Sobre la madre auténtica

Hasta hace poco tiempo los investigadores nos remitían a los escritos religiosos para buscar el origen de la humanidad. El origen es una espina que se nos atraviesa a todos y quizás por eso los antropólogos buscan ahora la explicación en otras sendas, llámese big-bang, llámese genética... Es decir, que la primera mujer no es como la describe el Viejo Testamento: "una mujer bellísima, en un jardín paradisíaco, en algún lugar de Oriente."


Todos creen haber hallado algo que nos convenza. Para Rebecca Cann, de la Universidad de Hawai y para Allan Wilson y Marc Stonecking de la Universidad de Berkeley, nuestra madre nació en África hace 200.000 años.

En ese lado apasionante de la investigación, los científicos tratan de hallar una explicación a la compleja vida humana. Al hombre de la calle no le subyugan estas profundidades, ni encuentra justificación a quienes se pasan la vida buscando huellas y señales, ni se va a sentir herido porque digan los paleontólogos que fue primero la mujer.

Quienes podemos contarlo, entendemos la vida como un momento que debemos aprovechar al máximo en aquello que nos realice y nos haga un poco más felices, sin pedir más de la cuenta, que los excesos pasan luego factura; contentos y agradecidos si podemos mantener las necesidades básicas; colaborando en la medida de nuestras posibilidades para que esa indignación que ahora se muestra por doquier en tantos rostros, dolidos por tantas cosas, a veces sin justificar la indignación de los demás, no deje herida.

Mientras tanto, los científicos que sigan buscando a nuestra madre si quieren.

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