía la simpatía del pueblo. Había derribado cinco casas de su propiedad y había vendido sus despojos. Cuando los vecinos le afearon la conducta este respondió que lo hacía para quedarse solo, para ser dueño y señor de toda la villa.

El Villar de Flores se despobló por la mala condición de aquel alcalde y por el levantamiento de Portugal en 1640, quedándose sus términos totalmente yermos y desamparados.

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