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25 enero 2014

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Piedrasluengas (1334 m.) es el primer pueblo palentino que encontramos entrando por Cantabria. Camasobres (1201 m.) es el segundo, metido -como bien señala Enrique en el artículo que hoy nos sirve de puente- en un valle, entre dos alineaciones montañosas.


La foto no es famosa, pero para todos los habitantes de aquellos pueblos (Areños, Casavegas, Lores, Los Redondos...) tiene un enorme significado, pues se conocieron inviernos muy duros, donde los carreteros que venían de los pueblos cántabros a buscar provisiones a Castilla, se pasaban en ocasiones varios meses aguardando que pasara el temporal en las Ventas del camino.(Hasta 18 ventas entre Cervera y el límite con la comunidad vecina).
Así lo explica Enrique Hernán:
"Estos pueblos están  en una línea imaginaria, directamente relacionados con el Mar Cantábrico. Lo hacen a través del "vacío" formado por el curso del Deva. Los vientos norteños chocan directamente con el boquete formado entre Peña Labra y Peña Bistruey, especialmente entre el Puerto de Piedrasluengas y el Cdº de Sierras Albas. Las masas de aire forzadas a elevarse por primera vez en esos puntos, descargan cantidades ingentes de nieve..."

Para saber más en nuestro blog:
Grabado en piedra en 1713

21 enero 2014

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Buena muestra de ello es que en base a una supuesta «racionalidad y sostenibilidad de la administración local» se pretende suprimir las únicas instituciones históricas, milenarias y democráticas que a modo de fósiles históricos nada nos cuestan a los españoles, ya que se sostienen con sus propios recursos y tan sólo suponen 3.725 juntas vecinales adscritas a otros tantos pequeños pueblos, el 60% de ellas en la provincia de León.

Todo parece indicar que el Gobierno de esta cosa que aun se llama España tiene que justificar ante los españoles que las feroces e injustificadas reformas no sólo afectan a los paganos de siempre, a la sanidad o a la educación, sino también a lo que ellos llaman las estructuras del Estado. Pero en la práctica y a juzgar por el anteproyecto presentado el 13 de julio se trata de un camelo que pretende reformar sin modificar las estructuras que sostienen y alimentan a la casta política, pues mientras se proponen modificaciones que son el chocolate del loro y afectan a lo más débil, se mantienen los loros, es decir: diputaciones sin sentido si no se reforman; ayuntamientos sin población, Senado para vividores, consejos consultivos para nada, defensores de no sabemos quien, empresas públicas y las sagradas comunidades autónomas. En esta tesitura, en la que una vez más se pretende engañar al pueblo y dar la idea de que se reforman la estructura del Estado sin reformarla realmente, surge un anteproyecto de reforma de la administración local que en la línea de lo anterior no sólo es el chocolate del loro, sino que ataca a los más débiles y en modo alguno a los loros, es decir a las instituciones y cargos políticos que nos cuestan una pasta a los españoles.


Laureano M Pérez Rubio
Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Léon

Para saber más: 
Concejo de Vecinos, historia y tradición: fundación cerezales
Concejo de Vecinos: León noticias
Concejo de Vecinos: Asociación Faceira, Ileón
Sobre los fueros concejiles en León, Dialnet

24 marzo 2013

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Miguel Vicente Basterra Adán 
Vestigios medievales de la montaña palentina 


(y IV)


En la documentación medieval que ha llegado hasta nuestros días, existen ciertas referencias de una cierta fortificación en la alta Edad Media en las proximidades de Resoba (Palencia), la cual aparece nombrada como 'Castro de San Juan'. Los textos atestiguan que fue cabeza del alfoz homónimo, que abarcaba los actuales términos de Polentinos y de Resoba, así como las comarcas que hoy se denominan Fuentes Carrionas y el Valle Estrecho. 

A continuación, detallaremos documentalmente la existencia del castro y del alfoz de San Juan, e indicaremos de una forma razonada la previsible ubicación de la fortificación. Como decíamos, documentalmente se puede atestiguar la existencia de:
a) El alfoz de San Juan (o de Resoba):
  • En el documento de dotación de la Abadía de Santa María de Lebanza por parte de los Condes de Liébana Alfonso y Justa, fechado en el año 952, se dice que estos nobles donaron a la abadía, entre otros lugares, la localidad de Vidrieros, la cual, según ese mismo texto, se hallaba en el «alfoz de San Juan» (alfoz di sancti Joanis) [34].
  • Así mismo, en el documento de cesión del monasterio de San Salvador de Polentinos a la Abadía de Lebanza y a la diócesis de Palencia por parte del rey Alfonso VIII, se alude a las 'villas de Polentinos' que se hallaban «en el alfoz de Resoba» (in alloz de Rivosa) [35]. Este documento está datado en el año 1178.
  • Creemos que existe otro texto, fechado en el año 1158, que también puede ser significativo al respecto, puesto que en su interior existe una mención al «Río de los Herreros» (Rio de los Ferreros). Consideramos que este lugar viene a coincidir con el alfoz de San Juan [36].
b) El castro de San Juan:
  • En el Tratado de Medina de Rioseco, en el año 1181, por el que los reyes Fernando II de León y Alfonso VIII de Castilla establecerían por cada reino cinco castillos puestos en prenda de fidelidad en manos de Pedro Femández, Maestro de la orden militar de Santiago y Pedro de Areis, Prior de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, para lograr conservar la paz varios castillos, entre ellos el de Santíbañez de Resoba «Similiter ego Aldefonsus rex Castelle millo quinque castella in fidelitate in manis Petri Fernandez, magistri militie Sancti lacobi, et in manu Petri de Areis. Prioris Hospitalis, uidelicet, Sanctum lohannem de Resoa, Sanctum Romanum de la Penna, Saldaniam, Ceiam, Couellas, pro tenenda et observanda pace inter nos, et filios et filias nostras in perpetuum bona fide et sine malo ingenio» [37].
  • En el Tratado de Tordehumos, firmado en el año 1194 por los reyes Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, fallido el anterior pacto subscrito por los respectivos antecesores en el trono, y con la pretensión de lograr definitivamente la ansiada pacificación, se dice que «A favor de la paz entre ellos se fijan cinco castros en ambas partes, a saber, de parte del rey de Castilla éstos: Cubillas de Duero, Villanueva, San Juan de Resoba, San Román de la Peña, Tremaya, los cuales deben de ser fieles al Maestre de Calatrava en el Reino de Castilla (Pro pace inter eos firmiter obseruanda quinque castra hinc inde ponuntur, scilicet, ex parte regis Castelle ista: Couellas de Dorio, Villanoua, Sanctus Iohannes de Risoua. Sanctus Romanus de Pennis. Tramaia, que debet tenere in fidelilate magister de Calatraua in regno Castelle)".

Podemos entender, por tanto, que el Castro de San Juan de Santibáñez de Resoba surgió previsiblemente en los primeros períodos de la Reconquista, siglos VIII-IX, esto es, cuando aquellas montañas eran frontera y defensa del reino cristiano. Esta fortificación sería cabeza de un alfoz del condado de Liébana, e integrante de un sistema defensivo creado en la vertiente meridional de la cordillera para la protección contra incursiones árabes. [40] 

El alfoz de San Juan confinaba a oriente con otros dos alfoces: el de Peñas Negras, que abarcaba las actuales comarcas de La Pernía y Castillería, el de Mudá, que comprendía lo que hoy se denomina La Braña, y el de Cervera [41] , que coincidía con toda su comarca. De modo que entre los trcs dominaban las cuencas montañosas de los ríos Pisuerga y Carrión y protegían dc las eventuales incursiones árabes que intentaban acceder al reino cristiano siguiendo el curso de ambos ríos.
Posteriormente, a medida que la frontera del reino cristiano se alejaba hacia el sur de la península por la reconquista y, con ello, disminuía el peligro árabe, el castro de San Juan perdía su valor defensivo contra las razias árabes. Sin embargo, no por ello mermaba su importancia militar, ya que adquiría un valor estratégico distinto, conferido por su situación fronteriza, no ya entre los territorios cristiano y musulmán, sino entre los reinos cristianos de Castilla y León, tantas veces beligerantes entre sí. Prueba de esta nueva importancia estratégica es la mención que se hace de él en el Tratado de Tordehumos, subscrito en el siglo XII para lograr la paz entre ambos reinos.

Además de esta función militar, el castro de San Juan se constituia como elemento vertebrador económico y social del alfoz, bajo del control de un poder aristocrático local [42]. El castro de San Juan desapareceria a finales de la Edad Media debido a la pérdida total de valor estratégico militar, asi como a la variación de la organización socio-politica acaecida a finales de esa época histórica [43]. Sin embargo, su población pervivió hasta nuestros días aglutinada en lo que seria el arrabal del castro; el cual, como ya justificaremos, viene a ser la actual localidad de Santibáñez de Resoba.
Son varias las razones que inducen a ubicar al 'Castro de San Juan' en la peña homóníma contigua al casco urbano de 'la localidad de Santibáñez ue Resoba, situada a 50 metros escasos a occidente del mismo.
Estas razones son:
  • a) La toponimia: Como ya se ha indicado, el mencionado castro posee, significativamente, la misma denominación que la peña donde creemos que se ubica e, incluso, que el mismo nombre del pueblo, Santibáñez (='Sanctus Ioannes' esto es, 'San Juan') de Resoba. Además, el hecho de que el nombre del pueblo coincida con el nombre del castro y no con el titular de su parroquia, que siempre fue y sigue siendo San Cristóbal [44], lleva a pensar que el pueblo nació, no tanto como barrio de Resoba, sino como arrabal del castro. Más aún, en dicha peña existe una gruta denominada, también significativamente, la 'Cueva de los Moros' [45] 
  • b) Los vestigios: En una obra publicada en el año 1990, M. A. Fraile López afirmó la existencia de una fortificación en la cumbre de la peña de San Juan [46]. Sin embargo, este autor no la identificó con el 'Castro de San Juan', ni, a nuestro juicio, llegó a describirla en toda su amplitud. No es de extrañar que en la actualidad no se conserven más restos de las construcciones originarias, ya que las piedras que conformaban los muros de la fortificación bien pudieron haber servido como material de construcción de las edificaciones de la actual localidad de Santibáñez de Resoba, muy próxima a la antigua fortificación.
  •  c) La descripción comparativa: Nosotros opinamos que la fortificación sigue un patrón común con los recintos fortificados de aquel tiempo [47], semejante también al de otras fortificaciones de esa índole que aún se aprecian en la comarca, tales como la peña de Tremaya y la peña de los Moros de Polentinos [48]. Ésta no sólo abarcaba el espigón en sí, sino que su perímetro, aprovechando siempre un farallón calizo, descendía desde la cumbre por la ladera occidental de la roca; posteriormente discurría paralelo a la misma y contiguo al actual camino. Una vez finalizada la veta rocosa, el perímetro fortificado continuaba con un foso excavado artificialmente, el cual más adelante volvía perpendicularmente de nuevo a la peña. De modo que toda la fortificación, esto es, tanto la explanada de la cumbre de la peña como el recinto situado a los pies de la misma, ocupaba una superficie de casi dos hectáreas.
En la actualidad no se aprecian más vestigios que los indicados por dicho autor. Lo cual no es de extrañar, ya que las piedras de los muros de la fortificación bien pudieron haber servido como material de construcción de las edificaciones de la localidad de Santibáñcz, tan próxima a la antigua fortificación.
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[34] Cf. ANDRÉS MARTÍN, M., art. cit., p. 163.
[35] Cf. APÉNDICE IV.
[36] «Guterri Fredinandez. mandante Cervera, Petras Nigras et Mudave, confirma. Comitissa Urgella, mandante Rio de los Ferreros» (GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J., El reino de Castilla .. '. p. 63). Nosotros justificamos esta concordancia ya que 'Rio de los Feneros': a) en ese texto está a la par de los otros alfoces de aquella zona: Cervera, Peñas Negras y Mudá; y b) coincide con los nombres de algunas localidadcs próximas a Santibáñez de Resoba: San Martín de los Herreros y Vidrieros,
cuyo origen etimológico quizá haya sido 'Villa de Fierros' o 'Villa de Ferreros'.
[37] GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J., El reino de Castilla en la época de Alfonso VllI. Vol. III, Documentos 1191-1217. Madrid, 1960, p. 617.
[38] Cf. nota nº 5.
[39] GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J. El reino de Caslilla ... , III. p. 106;  cf. DE AYALA MARTÍNEZ., C. «Las fortalezas castellanas de la Orden de Calatrava en el siglo XII»: España Medieval, 16 (1993), p. 31.
[40] Cf. BASTERRA ADAN, M. V., «El origen del nombre de "La Pernía"»: PITTM, 78 (2007). pp. 447-456.
[41] Cf. nota nº 36.
[42] Cf. MARTÍN VISO, I., «Territorios, poder feudal y comunidades en la Castilla septentrional (siglos XI-XIV)): Edad Media. Revista de la historia 5 (2002), pp. 217-226.
[43] Cf. ldem, pp. 246-253.
[44] Cf. FERNÁDEZ FLORES. J. A., o. c., p. 485.
[45] En Polentinos se aprecian vestigios de lo que nosotros consideramos que fue una fortificación defensiva contra las razias árabes, la cual se halla junto a una gran roca que posee un nombre análogo: 'Peña de los Moros'. Aún se aprecia en la ladera meridional el muro perimetral defensivo de mampostería, no paramentado y de 1-2 metros de altura. Era una fortificación de unos 30 x 35 metros (cf. nota n° 5).
[46] «Santibáñez de Resoba reposa en la solana de dos espigones calizos que derivan apagadamente del corpulento macizo de Santa Lucia (cota 1853). El más oriental de ellos fue sede de una fortificación altomedieval. Por el norte el paisaje es montañoso e inhospitalario, cerrándose toda panorámica, en tanto que al sur van derramándose una serie de arroyuelos que son cabecera de una incipiente vega formada unos kilómetros más abajo por el sudeste. Apenas existen llanos inmediatos al castro, y todo en derredor en mucha distancia son laberínticas y breves vertientes que caen al fondo de este intervalo de pliegues alpinos. Por el oeste se forma un collado que nos oculta la cuenca alta del Carrión, y al este se abre un pasillo natural, aunque largo, hacia la cuenca del Pisuerga.
La roca contempla mucho de este panorama, habiéndose erguido a consccuencia de las convulsiones tectónicas que rompieron y encresparon un estrato, dejándolo muy escorado y agreste. El lado meridional se precipita rocoso. en tanto que por el norte se derrama una muy violenta pendiente hasta la pequeña hondonada que a sus pies se forma. La cresta es alargada de sureste a noroeste, siendo por este último punto más breve la ladera. La cima es poco aplanada, y más bien ,se afila y se distribuye en rellanos diferentes e irregulares, todavia delimitados algunos por pálidos residuos de terraplén y pared. Ofrece una particular curiosidad la gran cueva que, casi en la cumbre, atraviesa de parte a parte la roca;  ésta desciencie describiendo un quiebro. y toda ella es un pasillo de muy alto techo, con amplios y rasgados boquerones de entrada y salida, y bien pudo utílizarse como acceso directo desde el pueblo, asi como de refugio contra las máximas inclemencias dc la intemperie de esta inhóspita comarca» Historia social y conómica de Cantabria hasta el siglo X Historia-
sociología-cconomía-arqueología-toponimia. Reinosa 1990. p. 427.
[47] Cf. MARCOS MARTÍNE:.Z, J., MANTECÓN CALLEJO. L., «El castillo del monte Subiedes (Camaleño, Liébana, Cantabria): Control del territorio lebaniego en la Alta Edad Media»: Territorio, sociedad y poder. Revista de estudios medievales 4 (2009), pp. 33-35.
[48] Cf. notas nº. 5 y 45.

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Bibliografía
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•ANDRÉS MARTíN, M., «En tomo a los orígenes del castellano. Un documento del año 932»: Norba 3 (1982).
•AVALA MARTÍNEZ C. D. DE, «Las fortalezas castellanas de la Orden de Calatrava en el siglo XII»: España Medieval, 16 (1993).
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• BASTERRA ADÁN, M. V., «El origen del nombre de "La Pernía"»: PITTM, 78 (2007). · --o «Las antiguas vías de comunicación de la Montaña Palentina»: PITTM, 80 (2009).
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•CENTRE NATIONAL DE RESSOUCES TEXTUELLES ET LEXICALES, en intemet.
•FERNÁNDEZ FLORES, J. A., «El becerro de las presentaciones», en FERNÁNDEZ CATÓN, J. M. (coord.), León y su historia. Vol. V. León 1984.
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•GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J, El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII. Vol. III, Documentos 1191-1217. Madrid, 1960.
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•GONZÁLEZ L MADRID, A., «Tradiciones etiológicas palentinas a la luz de la Biblia»: PITTM, 32 (1971).
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• SÁNCHEZ BELDA, L., Cartulario de Santo Toribio de Liébana. Archivo Histórico Nacional, Madrid 1948.

17 marzo 2013

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Miguel Vicente Basterra Adán
Vestigios medievales de la montaña palentina
(III)

Siguiendo dos testimonios documentales de la segunda mitad del siglo XII, se puede afirmar la existencia de los monasterios de San Salvador del Monte y de San Miguel de Infravillas en el término de Polentinos (Palencia) durante la época altomedieval. Estos documentos son los siguientes:
  • 1) La donación que el rey Alfonso VII y su familia hacen de la villa de Polentinos y de la iglesia de San Salvador a la sede episcopal palentina. Este escrito está datado el 18 de junio de 1153 (21) 
  • 2) La donación del rey Alfonso VIII a la abadía de Santa Maria de Lebanza y a la sede episcopal palentina de la villa de Polentinos y de sus monasterios de San Miguel de lnfravillas y de San Salvador de Monte. El documento en cuestión está fechado en marzo de 1178. Este texto es el único testimonio documental que se conserva del monasterio de  San Miguel de Infravillas [22].
En contra de lo que afirma algún autor, consideramos que se ha de descartar que el monasterio de San Salvador del Monte coincidiese con el monasterio homónimo, situado en la vecina localidad de San Salvador de Cantamuda [23] . Son varias las razones que nos llevan a ello:
a) La iglesia de San Salvador de Cantamuda siempre ha sido una colegiata independiente de la abadía de Lebanza.
b) En los documentos anteriormente transcritos el monasterio de San Salvador (de Montes) se vincula expresamente a la villa de Polentinos; mientra que en otro documento firmado por el mismo monarca y datado poco tiempo después, concretamente el 31 de julio de 1181 [24], el monasterio de San Salvador de Cantamuda aparece claramente vinculado a la localidad homónima del actual municipio de La Pernía y, más aún, en ningún lugar de este último texto se alude a la villa de Polentinos. 
c) En este documento de 1181 se afirma que el monasterio de San Salvador de Cantamuda posee solares en Lebanza y Santa Maria de Lebanza. Si este monasterio hubiese sido donado precedentemente, carecería de personalidad jurídica y, por ello, no podría poseer propiedad alguna.
Igualmente habría que descartar la probable identificación que hace otro autor del monasterio de San Salvador (del Monte) con la iglesia parroquial homónima de Vañes [25] . Son varias las razones que aducimos en contra de esta equiparación. La primera de ellas es que Vañes (Bannes) aparece como una localidad con identidad propia en el documento del año 1181 [26]. Luego, en el caso de que el monasterio de San Salvador del Monte se ubicase en Vañes, debería haber una constancia expresa de esta pertenencia en los textos que estamos analizando y, además, una omisión de cualquier vinculación con Polentinos. Es también significativo al respecto lo que el libro Becerro de las Behetrías afirma de Vañes. Es preciso resaltar que esta obra recoge datos de mediados del siglo XIV, pero que fueron cristalizándose en los tiempos precedentes. En este libro se afirma que la localidad de Polentinos, esto es, allí donde sostenemos que estuvo el monasterio de San Salvador del Monte, pertenecía totalmente al abadengo de Lebanza; mientras que, por el contrario, Vañes, esto es, la localidad donde existía una parroquia con título de San Salvador, pertenecía al abadengo de Sahagún [27]. En dicho libro no consta ningún vinculo entre Vañes y la abadía de Lebanza.

Creemos que el monasterio de San Salvador del Monte se correspondería con las ruinas de edificaciones que se hallan a unos 900 metros al sureste del casco urbano, aliado de la carretera general y como su mismo nombre indica, junto a un monte: el de Peña Cereza y las casas. El pago en cuestión actualmente se denomina, significativamente, 'el Santo'. En dicho lugar se aprecian gran número de piedras sin labrar, amontonadas entre las fincas. También se observan muros perpendiculares, los cuales bien pudieron haber sido paredes de antiguas edificaciones. A ello habría que añadir el testimonio de los lugareños de haber hallado en una de las fincas losas que conformaban un pavimento. Ahora bien, hemos de precisar que no todos estos vestigios corresponden sólo al monasterio de San Salvador del Monte, sino también a modificaciones y ampliaciones realizadas por la Abadía de Lebanza tras la donación real del año 1178. Finalmente, cabe preguntarse si el locativo presente en la denominación del monasterio, " ... del Monte", no sólo hacía referencia al lugar donde se ubícaba, sino, además, permitía diferenciarlo de los templos homónimos de San Salvador de Cantamuda y de Vañes, que se hallan en el valle del Pisuerga y junto a su cauce.

El monasterio medieval de San Miguel de Infravillas, como su nombre indica, habría de estar situado debajo (lnfra-) de los núcleos urbanos (-villas) que a la sazón configuraban la localidad de Polentinos en la época altomedieval. 
Debemos subrayar que en el documento de 1178 se indica expresamente que Polentinos estuvo constituido por varias villas: ("Prefatas uillas, (scilicet, Polen)tinos" (año 1178). Una de ellas coincidiría con el actual casco urbano de Polentinos, mientras que la otra se hallaría a unos 100-200 metros al este de la actual localidad. Este último lugar actualmente recibe el significativo nombre de 'Pra(d)o Barrio'. Los anteriores datos nos conducen hacia un lugar denomínado los 'Casares', que está situado en las mismas laderas en las que se halla Polentinos, y por debajo (infra-) de esa localidad y de su antiguo barrio (-villas) [28]. Hemos de advertir que, según el Diccionario de la RAE, el término 'casar' antiguamente significaba «solar, pueblo arruinado, o conjunto de restos de edificios antiguos» [29]. En el terreno se observan algunos fragmentos de cerámica y algún resto de tejas. También se ven alineaciones de piedras mayormente soterradas en el terreno. Hay bastantes bloques calizos, algunos parecen haber sido labrados. Así pues, en virtud de todos estos datos, consideramos que el antiguo monasterio de San Miguel de Infravillas bien podría haber estado situado en el pago de los 'Casares'.

Se entiende así que, tras la donación que se menciona en dicho documento, ambos monasterios fueron incorporados a la Abadía de Lebanza, pasando a ser anexos de la misma. Atendiendo a los vestigios, se aprecia que el monasterio de San Salvador del Monte adquirió más desarrollo que San Miguel de Infravillas.

Habida cuenta de los monasterios dc San Salvador de Cantamuda, Tremaya y Polentinos aquí estudiados, así como la abadía de Lebanza [30] y del eremitorío de San Vicente de Cervera del Pisuerga [31] , se puede constatar el florecimiento de la vida monástica durante los siglos VIII al XI en la comarca actualmente llamada Montaña Palentina [32], en consonancia con lo acontecido en la comarca cismontana de Liébana. Serían pequeños monasterios, algunos de ellos dúplices o familiares, regidos por la regula communis de vida inspirada en la regla de San Fructuoso de Braga y en los que sus miembros se integraban por un pacto con el abad del monasterio [33].
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[21] Cf. APENDICE III.
[22] Cf. APENDICE IV
[23] «En 1155 Alfonso VI dio al obispo la villa de Polentinos y la iglesia de San Salvador de Cantamuda; probablemente la primcra volvió a la corona» GONZALEZ GONZÁLEZ, J. Historia de Palencia. T. I. Diputación Provincial, Palencia 1984. p. 212.
[24] Cf. APÉNDICE V.
[25] Cf. MARTÍNEZ DIEZ, G, «Restauración y límites de la diócesis de Palencia»; PITTM. 59 (1988), p.377.
[26] Cf. APENDICE V.
[27] Cf. MARTÍNEZ DÍEZ, G, Becerro de las Behetrías. Vol. I. Centro de Estudios e Investigación San Isidoro León 1981, p.566.
[28] Lat.: 42° 56' 08"; Log.: 04° 31' 39",
[29] Cf. BASTERRA ADÁN, M. V., «San Martín de Redondo. Existencia y ubicación»: PITTM, 73
(2002), p. 442.
[30] Cf. ANDRÉS MARTÍN, M.. «En torno a los orígenes del castellano. Un documento del año 932»: Norba 3 (1982). pp. 162-164
[31] En un estudio anterior intentaba deducir el origen de dos ermitas que actualmente se conservan en la comarca de Castillería: la dc San Roque de Celada de Roblecedo y la de Nuestra Señora del Monte de Herreruela de Castillería (cf BASTERRA ADÁN, M.V. Las antiguas vías... p. 134). En aquel momento, apoyado en razones arquitectónicas y circunstanciales y desconociendo otra posibilidad, intuía que éstas hubiesen sido antiguas ventas y hospitales de transeúntes convertidas en ermitas al perderse con el tiempo la utilidad para la que fueron erigidas. Ahora bien, habida cuenta el auge de la vida monástica en esta comarca durante el Medioevo. cabe reconsiderar la hipótesis de que estas ermitas pudieron haber sido en su origen sendos monasterios, análogos a los estudiados en este artículo. Si hubiese sido asi, hubiese habido presencia de monasteríos en toda la comarca aquí estudiada durante la Edad Media. Su distribución seria: San Tirso y Santa Maria de Tremaya, San Salvador de Cantamuda y Santa María de Lebanza en La Pernía; Nuestra Señora de las Nieves de Herreruela dc Castillería y San Roque de Cclada de Roblecedo en Castillería;  San Viccnte en Cervera de Pisuerga; y San Miguel de Infravillas y San Salvador del Monte en Polentinos.
[32] El convento del Corpus Christi de Viarce del Valle de Redondo y, por ende, enclavado también en la Montaña Palentina, fuere erigido con posterioridad. Corría por aquel entonces el año 1320. Con su creación se reinstauró en un contexto social y religíoso distinto aquel mismo estilo de vida eremítico que tanto floreció en esa comarca unos siglos antes (cf.  BASTERRA ADÁN, M. V., El origen del convento..., pp. 155-189).
[33] Cf. Idem, p. 163

10 marzo 2013

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Resumen del trabajo remitido desde Roma por el investigador Vicente Basterra y publicado en 2010, en una separata, por la Institución Tello Téllez de Meneses.



Miguel Vicente Basterra Adán
Vestigios medievales de la montaña palentina
(II)

En estos mismos testamentos en los que Dª Elvira dota a la iglesia de San Salvador de Cantamuda, se mencionan también otros dos 'monasterios' dedicados, respectivamente, a San Tirso y a Santa María. Según estos textos, se indica que ambos se ubicaban "en el riachuelo de Obles (in riuulo de Obles)" (año 1037) y "en el alfoz de Tremaya (in alfoze de Tramaia)" (año 1069). El primero de ellos, el de San Tirso, se hallaba muy próximo al actual casco urbano de Tremaya y junto al cauce del río Pisuerga.[18]
Con ello se deduce, además, que el curso alto del Pisuerga recibía por aquel entonces el nombre de 'Obles'[19]. Aún hoy se puede apreciar sobre el terreno restos de los mampuestos de sus paredes que afloran sobre el terreno, así como el relieve de su planta. Por lo que se puede deducir que eran un edificio de planta rectangular, de unos nueve metros de largo y cinco metros de ancho, con orientación este-oeste y con la puerta de entrada en el hastial de poniente. Así mismo, se puede observar que esta última pared de poniente y la septentrional fueron continuadas con sendos muros de una veintena de metros hasta alcanzar el río Pisuerga; dando lugar así a un recinto a escuadra, en cuyo vértice estaría el monasterio, y cuyo fondo sería el cauce fluvial. 


Son varias las razones que nos llevan a situar aquel 'monasterio' en el lugar que apuntamos: 
  • a) los vecinos de Tremaya oyeron decir a sus mayores que allí se hallaba la 'capilla' de San Tirso;
  • b) en el pago en el que afirmamos que se localizaba el referido monasterio actualmente se denomina 'Santotís', clara evolución del nombre latino Sanctus Tirsus[20]
  • c) como señala el último testamento de Dª Elvira, se halla junto a un río, en este caso el Pisuerga. 
  • d) Como ya se ha dicho, en el sitio en cuestión se aprecian restos de una edificación. Según cuentan los lugareños, el 'monasterio' de San Tirso de Tremaya estuvo en el lugar que apuntamos hasta que lo derrumbó una crecida del Pisuerga. El año de su destrucción es incierto, aunque no parece que fuese excesivamente lejano, puesto que los recuerdos de aquel episodio permanecen aún vivos en la mente de las gentes. De hecho, aún narran los vecinos de Tremaya que, las aguas de la riada no sólo destruyeron el edificio, sino que, además, arrastraron consigo la imagen del santo patrono, lo cual hizo que tuviesen que correr tras la imagen a merced de la corriente. Se cuenta que lograron recuperarla y salvarla de las aguas a la altura de Villanueva de Vañes, el pueblo desaparecido en el año 1934 bajo el pantano de la Requejada. Más aún, se menciona como hecho anecdótico que aquel día una mujer anciana. pensando que sus vecinos corrían junto al río en crecida tras una 'ballena', sin saber que lo hacían tras la imagen de San Tirso, se puso a seguirles, diciendo: «Aunque sea vieja, voy detrás, para tener parte de ella, como los demás».
Esta imagen de San Tirso actualmente se guarda y venera en la parroquia de Tremaya. Se debe advertir que esta talla en madera policromada es de estilo tardogótico y, por tanto, ha de ser datada en la segunda mitad del siglo XV o principios del XVI. De aqui que resulte obvio que no fue la primigenia de aquel monasterio, sino que fue colocada en ese templo para su veneración con posterioridad a la Edad Media.

El otro edificio sacro del alfoz del castro de Tremaya, el monasterio de Santa María, muy probablemente venga a coincidir con el actual templo parroquial de la localidad de Tremaya. Se debe hacer notar que la actual iglesia es una reedificación casi total que se realizó a finales de la Edad Media de una iglesia anterior y más pequeña. Aún hoy se puede apreciar en su espadaña un lienzo de pared de la antigua iglesia. Este fragmento viene a medir unos cinco metros de ancho y casi otro tanto de alto. El hastial del antiguo templo se conservó gracias a que durante la mencionada reedificación se optó por no demolerlo, sino que, para ensanchar el templo, construyeron junto al mismo, en su lateral sur, un muro análogo de 3,40 metros y, a continuación, alzaron ambas paredes a una, hasta conferir al hastial la forma y altura que hoy tiene.

Se observa también en esa fachada un vano a ras de suelo, de unos dos metros de anchura y otro tanto de altura, y rematado en su parte superior por un arco de medio punto. Posteriormente este hueco se condenó con un muro de mampostería en línea con la fachada exterior, y en el que dejaron una pequeña ventana para iluminación del interior del vano. Muy probablemente la finalidad de esta modificación fuese la de albergar en la oquedad la pila bautismal y, por ende, hacer del vano el baptisterio de la parroquia. Al menos, esto es lo que hoy día sucede.

Sin embargo, una observación atenta permite ver que, mientras en el interior de la iglesia las dovelas del arco están perfectamente rasadas con la línea de pared, las de la fachada externa sobresalen irregularmente respecto de la fachada externa. Lo cual induce a pensar que el arco se prolongaba hacia el exterior o, más probablemente, terminaba con una bóveda de horno.
Quizá este saliente fuese demolido para construir una escalera de caracol de acceso a la espadaña, la cual perduró hasta tiempos muy recientes. Esta estructura de subida al campanario era muy similar a la que actualmente se conserva en la iglesia de San Salvador de Cantamuda.
En un principio parece suponer que este vano correspondería con la puerta de entrada del primitivo templo, puesto que está claramente centrado respecto al lienzo de pared más antiguo. Sin embargo, la calidad de la sillería del arco no coincide con la de los esquinales de la antigua iglesia, sino, más bien, con las piedras angulares del templo reedificado. Cabe la duda de saber si ese vano fue consecuencia de la ampliación de la puerta de entrada del antiguo templo o del vaciamiento de aquella pared. La primera de las opciones es más probable, puesto que, de haber sido un vaciamiento hubiese sido más fácil y menos comprometido haberlo realizarlo en el muro lateral y no así en hastial que sirve de espadaña. Hemos de pensar que ésta es la ubicación del baptisterio en la iglesia del pueblo contiguo de San Juan de Redondo. Aún con todo y en espera de poder halJar nuevos indicios, no sabemos con certeza si el actual baptisterio corresponde con la puerta de entrada al antiguo templo.

Debemos hacer constar que la similitud, cuanto menos parcial, de los monasterios de San Tirso y de Santa María de Tremaya deducida a partir de sus respectivos vestigios. De hecho, las dos iglesias poseían una orientación este oeste y medían unos cinco metros de anchura. En ambos casos las paredes exteriores eran de mampostería. Y, como acabamos de decir, pudiera ser también que ambos monasterios hubiesen tenido también la puerta de entrada en el hastial de poniente.

A raíz de todo ello se puede intuir que la localidad de Tremaya surgiria como un arrabal erigido sobre una llanada próxima al castro de la peña homónima, y a no mucha distancia de dicha fortificación. Esta nueva población, donde se asentaban mayormente la soldadesca o sus allegados, se erigiría junto al monasterio de Santa María y próxima al de San Tirso; todo ello dentro del término de Los Llazos. Este hecho explicaría una serie de cuestiones:

  • La vinculación de estos monasterios al arroyo de Obles o al castro de Tremaya, y no a la localidad homónima a esta fortificación, da a entender que la población de Tremaya por aquel entonces no existía o, llegado el caso, aún estaba en ciernes. Hemos de percatarnos que, salvo la iglesia de San Salvador de Cantamuda, que ya ha sido objeto de nuestro estudio, las demás iglesias mencionadas en los testamentos aparecen relacionadas con alguna localidad.
  • El hecho de que la proximidad del castro y el referente de los monasterios hayan primado sobre las características del lugar explicaría por qué Tremaya se erigió en un sitio poco resguardado de los fríos vientos del invierno y, algo más significativo, sin manantial de agua en sus proximidades. De hecho, hasta la construcción de la moderna instalación municipal de suministro de agua, siempre han debido surtirse de la misma mediante pozos artesanales o transportándola directamente desde el río.
  • La erección de la localidad de Tremaya junto al monasterio de Santa María y en las proximidades del monasterio de San Tirso, explicaría por qué tradicionalmente la fiesta de la localidad se celebra el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, y que también el día 28 de enero, festividad de San Tirso, revista especial solemnidad en el pueblo.
  • La creación del arrabal dentro del castro en el término de Los Llazos explicaría que históricamente ambas localidades hayan compartido el mismo término o, dicho de otro modo, que en dicho término  hayan existido dos cascos urbanos: el originario de Los Llazos y el añadido de Tremaya, constituido este último por las gentes advenedizas del castro.
  • Al ser Tremaya un arrabal del castro situado en su peña, se puede intuir que la fortificación de esa montaña dio nombre al pueblo, y no el pueblo a la montaña. La talla de Santa María que se venera actualmente en la parroquia de Tremaya es del mismo estilo y época que la imagen anteriormente descrita de San Tirso (Fig. 6). Por lo que se deduce que tampoco fue la talla la que presidió originariamente esa iglesia, sino que comenzó a hacerlo con posterioridad a la Eda Media.
___________

[18] Lat.: 42° 5W 49,6" N; Log.: 04° 27' 32,1" W.
[19] No hemos hallado ninguna otra constancia documental de este nombre. Ahora bien. cabe preguntarse:
  • a) ¿,no sería éste el nombre, no del río, sino de la comarca geográfica donde se halla.esto es, la vertiente meridional de la cordillera?. De hecho, existen localidades con cierto parecido fonético a Obles: Lores o Camasobres (¿o="Campus de Obles", de modo parecido a Cantamuda, que en su origen era 'Campus de Muga'):  
  • b) ¿'Obles' no sería sino corrupción del término 'robles'; en tanto que en La Pernía, que es el alto valle del Pisuerga, predominan estos árboles, mientras que en Liébana abundan las hayas, y en el alto Carrión, hasta que los destruyeron durante las Guerras Carlistas, proliferaban los pinos, de ahi el nombre de sus puertos: 'Pineda'?. Dejamos estas cuestiones abiertas en espera de un análisis filológico experto.
[20]En el valle cántabro de Polaciones, limítrofe, por cierto, con La Pernia, existe una localidad llamada también Santotis, la cual ciertamente toma su nombre de su parroquia de San Tirso.

03 marzo 2013

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  • Resumen del trabajo remitido desde Roma por el investigador Vicente Basterra y publicado en 2010, en una separata, por la Institución Tello Téllez de Meneses.

Vestigios medievales de la montaña palentina
Miguel Vicente Basterra Adán
(I)

La Montaña Palentina aún hoy esconde en sus bellos paisajes huellas de los hombres y mujeres que la habitaron en tiempos pretéritos. Lejos de incurrir en la ingenua pretensión de hacer aquí un listado exhaustivo de todas ellas, nos ceñiremos a algunas que fueron mencionadas en textos medievales y que, pese a la significación histórica que tuvieron por aquel entonces en la comarca, su existencia y emplazamiento fueron cayendo en el olvido.
Así, espigando en los documentos del medioevo, consultando nuevos estudios, analizando la toponimia, preguntando a los lugareños y observando el terreno, creemos haber logrado:

a) identificar Una localidad llamada Mazurros;
b) hallar los vestigios de cuatro monasterios: los de San Tirso y Santa María en Tremaya y los de San Salvador del Monte y San Miguel de Infravillas en Polentinos;
c) conocer el emplazamiento del castro de San Juan de Santibáñez de Resoba. Será la arqueología quien confirme, si fuese el caso, los datos aportados en este artículo.

La población de Mazurros
En el archivo de la catedral de León se conservan dos documentos de singular importancia no sólo para la historia de la Montaña Palentina, sino también para toda la diócesis y provincia de Palencia. Son los testamentos de Doña Elvira, hija del conde Favila Fernández y esposa de Munio Gómez. Hablamos de 'testamentos' en plural, ya que actualmente se conservan, tanto una redacción inicial del 1 de marzo de 1037[1], como su modificación del 2 de septiembre de 1069 [2].
En ambos escritos se relata cómo esta noble dama hizo entrega de algunas villas, heredades e iglesias a la diócesis de León.
Según nos narran los documentos, la principal de las donaciones de Da Elvira a la sede leonesa fue el «monasterio de San Salvador que está en Pernía, en Campo de Muga, no lejos del castro de Tremaya, en el curso del río Pisuerga [3].
En ambos testamentos aparece citada una localidad envuelta en el misterio: «Mazurros>>Mazurrus). Este carácter enigmático se debe a que actualmente no existe ninguna localidad con dicho nombre, ni hay constancia escrita u oral de su existencia pretérita salvo la mención que se hacen en estos dos textos. Sin embargo, de la lectura atenta de ambos se pueden extraer ciertos datos que permiten esclarecer cuál fue en verdad aquella localidad. Así, pues, partiremos del análisis de lo que en ellos se refiere a los orígenes de la iglesia de San Salvador de Cantamuda, puesto que estos datos favorecerán el posterior estudio de la mencionada localidad.../
Ahora bien, los testamentos de Doña Elvira dan pistas sobre su ubicación. En la secuencia de las primeras localidades mencionadas en ambos documentos, claramente se aprecia que Mazurros se encuentra al inicio de una serie de localidades colindantes entre si, todas cllas pertenecientes al actual municipio de La Pemía: (Mazurros), Lebanza, El Campo, Caminos[7], Areños[8] y Camasobres. Luego, cabe preguntarse: ¿No será Mazurros el nombre originario de la actual localidad de San Salvador de Cantamuda? y ¿no estaría en esta localidad la residencia de los donantes?.../

Antes de responder a estas cuestiones, sería bueno tomar en consideración que en latín medieval 'Mazurros' designaba una morada o residencia nobiliaria, señorial o feudal[9]. La actual localidad de San Salvador de Cantamuda en su origen fue la residencia de aquellos condes, y de ahí su nombre. Así se entendería el motivo de la construcción de la iglesia en aquel lugar, esto es, junto a la resídencia de los donantes. Más aún, si esto fuese así, se comprendería que en ambos testamentos el listado de localídades y monasterios donados comenzase por la villa de Mazurros, esto es, por el lugar de residencia de los donantes. Resulta enormemente significatívo al respecto que, colindante al actual casco urbano de San Salvador de Cantamuda, al este del mismo, existe un pago denominado Matamazurros.

Así mismo, hemos de apreciar un dato significativo al comparar estos dos textos con el documento datado en el 31 de julio de 1181, por el que el rey Alfonso VIII dona a la sede episcopal palentína el monasterio de San Salvador de Campo de Muga con sus numerosos bienes y derechos. Este último texto supone en gran medida la transferencia 'en bloque' a la diócesis palentina de la misma herencia que en su día realizó Doña Elvira a la diócesis de León1o. El dato a destacar es que, en el lugar del testamento en el que se mencionaba una villa llamada Mazurros, y en cuyas proximidades consideramos que fue construida la iglesia de San Salvador de Cantamuda-, en el posterior documento de donación de Alfonso VIII se habla del «el monasterio de San Salvador de Campo de Muga [ ] con toda su villa (monasterium Sancti Saluatoris de Campo de Muga [] cum tota sua uilla)>>.

De aquí que se pueda intuir que 'Mazurros' fuese la villa de residencia de Doña Elvira, hija del conde Favila Fernández y esposa de Munnio Gómez, y que en sus inmediaciones hubiese mandado erigir un monasterio en honor del 'Salvador y Señor nuestro Jesucristo y de Santa María Virgen'. Así mismo, cabe pensar que, por el gran predicamento que adquiriría posteriormente la nueva construcción, la villa de Mazurros sustituiría su nombre por el del nuevo templo y el lugar de su emplazamiento, pasando a llamarse por ese moti vo 'San Salvador de Cantamuda', que es el nombre por el que actualmente se conoce esa localidad. Del mismo modo y con el tiempo, esa población habría hecho del nuevo templo su iglesia parroquial.

Debemos añadir, finalmente, que no hemos hallado ningún otro testimonio documental histórico de 'Malurros' posterior a la erección de la iglesia de San Salvador, como tampoco hemos encontrado ninguna referencia a la localidad de San Salvador de Cantamuda con ese nombre con anterioridad a la construcción del monasterio por Da Elvira. Lo cual corrobora la opinión de que Mazurros era el antiguo nombre de San Salvador de Cantamuda.
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PITTM, 81, Palencia, 2010, pp. 103-138.
[1] Cf. Apéndice I.
[2] Cf. Apéndice II.
[3] (monasterio Sancti Saluatoris qui est in Pernio in Campo de Muga non longe Castrurn Tremaia, decurrente riui Pisorga) (año 1037; cf. año 1069)
[7] Despoblado. Cf. Idem, p. 116.
[8] Bien pudiera ser que por aquel enlonees esta población se hallaba ell el aclLIal despoblado de Río Las Casas, ef. Idem, p: 117.
[9] «Mazure (mazura): Etymologie el Histoire: l. a) 1180-90 "demeure;' b) 1213 "maison et terres qui en dépendent dans le systéme feodal" seulement au Moy. Age); 2. a) fin XIVe s. au plur. "baraquements qui servent de logement provisoire á une armée"; b) 1454 "ce qui reste d'un batiment tombé en ruines"; c) 1611 "une vieille maison (ou un mur) quí menace ruine: les ruines d'un bâtiment". Du lat. pop *ma(n)sura "demeure" (de manere. mansum"rester, demeurer dans ses foyers", v. aussí maison, manoir; mas), lat. tardif mansura "tenure domaniale, manse*" (1 re moitié VIIIe s.) "demeure, maison" (950)>> (Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales; en ínternet). «Mazura, pro mansura, domus» (Du Cange. D. Glossarium mediae et infimae latinitatis, ed. augm,. L Favre, Niort 1883 1887, t. 5, col. 317c). en este vocablo remite a «MASURA, pro Mansura, mansio, domus; interdum cum a liqua agri portione)'» (Idem. 301b).

08 abril 2009

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Los Condes Alfonso y Justa

Por Valentín Ruesga Herreros




En el Archivo Histórico Diocesano de Palencia se conserva el documento más antiguo referido expresamente a lugares, acontecimientos y mandatarios de Pernía. Fechado el 25 de agosto de 932, según este diploma los condes de Liébana, Alfonso y Justa, conceden al abad Gonzalo la iglesia de Santa María de Lebanza con sus posesiones y derechos en diversos lugares de Palencia y Cantabria sobre los que debían tener jurisdicción, afirmándose además en el documento que Alfonso era hijo de de Diego Muñoz y de Tigridia, condes de Saldaña. A Diego Muñoz se le ha tenido por hijo de los lebaniegos Munio y Gulatruda y los condes Alfonso y Justa se supone sean los mismos que según documentos de 925 construyeron la iglesia de Santa María de Lebeña y que intervinieron activamente en la política lebaniega en la primera mitad del siglo X.´

El escrito no es original, sino una copia del siglo XII y procede del Archivo de Lebanza, incorporado al Archivo Diocesano en 1825, a la muerte de Pedro Rojo, canónigo penitenciario y último capitular de la Abadía de Lebanza. El diploma figuró en la exposición de manuscritos y documentos que en octubre de 1989 organizó en Palencia la Diputación Provincial.

El documento fue publicado por Laureano Pérez Mier en su obra El Condado de Pernía y también por Justo Pérez de Urbel en su Historia del Condado de Castilla y ninguno de estos dos autores hicieron comentario crítico alguno sobre el mismo, pero otros autores e investigadores, sin embargo, ponen en duda la autenticidad del documento o la exactitud de su contenido, tanto en lo que se refiere a los personajes que figuran en la escritura, como en lo relativo a la toponimia de los territorios y lugares que se citan en ella, llegando a suponerse que el diploma no es copia literal del original, sino copia ampliamente interpolada o incluso totalmente apócrifo y redactado en el siglo XII para justificar las posesiones y derechos que la tradición otorgaba a Santa María de Lebanza y que la misma tradición suponía había concedido en 932 el conde Alfonso. Este tipo de manipulaciones no es infrecuente en documentos antiguos; tal ocurre con el Fuero de Cervatos o quizá incluso con la Carta-Puebla de Brañosera, por no hablar de la Hitación de Wamba o los Liber Testamentorum, como el de la Catedral de Oviedo.

Las primeras dificultades que surgen al tratar de interpretar el documento de 932 se refieren a la propia personalidad del conde Alfonso. Es dudoso que éste sea hijo de Diego Muñoz, pues no se menciona entre los hijos del conde de Saldaña en ningún otro documento y la cronología de la documentación sobre ambos personajes también dificulta suponer la relación padre-hijo entre ellos. El último documento de Diego Muñoz como conde de Saldaña lleva fecha de 951 y los documentos de los archivos lebaniegos sobre Diego Muñoz se extienden hasta 964, aunque en ellos no se hace referencia a que sea conde de Saldaña; Alfonso es documentado por última vez como conde de Liébana en 952, apareciendo después como señores de esta comarca Fernán González de Castilla (956-959) y Fernando Rodríguez (961-966) y a partir de 974 un nuevo conde de Saldaña, Gómez Díaz, que sin duda sí que es hijo de Diego Muñoz.

Todo esto ha llevado a algunos investigadores, como Julia Montenegro, a suponer que el Diego Muñoz conde de Saldaña y el Diego Muñoz lebaniego son personajes distintos, siendo el primero hijo de Munio Gómez, noble palentino de la comarca de Guardo y origen de la familia de los Beni Gómez y el segundo, miembro de la nobleza lebaniega local. Siguiendo esta línea, la medievalista Margarita Torres identifica a Munio Gómez y a Diego Muñoz con Abolmondar Blanco y su hijo Diego Abolmondárez, dos de los condes apresados por Ordoño II en 921 por no haber acudido a la batalla de Valdejunquera, en la que el rey de León y Sancho I de Navarra fueron derrotados por Abderraman III.

El Diego Muñoz lebaniego sería, por supuesto, hijo de Munio y Gulatruda; estos son mencionados en documentos de Santo Toribio de los años 915 y 929, mientras que Diego Muñoz está documentado, como se ha visto, hasta 964, en una ocasión junto con doña Aldena, que puede suponerse sea su mujer. Después de esta fecha no parece haber documentación cierta sobre él o sobre sus descendientes, entre los cuales nada hace suponer se encuentre el conde Alfonso de Lebeña, cosa por otra parte que sería cronológicamente aún más difícil que suponerle hijo de Diego Muñoz de Saldaña.

Aunque no puede rechazarse de forma absoluta que el conde Alfonso pudiese ser hijo del conde de Saldaña, y aun podría ser la hipótesis más conforme con los escasos datos que existen referentes a su personalidad, las incertidumbres que esto presenta han dado lugar a suponerse, aunque no pueda demostrarse documentalmente, que aquél era miembro de la casa real astur-leonesa, mientras que su esposa Justa sería quien fuese hija de Diego Muñoz, proponiéndose así una solución ecléctica a las dudas planteadas sobre la filiación de los condes.

Así, algunos suponen que el conde Alfonso era nieto de Ordoño I y sobrino por tanto de Alfonso III el Magno; el Cronicón de Sampiro dice que hacia el año 870 los hermanos de Alfonso III se sublevaron contra él, pero vencidos, fueron condenados a ceguera, según las crueles leyes de la época; de aquéllos, Nuño (Munio) Ordóñez estaba casado con Asura de Castilla, pero entre su supuesta descendencia no se cita ningún hijo con el nombre de Alfonso; de Bermudo Ordóñez, casado con Guntroda, no se conocen descendientes, así como tampoco de los otros hermanos, Fruela y Odoario, de los que no se sabe si estuvieron casados. De esta forma, la filiación del conde Alfonso como nieto de Ordoño I no pasa de ser una suposición, posible pero indemostrable.

En otras ocasiones se ha indicado que Alfonso pudiese ser hijo de Ordoño el Ciego; con este nombre y este apelativo se encuentran dos personajes en la casa real de Asturias y León: el primero era hijo de Fruela II y hermano de Alfonso Fróilaz, quien disputó el trono a los hijos de Ordoño II; fue Alfonso rey de León por breve tiempo, pero fue expulsado por Alfonso IV el Monje, teniendo que retirarse a Asturias con sus hermanos, donde pudieron mantenerse algunos años; cuando Alfonso IV trató de recuperar el trono que había cedido a su hermano Ramiro II, los Fróilaz le apoyaron circunstancialmente, pero vencidos el uno y los otros por Ramiro II en 932, fueron privados de la vista; no se conocen descendientes de los Fróilaz y concretamente de Ordoño el Ciego, por lo que también la filiación del conde Alfonso respecto de aquél es una conjetura sin apoyos documentales.

El segundo Ordoño el Ciego era hijo de Ramiro III de León y al parecer era ciego de nacimiento. Tuvo un hijo llamado Alfonso, casado con Fronilde, pero estos personajes vivieron ya en el siglo XI, pues Ordoño murió hacia 1020 y Alfonso Ordóñez hacia 1050, un siglo después de la época en que se supone vivió Alfonso de Lebeña y Lebanza; sin embargo, en algunas referencias, interpretando confusamente fechas y acontecimientos, se atribuye a este Alfonso Ordóñez la fundación de Santa María de Lebeña, cien años antes de la época en que vivió.

De las tres alternativas propuestas para tratar de explicar la pertenencia del conde Alfonso a la casa real, la más verosímil parece la primera, pues descartada la última, parece poco probable que un descendiente de los Fróilaz pudiese mantener sus prerrogativas después del año 932, bajo el reinado de Ramiro II.

Una tercera hipótesis sobre la ascendencia de los condes Alfonso y Justa, menos difundida, los supone nobles cristianos que emigraron desde la Andalucía sometida al dominio musulmán hasta las tierras libres del norte, es decir, que serían mozárabes. Estas suposiciones, expuestas por el historiador Gómez Moreno, podrían basarse en el estilo arquitectónico de la iglesia de Lebeña, estilo mozárabe (prerrománico), que supone influencias del sur peninsular; otros indicios que podrían avalar esta hipótesis serían el nombre de la condesa, Justa, extraño en tierras norteñas y que lo ratificaría como de origen andaluz, según aquel historiador, el hecho de figurar las santas sevillanas Justa y Rufina entre las titulares de la iglesia de Lebeña. Esta hipótesis parece incompatible con la supuesta relación de Alfonso o de Justa con los Beni Gómez de Saldaña, que según estas teorías aparecerían solamente más tarde en la historia de Liébana y Pernía, de modo que aquella relación que se desprende del diploma de 932 sería una interpolación totalmente gratuita.

Como se ha apuntado, el supuesto de que el conde Alfonso sea hijo de Diego Muñoz de Saldaña no puede rechazarse totalmente y es posible explicar las cuestiones que esto plantea: las dificultades cronológicas no son insalvables y el hecho de que no aparezca entre los hijos de Diego Muñoz y Tigridia que se mencionan en un documento de 940 por el que éstos donan al monasterio de San Román de Entrepeñas varias iglesias en Guardo, Arconada y Dueñas, podría explicarse suponiendo que solamente confirmaron los hijos presentes en el acto de donación, no figurando Alfonso, posiblemente el hijo mayor que residiría en Liébana, ni otros dos hijos de Diego Muñoz, Guntroda y Fernando, que podrían ser aún menores de edad.

Entre los documentos otorgados por el conde Alfonso también se considera apócrifa la escritura de 925 del cartulario de Santo Toribio, por la que aquél, tras mencionar la milagrosa curación de su ceguera, castigo de la Providencia por su empeño en trasladar a Lebeña las reliquias de Santo Toribio, hace donación de la iglesia de Santa María de aquel pueblo lebaniego al monasterio de Turieno, además de otras iglesias y posesiones. Este documento se considera apócrifo, tanto por los hechos prodigiosos que relata, como por los errores que contiene, tales como suponer que en aquel momento reinaba Ordoño (II), cuando en el año 925 ya era rey de León Fruela II.

Otro punto oscuro del documento de 932 es la figura del abad Gonzalo, pues hay quien supone que no era abad de Lebanza, sino del monasterio de San Martín de Turieno, después Santo Toribio, y que el conde Alfonso le concedió jurisdicción sobre Santa María de Lebanza. La existencia del abad Gonzalo de San Martín de Turieno está acreditada por documentos del Cartulario de Santo Toribio de los años 940 y 941 y en este último confirma una donación de bienes en el pueblo lebaniego de Tanarrio que se hace conjuntamente al monasterio de Turieno y al de Lebanza. Es posible que entre estos dos monasterios existiese temporalmente una relación de interdependencia; sin embargo, la donación de Santa María de Lebanza al obispo de Palencia hecha por Alfonso VI en 1086 y la concesión de privilegios y derechos al monasterio y sus posesiones que a petición del obispo otorga Alfonso VII el Emperador al abad Pedro Humberto en 1142, casi sobre los mismos términos que cita el documento de 932, parecen corroborar que por lo menos ya a finales del siglo XI y mediados del XII, la Abadía gozaba de total autonomía.

La concesión de 932 está otorgada directamente por el conde Alfonso, lo que indica las amplias atribuciones que debía tener; no obstante, se dice otorgada “sub principe domno adefonso”, es decir, reinando Alfonso. Esto añade nuevas incertidumbres, pues en el año 932 es cuando Alfonso IV pretende recuperar el trono de León, mientras que en Asturias se mantiene Alfonso Fróilaz, aunque probablemente aquí se trate del primero. Tras la derrota de los pretendientes, tanto el conde Alfonso, independientemente de su filiación, como Diego Muñoz hubieron de reconocer a Ramiro II para poder así conservar sus prerrogativas.

De cualquier forma, la escritura de 932 conservaría su valor histórico y acreditativo, puesto que cuanto menos buena parte de los derechos civiles y eclesiásticos de la Abadía de Lebanza consignados en ella estuvieron en vigor largos años. Así, muchos de estos derechos son confirmados por Alfonso VII en 1142, mientras que en el Becerro de los Beneficios de la Diócesis de Palencia se señalan los diezmos que recibe la Abadía de diversas parroquias y en el Libro Becerro de Behetrías se mencionan sus derechos sobre Lebanza, Cabezón, Cahecho y Lerones, en la Merindad de Liébana y Pernía, además de la jurisdicción sobre Polentinos, concedida en 1289. Asimismo, cuando en 1454 la Abadía de Lebanza entabla pleito por la usurpación de sus derechos sobre la iglesia de Santa María de Tina, en Rivadeva, juzgando el caso el prior del monasterio de Piasca, Pedro de Población, la Abadía consigue su propósito aduciendo los privilegios otorgados por el rey Alfonso VII en 1142 y resolviéndose el pleito por bula del papa Nicolás V en la que se recuerdan los derechos de Santa María de Lebanza sobre varios pueblos de Rivadeva y Peñarrubia, tal como se nombran en el documento de 932. Y ya a mediados del siglo XVIII, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, la Abadía tiene todavía jurisdicción plena sobre Polentinos y compartida con el conde de Siruela sobre Lebanza, recibiendo además diezmos de varias parroquias de lugares de Palencia y Liébana.

Si no resulta fácil establecer la ascendencia del conde Alfonso, tampoco es sencillo conocer su descendencia. Los nombres de los hijos que aparecen en el documento de 932, Odoario, García, Ordoño y Guter, no se citan como tales en ningún otro documento de la época; los cartularios lebaniegos registran los nombres de Pepi, Bermudo y Ordoño Alfonso, tenidos por hijos del conde y que algunos relacionan con la fundación del pueblo palentino de Fuentes de Nava, denominado anteriormente Fuentes de Don Bermudo, en posible referencia al hijo de Alfonso, aunque este supuesto carece de base histórica.

La documentación no permite seguir la posible descendencia de los condes Alfonso y Justa y así, aunque a finales del siglo X aparece un Alfonso Díaz del que podría pensarse estuviese relacionado con ellos, documentalmente no es posible establecer esta relación.Este Alfonso Díaz figura en documentos de Piasca y Sahagún, datados de 984 a 1024; es padre de Munio y Guter Alfonso, que según algunos documentos, afirmaban ser descendientes de los fundadores del monasterio de Piasca, debiendo ser, por consiguiente, de origen lebaniego. No existe, sin embargo, ningún indicio que relacione a Alfonso Díaz con el conde Alfonso de Lebeña y Lebanza.

Lo que sí parece claro es que a Alfonso Díaz se le puede considerar origen de una familia estrechamente relacionada con Liébana, así como con la nobleza de León y Castilla, pues mientras que sus hijos Munio y Guter Alfonso aparecen como condes de Saldaña y Cea hacia 1040, un nieto del primero, Martín Alfonso, fue también conde de Cea y su hermana Ailo Alfonso casará con Pedro Ansúrez, último conde de Saldaña de la familia Beni Gómez, en tanto que Guter Alfonso será antecesor de los Girón, que gobernaron Liébana y Pernía a finales del siglo XII y primera mitad del XIII.

No obstante las dudas sobre la autenticidad y exactitud de los documentos relativos a los condes Alfonso y Justa, aparte de las leyendas que los acompañan, debe suponerse que todo esto tiene un contenido histórico importante que indicaría, por una parte, que en 932 Santa María de Lebanza obtuvo la dignidad de abadía, con sus derechos jurisdiccionales, y por otra, confirmaría la relación existente entre las familias dirigentes de Liébana y Saldaña, así como la estrecha vinculación histórico-administrativa que había entre las comarcas de Liébana y Pernía, que llevaría posteriormente a la constitución de la Merindad de este nombre.
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Fuentes Consultadas

¬ Cawley, Charles: Medieval Lands, Foundation for Medieval Genealogy
¬ fmg.ac/Projects/MedLands/Contents.htm
¬ Editorial Cantabria, S. A.: Cantabria 102 Municipios
¬ Fita, Fidel: San Miguel de Escalada y Santa María de Piasca. Datos inéditos
¬ cervantesvirtual.com/FichaMateria.html?Ref=100000&idGrupo=estudiosCriticos
¬ García Guinea, Miguel Ángel: El Románico en Palencia
¬ García Guinea, Miguel Ángel: El Románico en Santander
¬ Gómez Moreno, Manuel: Iglesias Mozárabes
¬ Madrazo, Pedro de: La Iglesia de Santa María de Lebeña
¬ cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=19327&portal=33
¬ Martínez Díaz, Gonzalo: Restauración y límites de la diócesis palentina
¬ dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=2487150&orden=0
¬ Montenegro, Julia: Colección diplomática de Santa María de Piasca: (875-1252)
¬ Pérez de Urbel, Justo: Historia del Condado de Castilla
¬ Pérez Mier, Laureano: El Condado de Pernía¬ Sánchez Candeira, Alfonso: Castilla y León en el siglo XI. Estudio del reinado de Fernando I
¬ books.google.es/books?isbn=8489512418. (Págs. 86-87)
¬ Torres, Margarita: Linajes nobiliarios de León y Castilla: Siglos IX-XIII
¬ Wikipedia: Diego Muñoz de Saldaña

© Valentín Ruesga Herreros, para esta sección, Torrelavega, Abril 2009


12 marzo 2009

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Condes de Pernía

Por Valentín Ruesga Herreros


El señorío temporal de los obispos de Palencia en Pernía tiene su origen en las donaciones regias que recibieron aquéllos tras la restauración de la diócesis y sus términos en 1034 por Sancho III el Mayor de Navarra, confirmada por Bermudo III de León en 1035, por Fernando I de Castilla en 1059 y por sus sucesores en años posteriores, así como por bulas de los papas Urbano II (1095), Pascual II (1116), Honorio II (1125) e Inocencio II (1143).

Según estas disposiciones, los territorios de la Montaña Palentina comprendidos inicialmente en la diócesis restaurada comprendían los alfoces de Mudá con Redondo, Ordejón, Castrejón de la Peña y los enclaves de Guardo, Camporredondo y Alba. Mientras que el territorio al este de esta zona pertenecía a la diócesis de Burgos, los pueblos de la zona situada al oeste siguieron dependiendo del obispado de León; así pues, los únicos pueblos de la Pernía propia incluidos en la recién restaurada diócesis fueron los tres del valle de Redondo, San Juan, Santa María y San Martín. Los demás pueblos siguieron perteneciendo a la diócesis de León e incluso en 1037 se reafirma esta pertenencia cuando la condesa Elvira Favílaz pone a San Salvador bajo la dependencia directa de la catedral leonesa, al tiempo que dona a ésta un buen número de posesiones y lugares en Pernía, Liébana y Saldaña. En la primera de estas comarcas se cuentan Lebanza, El Campo, Caminos, Areños, Camasobres y Tremaya (?), además de Ruesga, mientras que de Liébana se incluyen Bárago, Cucayo, Pollayo, Valmeo (?), Toranzo, Bejo, Castro, Bedoya y Viñón (?), confirmándose estas donaciones en el testamento otorgado en 1069; los documentos relativos a estas disposiciones se conservan en el libro Tumbo de la Catedral de León. Elvira Favílaz estuvo casada con Munio Gómez, de los Beni Gómez de Saldaña, y en estos documentos afirma también ser la fundadora de la iglesia colegiata (“arcisterium”) de San Salvador. Barrio y Mier los hace protagonistas de la leyenda de la Peña Tremaya.

Las donaciones que recibieron los obispos de Palencia una vez restaurada la diócesis fueron las que incluían derechos temporales que darían lugar a la constitución del condado de Pernía ligado a la titularidad de aquella dignidad eclesiástica. La primera donación que recibió la nueva diócesis palentina fue la de Santa María de Lebanza, según documento otorgado por Alfonso VI en 1096, en tanto que en 1153 recibe Polentinos y la iglesia de San Salvador, según concesión deAlfonso VII el Emperador.

Sin embargo, la donación más importante es la que en 1181 concede Alfonso VIII a su tíoRaimundo, obispo de la diócesis en aquella época (1148-1184), como compensación por los derechos a los que había renunciado según el fuero otorgado a Palencia en 1180. Según el documento de donación, que se conserva, como los dos anteriores, en el Archivo de la Catedral de Palencia, los obispos adquieren heredades y derechos en varios lugares de Pernía y Liébana; en la primera recibe derechos sobre en San Salvador de Cantamuda, Lebanza, Areños, El Campo, Caminos, Casavegas y Vañes, mientras que en Liébana los recibe sobre Bárago y Soberado, Ranes (?), Valmeo, Viñón, Castro, Bedoya, Coveña y Frama.

La donación coincide casi exactamente con la efectuada a la Catedral de León por la condesaElvira Favílaz en 1037, excluyéndose de forma explícita en el documento de Alfonso VIII“las poblaciones de Camasobres y los barrios de Resoba (Ruesga?)” que figuraban en la donación de la condesa, habiendo además algunos de aquéllos que no se mencionan en el documento de 1181.

Estas donaciones a los prelados palentinos fueron confirmadas por el mismo Alfonso VIIIal obispo Arderico (1184-1207), por Alfonso X al obispo Fernando (1256-1265) y porAlfonso XI a Blas Fernández de Toledo (1343-1353). Además, los obispos habían obtenido también dominio sobre La Lastra, en tierras de Alba, y sobre Tresabuela, Salceda, Cotillos, San Mamés, Lombraña, Uznayo, Belmonte y Santa Eulalia, en Polaciones.

Los derechos adquiridos debieron ser de carácter dominical o solariego, pues se alcanzaban como compensación por los beneficios y rendimientos que había perdido el obispado con los nuevos fueros; los derechos jurisdiccionales, tales como la facultad de nombrar autoridades locales, serían otorgados probablemente cuando a los obispos les concedieron la dignidad condal.

Los dominios anteriores experimentaron algunas variaciones; así, en 1185 Areños pasó a depender de la Orden de Santiago, pero poco después el obispo Arderico adquiere de nuevo este lugar, permutándolo por los de Lombraña, Uznayo, Belmonte y Santa Eulalia, en Polaciones, aunque reservándose los derechos eclesiásticos sobre estos últimos; Polentinos, por su parte, pasó a depender directamente de Santa María de Lebanza en 1289.

Según el Libro Becerro de Behetrías, en 1352 los obispos de Palencia tenían derechos, totales o compartidos, sobre los pueblos de San Salvador de Cantamuda, (Areños), Casavegas, El Campo, Lebanza, Redondo, Lores, Vañes y La Lastra en Palencia, Tresabuela, Salceda, Cotillos y San Mamés en Polaciones y Bárago, Soberado, Ranes, Bedoya, Castro, Viñón y Valmeo en Liébana. Además, la Abadía de Lebanza tenía dominio sobre este pueblo, compartido con el obispo de Palencia, dominio pleno sobre Polentinos y derechos compartidos sobre Cabezón, Cahecho y Lerones, en Liébana.

En 1410 el obispo Sancho de Rojas (1403-1415), participa en la conquista de Antequera junto al infante Fernando, futuro rey de Aragón; al parecer, por este hecho fue concedido a los obispos de Palencia el título de condes de Pernía, confirmándose así sus derechos jurisdiccionales.

Sancho de Rojas fue personaje influyente en la Corte de Castilla, siendo emisario del infanteFernando ante las Cortes aragonesas; proclamado éste rey de Aragón, Sancho regresó a Castilla como consejero de la reina Catalina de Lancaster, madre de Juan II. Entre 1415 y 1420 fue arzobispo de Toledo y aun después de morir la reina y ser proclamado Juan II mayor de edad en 1419, Sancho de Rojas se mantuvo cerca de la Corte, de modo que también se supone que el título de conde de Pernía pudo ser otorgado por sus servicios a la Corona. De cualquier modo, ni Sancho de Rojas ni sus sucesores inmediatos utilizaron oficialmente el título; el primer obispo que lo hizo fue Gutierre de la Cueva (1461-1469), hermano de Beltrán de la Cueva, supuesto padre de la infanta Juana, frustrada heredera de Enrique IV, desplazada por Isabel la Católica. A partir de entonces los obispos de Palencia utilizan frecuentemente esta titulación en documentos oficiales, pudiéndose citar a Juan Rodríguez de Fonseca(1504-1514), Luis Cabeza de Vaca (1537-1550), Pedro de la Gasca (1551-1561), Juan Ramírez Zapata de Cárdenas (1570-1577), Juan del Molino Navarrete (1672-1685) oFrancisco Ochoa de Mendarosqueta (1717-1732).

El señorío de los obispos-condes experimentó todavía algunas variaciones durante los siglos siguientes y así, en 1544 se establece una concordia entre el obispo Luis Cabeza de Vaca y el duque del Infantado, Íñigo López de Mendoza, que de hecho significó compartir el señorío sobre los pueblos del condado de Pernía en Polaciones y Liébana. Los cambios en los derechos señoriales, generalmente en detrimento de las atribuciones de los obispos de Palencia, podrían deberse a la política de enajenación de señoríos eclesiásticos que siguieron Carlos I y Felipe II.

Según el Catastro del Marqués de la Ensenada, en 1752 el obispo de Palencia tenía jurisdicción plena sobre San Salvador, Areños, Casavegas y La Lastra; El Campo era de realengo, aunque el obispo percibía el yantar y el conde de Siruela la martiniega; la Abadía de Lebanza era de realengo, pero a su vez ejercía señorío sobre el pueblo, compartido con el conde de Siruela, mientras que Polentinos era jurisdicción plena de dicha Abadía; los demás pueblos de Pernía eran señorío del conde de Siruela, señorío que procedía de los derechos concedidos por los reyes castellanos a la familias De la Vega-Mendoza y Velasco. Como conde de Pernía, el obispo de Palencia tenía también en estas fechas señorío compartido con los duques del Infantado sobre Tresabuela, Salceda, Cotillos y San Mamés en Polaciones y sobre Bárago, Soberado y Castro, en Liébana.

Sin embargo, el 20 de enero de 1718, el emperador de Austria Carlos VI concedió a Luis de Pernía y Girón un título de conde de Pernía, pues el emperador, que como archiduque había disputado a Felipe V la corona de España en la Guerra de Sucesión, se negaba a reconocer a aquél como rey de España y seguía otorgando títulos nobiliarios. Tras la normalización de las relaciones entre España y Austria por el Tratado de Viena de 1725, se reconocieron aquellos títulos concedidos por el pretendiente austriaco y entre ellos, el de conde de Pernía, hecho que se ha interpretado alguna vez suponiendo que el título que en su día se concedió a los obispos de Palencia había pasado a atribuirse a un laico por haber demostrado éste tener mejores derechos que los prelados palentinos, o bien que los Pernía habían conseguido los derechos jurisdiccionales que tenían los obispos en la comarca palentina, quedando reducido el título de éstos a un mero atributo honorífico. Cualquiera de estas dos cosas, a las que se las pone fecha en 1739, parece difícil, pues no se entendería bien que un seglar pudiera aducir derechos sobre un título que estaba ligado a una dignidad eclesiástica.

La realidad es que se trata de dos títulos diferentes, cada uno con sus derechos y atribuciones: uno el concedido a los obispos de Palencia por Juan II en 1410 y otro el creado en 1718 paraLuis de Pernía y sus descendientes. Así se hace constar en tratados de Nobiliaria, en los que generalmente se considera a Gutierre de la Cueva como primer titular de la dignidad de nobleza concedida a los obispos de Palencia; también confirman esta duplicidad de títulos las vicisitudes por las que han pasado éstos posteriormente, como se expone aquí. Es de creer que el título de conde de Pernía fue concedido a Luis de Pernía por suponer que su familia descendía de este valle palentino. El apellido, efectivamente, se considera que es un apellido toponímico que procede de la Pernía palentina, de donde habría pasado a otras regiones y, por ejemplo, ya en 1461 un Luis de Pernía se distinguió en la defensa de Osuna contra los musulmanes granadinos.

Los nuevos condes de Pernía accedieron al señorío de la villa de Tielmes, ahora en la provincia de Madrid y entonces en la de Toledo, señorío adquirido en 1734 por Pelayo de Pernía Girón yCastillo por herencia de su tío, Pedro López del Castillo, apareciendo como tal señor de Tielmes y conde de Pernía en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752. Pero en él aparece también el obispo de Palencia, que entonces sería Andrés de Bustamante (1750-1764), con señorío y jurisdicción sobre San Salvador y demás lugares indicados anteriormente, en su condición de conde de Pernía, en tanto que no aparece en ninguno de estos lugares derecho alguno asignado a los nuevos condes, lo que viene a corroborar que se trataba de dos títulos diferentes y que la familia Pernía no tuvo nunca atribuciones sobre el valle palentino. Aunque desde el punto de vista estrictamente jurisdiccional, los señoríos eclesiásticos ya habían sido incorporados a la Corona en 1805, los derechos señoriales fueron suprimidos por decreto de 6 de agosto de 1811, ratificado definitivamente el 30 de enero de 1837, de modo que los títulos nobiliarios que pudiesen estar ligados a ellos quedaron como meros títulos honoríficos. En épocas más recientes, los obispos de Palencia han seguido siendo considerados condes de Pernía; así lo expresa Unamuno en un artículo sobre Palencia escrito en 1921, cuando era obispo Ramón Barberá y Boada (1914-1924), y en 1934 en un boletín de Movimiento Nobiliario, preparado por el conde de los Acevedos, se da cuenta del nombramiento de Agustín Parrado García, obispo de Palencia y “conde de Pernía” (1924-1934), como arzobispo de Granada. Según parece, las disposiciones del Concilio Vaticano II obligaban a los eclesiásticos a renunciar a los títulos nobiliarios, con lo que puede suponerse que el título ligado a la dignidad de obispo de Palencia se ha extinguido. El título creado en 1718 ha sido reclamado en diversas ocasiones por personas que ya no llevan ningún apellido que recuerde a la Pernía. Se ha indicado alguna vez que la Gaceta de Madrid había publicado en 1924 la vacante del título de conde de Pernía, a la muerte de Ramón Barberá el 11 de septiembre de dicho año y que el vicario capitular Anacleto Orejón había expuesto y conseguido hacer valer los derechos de los obispos de Palencia; lo que publicó realmente la Gaceta de Madrid el 9 de mayo de dicho año fue la solicitud de Rafael de Mazarredo y Tamarit de rehabilitar el título de conde de Pernía de 1718 y la casi simultaneidad de esto con el fallecimiento del obispo Ramón Barberá sería lo que movió al vicario a hacer notar la existencia del título correspondiente a los obispos de Palencia, diferente del reclamado por Rafael de Mazarredo. Y la reivindicación debió ser efectiva, pues el sucesor de Ramón Barberá, Agustín Parrado, fue considerado conde de Pernía, como confirma el boletín de Movimiento Nobiliario citado anteriormente. El titulo de conde de Pernía de 1718 fue rehabilitado en 1950 por Manuel Cencillo de Pineda y a su fallecimiento en 1964 pasó a su hija María Cencillo y González Campo, viuda de Bartolomé March y Servera, que es quien lo lleva actualmente.
Fuentes

Ayuntamiento de Tielmes
Conde de los Acevedos: Movimiento Nobiliario
Francia Lorenzo, Santiago Territorio Perniano (de Matías Barrio y Mier)
Instituto Salazar y Castro: Elenco de Grandezas y Títulos Nobiliarios españoles.
Martínez Díaz, Gonzalo: Restauración y límites de la diócesis palentina
Montenegro, Julia: Colección diplomática de Santa María de Piasca: (875-1252)
Pérez Mier, Laureano: El Condado de Pernía
San Martín Payo, Jesús: La más antigua Estadística de la Diócesis Palentina (a. 1345) (Becerro de los Beneficios de la Catedral de Palencia)

© Valentín Ruesga Herreros, Torrelavega, Marzo de 2009



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