Inflar el padrón, en general






Una investigación rutinaria, a propósito de “inflar el padrón”, me ha llevado a países como Nicaragua donde algunos de los que optaban a cargos públicos en las últimas elecciones prometieron investigar las anomalías acaecidas en varias poblaciones, sobre todo en Punta Gorda y Triángulo Minero, donde el padrón era de quinientos electores y aparecen 3000 ciudadanos solicitando ser incluídos.En Méjico, un reputado columnista, colaborador de Televisa, se hacía eco de todas las experiencias personales de sus seguidores, a propósito del modus operandi de los encuestadores, utilizando falsos membretes de presentación o mostrando falsas planillas sobre inclinaciones electorales, de manera que, las preferencias de quienes escribieron de verdad su nombre y sus datos no se han tomado en cuenta y, en cambio, otros que aparecieron como encuestados se quejaban de no haber sido entrevistados nunca ni conocer a nadie que hubiera vivido esa experiencia.
Resulta que la frase de Calderón se queda corta y hasta ese sueño que es la vida está plagado de desconcierto y de mentiras con las que se pretende envolver a quienes todavía siguen creyendo en algo o en alguien.


Más de un millón de visitas obtuvo una página de Internet en Argentina, buscando la consulta de los padrones, adulteraciones de fichas, desafiliaciones, muertos que votan porque jamás fueron eliminados de los padrones, prebendas y repartos si gana tal o cual partido, volcadas de padrón o, en definitiva, la forma de hacer figurar más votantes de los reales.

Pero el caso más fascinante ha sido el de Bolivia, la de este Evo Morales que, a fuerza de ir contra el sistema se está ganando la antipatía de todo el mundo y puede quedarse más solo que la una. Resulta que los primeros censos de la República, efectuados por el Mariscal Santa Cruz, dieron como resultado una población de más de un millón de habitantes, casi igual a la peruana y muy superior a la argentina y chilena. Datos de difícil lectura teniendo en cuenta que su ciudad más poblada, La Paz, no llegaba a los 30.000 habitantes. Según el historiador y diplomático Ramiro Prudencio, el Mariscal Santa Cruz deseaba hacer creer a las naciones vecinas que Bolivia era grande no sólo en extensión, sino también en población. Todos los censos posteriores a los de Santa Cruz continuaron con esa costumbre de inflar la población. Pero lo absurdo quedó al descubierto en la Guerra del Pacífico. Mientras Chile movilizó a finales de 1880 50000 soldados por la invasión a Lima, Bolivia, movilizando a todo su ejército apenas logró reunir a 5500 hombres. Y otro tanto sucedió con la Guerra del Chaco. Pero pasa el tiempo y nadie parece dispuesto a revocar la distorsión.

En España, estos últimos años, también se conocieron irregularidades. El aumento del censo electoral de Ares, en A Coruña, y en Canarias, donde a juicio del profesor de Geografía José León García, “en las Islas hay una tradición de inflar los padrones de población, ya que cuando la población canaria emigraba, era importante conservar el número de habitantes para no perder recursos que están ligados a la población existente”.

Aún a sabiendas de eso, Nicolás Ibarra, el concejal de Tierra Comunera en la Merindad de Montija (Burgos), movió papeles hasta que el asunto llegó al Tribunal Supremo que ha dejado claro sobre todo que uno debe inscribirse donde vive más tiempo. Al hilo de todo este inflamiento, les cuento en un próximo artículo el hábito de inflar el padrón en nuestros pueblos y los escasos beneficios que estos municipios han obtenido con ello.

Imagen de Gonzalo Alcalde

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