Once que resultaron doce



En este mundo redondín, viene el don con el din o, al revés. Con el artículo de este mes voy a contestar el correo de Alfonso Pascal, escritor de Barañaín y amigo con el que mantengo una amistad epistolar desde 1980, cuando ambos buscábamos un rincón para plasmar nuestros trabajos literarios. Él no duda en alabar mis pobres medios y dice encontrar el apoyo y la tranquilidad en mis respuestas. Debo parecer ya, si no lo soy, una especie de sociólogo de revistas, como el hijo de Tierno, que intenta poner luz a tantas mentes confundidas.


Pero vayamos derechos al apotema de hoy, que tiene miga. Eduardo Dolén, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Torrevieja, dio a conocer a finales del pasado año los once trabajos finalistas del XI Certamen Internacional de Poesía de aquella ciudad. Son estos, dijo, y los citó, y todos se enteraron de los once trabajos presentados bajo plica, entre los que se encontraba uno procedente de Navarra, “Posturas de entonces” de mi buen amigo Alfonso Pascal Ros. El edil destacó la gran calidad de los mismo, lo que había motivado la ampliación del número de finalistas, que pasaron de cinco a once.

Y dijo once, y lo escribió, y así se publicaba en los portales de Internet. Y todo el mundo pudo verlo y oirlo. El día uno de diciembre tiene lugar el fallo y resulta ganadora “Habitación de hotel” de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, que no figuraba entre los once finalistas, o sea, digamos que era el número doce, todo un engaño, todo un apaño, todo un bonito sueño.

Rompiendo la tradición, tal vez removidas sus conciencias por algo que no era y se inventaron, tal vez para evitar el abucheo de quienes esperaban la ocasión para gritarles a los farsantes del jurado en su cara, el mangoneo y la manipulación de un premio, y cuya verdadera importancia residía en la publicación del libro por Plaza y Janés, los organizadores cambiaron de idea dejando a los finalistas fuera de la gala del fallo.

Uno de los participantes, enterado de su condición de finalista, les llamó para confirmar su presencia en el acto, pero le disuadieron comunicándole que habían cambiado de parecer y que sólo asistiría el ganador, que ya estaba invitado. La noticia fue corriendo de boca en boca y llegó hasta la redacción de varios diarios, entre ellos Información de Alicante y Diario de Navarra, que le pidieron a mi amigo que tirara de la madeja, disputa en la que no quiso ahondar.

Entre los miembros del jurado se encontraban Ana Mª Moix y David Trias (Plaza y Janés), a quienes dirijió su acusación, sabiendo que ello le cerraría más puertas en el futuro, y el militante comunista Caballero Bonald que ya en 2005 protagonizó una agria polémica, cuando se alzó con el IV premio de novela de esa misma ciudad el ideólogo de la derecha César Vidal. Caballero echó entonces sapos y culebras por su boca, aludiendo a que “Los hijos de la luz”, la novela ganadora era ideológicamente detestable. Lo cierto es que la que hacía el número doce, la intrusa, reconoció que se presentaba a muy pocos concursos y que sí se presentó a éste fue por la confianza que le inspiró el jurado. Ya lo dice el refranero: “Quien te cubre, te descubre”. Mejor así, querido amigo, mejor finalista atribulado que ganador en un circo de fieras al que si le haces guiños, volverás otro día con la duda de no saber si eres el justo ganador o si se trata de una farsa.


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