La revolución empieza en Soria


Por cada dos sorianos que nacen mueren tres. Dato escalofriante que no ha impedido, sin embargo, la rebelión más sonada de los últimos tiempos. Así lo entendieron también los sorianos de la diáspora que se reunieron en la localidad de Ólvega para celebrar el XII Encuentro de Casas Regionales.

Con estos datos en la mano, hasta el más cínico y apátrida se revuelve y empieza a darle vueltas a su ombligo, porque nadie tiene la cosecha asegurada y un vendaval se lleva en un momento todos los libros, todos los silos, todas las reservas.

La previsión es aconsejable, pero la echamos a andar tarde. Sirva como referencia esa Semana Cultural Celtibérica que el Ayuntamiento y la Asociación “Tierraquemada” de aquella ciudad castellana celebran a primeros de septiembre con el objetivo de llamar la atención y promover el patrimonio histórico cultural.

Yo ya escribí ficticiamente, hace varios lustros, sobre un levantamiento popular que pusiera ruedas a estas autoridades que gobiernan los pueblos y que ignoran la presión que se puede ejercer, el poder al que tienen acceso, la opción que tienen de cambiar la cara de los lugares donde viven y que cada día que pasa van a menos, donde por miedo a la responsabilidad civil suprimen los columpios.

En una conversación que quedó pendiente con el concejal de la Pernía Luis Angel Alonso, se proponía advertirme aquel sobre una realidad de los pueblos que desconocemos los que estamos fuera. Yo no puedo jactarme de conocerlo todo pero si hago un ejercicio de memoria, puedo hacerle una lectura bastante completa de los que quedan, de los que se fueron, de los díscolos, de los independientes, de quienes se creen que obran bien guardándose la piel de corderos y lobos, de quienes se pasan la jornada criticando al vecino, buscándole faltas a las cosas sin poner de su parte ni un humilde granito.

Y en la hemeroteca de este diario quedan cientos de artículos donde con mayor o menor acierto hemos ido dando fe de la historia.

Pero sí es verdad que uno ha de revestirse de un caparazón que soporte las sorpresas más fuertes. Hablando con unos y con otros, me entero de las dificultades con las que se tropieza el empresario que deseaba instalar en terrenos de Urbaneja una embotelladora de agua. El hueso duro es un vecino que posee una tierra, apenas un cascajo, que de la noche a la mañana puede reportarle pingües beneficios. Lo de pedir es libre, pero que nos ciegue el egoísmo y la especulación es triste, porque perderemos lo que no vale y lo que vale, y lo que es más importante, una empresa que comience de una vez por todas a fijar población.

El mayor revolucionario de todos los tiempos, que gritaba a los cuatro vientos las necesidades de esta tierra, que se partía el alma con el que hiciera falta para buscarle asiento, que despotricaba contra el oso y todos los amantes y seguidores de la fiera, que pedía manos que ayudasen, corazones que entendiesen, voces que difundieran de verdad la injusticia que durante cientos de años se cometío con esta tierra, cuando tiene la ocasión de hacer algo importante, cuando puede cobrar 2 por una tierra que vale 1, se pone chulo y pide 10 y nadie le apea de aquella lotería que quedará como una anécdota.

La vida te da sorpresas. Yo ya me he curtido bien la piel para que no me traspasen las balas traicioneras y no sufra la espalda el peso de esas manos que dicen apreciarte y mañana te venden por cuatro céntimos de euro.

Dios quiera que esos cuatro mil sorianos que se levantan contra el olvido constitucional, no estén dispuestos a vender a su madre como este patriota y defensor nuestro.

Imagen: Soria, por Jorge

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