Akuna Matata

Mufasa y Sarabi gobernaban con sabiduria aquella tierra. Era una tierra fértil, donde nunca faltó el ingrediente de la intriga y un hermano salvaje. Como en los cuentos, quienes ahora dominan la leyenda, o aquellos que pueden tener mejor acceso a modificar el final de la historia, son los alcaldes, los presidentes de las distintas sociedades, por pequeñas que sean... los cazadores, los pescadores, los comerciantes, y así, sucesivamente, estos pequeños colectivos, estos pequeños cargos, (a veces ignorándolo) desprenden un enorme poder que bien utilizado puede contribuir, y de hecho contribuye, a las mejoras y el acondicionamiento de estos pueblos. Pero como en el cuento, nuestra gente parece encontrar una prohibición al hecho de traspasar los límites del Condado. 'No debemos bajar alll'. 'Es muy peligroso'. 'Allí se vive de otra manera'. 'No entenderán nuestra forna de vida'.


 
Alguna vez el alcalde sortea previa cita el cementerio de elefantes y acude al encuentro de unas almas superiores para que contribuyan a paliar ese deterioro que va quedando a medida que todas aquellas personas hacendosas y activas van dejando sus puestos de responsabilidad. . La avalancha del sistema burocrático es similar a la estampida que acaba con Mufasa. Mueren los portadores de cabeza tratando de encontrar una respuesta y los escasos hijos que quedan para tomar las riendas, casi se prohíben poner el pie en aquellos campos envueltos por la desolación y la tristeza. Los políticos (casi todos), ambicionan y mienten, como Skar. Sólo desean el poder, el dominio absoluto sobre estas tierras, sobre estas gentes; que se cumpla la ley que ellos soñaron a medida que los mensajeros van muriendo, unos consumidos en el olvido de otras tierras y otros envueltos bajo falsas promesas de prosperidad y de futuro. Durante muchos años, hemos visto cómo se agrietaba la tierra bajo el mandato de los unos y los otros, de los dictadores y de los demócratas, o se resecaba y empobrecía; jirones de su piel siguen cayendo: ahí están los monumentos, ahí están las carreteras, ahí están los pueblos sometidos a una depresión que no encuentra eficaz medicina. Los presidentes, los políticos, los dirigentes de esta provincia, disfrazados de eficacia nos dejaron un mensaje en el contestador: gobernaremos esta tierra, lucirá hermosa, mil millones para esta tierra... y yo creo que estamos convencidos de haberlo soñado alguna vez porque casi todo está tal como estaba: un caramelo, un retoque, un plan estratégico, y una pintura que, tímidamente, puesta en una carretera falsa, da la impresión de estar ahí para advertirnos del peligro permanente que tendrán que sortear quienes decidan vivir aquí su vida. Para los políticos palentinos somos un pueblo de futuro, si, pero al futuro que soñamos se llega por caminos de progreso y el nuestro sigue postergado por las excusas de costumbre en la carpeta del destino.

Pero, cuidado, somos jóvenes, fruto de quienes vivieron sumergidos en formol tantos años y no vamos a conformarnos con el grito de 'Akuna Matata' (Aquí no pasa nada), porque hay compromisos pendientes que no pueden postergarse por más tiempo. Ese grito tendrá sentido cuando la tierra reciba las atenciones que demanda, a las que desde un bando y otro aluden de continuo, y por cuyas heridas sigue manando cada vez con mayor desesperación ese silencio de los oprimidos.

Imagen: Taringa

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